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Me deleité con el miembro del empollón de la universidad


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Cuando inicié mi segundo ciclo universitario a los 27 años, la mayoría de mis compañeros eran hombres más jóvenes, con edades entre 20 y 23 años, por lo que a veces tenían comportamientos un tanto infantiles.

Al parecer, despertaba la curiosidad de muchos de ellos y solían realizar acciones tontas para llamar mi atención. Una vez, cuando el profesor no llegó, comenzaron a jugar de manera un tanto brusca, bajándose los pantalones entre ellos. En el grupo estaba un chico bastante tímido, no era muy atractivo, pero era alto, rubio y no del todo delgado, llevaba gafas (es decir, el empollón de la clase).

Mientras el chico se disponía a entrar al aula, otro compañero le bajó los pantalones y, para sorpresa de todos, ¡no llevaba ropa interior! Al mirar, me llevé una sorpresa, viendo que poseía un miembro grande y grueso, a pesar de estar en reposo. Quedé asombrada y experimenté una descarga eléctrica en mi cuerpo al ver aquello, su miembro se veía sumamente apetitoso, además de estar depilado.

Quedé con unas tremendas ganas de tener ese miembro en mi boca (llevaba mucho tiempo sin experimentar algo así), así que me acerqué a él. Aunque conversábamos de diversos temas, no sabía cómo introducir el tema de manera más íntima, ya que él solo hablaba de estudios y nada más.

Después de un par de semanas, decidí invitarlo a mi apartamento bajo la excusa de adelantar un trabajo. Una vez allí, empezamos a hablar sobre la universidad y de repente le pregunté si tenía novia. Me respondió que no y que hasta el momento ninguna chica le había interesado. Por un momento sospeché si le gustaban los chicos, así que se lo pregunté, a lo que él negó.

Desesperada por no saber qué más hacer, decidí quitarme el suéter alegando que hacía calor, quedando solamente con un top que dejaba al descubierto mis generosos senos. Pensé que con esto podría seducirlo, pero no tuvo el efecto deseado.

Finalmente, no pudiendo contenerme más, le confesé que me encantaba su miembro y que deseaba ansiosamente probarlo. Él se quedó paralizado y solo respondió que nunca había estado con una chica. Sin esperar más, me lancé a besarlo, pero él no supo cómo reaccionar. Decidí ir directo a lo que tanto ansiaba, tomé su miembro y comencé a acariciarlo, en pocos minutos ya se encontraba erecto.

Le pedí que tocara mis senos, los saqué del top que llevaba y metí uno de ellos en su boca. Sin saber qué hacer, me coloqué encima de él con mis senos cerca de su rostro, permitiéndole que hiciera lo que deseara con ellos. Él seguía sin emitir palabra alguna, mientras yo, sobre él, rozaba mi zona íntima con su miembro, sintiéndolo completamente erecto; no pude resistirme y lo saqué de su pantalón deportivo (el chico empollón no llevaba ropa interior).

Tomé su delicioso miembro, que mediría alrededor de 19 a 22 cm de largo y era muy grueso, comencé a lamerlo, a escupirlo y a chuparlo, aunque no lograba introducirlo todo en mi boca. Él estaba extasiado de placer, se retorcía y denotaba sus deseos de sujetar mi cabello y empujar su miembro en mi boca, así que se lo pedí.

Mientras le daba placer de esa forma, me pidió que me detuviera, expresando su deseo de lamer mis senos y mi zona íntima. Le ofrecí mis senos y esta vez los chupó con deleite, tanto que me excitó demasiado; ya quería sentir su miembro penetrándome y experimentar su calor. Así que guié su mano hacia mi zona íntima y le hice introducir sus dedos, sorprendiéndose al sentirme tan húmeda, me elevó hacia él y comenzó a besarme, rogándome que lo montara y sintiera su miembro.

Dado que era su primera vez, procedí con calma, me coloqué sobre él (que estaba sentado en el sofá), lo besé y lentamente fui introduciendo su miembro, sintiendo cómo me abría y experimentando un leve dolor que se mezclaba con placer. Él empezó a soltar pequeños gemidos y, una vez dentro por completo, comencé a moverme sobre él con intensidad, brindándome tanto placer como a él le encantaba.

Por un instante creí que llegaría rápidamente, pero no fue así, perduró y me deleitó, al igual que yo a él, tuve varios orgasmos y él disfrutaba de mi humedad, se corrió dentro de mí y mostré cómo su semen fluía de mi vagina.

El empollón del curso tiene un pene muy sabroso.

Pasaron unos días sin vernos, pero un día de repente me arrastró al baño de la universidad, empezó a besarme y a manosear mis senos, me confesó que me deseaba demasiado, que no sabía cómo pedirme que lo hiciéramos de nuevo, que ansiaba tener sexo conmigo con fuerza, así que le pedí que lo hiciera ahí mismo, me puso de espaldas, me inclinó un poco hacia adelante, sentí cómo separaba mis glúteos y me lamió el trasero, introdujo sus dedos en mi vagina y me hizo humedecer tanto, hasta que sentí su enorme pene penetrándome.

Ese día me penetró de manera exquisita, fue vigoroso, un tanto inexperto, pero en medio de su torpeza me brindó un gran placer, sinceramente, una de las mejores experiencias sexuales que he tenido. Mantuve encuentros íntimos con él en varias ocasiones, le enseñé algunas cosas y cumplimos algunos fetiches juntos, de eso les hablaré más adelante.

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