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Historias de mi vida (parte 5): Una situación inesperada


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Ya con tres hijos y al acercarme a los 40 años, disfrutaba de un matrimonio feliz y una vida sexual plena con mi esposa. Habíamos incursionado en el mundo swinger y los tríos, aunque había pasado tiempo desde la última vez que estuve con una mujer transexual (pueden leerlo en mis relatos anteriores) y, por supuesto, mi esposa desconocía por completo mi pasado oculto, algo que no pretendía que descubriera jamás.

Por casualidades del destino, en ese momento estábamos buscando un hombre en internet para un trío, ya que a mí sinceramente me gustaba la idea de ser cornudo en esas experiencias con mi esposa. Debo aclarar que nunca me habían interesado los hombres, por lo que jamás había tenido experiencias homosexuales o bisexuales. Había tenido encuentros con transexuales, pero eso es otro tema...

En medio de esa búsqueda, ella mencionó que sería genial encontrar una mujer transexual para nuestro encuentro, ya que así habría "dos traseros para mí y dos penes para ella" (obviamente, a ella no se le pasó por la cabeza que yo también pudiera querer ese pene para mí). De manera categórica, me negué, además de no estar seguro de si ella hablaba en serio. Por otro lado, no deseaba que mi esposa me viera en esa posición. En esa ocasión, encontramos a un hombre con quien compartimos durante esa misma semana. Durante el acto, él la penetraba analmente mientras ella me practicaba sexo oral; honestamente, al verla disfrutar tanto bajo el dominio de dos hombres, sentí que mi lugar debería ser el mismo que ocupaba ella, aunque obviamente no dije nada al respecto.

Esta imagen fantástica se quedó grabada en mi mente durante algunos días. Estar con dos transexuales era una opción que no había concretado todavía, o quizás tomar en serio la propuesta de ella y buscar una transexual para los dos. Realmente, no me animé a la segunda opción y decidí buscar dos transexuales para ser penetrado después de haber tenido mi trasero inactivo durante un largo periodo. Revisé varias alternativas, centrándome únicamente en que ambas tuvieran miembros viriles de buen tamaño.

Contraté a dos personas: una morena un tanto oscura para mi gusto, que anunciaba tener 20 cm, aunque con unos pechos impresionantes; la otra era blanca, con cabello negro y un miembro de 19 cm, también con unos pechos destacables. La verdad es que no sé en qué se basan esas medidas, pero al llegar a la habitación, ambos miembros viriles parecían normales, casi pequeños, solo que el de la morena era un poco más ancho. Las contraté para que me atendieran durante 2 horas, con el objetivo de poder relajarme sin preocupaciones, aunque el servicio resultó bastante costoso si sumamos el costo de las bebidas.

Sandra y Camila llegaron al hotel, donde las esperaba. Tras tomar algo juntos, les compartí mi fantasía. Una de ellas, llamándome "perra", me propuso incluir, por el mismo precio, a una amiga que estaba iniciándose en el mundo y provenía de Mérida, residenciada muy cerca del hotel donde nos encontrábamos. Accedí sin pensar, sin darme cuenta de que me estaba excediendo. Comenzamos los tres que ya estábamos en el hotel, y tras un intercambio de sexo oral entre los tres, pasamos a las penetraciones. Sin duda, lo estábamos pasando genial, nos entregamos a diversas posturas y mientras una me penetraba, yo disfrutaba de los senos, el pene, los testículos y el trasero de la otra. Hidratándonos constantemente, debido a los cambios de posición, ninguna de ellas alcanzaba el clímax, hasta que una de ellas lo logró con preservativo mientras me penetraba, y la otra alcanzó un destacado orgasmo en mi boca, soltando un gran chorro de leche caliente y espesa.

Amigos lectores, sé que les resultará difícil creer lo que sucedió a continuación después de una experiencia tan intensa... ¡SÍ! Tocaron a la puerta de la habitación. Una de ellas abrió y dio paso a una joven hermosa y esbelta, completamente femenina, no muy alta y casi sin pecho, pero con una belleza notable. De tez blanca como la leche y cabello rojizo, con unas piernas y pies impresionantes, me la presentaron como...

