0%

Disfrutando mi esposa con dos vecinos (I)


Escuchar este audio relato erótico
5
(1)

Por razones laborales del que firma, mi esposa y yo tuvimos que trasladarnos a vivir a otra ciudad donde no conocíamos a nadie excepto a algunos superiores de la empresa para la que trabajaba. De forma gradual fuimos entablando amistades con la gente de nuestro barrio y empezamos a salir frecuentemente con ellos para tomar algo y conversar, creando lazos de amistad con algunos de ellos rápidamente.

Por mi trabajo solía salir de casa temprano y regresaba por la tarde, dejando a mi esposa sola en casa, aunque a veces bajaba a los bares de conocidos para pasar el tiempo hasta mi llegada.

Las ventanas de nuestro apartamento daban a un callejón que conducía a garajes privados de residentes en nuestro edificio, frente a otro edificio con ventanas y balcones que estaban justo en frente de los nuestros. En uno de los apartamentos del edificio de enfrente vivía una pareja marroquí que había acogido temporalmente a un amigo de él, originario de Nigeria, a quienes veíamos casi a diario desde nuestras ventanas o terraza, ya sea tendiendo ropa o asomados fumando.

Tanto mi esposa como yo habíamos notado que ellos la observaban atentamente cada vez que realizaba tareas domésticas en nuestra terraza o se asomaba a fumar un cigarro. Sus miradas delataban deseo y sus comentarios eran evidentes, especialmente cuando ella estaba sola, siendo algo que yo había notado desde hacía tiempo y que me inquietaba, aunque mi esposa me decía "Son cosas tuyas, cariño. No le des importancia", aunque notaba en ella una disposición que me hacía pensar lo contrario.

Después de varios días observando a los vecinos en su terraza -ya que la esposa del marroquí trabajaba fuera y ellos pasaban mucho tiempo solos-, llegó el fin de semana. En domingo, bajamos al mediodía a tomar unas cervezas por los bares del barrio. Mi esposa lucía una elegante camisa negra con rayas blancas, una minifalda de cuero con medias sensuales y liguero negro, además de unos zapatos de tacón fino. Era el centro de atención, lo que me provocaba orgullo y excitación.

Mientras estábamos en uno de los locales, un camarero se acercó para informarnos que nuestras bebidas habían sido pagadas por alguien más, señalando hacia el fondo donde estaban nuestros vecinos. Les agradecimos con un gesto y pedimos al camarero que les devolviera la cortesía. Después, salimos a fumar un cigarrillo y nuestros vecinos se nos unieron, presentándose como Nassar, el marroquí, y Mutiu, el nigeriano. La charla se extendió durante la tarde por diversos lugares. Tras un rato, mi esposa invitó a los vecinos a unirse a nosotros, confirmando mis sospechas de que se sentía atraída por ellos y que algo más sucedería. Mi esposa pidió más cervezas y se retiró al baño mientras nosotros seguíamos conversando.

la barra de la taberna, después reapareció y noté en su rostro que se había esforzado por llamarles más la atención y permitir que la situación se volviera más picante. Los vecinos también lo percibieron y se lo expresaron, a lo cual ella respondió agradeciendo los cumplidos con una sonrisa traviesa y una actitud extremadamente seductora y atractiva.

La tarde transcurrió por diferentes lugares con rondas de cerveza y algunos aperitivos, y la atmósfera se iba calentando cada vez más debido a las insinuaciones que nuestros vecinos dirigían a mi esposa y a la respuesta de ella, que se sentía halagada y lo demostraba con caricias, besos en las mejillas y actitudes provocativas como cruzar las piernas con la falda un poco más arriba de lo habitual, dejando al descubierto sus hermosas piernas y sus sensuales medias para provocar aún más a nuestros acompañantes.

En un momento de la conversación entre los vecinos y mi esposa, el marroquí aprovechó para decirle "nos encantas y estás muy atractiva", añadiendo "desde que empecé a verte en la terraza me pones muchísimo y ya he tenido que hacerme varias pajas pensando en ti", lo que también confirmó el nigeriano, palabras que ella agradeció con un abrazo, un pequeño beso en los labios y una sonrisa propia de una mujer ardiente y desinhibida. En ese instante supe con certeza que la situación llegaría a más, lo cual me generó una excitación extrema al imaginar lo que podría suceder.

