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Enfadando a mi prima


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Cuando regresé de la universidad un día, mis padres me comunicaron una novedad que, al principio, no me agradó: una prima que residía en el pueblo vendría a quedarse un tiempo con nosotros, ya que mi tía deseaba que dejara de relacionarse con un chico de dudosa reputación.

Lo más molesto de todo era que tendría que compartir tanto habitación como cama con ella, lo cual me incomodó mucho, ya que en esa época solía complacerme con frecuencia y solía ver videos para adultos en mi computadora casi todas las noches, pensé que no podría continuar con esa rutina con mi prima presente, ¡pero qué equivocado estaba!

La temporada que pasé compartiendo cuarto con mi prima resultó ser una de las más gratificantes. Mi prima era realmente atractiva, una joven de 19 años con un par de pechos grandes y apetitosos que despertaron en mí una particular fascinación por los senos.

Al inicio se mostraba seria y hablaba poco, pero me aseguré de que se sintiera cómoda rápidamente. A los tres días, logré conocer sus pechos, ya que propuse una pequeña apuesta para ver quién los tenía más grandes, ¡obviamente ganó ella!

Ella me confesó que aún era virgen y que deseaba cambiar esa condición, ya que el chico con el que mi tía no quería que saliera era mucho mayor que ella y ya había estado casado, habiéndole dado fuertes abrazos en varias ocasiones que solo la dejaron excitada pero no pasaron a mayores.

Me animé a compartir algunos detalles sobre mis preferencias sexuales, mencionando los encuentros excepcionales que tenía y cómo disfrutaba del sexo intenso y dominante, expresándole que, si deseaba, podía presentarle a alguien. Con gran emoción, aceptó la propuesta.

Organicé todo, le dije a mis padres que asistiríamos a una fiesta con mis compañeros de la universidad, y mi mamá se alegró al pensar que mi prima conocería chicos de su edad, ¡qué risa!.

Me ocupé de ayudarla a arreglarse para que luciera atractiva, le presté algo de mi ropa: una minifalda verde, una blusa negra transparente, conjuntos de lencería negra, unas sandalias del mismo color y algunos accesorios discretos. Realmente lucía fabulosa. Yo también me arreglé y nos fuimos hacia nuestro destino.

Me amigo nos esperaba en la esquina de la casa y, al vernos, expresó lo hermosas que estábamos. Tras las presentaciones correspondientes, nos dirigimos hacia su departamento. Allí nos esperaban música, bebidas y aperitivos. Conversamos sobre diversos temas y, al principio, mi prima se mostraba seria, pero a medida que avanzaba la noche y tomábamos tragos, comenzó a soltarse más.

Le sugerí a mi prima que si quería perder su virginidad, ese hombre a su lado era la mejor opción, asegurándole que así lo garantizaba. Se levantaron para bailar y él empezó a acercarse a ella de forma más íntima, la besó apasionadamente, introduciendo su lengua en su boca mientras acariciaba sus nalgas, la giraba y se ponía detrás de ella para rozar su intimidad, apretar sus pechos y acercarla a mí para que le quitara la ropa. Finalmente, logré ver sus exuberantes pechos y, mirándola a los ojos, le pregunté: "¿Puedo chupártelos?". Excitada, asintió y comencé a disfrutar de aquellos senos mientras mi amigo continuaba estimulándola.

Entre gemidos y deseos, mi prima pedía más, ansiaba tener relaciones sexuales y experimentar la sensación de tener a alguien dentro. Mi amigo, entre suspiros, me aseguró: "Esta mujer será tan lasciva como tú, o más". Rápidamente, se colocó un preservativo y la penetró sin contemplaciones, mientras yo la abrazaba y le acariciaba.

El tamaño de los pechos la incitaba a gemir más, a pedir más acción, y él le decía "si quieres probar cosas nuevas, ¿verdad?" y ella respondía sí, por favor, tómame, hazme lo que quieras, soy tu compañera". Yo le preguntaba, "¿disfrutas con lo que hacemos?" y ella decía "sí, mucho" y yo le decía "entonces pide, dile que quieres más, más fuerte" y ella seguía mis instrucciones.

Mi amigo la penetró en diferentes posturas y yo aprovechaba para acariciar sus senos. En ese momento ella no se atrevió a tocarme a mí, pero no me importaba, lo que quería era que disfrutara de su primera vez tanto como yo lo había hecho.

De hecho, yo tampoco tuve relaciones esa noche porque ella y yo teníamos que regresar a casa a una hora específica y no teníamos mucho tiempo, pero la experiencia me llevó a alcanzar varios orgasmos y con eso me di por satisfecha.

Nos vestimos sin bañarnos y nos llevó a casa; una vez en la privacidad de mi habitación, la llevé a la ducha y lavé su cuerpo minuciosamente. Ella estaba un poco ebria y exhausta por la intensa actividad sexual. Le pregunté qué opinaba y solo dijo "esto del acto amoroso es maravilloso, muchas gracias, prima", me dio un beso en los labios antes de quedarse dormida.

Al día siguiente, al despertar, mis padres no estaban en casa. Había una nota en la mesa donde escribían que regresarían hasta la noche, que había comida en el refrigerador y que nos portáramos bien. Y realmente así lo hicimos, nos comportamos de manera muy amorosa y respetuosa la una con la otra. Pero esa historia se las contaré en otro relato.

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