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Principiantes en el naturismo


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Los dos teníamos diecinueve años, pasábamos mucho tiempo juntos y sobre todo en la playa. Éramos mejores amigos y de hecho así seguimos siéndolo, aunque ahora hemos crecido y nos vemos solamente esporádicamente debido al trabajo.

En aquel entonces solíamos frecuentar unas calas cercanas a donde vivíamos, en las que la gente normalmente iba vestida, pero si seguías un sendero por un corto tiempo llegabas a una zona donde se practicaba el nudismo y también el dogging. Nosotros no nos quitábamos el bañador, pero siempre visitábamos esa zona porque nos gustaba ver cuerpos desnudos. Al menos en mi caso, mi amigo me confesó que le daría vergüenza estar desnudo y que todos lo vieran.

- A mí me gustaría probarlo algún día, supongo que vendré solo. Le comenté.

- Pero si allí solo va gente masculina. Respondió riendo. Si hubiera mujeres... tal vez me animaría. Agregó.

En ese momento no sabíamos cuáles eran nuestras preferencias en cuanto a desnudez, pero acordamos regresar al día siguiente, llevando algunas cervezas para sentirnos más cómodos. Eso finalmente nos ayudaría a desinhibirnos. Todo comenzó cuando al llegar le dije:

- Oye, hoy tengo ganas de quitarme el bañador, espero que no te importe. Comenté.

- ¡En serio! Respondió sorprendido. La verdad es que he estado considerándolo y creo que si hay poca gente, también lo haré. Dijo.

No sé por qué, pero me emocioné al ver que los dos estábamos dispuestos. La cerveza ayudó, ya que temblábamos ante la idea de mostrarnos desnudos. Al llegar, vimos que donde solíamos colocarnos ya había personas, por lo que decidimos adentrarnos más en la cala. Al final llegamos a un lugar que parecía oculto a simple vista, pero tras bajar unas rocas encontramos nuestro propio rincón, perfectamente resguardado de las miradas ajenas, donde extendimos nuestras toallas y nos retamos silenciosamente a quitarnos la ropa. Fui el primero en actuar, diciéndole:

- Aquí no hay nadie, me desnudo. Y así lo hice, quedando desnudo frente a él, lo cual me excitó, aunque no tanto como para ponerme erecto. Me excitó el momento en que él miró mi miembro y su rostro reflejó asombro.

- ¡Guau, ahora entiendo por qué no tienes problemas en desnudarte, tienes un gran pene! Dijo riendo.

- No me digas que el tuyo es pequeño, jajaja. Bromeé.

- No, pero de todas formas no es tan grande como el tuyo. Respondió.

Entonces él se quitó el bañador y yo también contemplé su miembro, eran prácticamente idénticos. No sé por qué dijo eso. Los dos éramos delgados, con buenos miembros y guapos.

- ¿Por qué será que no tenemos pareja si estamos atractivos y bien dotados? Comenté.

- Sobre todo tú. Dijo, señalando mi miembro, que ya estaba completamente erecto.

- ¡Caray, no me había dado cuenta, disculpa! Dije, tapándome ligeramente.

- ¿Acaso eres gay? Preguntó él entre risas.

No sabía por qué me había excitado tanto, pero supuse que fue porque mi amigo se había desnudado y su miembro había captado mi atención, quedándose su imagen grabada en mi mente. No podía dejar de echarle discretas miradas. Sin embargo, de repente pude notar que al ver mi erección, también él se excitaba, lo cual le hice notar. Tenía un miembro hermoso, algo que nunca antes me había detenido a observar en otro hombre, pero en ese momento me pareció atractivo: con el glande un poco morado, delgado pero largo, lo cual por alguna razón me excitó aún más y mi pene, que ya se había reducido, volvió a ponerse erecto. En ese instante, divise a lo lejos a otros hombres y a una mujer, supuse que era la pareja de alguno de ellos. La vi desnudarse y su pubis quedó al descubierto, recortado en forma triangular.

- ¿Crees que los hombres también deberían afeitarse en forma triangular? Le pregunté.

- No sé cómo quedaría, pero podría lucir bien, en una mujer me resulta muy excitante. Respondió él.

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- Pues quizás lo pruebe en mi pubis, me...

llama la atención.

Por cierto, nuestra charla empezó a tomar un tono más sugerente, específicamente sobre los miembros masculinos. Confesé con cierto nerviosismo que me pareció muy atractivo su pene, y que no deberíamos avergonzarnos ya que estábamos disfrutando del sol, del baño y de estar desnudos juntos. Sin duda, era mucho más placentero que usar bañador. Notamos que las miradas de los demás no nos molestaban, de hecho, si alguna mujer nos observaba, nos excitábamos. Mi amigo también me confesó que le despertó curiosidad mi pene, que al verlo duro el suyo también se puso erecto. Sin embargo, no profundizamos en lo que pensábamos o deseábamos hacer.

