0%

Sueños sensuales, verdad o ficción (tío-sobrina)


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

Durante una consulta con mi terapeuta, quien me acompaña desde el triste fallecimiento de mi pareja en un accidente que sufrimos mientras viajábamos en un autobús que lamentablemente volcó, causando la muerte de varias personas, incluyendo mi compañera en ese entonces.

Para contextualizar, desde hace un tiempo, mis hermanos enviaron a mis sobrinos a quedarse en mi hogar para cuidarme y brindarme apoyo. Fue a petición del psicólogo, quien me había recetado medicamentos y consideraba importante tener un seguimiento para evitar que tuviera problemas con la medicación indicada, la cual me dejaba bastante adormecido y me hacía dormir profundamente por las noches.

Diego, el más relajado de la familia pero sumamente responsable, se encargaba de las compras y me acompañaba a todas partes como si fuera un apoyo incondicional, siempre de día; a diferencia de mi sobrina, Leonela, quien con sus veintidós años llenos de juventud llegaba por la tarde para ayudarme con las labores del hogar y la comida, quedándose a dormir.

En una de las sesiones con el terapeuta…

- Doctor, últimamente me siento bastante bien, estoy trabajando en utilizar las herramientas que me ha dado para seguir adelante.

- Muy bien, me alegra escucharlo, pero me mencionó por teléfono que hay algo que le preocupa y quiere hablar al respecto.

- Sí, en realidad no es algo malo, al contrario, pero es algo constante; desde hace un tiempo he estado teniendo sueños sensuales, a veces sin llegar al clímax y otras más intensos.

- No hay nada de malo en eso…

- Sin embargo, no logro ver quién es la protagonista, solo percibo a una mujer cuyo rostro no logro distinguir, su cuerpo es increíblemente atractivo, se acerca, realiza sexo oral y luego se coloca sobre mí para mantener relaciones íntimas, provocándome incluso dolor en ciertas ocasiones al despertar.

- Estos sueños no deben interpretarse de manera literal, no sienta culpa por ellos, de hecho, podría considerarse algo normal y saludable.

- Es que se sienten tan reales…

- Otro escenario clásico, que en este caso suele asociarse con el deseo de fortalecer los vínculos familiares. Recuerde que cuenta con el apoyo de su familia y ha pasado mucho tiempo lejos de ellos.

- Es tal como dice, lo curioso es que duermo profundamente con la medicación.

- No obstante, mantenga la calma, contactaré al psiquiatra para evaluar si la medicación influye en este tipo de sueños.

- Gracias doctor, le agradezco la atención, no es que me molesten, al contrario, pero al ser tan frecuentes me genera preocupación.

- No tiene por qué preocuparse, nos vemos la próxima semana.

Regresé a casa sintiéndome mucho más tranquilo, me recosté y me quedé dormido mientras observaba la foto de mi fallecida novia que reposaba en la mesita de noche.

Al despertar, mi sobrino ya se había ido y Leonela me esperaba con un delicioso mate para merendar.

- Hola tío querido, ¿cómo te fue con el psicólogo?

- Todo bien Leo, gracias a Dios aclaró algunas dudas y supongo que pronto estaré recuperado y seré nuevamente el de antes.

💬
¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato
→

- Qué pena…

- ¿Qué sucede? ¿no quieres que mejore?

- Claro que sí, pero cuando estés bien, tendré que regresar a casa.

- No es necesario que te vayas, si quieres quedarte y tus padres lo permiten, puedes quedarte el tiempo que desees, esta es tu casa (se notaba la alegría en su rostro).

Lanzándose a mis brazos, me colmó de besos y repitió "Gracias" en múltiples ocasiones. En uno de esos besos, se escapó uno en mis labios.

Los días transcurrían con normalidad hasta esa tarde, que marcó el comienzo de un repentino cambio en mi vida, para mejor. Recibí la llamada de mi psiquiatra informándome sobre cómo reducir progresivamente la medicación, de modo que al final de la semana ya estuviera libre de cualquier tipo de droga (legal) en mi sistema,

Allí mismo empecé con lo aconsejado.

Los días transcurrían y ya me encontraba mejor, mi organismo respondía de manera extraordinaria, hasta que pasó esa semana y estuve al cien por cien, me sentía magnífico.

Aunque los deseos eróticos que tenía no habían desaparecido, comenzaba a visualizar un poco más el enigmático rostro, pero sin definir, no lograba reconocer a quién pertenecía.

Esa noche decidí que al día siguiente les comunicaría a mis sobrinos que estaba libre de tratamiento, así podrían llevar sus vidas sin preocupaciones, a pesar de ser joven, asumía que preferirían no tener que seguir cuidándome, ¡qué equivocado estaba!

