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La relación con mi suegra (parte 4)


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En una noche de viernes, mientras Estrella descansaba, mi esposa y yo nos quedamos charlando hasta tarde mientras disfrutábamos de una copa de vino. –¿Y por qué se separó de su primer marido? –pregunté con interés. Sabía que Jorge, su segundo esposo, había fallecido y que Estrella lo había querido mucho, pero desconocía la historia de Raimundo, su primer esposo. –Estaba harta de ese desgraciado. Me trató muy mal.

Era un individuo que no supo valorarme. Antes de casarnos, me prometió el mundo, pero luego no cumplió sus promesas. Empezó a engañarme. Tenía varias amantes y, para colmo, no satisfacía mis deseos en la cama. –Pero le dio dos hijos –recordé, ya que Estrella me había contado que solo ella era hija del segundo matrimonio. Los hermanos mayores eran fruto del matrimonio anterior.

Doña Marcela soltó una carcajada al rememorar. –Déjame contarte un secreto, cariño. La verdad es que solo un hombre ha dejado su huella en mí.

No comprendí a qué se refería. –El papá de Estrella fue mi amante mucho antes de nuestra boda. Él es el padre de todos mis hijos. Hice creer al pobre Raimundo que los niños eran suyos. Fue mi venganza por sus malos tratos y traiciones. Cuando me engañaba, sobre todo durante el embarazo, recordaba que llevaba en mi vientre la semilla del hombre al que realmente amaba.

–¡Vaya, vaya! –exclamé sorprendido –así que mi nueva esposa es una gran mentirosa. Nunca hubiera imaginado, viéndola tan centrada. –Así es, cariño, una dama en la calle y una insaciable en la casa.

Mi mujer empezó a detallar más su historia mientras terminábamos la botella. –Disfrutaba cuando mi amante me poseía mientras estaba embarazada. Me volvía loca durante todo el embarazo y buscaba a Jorge cada vez que mi esposo se ausentaba. "Hazme el favor de fecundarme" le decía yo, y él sabía que quería que eyaculara en mi interior. Me excitaba pensar que su semen fertilizaba al bebé que llevaba dentro. "Dame una niña para que me la chupe" me pedía.

Y a la tercera se le concedió. Durante el embarazo de Estrella, se deleitó poseyéndome los 9 meses. Me abría de piernas para que su miembro viril llegara hasta lo más profundo y le decía a mi barriga “Abre la boca, Estrella, y chúpasela a papito” y él disfrutaba enormemente.

Tras aquella historia, no pude resistir y despojé a mi suegra de sus bragas para disfrutar de ella una vez más.

Tuvimos relaciones algo ebrios, hasta que me detuve y le dije a mi esposa –Cariño, falta algo. –la cogí en brazos y la llevé desnuda al cuarto de invitados. Encendí la luz y desperté a Estrella. Se sentó en la cama desconcertada, frotándose los ojos.

Coloqué a mi amante en la cama de Estrella y acerqué mi zona íntima al rostro de mi suegra. De inmediato comenzó a practicarme sexo oral, allí, al lado de su hija. Me miró con picardía y me guiñó un ojo. Sacó mi miembro de su boca y lo sujetó con la mano, dirigiéndose a su hija “Abre la boca, Estrella, y chúpasela a papito”.

Ella no comprendió de qué iba la situación, pero obedeció sumisamente. Tomó mi pene con sus manos y lo introdujo en su boca. Lo absorbió por completo y me brindó una felación exquisita.

Mi suegra observaba deleitada mientras acariciaba mis nalgas con una mano y se masturbaba con la otra. La miré con picardía y le comenté a Estrella –Realmente eres toda una diablilla.

Poco después acabé en su rostro, pero mi suegra no permitió que Estrella limpiara mi semen, en cambio, lo lamió de las mejillas y los labios de su propia hija. Experimenté una excitación increíble, pero no pude prolongarlo porque ya me sentía satisfecho y mis testículos vacíos.

Posteriormente salimos de la habitación, dejando a Estrella aún más desorientada.

Emocionada y ansiosa como nunca. Estimo que esa noche su juguete sexual se introdujo en el sapo sin descanso, mientras su madre y yo compartíamos la cama matrimonial.

Más tarde, en las primeras horas de la madrugada desperté a mi amante suegra para tener relaciones nuevamente. Todo ese relato de infidelidad, embarazos y placer me había dejado completamente lleno de deseo y aún más enamorado.

