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El primer encuentro con la mujer de piel clara


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Saludos a todos, confío en que se encuentren bien. Continuaré compartiendo mis vivencias ya que ha pasado un tiempo desde la última vez. En esta ocasión no les hablaré de la ingeniera, sino de otra encantadora mujer que me fascina y a la que sigo viendo de vez en cuando.

Voy a llamarla Karla, madre soltera con dos hijas, una de 15 y otra de 11 años. Es mayor que yo por aproximadamente 10 años. La conozco desde hace mucho tiempo, más de una década, ya que trabajaba en una empresa relacionada con la mía y estuvo colaborando con nosotros durante un par de meses. Me gustaba mucho en aquel entonces y sigue haciéndolo ahora. Karla mide alrededor de 1.60 m, tiene la piel blanca y suele teñirse el cabello de rubio claro, lo cual le queda muy bien. Sin embargo, lo que más me atrae de ella son sus generosos senos, de un tamaño adecuado que resultan muy atractivos cuando los exhibe con blusas o camisetas de tirantes.

Voy a narrarles mi primer encuentro con ella. Todo comenzó con una conversación nocturna por WhatsApp, que poco a poco se fue volviendo más intensa. Empecé a enviarle fotos de mi miembro viril erecto, ya que me excita hacerlo. A ella le gustó lo que vio y también me envió imágenes de sus senos, que hasta entonces no conocía. Pude apreciar sus pezones de color café claro, aunque al encontrarse recostada no se podía apreciar completamente el tamaño, pero lucían deliciosos. Aquella noche me masturbé con esas fotos, y ella sabía que lo hacía. A su vez, eso excitó también a Karla, quien me confesó que ella también se estaba tocando. Al final, eyaculé sobre mi pecho y le envié una foto de ello, lo cual la fascinó. Me propuso la posibilidad de hacerlo sobre sus senos en el futuro, lo cual me excitó aún más. Acordamos encontrarnos en su departamento en un par de días, pero sin ir a un motel, sino en un lugar que ella tiene equipado.

Llegó el día convenido y Karla me dijo que llegaría antes para acondicionar el lugar, ya que llevaba un tiempo sin visitarlo y seguramente habría acumulación de polvo. Llegué al sitio alrededor de las 10 de la mañana y le envié un mensaje, pero por alguna razón no le llegaba. Después de unos minutos, me llamó al celular para preguntarme si no iba a presentarme, si había cambiado de parecer. Le aseguré que no, que estaba afuera pero mis mensajes no llegaban. Entonces, ella me indicó que bajaría a abrirme.

Bajó y me abrió una pequeña puerta que daba a la calle, omitiendo mencionar que en ese lugar se alquilaban más habitaciones y había más personas. Nos dirigimos directamente a su departamento. Una vez dentro, cerró la puerta y se disculpó por el estado del lugar, explicando que llevaba tiempo sin visitarlo y que tenía mucho polvo por la cercanía con la calle. Acomodó un sillón de dos plazas con una sábana encima, frente a él un par de colchonetas cubiertas con sábanas y una pequeña mesa improvisada. Nos sentamos en el sillón, ambos nerviosos. Karla me propuso ver una película para empezar, pero en lugar de eso, la tomé del cuello con una mano y la besé, mientras con la otra mano la acercaba por la cintura. Ella correspondió a mis besos y, entre tanto, le pregunté si estaba de acuerdo en no perder el tiempo con películas, a lo que simplemente respondió afirmativamente moviendo la cabeza.

Continué besando su cuello mientras mis manos descendían por su cintura. Nos separamos para que ella se quitara una camiseta y así pude ver, por primera vez en persona, sus senos dentro de su sostén. Eran voluminosos, blancos y suaves, realmente hermosos y apetecibles. Sin más preámbulos, se despojó de los zapatos y los pantalones de mezclilla, revelando su hermosura en lencería roja que resaltaba su figura.

de su cutis pálido.

Le expresé lo hermosa que estaba y la besé de nuevo, pero esta vez nos recostamos en las colchonetas. Besaba sus labios, su cuello, sus pechos aún cubiertos por el sostén, y empecé a acariciar con una mano sus senos, su vientre y descendí hasta su zona íntima sobre su ropa interior, luego introduje la mano debajo y noté que estaba completamente depilada y notablemente mojada. Eso me excitó aún más y ya presentaba una sólida erección. Ella me dijo que le gustaba lo que veía y empezó a acariciarme sobre los boxers, expresando que le agradaba cómo se sentía y que quería tenerme dentro suyo.