Después de cenar, Leo me sugirió que fuese a descansar, ella se encargaría de todo. Con esas palabras, me dirigí a mi habitación y, acostándome, no pasaron muchos minutos antes de quedarme dormido.

Aproximadamente serían la una y treinta de la madrugada cuando un leve sonido me despertó. Sin medicación, estaba más alerta. Vi una silueta femenina recortada bajo el marco de la puerta. No estaba soñando, era Leo. ¿Acaso solía hacer esto antes de acostarse, para asegurarse de que yo dormía? Me miraba, estaba bien y se retiraría a descansar. Se acercó sigilosamente y algo llamó mi atención; noté, entreabriendo los ojos, que llevaba puesta ropa interior: unos pechos perfectamente moldeados, un trasero hermoso y una zona íntima completamente depilada que se vislumbraba a través de la diminuta tanga que llevaba puesta.

- Tío, tío, ¿estás dormido?

Me preguntó en un susurro, moviéndose de un lado a otro, como para asegurarse de que yo seguía dormido. Opté por no contestar y observar qué hacía. De repente, mi mente se aclaró: la figura que veía en mis sueños era ella.

Arrodillándose junto a la cama, colocó boca abajo la foto de mi difunta pareja, bajó ligeramente mis calzoncillos y, sin titubear, empezó a realizar una increíble felación. Poco a poco, mi miembro se fue erguiendo hasta que llenó por completo su boca. Con destreza, lo tomó con su mano como si fuera un micrófono, acariciándolo y permitiendo que el prepucio se replegara, dejando al descubierto el glande. Con su tibia lengua lo rodeaba, jugaba con el orificio uretral y recorría toda la extensión hasta los testículos, introduciéndolo en su cálida boca y retirándolo con delicadeza. Realizó un acto que nunca antes había experimentado y que me gustó: sacó mi miembro de su boca, introdujo su dedo índice en su boca, lo humedeció y lo insertó en mi ano. Traté de no realizar ningún movimiento que pudiera delatarme.

Cada vez que mi miembro salía de su boca, su dedo penetraba profundamente en mí, alternando el vaivén. Gustoso de las sensaciones que me brindaba mi joven sobrina de veintiún años, quien demostraba ser una experta en el sexo oral, pero ahí no acababa todo. Abandonando su labor actual, se quitó la tanga, se colocó sobre mí y con delicadeza tomó mi pene, lo posicionó en la entrada de su vagina y se sentó de golpe, introduciéndolo por completo en su cálido y húmedo interior juvenil. Un gemido contenido escapó de sus labios al experimentar un orgasmo, sus piernas se tensaron y, deteniéndose un momento para recuperar el aliento, mi miembro se endureció aún más. Ella conocía lo que vendría a continuación, por eso aceleró su cabalgata; todo con una suavidad asombrosa.

Al llegar al clímax de mi excitación, ansiaba liberar la presión acumulada en mi cuerpo. Mi corazón latía aceleradamente y luchaba por controlar la creciente agitación. Finalmente, las contracciones espasmódicas de mi miembro detonaron la eyaculación con fuerza, impactando contra el cuello uterino. En su (perdí la cuenta de cuántos) orgasmo, emitió varios suspiros y gemidos apenas audibles. Inclinándose hacia mí, me besó los labios.

Con la misma suavidad que se había deslizado sobre mi cuerpo, descendió al suelo de la habitación y, con una ternura extraordinaria, empezó a lamer los restos de semen que quedaban en mi piel.Salió de la habitación y volvió rápidamente con un trozo de tela para limpiar cualquier rastro de lo sucedido. Colocó la foto de mi mesa de luz en su lugar original y se marchó silenciosamente.

Tardé mucho en conciliar el sueño esa noche. En mi mente seguían presentes los "sueños" eróticos que había experimentado durante tanto tiempo. Me cuestionaba si habían sido reales, si me sentía mal por decepcionar a mi hermano, pero no me sentía culpable.

Al día siguiente todo transcurrió con normalidad, como si nada hubiera pasado. Esto me hizo pensar que mi sobrina no se había dado cuenta de que estaba despierto, o quizás lo sabía y lo aceptaba. Estaba indeciso sobre revelar la reducción de la medicación o seguir aprovechando los beneficios que me proporcionaba.

Después de un mes de intensa actividad sexual, la culpa empezó a invadirme. Decidí hablar con mi sobrina, pero sin revelarle que me había aprovechado de mi condición.

Al día siguiente, cuando mi sobrino se fue y llegó mi Afrodita, comenzamos nuestro ritual vespertino, preparando unos mates y charlando mientras merendábamos.

