0%

Tras salir de prisión


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

Después de cumplir cuatro años en la penitenciaría por hurto, Eduardo finalmente fue liberado y por cierto allí estaba su madre para recibirlo. Ella había sufrido mucho con esta situación porque tuvo que encargarse no solo de su hogar, sino de enviarle dinero a su hijo para los gastos (cigarrillos, vestimenta, comidas) siendo ella solo una trabajadora. Así que no pudo continuar costeando el alquiler de la casita donde residían, y tuvieron que mudarse a un reducido apartamento de treinta metros cuadrados, con una cama, una mesa, un armario, un baño y una cocina.

Abrazó a su hijo y le hizo comprometerse a que esta situación no se repetiría. Que se dedicaría a buscar un empleo digno y se apartaría de aquellos que lo habían inducido por mal sendero. Él aceptó con gran emoción. Había pasado por momentos muy difíciles y no deseaba volver a ellos.

Era tarde y llovía, por lo que tuvieron un viaje bastante largo. Llegaron empapados. Eduardo se sorprendió al contemplar el apartamento. Resultaba demasiado pequeño para ambos, incluso la cama no era doble, sino de una plaza y media. Se antojaba sumamente incómodo para los dos. Su madre le respondió que cuando él consiguiera trabajo, buscarían algo mejor y más amplio. Por ahora, solo podía costear eso.

Le indicó a Eduardo que se duchara con agua caliente debido a la mojadura, él se despojó de la vestimenta dándole la espalda y se introdujo en el reducido baño. Al concluir, se percató de que no tenían toalla, por lo que llamó a su madre, quien le acercó una y lo ayudó a secarse. Ella ya se había trocado y llevaba una especie de camisón, sin sujetador. Mientras lo secaba, Eduardo no dejaba de contemplarle el busto desde arriba. Habían pasado más de cuatro años desde que no veía ni tenía contacto con una mujer.

Inconscientemente, se excitó y su miembro se endureció. La madre lo advirtió al instante, por lo que le entregó la toalla sobre los hombros y salió del baño.

Para darle la bienvenida, había preparado una cena especial con un buen vino. Estuvieron conversando hasta altas horas de la noche, momento en que decidieron ir a dormir. Eduardo solo llevaba puestos unos calzoncillos, las demás prendas habían sido puestas en la lavadora. Al acostarse, se animó y le mencionó a su madre:

-Hace cuatro años que no tengo contacto con una mujer, siento la necesidad, pero ¿tienes dinero para eso?

-Apenas tenemos para comer... -respondió la madre.

-¿Qué debo hacer entonces mamá?

Ella reflexionó por un momento, recordó el episodio del baño y le dijo:

-¡Al baño, ven!!

Lo detuvo frente al lavabo, mirando al espejo, y desde atrás, posó su mano en el miembro de Eduardo que de inmediato se endureció. Comenzó a acariciarlo, firme y suavemente a la vez. Él no la veía, ella se encontraba detrás suyo, pero percibía su aliento en la espalda y su suave tacto en su miembro.

En poco tiempo, eyaculó en el lavabo. Ella lo abrazó y le dio un beso en la espalda. Le dijo:

-No puedes reclamar de tu madre. Espero haberte servido de ayuda.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

💬
¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

💬 ¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com