-Pero eso no es verdad. Si presenciaras cómo reaccionó durante la conversación, no desearías experimentarlo en su totalidad.
-¡Qué insólito, mira en qué situación estás! Abrígate. ¿A qué te refieres?
-Sí, estar en un ambiente más privado, ¿de acuerdo?
-Mmmm, pero no me conoces realmente y además eres muy joven, qué pensará la gente.
-Te considero una dama madura, elegante, respetable. Aunque apenas nos conozcamos, se nota que eres simpática y no una persona desagradable, y te aseguro que no te arrepentirás por mi edad. Deja que piensen lo que quieran, ¿no te parece?
-No, ¿a qué viene eso? No me malinterpretes. Mmmm No sé, no sé... Actuaba como si no supiera, porque el joven estaba atractivo y parecía tener ciertas cualidades. Pero ya es tarde y no es apropiado.
-Hasta ahora no he sido desconsiderado ni incómodo contigo, ¡anímate! No voy a juzgarte mal
-Mmm, ¿A dónde iríamos?
-Estamos cerca de Tlalpan o La Doctores, vamos por allá. Hay varios hoteles, venga. Te aseguro que no te arrepentirás.
-No es correcto, eres muy joven, mmm, no sé; mmm... Bueno, está bien, vamos, pero no creas que soy una mujer fácil.
-No, por supuesto que no, para nada. Mira, llegó un taxi, vámonos.
Subimos al taxi, le indicó al conductor a dónde dirigirse. En ese momento, mientras avanzábamos, reflexioné sobre lo que estaba haciendo. Nunca antes había estado con hombres tan jóvenes como Arturo. Me invadió un sentimiento de culpa por haber aceptado tan rápidamente, pensé en decirle que mejor no, pero al ver de reojo su atributo, mi timidez desapareció. Estaba excitada, me disponía a tener una experiencia con un joven inexperto, nos dirigíamos a Tlalpan; pensaba en la excusa que le daría a mi esposo.
En un momento del viaje, tomó mi mano y la colocó en su entrepierna. La retiré, pero él la volvió a poner y la mantuvo allí. Comencé a acariciarla, noté que era grande y gruesa, estaba caliente, empecé a apretarla con deseo. Unas calles más adelante, indicó al taxista que se detuviera frente a una tienda Oxxo, en ese instante quise llamar a mi esposo, pero me avergonzó que el taxista escuchara. Arturo se bajó y volvió poco después con un tequila y unas cervezas. Con sorpresa en mi rostro, lo observé, el taxi prosiguió su ruta y él volvió a poner mi mano en su bulto, al que apretaba con deseo.
Llegamos a un hotel cerca del metro Chabacano, El Mexicali (uno de los lugares a los que solía ir con Fernando, un amante). Entramos y noté a algunas trabajadoras sexuales ofreciendo sus servicios. Arturo tomó mi mano al ingresar al hotel, nos dirigimos a recepción, donde nos miraron debido a la diferencia de edad. Pidió una habitación y subimos al segundo piso por el ascensor. Reconocí esa habitación, ya había estado con Fernando allí, contiene una pista con tubo y luces de colores, espejos, un sillón tántrico y ventanas con vista a Tlalpan, todo lo necesario para pasar un buen momento. Nos acomodamos, preparó las bebidas y cuestionó sobre el contenido de la bolsa que llevaba.
-¿Qué compraste en la plaza, qué hay en esa bolsa?
-Nada, solo ropa.
-Por nuestro encuentro.
-Salud, brindamos con un shot de tequila y bebí un sorbo de cerveza.
-¿Puedo verlo? -me preguntó mientras servía más tragos.
-No, es para mi esposo.
-¡Salud!
-¡Salud!, tomamos otro shot y lo acompañé con otro trago de cerveza. Arturo seguía insistiendo en ver el contenido de la bolsa.
-Vamos, enséñame lo que compraste.
Se acercó y me besó apasionadamente, me agarró de la cintura y me atrajo hacia él, me acariciaba descaradamente, su lengua buscaba con deseo la mía, yo me dejaba llevar. Permití que un chico de 19 años me tratara de tal forma.
