Eran cerca de las cinco de la tarde en un día de verano cuando opté por visitar a mi prima Martina, aún hacía calor pero soplaba una brisa ligera. Tras unos momentos, ella me recibió en la entrada.
-Hola Paula, qué alegría verte -me saludó con un abrazo y nos dimos un beso en la mejilla.
Observé que llevaba puesto un vestido azul que resaltaba su hermosa figura, mostrando un atuendo ajustado que insinuaba más de lo debido, con sus senos a punto de escapar y al saludarme, el vestido se alzó mostrando parte de sus glúteos.
Más adelante fuimos a su habitación y me informó que sus padres no estaban en casa.
Charlamos sobre moda y expresó su gusto por la falda que llevaba puesta en ese momento.
Encendimos la televisión y vimos una escena de dos mujeres besándose de manera apasionada.
Mi prima observó la escena con atención y me preguntó: -¿Alguna vez has besado a una mujer?
-En varias ocasiones -le confesé.
-¿Cómo se siente?
-Es placentero, me gusta explorar con profundidad y acariciar mientras beso.
-Vaya Paula, eres realmente atrevida.
-Pero noto tu curiosidad.
-Tengo mucha curiosidad, me encantaría probar.
Me levanté de la cama y me coloqué frente a ella.
-Experimenta conmigo, si no te agrada, podemos detenernos -le propuse mientras ella también se ponía de pie.
Los ojos oscuros de Martina brillaron como nunca antes.
Acaricié su rostro con ternura, se acercó a mí y unimos nuestros labios.
Al principio ella mantuvo los ojos abiertos, pero luego se entregó por completo al beso.
No quería ser tan apasionada debido a que era su primera experiencia con una mujer, pero eventualmente mi prima me instó a intensificar la pasión.
Nuestras lenguas comenzaron a jugar y entrelazarse de manera continua.
Mis manos exploraron su cuerpo hasta llegar a sus glúteos, que apreté con firmeza. Martina se sorprendió al principio, pero luego colocó ambas manos en mi cintura y acarició mi espalda con ternura.
Al finalizar el beso, aún mantenía sus glúteos entre mis manos.
Subí su vestido y dejé al descubierto por completo su trasero.
-¿Qué te pareció?
-Fue increíble -me dedicó una sonrisa y volvió a besarme.
Este segundo beso fue un auténtico derroche de pasión, ya que Martina se mostraba mucho más segura. Lentamente le quité el vestido y posteriormente me deshice de mi falda, top y ropa interior.
Martina me miraba con asombro y deseo a la vez.
Primero mis ojos se posaron en sus senos y luego en su entrepierna.
-Anhelo satisfacer tu deseo- le dije.
-¿Te gustaría recibir sexo oral?
-Sería maravilloso.
Se recostó en la cama con las piernas abiertas, invitándome a explorar su intimidad.
Hundí mi rostro por completo en su entrepierna, ya que disfrutaba la sensación de una vagina palpitante entre mis labios, agarré sus muslos para mantenerlos separados y evitar que los cerrara. Luego me concentré en darle placer lamiendo su vulva con pasión.
Ella se estremecía de placer e intentaba cerrar las piernas en varias ocasiones, pero no se lo permití. Sus gemidos sensuales me incitaban a continuar brindándole placer oral, incrementando la intensidad en mis movimientos.
Mientras mi lengua estimulaba su clítoris, introduje dos dedos que alternaba dentro y fuera, estimulando su vagina durante varios minutos. Incluso le di algunas mordidas durante el acto, lo cual pareció aumentar su placer según sus gemidos.
-Me
Decidí salir a correr -me comentó entusiasmada.
-Cariño, déjame saborearte- le respondí con picardía, y luego le di los últimos lametones hasta que recibí una generosa cantidad de fluido vaginal que inundó mi boca.
Me bebí hasta la última gota y les aseguro que es lo más exquisito en el encuentro íntimo entre mujeres.
Martina me regaló una sonrisa y luego se colocó sobre mí, tomó con sus manos mis dos pechos y comenzó a succionarlos mientras los acariciaba.
-Gracias a ti descubrí mi atracción por los pechos- me confesó.
-Y a mí me fascina esto- respondí, luego sujeté con firmeza sus glúteos para dejarle marcas y empecé a mover mi pelvis contra su zona íntima.
A pesar de tener poca experiencia en la intimidad lésbica, lo que hizo a continuación fue digno de una experta, agarró mis caderas y yo me quedé balanceando mi pelvis sobre ella.
Martina tomó mis pechos y los llevó a su boca, así que me excitaba con la succión de mis pechos y los movimientos a la vez.
Lo que sucedió después fue tan gratificante que no puedo expresarlo con palabras.
Las sensaciones inexplicables que ella generaba con su suave lengua en mis pechos y su zona íntima unida a la mía mediante los movimientos de ambas, fueron maravillosos.
Nuestras vaginas se frotaron mutuamente hasta que ambas caímos exhaustas y satisfechas.
-El mejor encuentro sexual de mi vida- me dijo.
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