Al regresar a casa ya era de madrugada, ingresamos a nuestra habitación y nos lanzamos sobre la cama, tuvimos relaciones sexuales hasta el amanecer como en nuestros mejores momentos, la excitación por lo sucedido primero en la fiesta y luego con la revelación de nuestros amigos y la aceptación de unirse con sus hijos nos llevó a un nivel de excitación nunca antes experimentado…
“¡Qué noche!”
“Una de las mejores, cariño”, le respondí antes de dormir.
A la mañana siguiente nos levantamos después del mediodía, encontramos a nuestra hija en la sala jugando en la consola de videojuegos con una de sus amigas más frecuentes, le preguntamos por su hermano y nos informó que tenía un partido de fútbol y que pasaría el resto del día en casa de un compañero de equipo. Nuestros hijos destacaban en el ámbito deportivo, tenían la piel morena clara como la de su madre, habían desarrollado un físico estético con músculos tonificados en piernas, brazos y abdomen. Mi hija, con su rostro angelical y gesto serio, sostenía el control del juego en sus manos mientras respondía a mis preguntas sin siquiera voltearnos a ver, lo que me permitió observarla detenidamente. Llevaba una blusa holgada que caía sobre sus bien desarrollados senos, su largo cabello liso recogido en una cola de caballo le daba una apariencia más alta a pesar de no superar 1.65 de estatura (con un cuerpo compacto y bien formado), lucía nuevamente un diminuto short, con una pierna cruzada sobre la otra que resaltaba sus muslos musculosos y bronceados. Fue inevitable mirarla con deseo.
Desayunamos en la cocina y, luego de una larga charla, surgió el tema:
“Martha hablará con sus hijos para vernos el próximo fin de semana, ya que es la noche que habían planeado reunirse con ellos”
“No sabía que sería tan pronto”, contesté, dando un largo sorbo a mi taza de café intentando aparentar calma, aunque por dentro sentía una sensación de ardor.
“Cuando te despedías de Juan, él me comentó que durante la semana hablarían con ellos y que si había algún cambio de planes nos avisarían”
“Será una larga semana, no tienes idea de lo excitado que me pone, estoy empezando a sentirme excitado”, expresé.
Hubo que cambiar de tema cuando nuestra hija entró a la cocina a por algo de comida.
“Llegaron bastante tarde la noche pasada, seguro la fiesta estuvo movida”, dijo con ironía y un poco de sarcasmo.
“Fue una agradable reunión entre amigos”, respondió mi mujer.
“¿De esas reuniones especiales?” preguntó nuestra hija con tono desafiante.
“Sí, con otras tres parejas más”, mi esposa no titubeó, quizás tratando de desvanecer la sonrisa burlona de nuestra hija.
“Al parecer, sus fiestas son más divertidas que las mías”
“Digamos que sabemos disfrutar, nuestra generación es más alegre que la actual”
“Enrique me contó cómo ibas vestida cuando salían y que sus amigos casi se desmayan, está bien que se diviertan siendo adultos, pero deberían ser más discretos con nuestras amistades”
“Tomaremos eso en cuenta, hija”, le respondí avergonzado antes de que abandonara la cocina. El movimiento de sus nalgas firmes y levantadas dentro de ese ajustado short resultaba hipnótico.
“Esta jovencita se cree muy lista y con derecho a decirnos qué hacer y qué no”, comentó mi esposa algo molesta.
“En cierto modo tiene razón, amor, pero fue muy divertido gastarle una broma a su hermano”, respondí.
“Y excitante”, añadió mi esposa.
“También es emocionante que sepan que somos swingers, ¿no crees?”, expresé tratando tal vez de normalizar un sentimiento que en realidad me excitaba sin tener en cuenta el contexto.
“Me parece que en la actualidad ser swingers es una forma de vida sexual ‘normal’, pero que una pareja involucre...
a sus hijos y que además nos inviten a una fiesta sexual con ellos me parece que eso les causaría un daño psicológico" Mi esposa soltó la risa al mencionarlo.
"Será algo que nos llevaremos en secreto hasta la muerte, amor" le respondí.
Durante la semana nos pusimos en contacto con Juan y Martha, la reunión se llevaría a cabo el próximo sábado, Mario, su hijo, estaba muy entusiasmado de participar por primera vez como si fuera una pareja intercambiadora de parejas en compañía de sus padres y hermana, nos recordaban vagamente de la celebración de aniversario en la que nos conocimos. Juan nos pidió algunas fotografías, preferiblemente con ropa provocativa, su hijo se sorprendió por la belleza y figura de mi esposa, estaba ansioso por conocerla, lo cual para mí fue un halago por supuesto. Como parte del juego, también les pedí algunas imágenes de sus hijos y no podía creer lo hermosa que era Lily; rubia, quizás algo pálida, delgada y alta, poco expresiva en las fotos. Estábamos listos y emocionados.
El viernes por la mañana, mi esposa me pidió que la acompañara a comprar su atractiva vestimenta para la reunión, le sugerí que para esta ocasión tal vez no fuera necesario, pensaba que ambos deberíamos ir lo más juveniles e informales posible para romper el hielo y agradar a los hijos de nuestros amigos. Consideré que sería una buena idea que nuestros hijos fueran quienes nos aconsejaran sobre qué vestimenta usar.