Acto seguido, me deshice de la ropa y la despojé a ella de toda su lencería, pude observar sus pezones un tanto prominentes y erectos por la excitación. Los introduje en mi boca y disfruté de ellos mientras con la otra mano acariciaba su zona íntima. Estaba muy húmeda, y le pregunté si podía practicarle sexo oral, a lo que ella asintió. Su sabor era agradable mientras deslizaba ocasionalmente mi lengua por su vagina, que se tornaba más cálida y húmeda a medida que lo hacía. Ella tomaba mi cabello y marcaba el ritmo, hasta que me indicó: "ven, quiero sentirte dentro". Solo obedecí, subí y ella abrió las piernas. Coloqué mi miembro en su entrada y lo introduje suavemente.

Ella comenzó a gemir y me confesó lo delicioso que sentía mientras la penetraba, hundiéndola hasta el fondo, de modo que mi miembro desapareció por completo en su interior y mis testículos se acoplaron. Mantuve esa posición por un instante, mientras ella besaba mis labios y mi cuello, atrayéndome más hacia ella con sus piernas. Profería gemidos y me dijo: "dame, poseeme, quiero sentir cómo me posees". Cumplí su deseo y empecé a moverme a distintos ritmos, variando la profundidad de la penetración de vez en cuando, lo que la llevaba a gemir y a excitarme aún más. Observaba cómo sus pechos se agitaban con cada embestida, lo cual resultaba sumamente placentero.

Comencé a percibir cómo se iba humedeciendo cada vez más, y sobre todo lo ardiente que se encontraba por dentro. Propuse cambiar de posición con tal de no alcanzar el clímax tan pronto. Se puso a cuatro patas sobre las colchonetas, exhibiendo sus senos y apoyando la cabeza en el sillón. En esa posición la penetré hasta el fondo de una sola vez, ya que estaba muy lubricada, y no costó llegar hasta el fondo. Nuevamente, empezó a gemir y a respirar más agitadamente, comenzamos a transpirar y era evidente, las sábanas se combinaban con el sudor y nuestros fluidos.

Seguí penetrándola en esa posición durante un rato, acariciaba sus pechos con ambas manos, la agarraba de las caderas, tirando de ella hacia mí para penetrarla más intensamente. Qué sensación tan deliciosa era tenerla de esa manera, percibiendo lo excitada que se encontraba, y no solo ella, yo estaba al límite y sumamente excitado por tenerla en mi poder. Una vez más, tuve que cambiar de posición para no eyacular, así que le propuse que se colocara encima de mí. Aceptó y nos reorganizamos. Me senté en el sillón y ella se sentó en mí, acomodando mi miembro en su entrada de una vez y sentándose de un solo movimiento, permaneciendo en esa posición por un instante y luego besándome, comenzó a moverse de adelante hacia atrás con mi miembro dentro de ella.

Ella gemía mientras yo, incrédulo, le expresé que desde que la conocí me atrajo mucho y nunca imaginé que me correspondiera. Ella me confesó que lo disfrutara y que en varias ocasiones notó que la observaba, que mis miradas no eran las de un amigo, y que a ella le agradaba eso. Afirmó que valió la pena aceptar mi invitación a encontrarnos y que estaba disfrutando mucho el momento. Todo esto me excitó al máximo, por lo que le dije que deseaba eyacular en sus senos. Ella incrementó el ritmo y me indicó: "dame tu semen en mi vagina, en mis senos podrás acabar después todas las veces que quieras".

Ante esto, solo fui capaz de gemir y de eyacular en su interior; fue tan placentero sentirme vaciando dentro de ella, mientras ella también alcanzaba el clímax. Así permanecimos durante unos minutos, dejando que yo me descargara por completo y ambos recuperáramos fuerzas. Luego, ella se levantó y yo me retiré de su interior. Pude ver cómo algo de mi semen escapaba de ella, y la vi dirigirse desnuda al baño. Era increíble, me había acostado con una mujer hermosa y encantadora. A su regreso, me pidió que nos recostáramos en las colchonetas, ya que estaba muy cansada. Acepté, y mientras ella reposaba boca arriba, yo acariciaba su cabello y espalda, descendiendo hasta sus glúteos. Después de descansar un rato, volvimos a hacer el amor otras dos veces, las cuales fueron muy parecidas. Más adelante les contaré cómo, un par de semanas después, cumplió mi fantasía de vestirse con un escote pronunciado para poder disfrutar de ella de ese modo.

Saludos amigos, espero que les haya gustado. Mi correo de contacto está disponible por si desean enviarme un mensaje.

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