En algún momento del año pasado, me encontré con una mujer trans de alrededor de 30 años a través de una aplicación de citas. Después de varios días de charla, nuestras conversaciones se volvieron más íntimas hasta caer en la tentación.
Comenzamos a intercambiar fotos sensuales y la excitación creció. Lo curioso es que esta ardiente conversación tuvo lugar mientras yo estaba en la calle; al mirar sus imágenes de reojo, mi miembro reaccionaba sin control. Intentaba disimular en público, pero mi deseo me llevó directo a casa.
Desafortunadamente, no logré concretar una cita con ella debido a su apretada agenda laboral, aunque eso no impidió que mantuviéramos nuestras conversaciones subidas de tono.
Al regresar a casa, seguimos con nuestro intercambio. Al ver mi trasero, su deseo se encendió y me pidió que le enviara un video usando un objeto. Tan excitado estaba que no resistí la tentación de tomar un cepillo, limpiarlo y usarlo analmente.
Gravé el video y se lo envié. Me excitó mucho que una mujer trans me viera disfrutando de mi propia compañía, incluso me tentó la idea de que lo hiciera ella misma.
Ambos estábamos ansiosos por tener un encuentro íntimo, así fue como culminó mi primera experiencia con una mujer trans.
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