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El capítulo final de mi relato: La venganza


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Habían transcurrido cuatro semanas y media desde aquella experiencia sexual intensa con doble penetración, ideada por Ágata. Con su número en mi poder, decidí llamarla manteniendo en secreto mi identidad. Planeaba atarla, utilizar dos grandes consoladores de mi esposa para penetrarla mientras la embestía para desquitar el daño que me había causado. Mi objetivo era eyacular repetidamente en un vaso y obligarla a beberlo, deseaba que sufriera lo mismo que yo. Debo confesar que esa era mi intención al llevar a cabo mi venganza en una habitación de hotel. Sin embargo, ese día caí rendido ante su seducción y dominio, siendo nuevamente dominado por su implacable pasión en múltiples posiciones. Mantuvimos varios encuentros con el mismo patrón, pues ella tenía un control absoluto sobre mí. A pesar de nuestras repetidas citas, el dolor persistía, pues durante meses continuó martillándome y nunca pude ejecutar mi plan de venganza. Me convertí en un pagador de humillaciones, incapaz de resistirme a sus encantos. Su néctar era embriagador y disfrutaba viéndome consumirlo.

Consideré la posibilidad de incluirla en un trío con mi esposa, pero su astucia y dominación me generaban temor, ya que, a pesar de la complicidad que compartíamos y de cómo me sometía sexualmente a mi antojo, ella intuía mis intenciones vengativas desde aquella dolorosa experiencia junto a Sandra y Camila.

Mi esposa expresó su deseo de tener un encuentro conmigo y una mujer transexual, posiblemente para satisfacer una fantasía que ya me había revelado en diversas ocasiones. Debía ser cauto y procurar que ciertos límites no fueran rebasados al menos en la primera cita. Por otro lado, el temor a una posible delación por parte de Ágata y a la reacción de mi esposa añadían un morbo inigualable a la situación, por lo que decidí dar el paso.

Tras acordar con Ágata los términos económicos para nuestra aventura trío y establecer un trato donde, al menos por ese día, no fuese tratado como un objeto sino como un cliente más, afronté el reto de encontrar una estrategia para que mi esposa retomara la propuesta sin que yo fuera quien la instigara.

Dudaba entre plantear el tema de forma directa o dejar indicios para motivar a mi esposa. La oportunidad se presentó de forma inesperada, cuando participamos en un trío con Pedro, un colega de trabajo suyo. Al conversar sobre aquella experiencia, surgió el momento propicio:

Yo: Menos mal que no hubo contacto directo con Pedro.

Ella: Sería excitante, hay personas que lo hacen sin prejuicios.

Yo: ¿Estás insinuando que debería practicar sexo oral con él?

Ella: ¡Me encanta la idea! ¿Y a ti no?

Yo: Estás loca -respondí-

Ella: ¿No lo harías por mí? -inquirió con ternura y una sonrisa traviesa.

En ese instante, supe que mi plan estaba en marcha; solo faltaba orientarlo hacia mi objetivo. Tras reflexionar un momento, mientras nos mirábamos cómplices, ella soltó:

Ella: De verdad quiero verte en esa situación… ¡y que tragues semen!

Yo: Me resulta repulsivo, prefiero las mujeres.

Ella: Mmmmm -murmuró para luego añadir- ¿Y qué tal una mujer con atributos masculinos?

Yo: ¿Te refieres a contratar una transexual como planteaste?

Ella: ¡Exacto! Podríamos llevar a cabo la fantasía de un trío, tú podrías estar con ella y hacer que eyacule en tu boca -rió abiertamente.

Yo: Ahora estás exagerando, primero era sugieres que tenga contacto con un.

miembro viril, después de practicarle sexo oral y ahora buscando ser eyaculado en mi rostro. Lo único que faltaría es que me pidas ser fecundado... ¡qué locura!

Ella: ¡deseo todo eso!

Yo: ¿estás hablando en serio?

Ella: Sí, y quiero empezar la búsqueda.

Después de la última charla, convenimos que solo me dedicaría a estimular su entrepierna mientras es penetrada y, "quizás", intentaría dar sexo oral a la chica transgénero, pero bajo ninguna circunstancia me permitiría ser penetrado. Mi esposa aceptó las condiciones y decidimos comenzar la búsqueda de la candidata. Inicialmente, fingí ser inexperto en internet hasta que encontramos un sitio de anuncios clasificados (que yo conocía perfectamente) y sin duda, Ágata estaría publicada allí.