En una habitación de hotel disponible para su uso, permití que él hiciera conmigo lo que quisiera, de la forma que quisiera. Experimentaba cómo su protuberancia se frotaba en mi entrepierna, grande, caliente, gruesa, mientras continuaba acariciando mis glúteos.
De repente se separó y fue a servir más tequila, le comenté que, por el momento, ya no deseaba más, pero insistió y brindamos, otro trago hasta el fondo acompañado de mi cerveza. Empezaba a sentirme mareada, relajada, caliente, esperando que decidiera avanzar y seguir disfrutando plácidamente ese momento. Volvió a servir otro tequila, aunque decidí no beberlo, le dije que no había prisa, aunque en realidad deseaba sentir su miembro en mí. Insistió y me lo bebí completamente, "no sé porqué", pero estaba muy excitada.
La situación, la exploración física y el alcohol me habían excitado al extremo, actuaba desesperadamente devorando su boca, acariciando su bulto y frotándome con ansias, ofreciéndome al rodearlo por el cuello. Comenzó a azotarme en las nalgas, primero suavemente y gradualmente aumentó la intensidad, con gran excitación me propinaba las nalgadas, como insinuando que me iba a dominar, lo percibía en su rostro. Sonó mi celular y reaccioné, ¡era mi esposo! Se me había olvidado llamarle. Me separé y contesté, viendo la hora, eran las 11:30.
-Sí, ¿qué ocurre? ¿Dónde estás? ¿Con tus amistades? Llegarás tarde, entendido. No, me encontré con unas amigas y estamos tomando unas bebidas, sí, aquí cerca de la plaza, cierto, pero pronto me retiraré, sí, me llevarán. Mientras tanto, Arturo comenzó a despojarse de los pantalones frente a mí, su camiseta y sus calzoncillos, y exclamé al observar el miembro que mostraba: ¡oh Dios mío! No podía creer lo que veía. Comenzó a masturbarse y su miembro fue incrementando su tamaño. Era un pene grueso, largo y con una cabeza notable, calculé que tendría alrededor de 18-20 centímetros.
Me acerqué a él, me arrodillé y empecé a practicarle sexo oral, traté de tomarlo entero sin éxito, recorrí su glande limpiando sus fluidos. Mi esposo me preguntó por qué hablaba de manera extraña, le dije que estaba chupando un dulce: "clack, clack, mmm…". Mientras tanto, continuaba con la actividad. Sí, compré eso, luego lo verás, chup, chup, así es, eso que te gustó, ohh, la vida, sí, todo está bien, muy bien, chup, chup, sí, te aseguro que es mi dulce, aahh, entendido, nos vemos luego, cuídate, te quiero mucho, mi vida.
-¡Qué delicioso que me estuvieras dando sexo oral mientras hablabas con tu esposo.
-¿Te gustó?, ¿por qué te gustó?, ¿en qué estás pensando?
-Es excitante, nunca había experimentado algo así, me sentí poderoso mientras interactuabas con él y me practicabas sexo oral. Sentí que estabas a mi disposición, complaciendo mi pene, oh, excitante, poniendo los cuernos a tu marido. Se separó por un momento, sirvió más bebidas y brindamos, ¡salud!
-¡Salud! Y disfruta de la mamada que te estoy otorgando, es deliciosa. Me sentía mareada pero excitada, con ese gran pene en mi boca, me excitaba. Golosa, lo chupaba, lo acariciaba, lamía su glande y sus testículos, lo succionaba…
-Oh, qué placentero es que me practiques sexo oral de esa manera, mientras hablas con tu esposo.
-¿Te gustó?, ¿por qué te gustó?, ¿qué piensas?
-Es excitante, nunca lo había sentido, me sentí poderoso mientras hablabas y me complacías, me estás poniendo muy caliente, estoy a punto de venirme, disfruté muchísimo esa mamada, eres una dama ardiente.
-TIenes una preferencia por la verga, cierto? ¿te agrada el miembro viril, putita?
-¡Por supuesto, dame tu lefa caliente, dámela toda, así, así si, qué delicia, sí me gusta el pene, el miembro delicioso, ven aquí cariño, ven delicioso, échamelos todos.