"¿Estás loco?"
"Bueno, ¿quién mejor que ellos para aconsejarnos sobre qué ropa usar?"
"¿Y qué les dirás... ¿que es para la reunión anual de antiguos compañeros del bachillerato?"
"Es negativo mentir, cariño, no es la enseñanza que queremos para nuestros hijos. ¿No crees? Les diremos que iremos a una reunión y que habrá jóvenes de su edad". Hasta ese momento no había considerado lo emocionante que resultaba que fueran nuestros hijos quienes nos ayudaran a elegir la vestimenta y les informaran que era para que sus padres tuvieran relaciones íntimas con otras personas, y no solo de nuestra edad como podrían suponer.
"Vaya, vaya. Todavía no termino de conocerte".
Al día siguiente, después de comer en familia y conversar sobre diversos temas y planes familiares para las festividades navideñas que se acercaban, mi esposa le pidió a nuestros hijos que nos asistieran.
"Chicos, necesitamos asesoramiento sobre la vestimenta".
"Vaya. ¿Qué tipo de asesoramiento?" preguntó mi hijo.
"Hoy tenemos una reunión informal y nos gustaría vestir de forma juvenil".
"¿Qué tipo de reunión?" preguntó mi hija mirándome con sus hermosos y grandes ojos marrones.
"Es una reunión de adultos abiertos de mente, Sandy" le respondí.
"Y en esta ocasión, asistirá una pareja joven, solo unos años mayor que ustedes" añadió mi esposa.
"¿De verdad? - Preguntó mi hija sorprendida.
"Sí, además, también estará presente otra pareja mayor. La pareja joven se iniciará hoy", continuó mi esposa recogiendo platos y cubiertos de la mesa - "Por eso nos gustaría que nos ayuden a elegir algo más juvenil".
"¡Vaya, ahora tenemos que ayudar a nuestros padres pervertidos a verse adecuados en una reunión swinger!" exclamó Enrique.
"Recuerdo que tuvimos una conversación abierta sobre el reconocimiento de que somos intercambiadores de parejas, y Sandra estaba interesada en conocer más sobre nuestro estilo de vida, solo que el tímido de tu padre no tuvo el coraje de contarles un poco", respondí.
"Está bien, ¿si los ayudamos nos contarán cómo les fue?" propuso Enrique.
"¿Algún problema con eso, cariño?" preguntó mi esposa con una mirada traviesa.
"Ninguno, les contaremos detalladamente si lo desean", respondí.
"Muy bien, ve a mi habitación, te prestaré algo de ropa y para ti papi, solo lleva zapatos deportivos, pantalón de mezclilla, que Enrique te preste una camiseta y una chaqueta con capucha, te verás bastante juvenil", resolvió nuestro "problema" con facilidad, aunque lo excitante de la propuesta era que ellos nos estuvieran ayudando.
A las 8 en punto llegamos.
Al llegar a la casa de nuestros amigos, debo admitir que tanto mi esposa como yo nos encontrábamos más ansiosos y expectantes de lo habitual. Aunque en cada encuentro siempre hay una emoción nueva, esta vez teníamos una sensación totalmente distinta. La anticipación era abrumadora, tanto para mí como para mi esposa, aunque ella no lo mostrara. Juan y Martha nos recibieron con su acostumbrado entusiasmo y cariño, pero también se notaba cierto nerviosismo y excitación en ellos. Nos llevaron a la sala y nos informaron que habían citado a sus hijos para las 9 para poder conversar con nosotros. Nos ofrecieron algo de beber para que nos relajáramos.
“Agradecemos su presencia. A partir de esta noche, nuestra complicidad nos unirá aún más. Será nuestro secreto compartido. Siempre pensamos en ustedes para llevarlo a cabo”, confesó un nervioso Juan.
“Al contrario, gracias a ustedes por la confianza. Aunque no estamos seguros de qué delito estemos cometiendo al ser cómplices, resulta sumamente emocionante”, le respondí.
“No se trata de ningún delito. Todos somos adultos y estamos de acuerdo. Es algo que todos deseamos hacer”, comentó Martha.
“¿Qué edad tienen sus hijos?” preguntó mi esposa.
“Mario tiene 27 años y nuestra hija recién cumplió 29”
“¡Vaya! Entonces llevan varios años participando con ellos”, exclamé.
“La otra noche les comentamos que al principio era más frecuente. Fue Mario quien propuso la idea de participar con una pareja amiga nuestra. Nuestra hija aún estaba un poco indecisa, pero finalmente aceptó probar cuando le informamos que sería con una pareja de muchísima confianza y también con hijos que los aceptaban como pareja swinger, asegurándole la discreción”, agregó Juan.
“¿De qué edad son sus hijos?” preguntó a su vez Martha.
“Cumplieron 21 años en agosto. Son mellizos”
“¡Mellizos! Qué sorpresa. Deben ser muy lindos. ¿A quién se parecen?”
“Afortunadamente se parecen a su madre”, respondí.
“¿Tienen fotos de ellos?”