Hicimos una lista y fuimos descartando basándonos en su rostro, cutis, extremidades, busto, trasero y obviamente su miembro viril. Desde que hicimos la primera lista, Ágata se mantuvo como candidata principal. Mientras evaluábamos y analizábamos a todas, fui persuadiendo a mi esposa de que esa jovencita de tez clara era la mejor opción. A pesar de que mi esposa sugirió reemplazarla en varias ocasiones al notar el gran tamaño del miembro de la transexual, yo debía insistir. Utilicé como argumento que deseaba que tuviera un pene grande para satisfacer a ella (mi esposa) y presenciar su disfrute, además de que si ella quería verme realizando sexo oral a un pene, este debía ser considerablemente grande (ella se reía pensando que bromeaba).

Llegó el día, mi esposa y yo estábamos en una habitación esperando a la chica, la cual resultó ser nada más y nada menos que Ágata. Estaba un tanto nervioso ya que Ágata debía representar un papel como si no me conociera, y temía que me delatara. Cuando sonó el timbre, abrimos la puerta y allí estaba Ágata, llegó muy sensual, pulcra y peinada como toda una dama hermosa, desprendía una fragancia divina. Mi esposa la halagaba, sorprendida por su apariencia 100% femenina, y le preguntaba repetidamente si era de verdad una mujer transgénero. Entre risas y tragos, rompimos el hielo, Ágata se desnudó mostrando sus encantos y preguntó sobre el servicio. Yo respondí que era para mi esposa, y esta a su vez dijo: "¡es para los dos!" Insistí diciendo: "más bien, es para ella, ya que nunca he hecho esto", a lo que Ágata respondió riendo: "todos dicen lo mismo".

Me senté en un sillón insinuando que ellas comenzaran, y así fue. Ágata besó a mi esposa y la llevó a la cama como lo haría cualquier macho, realizaron sexo oral y luego un 69 con mi esposa debajo, donde esta empezó a sentir la potencia del miembro de Ágata. Luego, se colocó boca arriba abriendo sus piernas para dar paso al pene de nuestra invitada. Ágata comenzó a tener relaciones con ella con bastante intensidad, provocando que mi esposa experimentara intensos orgasmos uno tras otro, debido a la enérgica cogida que le estaba propinando. La puso en cuatro patas y nuevamente introdujo su miembro en su vagina, dándole una penetración brutal hasta retirarlo y apuntar hacia la entrada del culo de mi esposa. Pero al percatarse, exclamó en voz alta: "te dejo penetrar mi trasero si tú también lo permites", en ese instante, Ágata la tomó firmemente por las caderas y la penetró sin piedad por el ano, haciendo que mi esposa gritara desgarradoramente. Esa era mi Ágata, y así era como le gustaba penetrar a la gente, con crueldad. Para ser honesto, disfruté mucho ese momento en que mi esposa soportaba el embate anal sin haber dilatado previamente su esfínter (era la especialidad de la casa).

De alguna manera, me acomodé debajo de ellas para disfrutar de un 69 con mi esposa mientras Ágata seguía perforando su trasero. Mi boca estaba en su entrepierna y mis ojos en los testículos de Ágata, observando cómo le rompía el culo a mi esposa, quien intentaba practicar sexo oral con mi miembro, aunque las embestidas de Ágata dificultaban mantener un ritmo.

Mi esposa gritaba de dolor y placer por semejante envergadura en su recto y mi lengua en su entrepierna, pronunciaba frases increíbles como: "deberías probarlo, amor, su miembro está muy duro", o me decía: "tienes que experimentar este garrote de béisbol, mi amo". Entre la euforia y los movimientos, me acerqué cada vez más a los testículos de Ágata.