Arturo se encontraba muy excitado, liberó por completo su líquido; me impregnó el rostro y mi pelo, mi blusa, ingerí sus secreciones, uufff qué exquisita cantidad de semen; extasiada disfrutaba de ese sabor amargo de los fluidos calientes, limpiaba con mi lengua las gotas de esperma que emanaban de su glande, me introduje su pene en la boca, él continuaba jadeando y emitiendo palabras obscenas al sentir mi boca en su miembro viril:
-¡Uff cabrona, qué delicia lograste hacerme llegar, sabes complacer muy bien el pene, te los di todos. Te ves completamente sucia, sumisa, así con mis fluidos impregnando tu rostro, tu cabellera, como..., como...
-¿Cómo qué, cómo qué Arturo?
-Como una prostituta, te ves muy atractiva así, zorra, qué boca más deliciosa posees.
-¿Disfrutaste cómo te realicé sexo oral, cómo obtuve tu leche? Nunca te habían complacido de esa manera, tan exquisita...
-No como tú, uff
Él se acostó en la cama para recuperarse y de manera tambaleante me dirigí al baño, ardiente y mareada me dirigí a higienizarme; sin embargo, antes, regresé por la bolsa que contenía la vestimenta que había adquirido para mi esposo. Me aseé lo mejor que pude, arreglé mi cabello, me implanté fragancia y me maquillé de manera sensual. Me cambié a la vestimenta adquirida para mi cónyuge. Me coloqué la minifalda de tono fucsia, las medias de liga de malla en la misma tonalidad, las bragas abiertas en la entrepierna asimismo en ese color, desabotoné un poco mi blusa. Al observarme en el espejo noté que lucía muy sensual, muy lasciva, lo cual me excitó al verme de ese modo. Estaba dispuesta a mostrarme ante ese joven tal como seguramente había fantaseado estar con alguien de tal manera, reí al percibirme con esa postura, sinceramente me resultaba desconocida.
Sutilmente me acerqué, sin que me percibiera, al muchacho que aún yacía con su imponente miembro en erección, repleto de vitalidad, juventud divino tesoro, pensé. Coquetamente me aproximé y expresé:
-¿Deseabas observar la indumentaria adquirida, verdad? Aquí la tienes, ¿Qué opinas, te agrada cómo me veo?
-¡Oh querida mía, qué sensual luces, mmm te ves muy atractiva, ¿Así te vistes para tu esposo? Eres una apasionada, eres una libertina, qué envidia.
-Así que trátame como una ramera, aquí me tienes para ti, úsame como desees, para eso me trajiste a este hotel en Tlalpan, ¿cierto? Me imaginaste como una desvergonzada, ¿verdad?
-Realmente sí, me parecías muy seria, mas cuando te acercaste a mi miembro viril, pensé, a esta dama le gusta tener relaciones sexuales, le fascina ser poseída. Brindemos por esto, por la mujer que está conmigo. ¡Salud!
-¡Salud! Ingerí de un solo trago mi tequila, posteriormente tomé mi cerveza para acompañar. Desconozco cómo acabaría, pero me encontraba fogosa y ansiaba que me introdujera su pene. ¿Qué opinas, encantadora, apetitosa? ¿Listo para introducirme tu miembro, cabrón? Entera deseable, a tu ramera.
-Sí. Te penetraré por completo, hasta el fondo, pero antes, ¿podrías brindarme un baile? ardiente, al estilo de una bailarina de club, gánate unos cuantos billetes, si, putilla.
-Pero no voy a poder, pues ya me encuentro muy mareada y podría caerme. Mejor, introdúcemela de una vez, ya deseo sentirlo.
-Vamos, solo unos momentos, adópta poses sugerentes. Mientras tanto, te filmaré.
-Está bien, pero por favor, pon música, un reguetón.
Seleccionó una canción y empecé a danzar. Sujetándome firmemente del poste, ejecutaba movimientos insinuantes y obscenos, abría mis piernas para exhibir mis genitales, me inclinaba para presentar mis glúteos, me restregaba en el tubo tanto por detrás como por delante, mis gestos resultaban lascivos, me bajaba el sostén para enseñarle mis senos, uufff qué ramera me consideraba, bailaba como una bailarina exótica, me propinaba nalgadas, me acariciaba mi zona íntima y así sucesivamente hasta el término de la canción.