Cuando la situación ya estaba muy candente y todos bastante excitados, nuestros vecinos nos anunciaron su partida ya que la esposa del marroquí estaba a punto de llegar del trabajo, intercambiando antes entre ellos y mi esposa los números de teléfono para mantener un contacto más estrecho. Con dos fuertes abrazos, besos en las mejillas y un apretón de manos para cada uno, Nuria se despidió de ellos diciendo "¡Estaremos en contacto. ¡Esto hay que llevarlo a cabo!", y ambos abandonaron la taberna y se marcharon a casa. Mi esposa y yo nos quedamos solos de nuevo y ella aprovechó para ir al baño mientras yo seguía pensando en lo sucedido. Al regresar, Nuria pidió otras dos cervezas y comenzamos a hablar sobre el tema, diciéndome "¡Caray, cariño, qué cachonda y excitada me han dejado los vecinos, estoy mojadísima!", añadiendo "¡Tengo que terminar esto y no voy a tardar mucho. Espero que mañana puedan y quedar con ellos en casa para tener relaciones sexuales. Los deseo a ambos y sobre todo al nigeriano, seguro que tiene un miembro enorme como corresponde a un hombre de raza negra"; yo la miré y le dije "Ya sabía yo que querías que te hicieran el amor los dos, se veía venir y te lo dije el otro día!", a lo cual ella asintió y me pidió que no me molestara y que asistiera a su encuentro con ellos como espectador, ya que quería que yo estuviera presente y los viera pero sin participar, a lo cual accedí para complacerla.

Ya era bastante tarde y decidimos regresar a casa. Cuando llegamos, tomamos asiento en el sofá aún muy excitados para fumarnos un cigarrillo y luego yo fui a ducharme mientras ella se quedaba en el salón. Cuando salí de la ducha y me acerqué, escuché los gemidos y jadeos de Nuria, tumbada en el sofá solo con las medias, el liguero y los zapatos de tacón, masturbándose de forma caliente y excitante, lo cual me provocó una fuerte erección, sentándome a su lado y ayudándola a llegar a un orgasmo intenso por la excitación acumulada durante la tarde. Luego le pedí que hiciera lo mismo conmigo, que me masturbara hasta llegar al clímax como ella, a lo cual accedió sin dudar aunque primero tomó mi erección y me hizo una felación extraordinaria que me llevó al éxtasis, una felación "Made in Nuria" que me hizo disfrutar de un placer supremo. Después de varios minutos de sexo oral, suave y delicado, me pidió que hiciera lo mismo con ella, que la complaciera con la lengua y la llevara al orgasmo, lo cual hice con devoción y dedicación para culminar una tarde llena de pasión y lujuria.

comenzó a acariciar mi miembro de arriba a abajo de la misma forma para provocarme un gran placer, alternando esas caricias con besos apasionados y llenos de deseo.

Anticipándose a mi posible eyaculación en cualquier momento, me pidió: "¡Amor, haz el amor conmigo. Introduce en mi caliente vagina este miembro que tanto disfruto, vida mía. ¡Quiero que lleguemos juntos al clímax!" Después, esperó un momento para que pudiera aguantar más y, tras varios minutos, se sentó sobre mí en el sofá, introduciendo completamente mi pene y comenzando a jadear y gemir de placer. Comencé a acariciar sus pechos, a besar y chupar sus pezones, lo que la excitaba aún más, diciéndome: "Haz el amor conmigo, amor, haz el amor conmigo. ¡Así, mi vida, así, mi cornudo!" y preguntándome: "¿Te gusta tener relaciones con tu esposa...? ¿Te agrada mi vagina, mi amor...?". Asentí con la cabeza y, agarrando sus perfectas nalgas, la embestí con deseo.

Después de varios minutos cabalgando sobre mi firme y erguido miembro, Nuria me pidió que cambiáramos de posición y que la penetrara a cuatro patas. Se acomodó en el sofá, ofreciéndome su húmeda vulva y sus nalgas en esa posición. No pude resistirme y, antes de continuar, la estimulé durante varios minutos por detrás mientras acariciaba sus nalgas, consiguiendo que se corriera nuevamente entre gemidos excitantes, que se tornaban aún más provocativos al tener las ventanas del salón abiertas. Luego, me arrodillé y la penetré de nuevo, introduciendo mi miembro profundamente en su vagina mientras la sujetaba por las caderas con un intenso deseo de eyacular dentro de ella, mientras ella, entre gemidos, me decía: "Así, amor, así, mi vida. Haz el amor conmigo, mi amor, hazlo fuerte, ¡sígueme el juego a mí, que soy tu esposa! Te amo, cornudo, te amo y te quiero con toda mi alma, a pesar de que disfrute con otros miembros. Eres mío y solo mío. Me excito solo sintiendo tu miembro dentro de mí. ¡Qué placer, mi amor, qué increíble sensación! No te detengas, continúa así. Aguanta un poco más y llegaremos juntos al clímax".

Malabareé para contenerme hasta que mi esposa gritó fuertemente entre gemidos: "¡Ahora, amor, ahora, me corro, me corro, me corro toda... Ummmm. ¡Ohhh!", momento en el que yo también eyaculé una gran cantidad de semen en su vagina en un orgasmo intenso que me proporcionó un placer indescriptible. Nuria se dio la vuelta y comenzó a practicarme sexo oral para beberse todo lo que quedaba, brindándome un inmenso placer. Nos levantamos, nos miramos a los ojos, nos besamos y nos abrazamos mientras me dijo: "¡Guau, amor, qué buen momento hemos compartido, cabrón. Me encantó, mi vida!". Acarició mi miembro con su mano, me besó y se dirigió a ducharse. Luego se cambió de ropa interior en nuestra habitación, sustituyendo el conjunto negro por unas bonitas medias sexys de encaje ancho, de color piel, junto con un sostén, tanga y liguero blancos y unos elegantes zapatos de tacón, presentándose así en el salón y dejándose ver a través de las ventanas abiertas.