Busqué algunas imágenes recientes en mi celular sin éxito (tuve una extraña sensación de emoción al buscar fotos de mi hija para mostrar), fue mi esposa quien encontró algunas fotos actuales.
“Ambos son muy atractivos con cuerpos atléticos. ¿Practican algún deporte?” preguntó Martha, mientras Juan y ella veían las imágenes de nuestros hijos en el móvil de mi esposa.
“Sí, en la universidad son considerados deportistas de alto rendimiento. Son excelentes hijos, sanos, deportistas y dedicados a sus estudios. Estoy muy orgulloso de ellos”, respondí con orgullo.
“¿Y cómo reaccionaron al enterarse de que son swingers?” preguntó Juan, sin apartar la vista de las fotos de nuestros hijos, llegando incluso a ampliar algunas imágenes de mi hija con leotardo de gimnasia para observarla con más detalle.
“Lo tomaron bastante bien. Son muy maduros y hemos sido muy abiertos en cuanto a hablar de sexualidad y salud sexual, sobre todo. De hecho, saben que hoy salimos a una reunión con dos parejas. Obviamente, no dimos más detalles, pero les mencionamos que una pareja era muy joven y estaba comenzando, nos ayudaron a elegir la ropa”, respondí.
“Es interesante. Realmente las nuevas generaciones han superado muchos tabúes. Es bueno que entiendan que ustedes aún son jóvenes y eligen vivir su sexualidad de manera abierta, y que los respeten y no cuestionen más allá”, opinó Juan.
“En realidad, tienen preguntas al respecto. Están interesados en que les contemos cómo es ser swingers, pero aún no hemos tenido la oportunidad de hablarles al respecto. De hecho, quieren saber detalles de esta reunión”, confesó mi esposa.
“¿Les inquieta o les emociona?” preguntó Martha.
“Aún no lo tengo claro”, respondió mi esposa.
“A mí, de alguna forma, me resulta excitante. Pero al igual que mi esposa, aún no he definido qué siento al respecto. Me emociona saber lo que nos han compartido sobre lo que hacen con sus hijos y lo abiertos que son ellos al hablar de sexo”, afirmé.
“Sin ánimos de ofender o molestar,
Alguna vez han visto a sus hijos de otra manera… digamos ¿sexualmente?, es decir, a todos los padres nuestros hijos nos parecen hermosos, son una extensión de nosotros mismos. Ver cómo pasaron de críos a adolescentes y luego a adultos, en alguna etapa de ese crecimiento, cuando notas que tu hija le crecen los senos o a tu hijo se le ve algo abultado en el pantalón, ustedes saben a qué me refiero, no les ha pasado por la cabeza mirarlos como algo atractivo o… ¿Sexual? - cuestionó Juan.
“No lo había considerado, mi hijo me parece el hombre más bello del mundo, sin embargo, nunca lo he visto de otra manera. En una ocasión entré de repente a su habitación y lo vi completamente desnudo haciendo ejercicio, me pareció muy hermoso ver un cuerpo joven y musculoso.” Contestó mi esposa.
“En mi caso, sucedió algo extraño. A partir de las confesiones de ustedes, veo de otra forma a mi hija. He empezado a notar que ya es una mujer, ahora noto lo atractiva que es. Ya no me siento del todo cómodo cuando usa ropa corta como shorts o blusas escotadas, ya que entiendo que mi hija es muy exuberante, con caderas amplias, senos grandes, piernas muy atractivas de deportista. Espero que mi mujer no lo tome a mal. No logro definir si es algo para llamarlo “sexual”, pero sí me resulta sumamente atractiva y sexy” - me desahogué al fin.
La charla concluyó al escuchar que se abría la puerta y entraban los hijos de la pareja. Se dirigieron a nuestro encuentro, nos pusimos todos de pie y Juan nos presentó.
“Chicos, ellos son nuestros buenos amigos y cómplices en el ambiente: Myriam y su esposo Miguel”
“Encantados de conocerlos” - respondí estrechando la mano de Mario y saludando de beso en la mejilla a Lily.
“Mucho gusto chicos, son más guapos en persona que en las fotos” - Mi mujer hizo lo propio besando en la mejilla a los hermanos.
“Nuestros padres nos han contado mucho de ustedes, mucho gusto en conocerlos” - respondió Mario. Su hermana se limitó a brindarnos una sonrisa, a diferencia de su hermano, ella se veía nerviosa. Me impresionó la estatura de ambos, él debía medir más de 1.90 y su hermana sobrepasaba el 1.80 metros. Contrastaban en su carácter, Mario extrovertido y de complexión corpulenta, quizás un poco pasado de peso, mientras que Lily era muy delgada y blanca, algo pálida. A primera impresión, me pareció una chica sumisa, nada que ver con como la imaginaba en las escenas que nos describió su padre de los encuentros.
“Hijo, compré dos botellas de tu vino favorito y para mi princesa, ¿Gin Tonic?” - Juan se dirigió a la barra para traer bebidas para sus hijos.
“Perfecto papá, ya inició bien la fiesta” - exclamó Mario.
“Sí, papá, Gin Tonic, espero que hoy sí tengas buena ginebra” - contestó Lily sentándose junto a su madre.
