Empieza la parte conclusiva de mi relato vivido en mi etapa juvenil.
Permanecí observando a Ingrid fijamente a los ojos, sin saber qué decir, experimentando una mezcla de curiosidad y excitación. La curiosidad predominó y le solicité que me relatara.
-Con mi hermana éramos muy cercanas en nuestra juventud y no teníamos secretos entre nosotras
-¿Cercanas? ¿A qué te refieres?
-Sí, muy unidas, tanto que cuando nos gustaba un hombre, no dudábamos en compartirlo
Mientras me narraba esto, se acercaba a mí y desabrochaba los botones de su pijama. Su mirada felina provocó que se me erizara la piel.
-Incluso, en ocasiones, ambas estábamos con el mismo hombre
Con su rostro a pocos centímetros del mío, le quedaba solo un botón por desabrochar de su pijama, pudiendo apreciar el inicio de sus senos, de forma similar a una gota de agua, sumamente atractivos.
-¿Me ayudas tú o desabrocho yo el último botón? Parece que te comieron la lengua los ratones, anoche estabas más comunicativo "bebe"-
-Estoy con tu hermana, no deseo lastimarla ni engañarla
-Tranquilo, esto se trata de sexo y amor, solo sexo y placer- Al pronunciar estas palabras, desabrochó el último botón que le quedaba y se quitó la parte superior del pijama, mostrando sus senos, de generoso tamaño, probablemente talla 110, con forma de gota de agua, rematados por pezones pequeños, hermosos y puntiagudos.
Me quité la camiseta que llevaba y sus senos reposaron sobre mi piel. El aroma de su piel me envolvió por completo, olvidándome de todo, la última barrera se había derribado. La abracé y la besé, ella abrió su preciosa boca y entrelazó su lengua con la mía, en una suerte de lucha lenta entre nuestras lenguas, para ver quién conquistaba a quién. Cuando empezamos a escasear de aire, Ingrid se apartó de mí y dijo
-¡Adoro besar! Me excita mucho, muchísimo
-Y a mí que me beses, me enloquece
-Tranquilo, esto es solo el principio, Dany
Arrodillándose y manteniendo contacto visual, desabrochó mi pantalón y lo bajó, retirando también mis boxers. Ahí estaba mi miembro a centímetros de su boca. Lentamente, comenzó a besarlo y a lamerlo como si fuera un helado, siempre mirándome a los ojos, lo cual me volvía loco. Coloqué mis manos en su cabeza y, sin necesidad de más, Ingrid abrió su boca y la introdujo hasta la garganta de una vez, para luego retirarla, pasar la lengua y repetir el mismo movimiento.
-Me estás brindando un placer absoluto, Ingrid
Su única respuesta fue adentrar aún más mi miembro en su boca, sintiendo cómo la punta llegaba a su garganta. Su mano apretaba mis testículos con fuerza cada vez que sentía que estaba por llegar al clímax. En un momento dado, le pedí que parara o acabaría en su boca.
-Detente, Ingrid, me estás enloqueciendo, no aguanto más, si continúas, terminaré aquí mismo
Ingrid apretó con determinación mis testículos, eliminando cualquier posibilidad de que terminara.
-Acabarás cuando yo así lo decida- y prosiguió estimulando mi miembro como una experta
Después de un lapso del cual perdí completamente la noción del tiempo, dejó de estimularme y se puso de pie. Dándome la espalda, bajó el pantalón de su pijama con ambas manos, mostrándome su bello trasero, firme y redondo, como una manzana.
-Ven, Daniel, deseo que me disfrutes por completo y prepares mi trasero para ti, quiero ofrecerte algo que seguramente mi hermana no te dio
Se apoyó en la pared de la cocina y no necesitó decirme más. Arrodillándome a sus pies, separé sus nalgas y sumergí mi rostro entre ellas, dirigiendo mi mano hacia su vagina, la cual se encontraba completamente depilada, con labios finos como alas
de polilla y estaba muy mojada, lo que permitió que mis dedos se introdujeran dentro de ella sin dificultad. Cuando la punta de mis dedos alcanzó su clítoris, Ingrid emitió un suave gemido, lo cual me excitó aún más.
Ella separó sus nalgas con sus manos y finalmente pude llegar a su ano con mi lengua. Fui besándolo y pasando mi lengua, y sus gemidos fueron aumentando. Saqué mi mano que estaba jugando dentro de su vagina y penetré su ano con uno de mis dedos, entrando y saliendo lentamente para dilatar bien su trasero. En un momento, Ingrid me dijo:
"Ahora cariño, quiero que me penetres el culo con esa polla hermosa que tienes, es ahora o nunca".
Se apoyó contra la pared, arqueó su cuerpo y tomé mi pene, apoyándolo entre sus nalgas, buscando su hermoso anillo anal pero no podía encontrarlo.
"¿Qué sucede Daniel? ¿No encuentras mi tesoro?"
"No Ingrid, realmente no".
"Parece que es tu primera vez, no puedes ser tan torpe jajaja".
"Es la primera vez Ingrid, nunca antes había practicado sexo anal con nadie".
"Entonces déjame a mí, yo te guiaré".