Ágata y le dijeron "es todo tuyo", la joven con una sonrisa muy tierna me dio un beso y se despojó de su ropa mostrando un cuerpo perfecto y un pene sorprendentemente grande para su pequeña estatura, lo cual resultaba extraño por lo desproporcionadamente gigante y aún flácido que estaba.

Sandra: ella es nueva, no la presiones y hazle caso (riendo)

Camila: no te preocupes, no te va a lastimar

Sandra: Jajaja

Camila: Jaja

Fue la introducción de Ágata en ese encuentro y en mi vida en general, ya que desde ese momento comenzó a formar parte de "mi vida". Recién había tenido relaciones con Sandra y Camila, por lo que todavía tenía el sabor a leche en la boca y mi trasero ya utilizado necesitaba descansar, aunque era resistente. Me resultaba muy excitante la presencia de esa chica con un miembro tan grande, así que la llevé a la cama. Hicimos un 69 y descubrí que su pene era realmente como un palo, no solo por su tamaño, sino por su extrema rigidez, nunca antes había visto algo así (parecía un dildo de cristal). Hice mi mayor esfuerzo para satisfacerla, pero no resistía las profundas embestidas en la boca. Después del 69, la penetré estando a cuatro patas porque tenía unas nalgas hermosas y necesitaba eyacular después de haber sido penetrado por las otras dos chicas. Honestamente, quería que mi trasero descansara antes de recibir ese enorme miembro.

Mientras la penetraba, Camila y Sandra se unieron a la acción, introduciendo sus miembros en mi boca y tocando mi trasero. La situación se intensificó cuando Ágata se levantó repentinamente antes de que pudiera eyacular y exclamó: "¡Vamos a destrozar a este maricón!"

Ágata se acostó boca arriba y me sujetó por los brazos para que me sentara frente a ella. Siguiendo sus indicaciones, me fui introduciendo poco a poco ese rígido miembro, moviéndome hasta que estuve completamente dentro y comencé a cabalgar. Era muy duro y ya me dolía. Con su rostro de fingida inocencia, Ágata le dijo a las otras dos: "¡Alguna que se lo meta!"

Me pregunté a mí mismo qué significaba eso, no entendía si debía detenerme para que alguna de las otras dos me penetrara. De repente, Ágata me agarró con fuerza aferrándose a mi cintura y me ordenó: "¡Tú te quedas aquí, maricón!" Me empujaba hacia abajo, clavándome con ritmo lento pero profundo. Su miembro era enorme y estaba completamente dentro de mí.

Fue en ese momento cuando comprendí lo que insinuaba: iba a experimentar una doble penetración anal, algo que nunca antes había considerado en mi vida, menos con una mujer con un miembro tan grande.

Amigos lectores, es imposible describir lo que sentí en ese instante. Me estaban penetrando por ambos lados sin piedad, con fuerza, agarrándome con firmeza para que no me moviese y no se salieran. Me penetraron con intensidad, me introducían hasta lo más profundo, uno retiraba mientras el otro entraba, y Ágata nunca se retiraba. Creo que el dolor ya no era soportable, no podía ni gritar mientras lloraba (de verdad) y llegué a suplicar. Escuchaba las mil cosas que me decían, fue entonces cuando entendí que Ágata era la villana de la historia, dando órdenes, sujetándome y escupiéndome mientras lloraba de verdad. En algún momento, creo que perdí el conocimiento, no recuerdo cómo ni cuándo terminó, solo me encontré acostado con ellas vistiéndose.

Ellas se fueron y yo me quedé allí desfallecido y débil, tuve que pedir comida a la habitación y descansar durante un par de horas más, ya que mi trasero ardía y el dolor interno era insoportable. No sabía si debía ir al médico, pero la vergüenza de llegar al hospital y explicar cómo mi trasero llegó a ese estado era inmensa. Decidí recuperarme por mi cuenta, poco a poco y en un par de días ya me sentía mejor.

Unas semanas más tarde, mientras buscaba una cita en la página que solía visitar, vi el perfil de Ágata publicado. Sin dudarlo, decidí planear mi venganza...

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