En la ausencia de Juan, traté de conectar con Mario, invitando con un gesto de mano a mi esposa a unirse en el sofá con Martha y su hija. En algún punto, esta peculiar reunión tenía que empezar.
“Me contó tu padre que eres ingeniero y trabajas en la industria de ensamblaje automotriz. ¿En cuál compañía?”
“Oh sí, trabajo para Ford Motors, ya llevo 2 años en la compañía, ¿a qué te dedicas, Miguel?”
“Somos abogados, mi esposa y yo compartimos el mismo despacho”
“Qué bien, ya sé a quién acudir si es necesario”
“Por supuesto, Mario, cuenta con nosotros”
“¡Los mejores abogados de la ciudad, sin duda!” - interrumpió Juan, que regresaba con las bebidas de los chicos y reponiendo nuestras copas.
“Sugiero que hagamos un brindis al centro de la sala para dar la bienvenida a Mario y Lily a nuestra cofradía swinger” - Juan, de pie en el centro de la sala, levantó su copa pidiéndonos que lo imitáramos, ritual que hacíamos cada vez que se iniciaban parejas o llegaban nuevos miembros a nuestro club de amigos y cómplices sexuales.
“Mario y Lily, en su caso es muy especial por obvias razones, los vimos crecer y nos...
Se fortalecen vínculos muy sólidos, como familia permaneceremos siempre inquebrantables, ahora que se unen al entorno swinger las reglas de nuestro club serán las mismas para ustedes, enfatizando el respeto, la discreción, El no significa no, solo se permite el sexo consensuado con la otra persona o pareja, si algo les incomoda durante la reunión siéntanse libres de comunicarlo. Les deseo que disfruten de este modo de vida y lo gocen como nosotros, que nos acompañen en futuras reuniones con Miguel y Myriam, así como otras parejas que les iremos presentando aunque con otras parejas seremos más cuidadosos con su identidad. ¡Bienvenidos chicos, salud!”
“¡Salud y bienvenidos!” Exclamé levantando y chocando mi copa con el resto del grupo.
“Muy bien, como sabemos que tienen poco tiempo ya que deben regresar con sus familias, vamos a dar inicio a la dinámica. Como anfitriones, a nosotros nos tocan los juegos preliminares, Martha tiene algunos preparados”
“¿Qué les parece si comenzamos con un juego de cartas, en cada ronda pondré 6 cartas al centro, quien saque la de menor valor se quitará una prenda”, Martha tenía una amplia variedad de juegos eróticos, en esta ocasión optó por algo sencillo.
Todo el grupo se trasladó a una mesa, cada uno al lado de su pareja, aunque en este caso una de las parejas eran hermanos.
La primera ronda la perdió Mario despojándose de su suéter, la segunda Juan haciendo lo mismo, la tercera Mario nuevamente quitándose la camisa, después de varias vueltas, Mario quedó solamente en calzoncillos, Martha en brassiere y pantaletas, Juan en pantalones y camiseta, mi esposa no había perdido ninguna prenda, Lily solo se había despojado de las zapatillas y por mi parte solo me había quitado la chamarra.
“Esto va muy lento. ¿Qué les parece si pasamos al evento de modelaje? Sugirió Juan
“Muy bien chicos (dirigiéndose a sus hijos) Aquí se trata de entrar al vestidor y quedar en ropa interior, primero lo harán los hombres, nosotras nos sentaremos y ellos nos bailarán un poco, cada uno con su pareja, después lo haremos nosotras las mujeres” Nuevamente Martha tomó la dirección de los preliminares.
En el vestidor nos quedamos solamente en calzoncillos, el primero en salir fue Juan, luego yo y finalmente Mario. Me acerqué a mi esposa e intenté ser lo más seductor posible a pesar de mi torpeza, voltee a ver a mis compañeros, Mario le bailaba como auténtico stripper a su hermana, por primera vez la vi sonreír abiertamente, Juan hacía lo mismo con su esposa. Al término de la canción, las tres mujeres se dirigieron al vestidor.
“Esto está muy emocionante…” Dijo Mario agarrándose el miembro y sentándose a un lado de su padre.
La primera en salir fue Martha, salió con los senos al descubierto, era la mayor de las 3 mujeres, aunque algo rellenita tenía muy buena figura. Al pasar junto a mí me acarició el cabello y a su hijo le dio un beso en la mejilla para ir a colocarse con su esposo iniciando su sensual baile. Inmediatamente salió mi esposa caminando de forma seductora con sus altas zapatillas, su única prenda era un hilo dental rojo que apenas cubría sus bellas y morenas nalgas, la diminuta prenda hacía juego con su brassiere, la punta de sus senos sobresalían por una hendidura que le daba un toque adicional de erotismo, se detuvo frente a mí de espaldas mostrándome su gran trasero bronceado y respingado, Mario no dejaba de mirarla, Lily tardó en salir y lo hizo a mitad de la canción, salió tímidamente y riendo de la situación, pasó junto a mí y se colocó frente a su hermano iniciando un baile cadencioso. Resaltaba su blancura y delgadez, pude intuir unos senos pequeños cubiertos por un brassiere negro de gran tamaño, era comprensible que no vinieran vestidos de forma sensual ya que regresarían a casa a media noche.