Al regresar a casa, solo podía pensar en mi amigo y su miembro viril, en cómo chuparlo, acariciarlo y probar su eyaculación. Pensaba en dejar que se corriera en mi cara o en mi miembro, y en la ducha me masturbe tanto que mi semen formó charcos. Después, por probar, lamí mi mano con mi propio semen y me masturbé de nuevo, esta vez coloqué todo en mi mano y me lo introduje en la boca.

Disfruté de la sensación, pero pensé que quizás eso era demasiado extremo, ya que hasta ese momento solo me sentía atraído por mujeres y no por hombres. Le escribí a mi amigo por WhatsApp, le comenté que lo había pasado genial y que me encantaría volver al día siguiente, él también expresó que había disfrutado y mencionó "creo que la pasé mejor que nunca", lo que me hizo suponer que probablemente él también se había masturbado.

Me afeité el vello púbico en forma de triángulo, siguiendo unas imágenes que había encontrado. Mi pene era más grueso que el de las mujeres, pero sinceramente, al final se me puso erecto. Estaba explorando mi cuerpo y me estaba encantando. Quería ver a dónde me llevaba todo esto. No dejaba de pensar en mi amigo, desnudo, por supuesto, no me atraían los hombres de manera habitual. Me di cuenta de que no me gustaban los hombres como tal, que no saldría con uno, pero tal vez sí me interesaría tener sexo.

Al día siguiente quedamos temprano y fuimos a nuestro lugar secreto, habíamos traído cervezas en una nevera y hasta una sombrilla. Nos desnudamos rápidamente apenas llegamos al lugar. Al principio nos costaba hablar de lo que queríamos hacer y pensar, porque ambos queríamos tener relaciones sexuales, no solo yo. Le confesé que no podía dejar de pensar en el sexo, especialmente en tener sexo con hombres.

- ¿Te masturbaste nada más llegar? - Preguntó riendo.

- Sí, la verdad, e incluso probé mi propio semen. - Dije tímidamente.

- Dios mío, ¿quieres que me corra en tu boca? - Dijo en tono de broma.

- La verdad es que no me resistiría. - Respondí también bromeando.

Obviamente, no era solo una broma, era nuestra forma de confesarnos. Empecé a notar cómo el miembro de mi amigo se ponía erecto, lo mismo sucedía con el mío.

- Solo de pensarlo, me pongo duro. - Comentó él.

- No pasaría nada si lo hacemos, podemos mantenerlo entre nosotros. Ambos estamos excitados, ¿qué más da? ¿Me dejarías chuparlo? - Pregunté.

- Si quieres, inténtalo. - Respondió agarrándose el pene y comenzando a masturbarse.

Entonces coloqué una toalla sobre la sombrilla para tener algo de privacidad, aunque nadie podía vernos, y empecé a masturbarlo. Él me confesó que le encantaba mi vello púbico, que lo ponía muy cachondo. Me acerqué por primera vez a una pene con la boca y solo el olor ya me excitaba. Empecé a lamer el glande, luego lo introduje un poco en la boca, después un poco más, y así hasta la garganta. La sensación de no poder respirar con el pene en mi garganta me excitaba mucho. Él claramente disfrutaba, no dejaba de gemir y decir "así, así". Estaba a punto de eyacular, así que dejé de masturbarlo y comencé a lamerle los testículos, me encantaba tenerlo en la boca y le dije:

- ¿Quieres que te practique sexo oral en el ano?

- Sí, lo he depilado solo para ti. - Contestó él.

Entonces pasé la lengua por su ano y mientras le masturbaba, él me masturbaba a mí. También introduje la lengua dentro, lo cual le gustó.

- Me gustaría que tú también lo hagas conmigo. Nunca lo había probado y al ver que le gustaba tanto, quise hacerlo.

Finalmente, me pidió que parara porque se iba a correr. Se levantó y comenzó a eyacular en mi cara, luego en la boca. Cuando sentí el primer chorro de semen, también eyaculé. Tenía la boca llena de semen y me lo tragué, fue increíblemente excitante.

Después de eso, seguimos practicando nudismo, pero la situación sexual no se repitió. Hablamos al respecto y ambos coincidimos en que no queríamos repetirlo. Con el tiempo encontramos pareja, seguimos siendo buenos amigos, pero como mencioné al principio, el trabajo ya no nos permitía ir a esa playa todos los días.

Relato de ficción.

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