- Leo, hablé con el psiquiatra y me recomendó ir reduciendo la medicación, así que en aproximadamente una semana estaríamos libres de acción -le informé.

- Sabía que tarde o temprano cederías -respondió riendo.

- ¿Qué quieres decir con eso? -pregunté.

- Desde que te quitaron la medicación, el médico me llamó para que te vigile. Yo sabía lo que estabas haciendo -explicó.

- ¿Entonces? -inquirí.

- Sí, tío, tranquilo. Sabía que te hacías el dormido, pero disfrutabas del riesgo. No corro ningún peligro contigo, me siento segura. Te quiero, siempre me has atraído y siempre te he amado -confesó.

- Pero somos familia... -intenté objetar.

- Durante estas noches no pensabas lo mismo. Además, ¿quién tiene que enterarse? Nadie, solo nosotros. Hablé con mis padres y lo saben, excepto por lo relacionado con el sexo. Me dieron permiso para quedarme contigo, están de acuerdo si estoy cómoda aquí -respondió.

- Ah, eres una chica resuelta -comenté.

Se acercó a mí y nos fundimos en un apasionado beso lleno de amor. El resto de la noche transcurrió como de costumbre. Cuando llegó la hora de dormir, Leo se despidió y se retiró a su cama.

Poco después, la puerta se abrió como en tantas otras ocasiones y ella entró, esta vez con lencería sensual. Lo diferente fue que encendió la luz y tomó la iniciativa.

- A partir de ahora, nos veremos cara a cara, piel con piel. Se acabó la oscuridad, tanto en la habitación como en nuestra relación -anunció.

Sin dejarme tiempo para reaccionar, se desprendió de sus prendas y, mirando fijamente mi ropa interior, parecía ordenar que me la quitara. Fue suficiente para que cayera al suelo y me subiera a la cama, siempre esperando mi iniciativa.

- No, tío, a partir de ahora te toca a ti hacerme gozar. He probado tu delicioso semen tantas veces que ahora quiero corresponderte -me dijo.

Le pedí que se recostara y, con su permiso, me lancé sobre ella sin penetrarla. Recorrí su piel con mi lengua, desde su cuello hasta sus pechos, donde detuve a succionar sus pezones. Continué hacia su ombligo, provocando su placer, pero decidí postergar la gratificación, pasando por alto su entrepierna y centrándome en sus muslos.

Mi lengua recorría la parte interna de sus muslos, casi llegando a su intimidad pero sin tocarla, lo que provocó un pequeño gemido de su parte.

- Por favor, no me

No quiero provocarte más dolor, anhelo saborear cada rincón de tu vulva con tu lengua.

Ignorando su petición, coloqué mis manos en sus nalgas y levanté su firme trasero, mi cálida lengua jugueteaba en ese pequeño espacio entre su vagina y su ano, allí alcanzó su primer clímax.

Al percibir el gusto agridulce de su interior que descendía por gravedad hasta mi lengua, comencé con la tarea que ella ansiaba, mi lengua iba de un lado a otro por sus labios, llegaba al clítoris y descendía de nuevo, incluyendo ahora el esfínter anal, lo rodeaba y seguía nuevamente el camino anterior hasta el clítoris encendido que, con una leve succión, llevé a mi boca. Ella se arqueó presionando mi cabeza, casi al instante su cuerpo se tensó al ritmo de otro clímax, liberando más líquido que llegaba hasta mi boca. Continué pasando la lengua desde el orificio hasta el clítoris, de regreso al esfínter. Leo levantó la cadera y mi lengua se perdió dentro de esa vagina palpitante, donde experimenté otro de sus orgasmos.

Subí sobre su frágil cuerpo, sin encontrar resistencia, mi miembro se adentró en su apretada, cálida y húmeda vagina. No fue necesario mucho tiempo de vaivén para eyacular toda mi semilla en su interior. Leo sintió el momento de clímax.

- Qué delicioso fue tu orgasmo, pero por favor no pares, no pares (continuó repitiendo).

Sentí las contracciones en mi pene mientras gemía, seguido de un pequeño grito en mi oído. Se relajó en la cama, saliendo de su interior me tumbé a su lado, nos pusimos uno frente al otro abrazándonos y profiriendo numerosos besos.

Esa noche volvimos a hacer el amor con una dulzura sin igual.

Hoy, casi un año después de que nos instaláramos juntos, la mayoría de las noches compartimos la cama, excepto cuando ella decide dormir en su habitación. En esas noches, alrededor de la una y media de la madrugada, siento que se abre la puerta, una silueta se acerca y me pregunta: "Tío, ¿estás despierto?". Yo finjo estar dormido.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

💬 ¿Quieres decirle algo al autor? Envíale un mensaje y hazle saber qué te pareció su relato ›

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com