“Siguiente dinámica chicos, (Continuó Martha) la pareja que se incorpora a la cofradía debe elegir besar a alguien,
Incluso puede seleccionar a su propia pareja, ese será el indicio para empezar la reunión; los demás que no estén involucrados en ese beso deben acercarse a quienes están comenzando para acariciarlos e ir integrándose, existe una última condición y aquí me detengo para preguntarle a Juan si continuamos con el protocolo…”
“Sí, el protocolo debe seguirse, ya está establecido que para nosotros son una pareja swinger que se integra…todas las eyaculaciones serán en el rostro o en los pechos de la iniciante, así se sella el pacto”, añadió Juan
“¿Están todos de acuerdo en seguir adelante?”
En respuesta, Mario se acercó a mi esposa, que estaba sentada sobre mis piernas, le ofreció una mano para que se levantara y luego, frente a mí, la cargó en brazos y le dio un beso profundo y apasionado, tomando su rostro con ambas manos como si quisiera absorberla; mi pene ya estaba completamente erecto. Lily se quedó inmóvil, sin tiempo para reaccionar a la pregunta de su madre. Juan tomó la mano de ella y la guió hacia mí, me indicó que me pusiera de pie frente a su hija; a pesar de llevar zapatos deportivos, ella era más alta que yo. Simplemente cerró los ojos, lo interpreté como una señal de que podía besarla. Fue un beso tierno al principio, sentí ligeramente su aliento, busqué abrir sus labios, no se resistió, fue un beso dulce, su respiración se aceleraba.
“Déjate llevar, princesa, disfruta el momento, relájate…” le susurró Juan al oído mientras le acariciaba los hombros, dándole un masaje en los hombros y la nuca mientras nos besábamos. A mi lado, Mario colocó a mi esposa en un sillón, la besaba y acariciaba sus senos, apretando con las yemas de los dedos los pezones que se asomaban por la abertura de su sujetador, mientras Martha le daba suaves masajes en la espalda y la cintura a su hijo.
Fue el comienzo de la orgía; a partir de ese momento, los hermanos eran otra pareja en nuestro estilo de vida. Mario le retiró la tanga a mi esposa y profundizó con su lengua, Juan se acercó a mi mujer ofreciéndole su miembro erecto que ella llevó de inmediato a su boca, mientras su hijo le arrancaba gemidos. Martha se aproximó a mí, me bajó bruscamente los calzoncillos, liberando mi miembro para estimularlo oralmente. Lily se apartó de mí cuando su madre llegó, alejándose hacia la barra para servirse otra bebida.
“¿Alguien más desea algo de beber?” preguntó con voz ronca mientras preparaba otro Gin and Tonic. Verla en la barra mezclando las bebidas, con lencería diminuta, su figura de madre joven, alta y esbelta, mientras su familia estaba sexualmente activa con nosotros, resultaba sumamente excitante.
“Lleva vino para tu hermano, whisky para Miguel y para mí”, ordenó su padre, mientras sostenía con ambas manos la cabeza de mi esposa para introducir su miembro más profundamente en su boca, mientras su hijo la penetraba por detrás. Juan y su hijo eran robustos y altos, a diferencia de mi esposa, de complexión menuda que no superaba el 1.62 metros de estatura; el verla sometida y utilizada como una muñeca me excitaba sobremanera.
Lily nos acercó las bebidas con paso lento y se sentó a observarnos, cruzando sus largas piernas; en un sillón, su padre y su hermano compartían a mi esposa. Mario la penetraba con fuerza, propinándole nalgadas, mientras recibía el miembro de Juan en su boca. Martha y yo nos besábamos y acariciábamos de pie, totalmente desnudos.
“Qué deliciosas nalgas tiene tu mujer, Miguel”, expresó el hijo de nuestros amigos, con el rostro desfigurado por el placer y la lujuria; las nalgas de mi esposa estaban enrojecidas y marcadas por los azotes, sus gemidos demostraban que no le desagradaba. Desconocía su faceta sado; nos adentrábamos en un nuevo mundo de perversión que ahora experimentábamos.
“Y aún no has probado su boca”, remató Juan, cediéndole su lugar…
“Uff, nada como una madura sexy practicando sexo oral”, exclamó Mario mientras penetraba la boca de mi esposa, mientras su padre ahora la tomaba por detrás.
“Hermana, ve con Miguel, quiero ver cómo las toma a ti y a mamá…”
Lily ignoró el llamado de su hermano,
se dirigió hacia la barra en búsqueda de otra bebida con la intención de disminuir su timidez a través del alcohol. Martha, arrodillada y totalmente sin ropa, me pasaba la lengua a lo largo de mi miembro erecto. Observar a mi pareja siendo penetrada por un padre e hijo y escucharla alcanzar el clímax mientras Mario le dirigía palabras obscenas, a las cuales no estaba acostumbrada, me generaban una gran excitación. Por el momento, olvidé a Lily y me centré en disfrutar de mi papel de cornudo, el cual había empezado a disfrutar últimadamente; presenciar cómo mi pareja disfrutaba con otros.
Mario dejó a su padre para que continuara solo con mi esposa y, sin dejar de masturbarse, se acercó a su hermana que estaba sentada en el sillón. Sin dudarlo, Lily comenzó a practicarle sexo oral y a masturbarlo. Mario aprovechó la situación para quitarle el sostén.