Mientras mi pareja me complacía oralmente y estimulaba mi parte trasera con sus dedos, comencé a acariciar los testículos pero creo que ella aún no se había percatado, después de un rato, mi pareja se inclinó hacia adelante sacando mi miembro de su trasero y deteniéndose porque ya no soportaba el dolor. En ese instante, notó que los testículos de Ágata estaban en mi boca, quedando impresionada por un momento. Ágata, de manera maliciosa, se sentó completamente sobre mi rostro permitiendo que su parte trasera quedara exactamente sobre mis labios. Mi pareja observaba cómo le realizaba sexo oral a Ágata, yo no podía ver la expresión de mi pareja, pero sé que me estaba mirando y procedió a quitarle el preservativo a Ágata para estimularle el pene mientras yo me encontraba debajo de ella.

Así es, mi pareja cabalgaba sobre mí mientras le practicaba sexo oral a Ágata, todo resultó excitante y mejor de lo esperado. En esa postura, terminé dentro de mi pareja mientras continuaba realizándole sexo oral a mi querida Ágata (quien aún no había llegado al clímax).

Después de eso, mi pareja se sentó en un sillón para descansar de esa actividad y me indicó que le practicara sexo oral al notar que ya le había estimulado sus testículos y su parte trasera, sospechando que el desenlace de nuestro encuentro era recibir su semen. Me arrodillé y estuve estimulando ese órgano genital por largos minutos como todo un experto mientras Ágata exclamaba: "tu pareja parece ser un experto porque te estimula mejor que tú". Con esa afirmación, comenzó a intensificar el ritmo dentro de mi boca de la manera en que solíamos hacerlo habitualmente. Luego me levantó y me acostó en la cama boca abajo, diciéndole a mi pareja: al parecer, tu pareja es una persona sumisa, mientras se posicionaba sobre mí y deslizaba su imponente miembro de arriba abajo por toda la línea de mi parte trasera. Mi pareja se acercaba a darme besos en la boca a mí y a Ágata, para luego expresar con una voz malévola: ¡castígal*!

Sin decir más, Ágata empujó con toda su fuerza su miembro dentro de mi parte trasera sin haberla preparado previamente, demostrando una gran maldad. La venganza ahora era de mi pareja, quien al parecer disfrutó la situación, ya que grité de dolor, creo que era algo que siempre quiso presenciar. Ella continuó penetrando mi parte trasera mientras mi pareja decía cosas muy atrevidas. Fuimos adquiriendo un ritmo y comencé a acostumbrarme, pero debía seguir simulando dolor, ya que para mi pareja era "mi primera vez".

Debo aclarar que, a pesar de mis múltiples experiencias, siempre me duele como si fuera la primera vez, de hecho, ese dolor es lo que me resulta excitante.

En un determinado momento, mientras estaba siendo penetrado, sospeché que Ágata no había utilizado protección y en medio del acto, me puse nervioso preguntando en voz alta en varias ocasiones "¿utilizaste preservativo?" al parecer, Ágata le respondió a mi pareja con la cabeza que no (esto me lo comentó mi pareja luego).

Ocurrió lo previsible, ella me llenó la parte trasera con su semen eyaculando dentro de mí y humillándome frente a mi pareja. Sinceramente, me gustó mucho y fue una sensación que nunca antes había experimentado en más de 20 años relacionándome con personas transgénero, y que desearía repetir, porque es indescriptible sentir cómo alguien llega al clímax del placer con tu parte trasera. El inconveniente fue que todo sucedió frente a mi pareja y sin habernos consultado, creo que Ágata no solo había ganado otra batalla, sino la guerra. Antes de marcharse, le dijo a mi pareja que habíamos estado juntos en numerosas ocasiones, que habíamos hecho tríos con otras personas transgénero y que disfrutaba ingiriendo semen.

Esta última conversación entre ellas no tuvo mayor relevancia, ya que siempre lo negué y mi pareja pensó que Ágata lo había inventado. Ese día disfrutamos como nunca, pero no volví a ver a Ágata, ya que sentí que me había traicionado (actualmente trabaja en España y obviamente no se llama Ágata). Sin duda, la experiencia de recibir semen en mi parte trasera fue única, pero me sentí traicionado por mi pareja, ya que no fue bajo mi consentimiento y ella lo sabía.

En ocasiones me cuestiono si mi pareja aceptó este encuentro por diversión o si quiso utilizarlo en mi contra en el futuro, siento que no solo fui traicionado por Ágata. Pasados los días, me realicé pruebas como medida de precaución y todo salió bien.

Mi pareja a veces me decía "quiero ver nuevamente cómo te llenan".

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