Pasó su mano por detrás de su cuerpo, tomando mi pene y lo fue guiando hacia su ano. Apoyó la cabeza de mi pene en su ano y tiró levemente hacia atrás el peso de su cuerpo, logrando que la cabeza de mi pene entrara bajo presión en su ano. Me sentía en la gloria y ella se quedó quieta unos minutos.
"Déjame sentir esa cabeza hermosa en mi trasero, Daniel", y comenzó a moverse muy lentamente hacia atrás y adelante, haciendo que mi pene penetrara más en su hermoso trasero. Cuando ya tenía más de la mitad adentro, se volteó y me dijo:
"Agárrame de las caderas y entiérramela toda, rómpeme bien el culo".
Puse mis manos en sus caderas y la atraje fuertemente hacia mi cuerpo, mi pene entró todo hasta el fondo. Ingrid respiró profundamente abriendo la boca como si le faltara el aire.
"No te muevas, quédate así, quiero sentir todo tu pene en mi trasero".
Me quedé inmóvil dentro de ella y ella comenzó a moverse muy lentamente, para adelante y atrás, sintiendo como si una mano me estuviera apretando el pene; era una sensación hermosa.
"Me encanta cómo se siente, nunca lo hubiera imaginado".
"Sigue, no pares, quiero que des tu lechita en mi culo, bien adentro".
"Tienes un trasero hermoso, Ingrid".
"Es todo tuyo, sigue dándome fuerte, no pares, penetra mi vagina con tus dedos".
Pasé mi mano por delante de su cuerpo y empecé a acariciar su vagina, que estaba más húmeda que antes.
"Me encanta que estés tan mojada, Ingrid".
"Es todo mérito tuyo, Dany".
"¿Te gusta? ¿Lo estoy haciendo bien?"
"Sí, Daniel, me encanta, lo estás haciendo muy bien, sigue, no pares".
Ingrid apoyó sus manos contra la pared de la cocina y se puso de puntillas, acelerando su respiración y aumentando sus gemidos, hasta llegar al orgasmo. La abracé por detrás y besé su cuello mientras sentía los últimos espasmos de su orgasmo.
Nos separamos lentamente y Ingrid me miró, diciendo que no podía creer el orgasmo que le había hecho experimentar y que entendía por qué su hermana había disfrutado tanto conmigo.
"Ahora te toca a ti acabar".
Tenía mi pene erecto, me hizo sentar en una silla de la cocina, empezó a besarme la cara y fue bajando por mi cuerpo hasta mi entrepierna. Luego abrió su boca y se llevó la cabeza de mi pene, recorriéndola con su lengua. Después de eso, se levantó, separó las piernas, tomó mi pene y lo apoyó en la entrada de su vagina, sentándose lentamente sobre mí. Sentí el calor de su cuerpo en mi pene y una vez dentro, percibí cómo sus músculos vaginales me apretaban con fuerza. No podía creer lo que esa mujer me hacía sentir. Comenzamos a movernos lentamente hasta aumentar la velocidad.
Hasta que nuestros movimientos se volvieron realmente ágiles, mi zona íntima tenía una estrechez que intensificaba todas las sensaciones de ese instante. Nuestros gemidos iban en aumento a medida que transcurría el tiempo.
-Estoy cerca de llegar otra vez, Daniel.
-Yo también, Ingrid.
-Sí, acabemos al unísono, dámelo todo adentro.
Sentí que era inevitable llegar al clímax y, ante la solicitud de Ingrid, me adentré por completo en ella y liberé todo mi semen en su interior, hasta quedar completamente exhausto. Ambos gemíamos, la abracé y nos sumergimos en un beso, para luego besar su cuello. Permanecimos juntos uno dentro del otro por un buen rato, cuando escuché que la puerta de la cocina se abría y entraba Estela. No sabía cómo actuar, la situación era imposible de ocultar.
-Buenos días, ¿cómo estuvo el despertar, hermanita?
-Excelente, gracias por prestármelo.
-De nada, hermana. Me alegra que lo disfrutaras tanto como yo anoche.
No podía creer lo que las hermanas estaban hablando, todo era nuevo para mí.
-Ve a bañarte y vete, Daniel, por favor -me dijo Estela.
Intenté expresar lo que sentía, pero Estela evitó mi mirada y se fue directo a la cocina a calentar agua.
Subí al cuarto, me di una ducha, recogí mis cosas y estaba a punto de marcharme. Bajé las escaleras y en la puerta me esperaba Ingrid.
-Quería que fueras diferente, por eso te pedí que te quisiera solamente para mí, para tener sexo puedo hacerlo con cualquiera, a ti te quería para hacer el amor.
-Lo siento mucho, Estela, no fue mi intención lastimarte.
-Tranquilo, cariño, todo está bien. Me hiciste vivir una noche magnífica e inolvidable que guardaré para siempre en mi memoria.
Esa fue la última vez que vi a Estela, fue una mujer que dejó una huella imborrable en mi vida y jamás olvidaré. Con Ingrid tuvimos otros encuentros, pero eso quedará para otra ocasión.
Se agradecen sus comentarios, sugerencias y críticas, son de gran ayuda. ¡Saludos!
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