“Sé una buena niña y ocúpate de mis testículos como sabes hacerlo…”
Juan se apartó de mi mujer y se unió a su hijo para que Lily les practicara sexo oral. Mi esposa se levantó del sillón para observar lo que estaba ocurriendo, su mirada indicaba que, a pesar de haber escuchado sus múltiples orgasmos, continuaba excitada. Le hice una señal para que se uniera a Martha y a mí, y ambas se dedicaron a satisfacerme de una forma sumamente placentera, aunado a lo que sucedía frente a mí: Juan y su hijo de pie mientras su hija los complacía alternadamente. Repentinamente, Juan eyaculó en el rostro y los senos de su hija, no pudo contener más la excitación, la situación que estábamos viviendo era demasiado intensa. Su hija continuó masturbándolo y besándolo ocasionalmente hasta vaciar por completo sus testículos, dejando porciones de semen en su rostro y cabello.
Mario le quitó las bragas, abrió las piernas de Lily y se colocó sobre ella, quien empezó a gemir sin soltar el pene semierecto de su padre, el cual seguía liberando semen entre convulsiones de placer provocadas por la lengua y la boca de su hija. Mi mujer se acomodó sobre mí en busca de otro orgasmo, a pesar de haber mantenido relaciones íntimas incontables veces con ella, en esta ocasión la sentía distinta, como si fuera una persona desconocida temblando sobre mí y besándome con pasión. Le acaricié y abrí las nalgas, le besé el cuello mientras se empalaba en mi miembro. Por primera vez, mi esposa recibía placer de otra mujer en su zona íntima, Martha, con inclinaciones bisexuales, sabía cómo satisfacerla, aunque mi esposa fuese totalmente hetero. Habíamos ascendido a un nuevo nivel; mi esposa se retorcía de placer al sentir cómo la lengua y mi miembro la complacían al mismo tiempo.
En el otro sillón, la situación era aún más intensa: Mario penetraba a su hermana en posición de misionero y le dirigía palabras obscenas, mientras Juan estaba sentado prácticamente sobre el rostro de su hija, quien a su vez le practicaba sexo oral con el pene nuevamente semierecto y recorría sus nalgas con la lengua, pasándola por el ano de su padre.
“¿Te estás divirtiendo, hermanita?... haz que papá se ponga erecto de nuevo para que te penetre, sé lo que te gusta”.
Juan, con el miembro nuevamente erecto, le hizo una señal a su hijo, quien anhelaba tener relaciones con su hermana. Mario cedió su lugar y se acercó hacia nosotros.
“Debo decir que tienes unas nalgas deliciosas, Myriam…” Se colocó detrás de mi esposa, acompañando a su madre, y hundió su rostro entre sus nalgas, lamiendo su ano como un animal al mismo tiempo que Martha hacía lo propio con su zona íntima, pasando su lengua por mis testículos. En ese momento, recordé lo que Juan nos había contado sobre su interés en la doble penetración, algo que resultaba impensable para mi pareja, ya que nunca había accedido al sexo anal.
“Mami, ¿por qué no te subes al rostro de Miguel para que te dé placer oral? Observa cómo Myriam abre su colita, parece estar invitándome a penetrarla”.
“Recuerda las reglas, hijo… consentimiento mutuo. Myriam, ¿te gustaría probar?”
Mi mujer parecía estar absorta en el momento, ensartándose en mi miembro hasta el fondo, a punto de alcanzar un nuevo orgasmo. Evidentemente, estaba sumamente excitada. Finalmente, respondió:
“No lo sé… tal vez sea doloroso, nunca he experimentado por ahí”.
“Con lubricación y cuidado, ¿por qué no lo intentas?” sugirió
“Está bien… con cuidado”.
Si te pido que pares, ¿lo harás Mario?... si quiero intentarlo"
Mario colocó un preservativo y añadió bastante lubricante en el ano de mi esposa. Su madre asistió para guiar su miembro en el orificio, mientras tanto yo abrazaba y besaba a mi mujer deteniendo mis embestidas para permitir la entrada del miembro de Mario...
"Relájate amiga, contrae tu esfínter para facilitar la entrada... es delicioso, créeme..."
El gesto de dolor en el rostro de mi esposa la puso tensa, decidí volver a moverme dentro de ella para que disfrutara y obtuviera placer en la doble penetración.
"¡Uf, me duele...! ¡Espera!"
Afortunadamente, Mario respetó sus palabras y salió delicadamente del ano de mi esposa. Sin dejar de masturbarse, se alejó; mi mujer se sintió apenada por no poder continuar.
"Lo siento, quizás en otro momento..."
Entonces, mi esposa se incorporó y se acurrucó a mi lado en busca de consuelo.
"¿Mamá, por qué no te montas sobre la verga de Miguel y le enseñas a Myriam cómo disfrutas de la doble?"