El sábado por la mañana nos sentamos a desayunar y durante la comida, Estrella, recién bañada y vestida de forma poco común, hizo su aparición. Llevaba unos ajustados shorts de algodón que se ajustaban a su entrepierna, lucía unas sandalias de plataforma y una blusa de tirantes sin sujetador. Realmente se veía muy atractiva.

Su madre la observó detenidamente pero no emitió comentario alguno, pasados unos momentos comentó- No crees ilusiones Estrellita. Ahora este es MI pareja. Si él desea, puede hacer contigo lo que le plazca, para eso es tu esposo, pero no te hagas ilusiones de que lo vas a recuperar. El coqueteo de anoche fue pura lujuria y mucho vino. Aún no le dirigía la palabra a mi esposa, pero dejé asomar la lengua para que mi suegra me la mame como le gustaba. Ese beso apasionado a mi nueva mujer era mi respuesta.

Ese fin de semana transcurrió como era habitual para nosotros, entre intimidad, vino, contenido para adultos y amor. Yo mantenía relaciones con mi suegra mientras mi esposa observaba y se complacía en un rincón.

Por la tarde, mientras me bañaba con doña Marcela, le dije- Amor, me encanta cometer adulterio contigo. -Así es cariño. El adulterio es muy gratificante, especialmente cuando la parte afectada es alguien que te ha traicionado- recordó su pasado de pecado y relaciones ilícitas con su segundo esposo, Jorge- y aún es más placentero que el amante que me está poseyendo sea mi yerno.

La besé apasionadamente mientras sentía sus pechos enjabonados deslizarse contra mi cuerpo desnudo. -Lo único que haría esto más excitante sería que me embarazaras, que me concedieras un hijo- me dijo con amor en la mirada.

Me sorprendí y mi miembro se endureció ligeramente. -Veo que la idea te complace amor- me dijo coqueta- Imagínate, tu descendiente sería el hermano de tu esposa, es decir, tu cuñado. ¡Jajaja!

Finalmente mi miembro quedó completamente erecto. Jamás había contemplado esa idea, pero el pensamiento de concebir un hijo con mi suegra me resultaba muy excitante. -No soy tan mayor. Todavía puedo darte descendencia- mencionó pícaramente.

Tras el baño, salimos apenas cubiertos con las toallas al salón. Estrella veía la televisión en el sofá vistiendo tan solo una camiseta. Ese día había prescindido de usar ropa interior porque la sensación de excitación al mirarnos la llevaba a quitársela cada vez que se masturbaba.

Le retiré la toalla a mi amada suegra, la posicioné en el sofá de rodillas, mirando hacia la pared. Me arrodillé, como quien reza en el altar del pecado, y me dirigí a sus exquisitas nalgas. Las besé, las lamí y con mis manos las separé para que me mostrara su trasero. Sentía un gran placer al lamer su ano recién bañado y hundir mi lengua hasta donde alcanzaba. Ella gemía y profería obscenidades mientras arqueaba la espalda para permitirme lamer más profundamente.

Estrella observaba y se introducía el juguete sexual en su zona íntima rasurada. Se estimulaba el clítoris con el juguete mientras se acariciaba con furia los senos con la otra mano. Mi suegra, llena de deseo, me exigía- Dame tu miembro, que ya no aguanto más- y se abalanzaba sobre él para lubricarlo con saliva y fluidos corporales.

La poseí nuevamente, penetrándola profundamente en su ano. Mi suegra movía las caderas de manera sensual. Dirigió su mirada hacia su hija y le dijo- Observa esto, así se conquista a un hombre. No quisiste ser íntima con tu marido y ahora tú te lo pierdes.

Continué ampliando ese delicioso orificio con mi miembro, entrando y saliendo de forma ininterrumpida, conteniendo la eyaculación. Cuando mi suegra percibió mi clímax inminente, retiró mi miembro de su ano y se tumbó boca arriba, levantando las piernas en el aire. -Ven cariño, vacíate dentro de mí- rogó.

¡Derrama toda tu semilla! Quiero que tu esperma me inunde por completo. Ansioso de deseo obedecí y la penetré por la vagina. Realicé solo diez embestidas antes de alcanzar un placentero clímax.

Mi suegra se estremeció, soltó un grito y experimentó un orgasmo intenso mientras mi miembro aún pulsaba dentro de ella. La miré a los ojos y comprendí perfectamente lo que pasaba por su mente. Fantaseaba con quedarse embarazada, allí, delante de su hija, en un acto amoroso de sodomía, exhibicionismo y adulterio.

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