Recibí aplausos y él se acercó para colocar un billete de quinientos pesos en mi sostén, besó mi pecho y lo chupó dejándome un gran chupetón. Luego procedió con mi otro seno realizando la misma acción, dejándolo marcado.con dos marcas reconocidas. Me alejó de la pequeña pista y me condujo al sofá tantra. Se recostó y comenzó a besarme apasionadamente, buscando mi lengua y devorándola con deseo mientras me agarraba de las caderas para introducir su miembro en mi vagina. Descendió nuevamente a mis senos para besarlos con ansias y chuparlos con mayor intensidad, dejando marcas rojas en ellos. De repente me giró y me inclinó, subió mi falda y colocó su pene en la entrada de mi vagina, penetrándome de golpe hasta la mitad y haciéndome gritar.
-¡Ay, ohhh, me duele mucho, tienes un tamaño enorme, ohhh qué grande la tienes, ohhh qué voluptuoso es, ohhh métela toda, ohhh sí, métela completa, ohhh qué deliciosa está. Dame toda, ohhh sí, toda hasta adentro, ohhh, así, qué rico, qué bien lo tienes, ohhh...
-¿Disfrutas con mi pene, zorra? ¿Te gusta? Ohhh, tómalo todo, tómalo todo profundamente, tómalo, aquí va.
-¡Ay, ohhh, sí, qué delicia, qué miembro tienes, ohhh, ábreme fuerte, ábreme fuerte, así, ohhh, qué grande tu pene. Nalgueame, nalgueame (plaf, plaf, plaf, plaf...) sí, dame más, ohhh, delicioso, muévete rápido, ohhh, qué increíble penetración, humm, soy tu mujer, haz el amor rico, hazlo con tu dama, para eso estoy aquí, por eso me vestí así, para ser tu mujer ohhh, qué pene me estás introduciendo, así, ohhh,
Completamente inclinada y apoyada en el sofá, recibí los embistes de Arturo, quien excitado intentaba "sujetarme" con su pene. Me azotaba lascivamente y se agarraba de mis caderas para estar mejor posicionado y así insertar todo su miembro en mi vagina. Yo gemía con fuerza, dejando oír mis expresiones por toda la habitación e incluso más allá de ella, me estaba dando un gran momento de pasión.
En un momento dado, se salió de mí, fue a la ventana que da a la calle, corrió las cortinas y abrió la ventana; me pidió que me apoyara en el marco y se situó detrás de mí. Volvió a introducirla de una vez, haciéndome gemir fuerte, copulaba con un gran deseo. Mientras me penetraba, veía pasar autos, camiones, el metro no seguía circulando. Observaba a la gente, no sé si me veían ellos a mí, pero yo sí los veía a ellos. Arturo comenzó a moverse con mayor rapidez, con mucho ímpetu y entre palabras vulgares, parecía que alcanzaría el orgasmo por segunda vez.
-Qué excitante es esta dama, qué sensual se viste, cómo disfruta del acto carnal, usted realmente sabe lo que hace, ohhh, es una mujer de gran clase, pero también es una mujer voluptuosa a la que le encanta tener sexo apasionado, ohhh. Qué firmes nalgas posee, qué tersos senos y cómo se viste...
-Me estás penetrando de manera deliciosa, qué pene cargas, qué agradable es, ohhh, me encanta tu miembro, sí, así, dame, hummm, muévete rápido, ohhh, me estás haciendo llegar al clímax, ohhh, qué deliciosa pene tienes, ohhh... me estoy aproximando al orgasmo, ohhh, ya llegué con tu gran miembro, ohhh qué delicioso pene tienes, ohhh, déjame sentir toda tu esencia, échame tu líquido caliente, ohhh...
-Aquí van todos, disfruta de ellos todos, ohhh, tómalos, disfruta de mi semen, qué deliciosas nalgas tienes, señora lujuriosa, qué trasero de dama tienes, señora ardiente qué apetitosa estás, qué bien mueves las caderas, ohhh...
(Continuará…)
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