Sin dudarlo, Martha se subió encima de mí. Su hijo repitió el procedimiento de aplicar lubricante en el ano, se quitó el preservativo y, antes de penetrarla, llamó a mi esposa:
"Me dejaste muy excitado Myriam, ahora mi mamá va a pagar las consecuencias. Pero antes, quiero que me hagas sexo oral como castigo y me ayudes a introducirlo"
Yo mismo le indicaba a mi esposa que se acercara a Mario y cumpliera con su petición. De forma diligente, ella se arrodilló, humedeció con su saliva el miembro de Mario, lo acarició y lo introdujo en su boca realizando profundas felaciones. Mi mujer comenzó a gemir; Martha inició la cabalgata, mostrando sus nalgas y vulva hinchada y abierta. Introduje tres dedos en su vagina, que se encontraba muy mojada. Mientras tanto, en el otro sillón, Lily gemía montada y penetrada por su padre. Ver cómo la voluminosa polla se adentraba entre sus nalgas blancas y pequeñas resultaba impactante.
"Ahora sí, penétrala. Observa cómo gime con el pene de tu esposo; mi madre necesita esa doble porción de carne..."
Myriam le dio una última lubricación y la penetró. Martha absorbió rápidamente el miembro de su hijo, disfrutando de la doble penetración. La sensación de sentir la presión del miembro de Mario entre sus paredes vaginales era algo nuevo; el roce de nuestros testículos generaba una sensación intensa. Mi esposa estaba absorta observando cómo nuestras vergas desaparecían en los orificios de su amiga.
"¿Te gusta lo que ves, Myriam?"
Mario tomó el cabello de mi mujer y acercó su rostro a nuestros sexos para que presenciara cómo su madre era penetrada por ambos. Martha gemía y se retorcía, experimentando su primer orgasmo. Juan, al escuchar los gemidos de su esposa, detuvo las penetraciones a su hija y se acercó para observar cómo nos relacionábamos con su esposa. Mario empujó bruscamente la cabeza de mi mujer contra las nalgas de su madre para que las besara. Para mi sorpresa, Myriam obedeció y pasó su lengua por el miembro al salir del ano de Martha. La escena resultaba hipnótica; me sentía al borde del clímax mientras Juan se acercaba para recibir sexo oral de mi mujer, cuyos dedos entraban y salían de su empapada vagina. Lily seguía en el otro sillón, observando la escena, pero sin atreverse a unirse.
"¡Oh, qué delicia, sigan así, cabrones!" Martha se desplomó sobre mí en medio de convulsiones por otro intenso orgasmo, lo que incitó a su hijo a penetrarla con más ímpetu.
"¿Quieres más, mamá?... ¿Te gusta cómo te hacemos el amor?... ¿Quieres otra verga en tu boca?" En respuesta, Juan se colocó a mi lado para que su esposa le practicara sexo oral. Martha retomó las embestidas en tres diferentes orificios.
"¿Quieres probar esta posición, Myriam?... ¿Lo intentamos de nuevo?" Martha volvió a estremecerse, dando inicio a una nueva...
Salimos a correr y se quedó inmóvil encima de mí.
“Ya… fue muy placentero… necesito un descanso” Martha se volteó sobre sí misma para alejarse de los tres penes que la estaban penetrando. Mario fue nuevamente a que su hermana le practicara sexo oral, y yo le pedí a mi esposa que hiciera lo mismo con Juan y conmigo. Tomó ambos penes y trató de introducírselos al mismo tiempo; mi mujer estaba muy excitada, me miraba con deseo y pedía a gritos que alguien la penetrara para poder alcanzar el orgasmo. Mario y Lily, desnudos y tomados de la mano, caminaron hacia nosotros; fue una visión fugaz y sumamente erótica ver a los hermanos unirse a la situación. Mario no perdió la oportunidad de observar a mi mujer expuesta y la penetró por detrás, mi esposa comenzó a gemir y a tener orgasmos al mismo tiempo que nos practicaba sexo oral a Juan y a mí.
“Qué delicioso se ensarta tu mujer, Miguel, y mira cómo disfruta tener también tres penes a su disposición. Qué suerte tienen tú y tu padre de tener dos esposas tan promiscuas.” Mario disfrutaba expresarse de manera obscena. Lily se limitó a observar cómo usábamos a mi esposa. Martha, recuperándose, nos miraba mientras se tocaba los senos.
No pude contenerme más, necesitaba llegar al clímax y estaba a punto de hacerlo en la boca de mi mujer; Juan me hizo señas de que me detuviera, llamó a su hija e indicó que me pusiera de pie a su lado, luego instruyó a su hija a arrodillarse.
Juan tomó las manos de su hija y las colocó sobre nuestros miembros para que los masturbara.
“Vamos, hermana, no seas tímida, hazles sexo oral y haz que eyaculen”, Mario no perdía detalle y seguía penetrando a mi esposa, quien se retorcía de placer en nuevos orgasmos.
Lily tomó ambos penes y nos masturbó al mismo tiempo y al mismo ritmo, mientras su hermano se unió utilizando la boca de su hermana; unos gemidos fuertes me hicieron voltear para ver a mi esposa de espaldas y con las piernas abiertas, mientras Martha le practicaba sexo oral. Nunca antes había visto a mi mujer en una situación lésbica. Mario eyaculó en la boca de su hermana, quien continuó succionando sin dejar escapar ni una gota; en ese momento, yo también eyaculé sobre sus senos y su rostro. Juan acercó su pene a la boca de su hija, Lily lamió y succionó ambos penes sin soltar el mío.