Nos servimos unas cervezas y nos dispusimos a ver un rato la televisión. Ya era de noche, mi esposa se levantó y se dirigió al balcón al notar desde el salón que los vecinos estaban en el suyo fumando un cigarrillo y que solo ellos la verían vestida de esa manera tan sexy y provocativa. Encendió otro cigarrillo y los saludó de manera cariñosa, recibiendo un cálido saludo, exclamando el vecino: "!Qué bien estás!". Ella les preguntó: "¿Qué opinan...? ¿Les gusta mi atuendo...?", demostrando que estaban completamente encantados. Nuria tomó un taburete de la cocina, lo sacó al balcón y, ante sus atentas miradas, comenzó a acariciarse, se quitó el sostén y el tanga, mostrando sus maravillosos pechos y su vagina peluda, y comenzó a estimularse delante de ellos, quienes cada segundo

Mostraban una mayor excitación y ardor.

Mi esposa comenzó a gemir de placer y en ese momento, los vecinos no dudaron en sacar sus grandes penes y empezar a masturbarse frente a ella. Al ver sus miembros viriles, exclamó: "¡Qué deliciosos. Mañana serán míos!". Nuria se emocionó tanto al verlos que en pocos minutos alcanzó el clímax entre fuertes gemidos, mientras que ellos tampoco perdieron tiempo y pronto le entregaron sus eyaculaciones a mi esposa, depositando una gran cantidad de esperma en las macetas de su terraza. Intercambiándose besos al aire, se despidieron con un saludo de manos. Mi esposa regresó al salón muy satisfecha y me dijo: "¡Guau, cariño, qué placer he experimentado. Qué orgasmo tan intenso he tenido. Y ellos ni hablar, han eyaculado... Se han corrido como verdaderos libertinos. Tienen unos penes impresionantes, guau. Me encantan los dos, pero sobre todo el de Mutiu, el hombre negro nigeriano!". Concluyó diciendo: "¡Mañana serán míos, ya lo verás!".

Después de lo sucedido, yo también estaba muy excitado, al igual que mi esposa, por lo que decidimos retirarnos a nuestra habitación para hacer el amor apasionadamente, lo cual se prolongó hasta altas horas de la noche, deteniéndonos en varias ocasiones para tomar algo de comer y cenar, dando así tiempo para recuperarnos. Tras varias horas de intensa actividad sexual y totalmente exhaustos, mi esposa y yo nos quedamos dormidos abrazados.

A la mañana siguiente, yo tenía que ir al trabajo, así que me levanté temprano. Mi esposa también se despertó a la misma hora y me pidió: "Cariño, hoy va a ser un día estupendo. Tráeme el café a la cama y lo tomamos juntos". Accedí a su petición y mientras disfrutábamos del café, Nuria me confesó que seguía muy excitada y que llamaría a los vecinos para concertar un encuentro por la tarde, invitándolos a nuestra casa para tener relaciones sexuales. Esta situación me excitó mucho y experimenté una fuerte erección, por lo que le rogué que me permitiera satisfacerla oralmente y tener relaciones sexuales antes de irme.

Ella aceptó encantada, se abrió de piernas y me sumergí en su vulva húmeda provocándole dos intensos orgasmos. Luego, se colocó a cuatro patas en la cama, aún con la lencería de la noche anterior, y mi pene firme y erguido penetró su vagina mojada con gran deseo, follándola con fuerza mientras le decía: "Toma, mujer, aquí está mi pene, dentro de tu deliciosa cavidad. Esta tarde disfrutarás con los vecinos como la gran puta que eres, pero antes gozarás con mi miembro viril. ¡Toma el miembro de tu cornudo! ¿Te gusta, mujer, te gusta cómo te penetro?". Ella se mostraba encantada entre gemidos y jadeos muy sensuales y excitantes, diciéndome: "Cariño, soy tu esposa y aunque disfrute con otras relaciones sexuales, tu pene siempre será mío al igual que mi vagina es tuya, mi vida. Continúa, sigue penetrándome así, cabrón, logras que tenga orgasmos como una verdadera puta. No te imaginas el placer que me proporcionas, canalla. ¡Fóllame, fóllame!".

Así continuamos durante un buen rato hasta que ya no pude contenerme más y la advertí de mi eyaculación. Ella se volteó, se puso de rodillas y recibió mi eyaculación en su boca, tragándola toda y succionando mi glande con sus labios para exprimir hasta la última gota, brindándome un placer indescriptible.

Después de nuestro increíble encuentro sexual, me dirigí a ducharme mientras Nuria permanecía en la cama. Luego me vestí, me despedí y le pedí que me mantuviera informado sobre la situación con los vecinos, tal como habíamos acordado, para luego ir al trabajo.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 5 / 5. Recuento de votos: 1

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com