“Límpianos la leche, hermana, ahora te toca a ti con los tres penes”, acerqué mi miembro, aún erecto, a su rostro mientras ella practicaba sexo oral a los otros dos; con maestría nos practicó sexo oral a los tres, tragándose el semen restante. Me dejé caer exhausto al lado de mi esposa, la tomé de la mano, notando sus pechos hinchados al igual que los míos, ambos recuperándonos de un orgasmo.
“Uff, mi princesa, oficialmente ya son miembros de nuestra comunidad”, Juan abrazó a su hija y le dio un breve y paternal beso en la frente. Parte de mi semen recorría sus pechos.
“¡Una de las mejores noches! La próxima vez debemos organizarnos para pasar más tiempo juntos”, exclamó Mario mientras se dirigía hacia la barra para recoger su ropa; evidentemente debían regresar a sus hogares.
Mi mujer y yo nos reunimos, nos besamos apasionadamente, realizamos nuestro ritual de siempre, sellando cualquier duda sobre nuestro amor a pesar de haber compartido con otras personas; nos quedamos abrazados y desnudos durante algunos minutos, mientras los chicos buscaban su ropa y se preparaban para marcharse. Para nosotros, la noche aún era joven y planeábamos pasar más tiempo con nuestros amigos.
“No se molesten en despedirse, sigan disfrutando de la noche”, Mario, completamente vestido, parecía tener más prisa por irse que su hermana, quien aún estaba en el vestidor limpiándose los rastros de semen y arreglándose antes de ir a casa. Tanto sus padres como nosotros seguimos desnudos. Se acercó a cada uno de nosotros para despedirse, saludándonos con un apretón de manos o besando a las mujeres.
“Fue un gusto conocerte, Mario, bienvenido a nuestra comunidad y espero que nos encontremos de nuevo. Nos divertimos mucho con ustedes”, fue mi respuesta y despedida.
Mi esposa le dio un beso en la mejilla y él
Se abstuvieron de tocarle los pechos y las pompis.
“Qué deliciosas pompis, Miriam. Las voy a recordar jejeje”
Se despidió de su madre y Juan, quien lo acompañó desnudo hasta la puerta.
Juan fue por más bebidas a la barra y luego los 4 nos sentamos en la sala, cada uno al lado de su pareja, mientras Lily salía del vestidor para despedirse.
“Nuestra hija es un poco tímida, pero sé que lo disfrutó mucho. La próxima vez se soltará más. ¡Salud y que tengan una excelente noche!” Nos dijo Juan al brindar chocando su copa con las nuestras.
De repente, Lily salió del vestidor, se dirigió apresuradamente a sus padres, les dio un beso en la mejilla y con un gesto tímido de manos y una sonrisa se despidió de nosotros, apresurándose a salir de la casa. Juan la siguió desnudo hasta la puerta.
“Conduce con cuidado, hija. Saludos a Ricardo y a mis nietos”, se despidió Juan.
“Una vez más, les agradecemos mucho que hayan aceptado venir a nuestra noche especial con nuestros hijos. Esperamos sinceramente que podamos repetirlo. Pensamos llevarlos al club y que nos acompañen ustedes”
“Gracias, Juan. Disfrutamos mucho la reunión. ¿No es cierto, amor?” Le pregunté a mi esposa.
“Perdí la cuenta de mis orgasmos, ahí está la respuesta. Por supuesto que me encantó y quiero repetirlo. Lo de la visita al club me parece muy emocionante. Cuenten con nosotros”
“Les parece emocionante, como a nosotros, porque saben que son nuestros hijos. Ahora, imaginen hipotéticamente lo siguiente: que fueran sus hijos los que asistieran con ustedes a un club swinger, sus hijos mellizos,” Juan soltó eso de repente y casi hago que se me saliera la bebida, no supe qué responder por un momento.
“¡Ups! Hipotéticamente, pero eso nunca sucedería,” respondió mi esposa.
“Claro... solo intento poner en contexto lo emocionante que nos resulta, como pareja swinger, compartirnos y ver a otras personas. Lo mismo les sucede a ustedes o a todos en el ambiente, nos emociona ver cómo nuestra pareja o posesión nos genera celos o morbo. También nuestros hijos entran en ese contexto… ¿me explico? Ver a mi hija con Mario es emocionante, o que esté conmigo porque es incesto, pero mirarla con Miguel u otros hombres me causa un morbo muy especial… Espero que no lo tomen a mal, les tengo tanta confianza que me atrevo a confesarlo y me gustaría saber su opinión al respecto”
“Te entiendo, Juan, y sí, me parece emocionante esa posibilidad, aunque solo como fantasía,” contesté, aunque por primera vez se me pasó por la cabeza la posibilidad de que nuestros hijos participaran como lo hacían los suyos, primero con nosotros como sus padres y además con otras personas estando presentes... Tuve una erección al imaginar a mi pequeña con Mario y que la poseyera brutalmente tal como lo hizo con su madre.
“¿Qué les parece si nos vamos al club?” Propuso Juan.
“¡Excelente idea!”
Continuará...
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