Mi segundo encuentro con Estela, la que fue mi docente de 7º grado, ocurrió unas semanas después de nuestra primera reunión en su casa. Contactó a mi hogar preguntando por mí y mi madre contestó, haciéndose pasar por una compañera de clase y dejándome un mensaje para que la llamara.
Cuando llegué a casa, mi madre me entregó el mensaje guiñándome un ojo.
"Estela te llamó, dijo que la llames en cuanto puedas, que tú tenías su número", comentó mi madre.
"Muchas gracias mamá, más tarde le llamo, gracias", respondí.
"¿Es solo una amistad o algo más?" se escuchó mucha dulzura en su voz.
"Sí mamá, es solo una compañera de clase", contesté.
Por dentro pensé que, si mi madre supiera lo que estaba sucediendo, no lo aprobaría.
Esperé a que mi madre se fuera a descansar y la llamé.
"Hola Estela, ¿cómo estás? Soy Daniel", anuncié.
"Hola cariño, estoy muy bien gracias. ¿Y tú? ¿Cómo estás?", preguntó Estela.
"Yo estoy bien gracias, trabajando y estudiando", respondí.
"Oh, cariño, ¿has tenido tiempo para pensar en mí?", preguntó Estela.
"Siempre Estela, siempre pienso en ti, sobre todo por las noches cuando estoy en mi cuarto y recuerdo todo lo que hicimos juntos", le confesé.
"Gracias cariño, yo también te pienso mucho Daniel, pero no sé si lo que hicimos estuvo bien. Tengo miedo de lastimarte o salir lastimada", expresó Estela.
"Jamás haría algo que pudiera lastimarte Estela. Si quieres, podemos encontrarnos y hablar", propuse.
"Me encantaría Daniel, ¿qué te parece el próximo fin de semana? En casa estoy organizando una pequeña fiesta de Carnaval y me gustaría que vinieras. Después de la fiesta, si quieres, puedes quedarte a dormir", sugirió.
"¿Debo ir disfrazado?", pregunté.
"¡Claro que sí!" respondió Estela. "Puedes cambiarte en casa si quieres, ven un rato antes si lo prefieres", agregó.
"Perfecto Estela, nos vemos el próximo sábado. Besos muy especiales", me despedí.
Me pasé toda la semana pensando en qué disfrazar y finalmente decidí disfrazarme de pandillero motorizado. Tenía una chaqueta de cuero en el armario, casco de moto abierto, unos jeans gastados, botas y un pañuelo rojo al cuello.
Llegué temprano a la casa de Estela ese sábado; la fiesta estaba programada para las 21 h y yo llegué después de las 18.
Toqué el timbre y me abrió la puerta una mujer que no conocía, lo que me asustó pensando que me había equivocado de casa.
"¿Eres Daniel?" preguntó esa mujer desconocida para mí.
"Sí, soy Daniel", confirmé.
"Hola Dany, soy Ingrid, la hermana de Estela. Me avisó que llegarías a esta hora. Ella está arriba, pasa y siéntete como en casa", me dio la bienvenida Ingrid.
La hermana de Estela se parecía mucho a ella en el rostro, era un poco más alta, con unas caderas armoniosas y la gran diferencia con su hermana era que tenía unos pechos el doble del tamaño de los de su hermana, más tarde descubriría que eran operados.
Entré a la casa, me senté en el sofá de la sala y Ingrid me ofreció algo para tomar, lo cual acepté amablemente. Mientras caminaba hacia la cocina, pude apreciar su hermosa silueta, al regresar, venía acompañada de un hombre mayor, que parecía ser su abuelo, quien me presentó como su pareja Alfonso; comenzamos a charlar sobre temas triviales y vi que Estela apareció en el borde de la escalera y me saludó.
"Hola Dani, sube que te estaba esperando", me llamó desde arriba.
Me disculpé con Ingrid y Alfonso, su esposo, y subí las escaleras hacia la habitación de Estela. Apenas crucé la puerta, Estela la cerró con llave y me abrazó. Sin esperar un minuto, comenzó a besarme apasionadamente, jugando con su lengua en mi boca. Correspondí su beso con la misma pasión o incluso mayor. Tras unos minutos que parecieron horas, nos separamos y nos miramos
a la vista.
-No tienes idea de cuánto te eché de menos Bebe, puedes pensar que estoy un poco loca por estar tan enganchada contigo, debido a la diferencia de edad
-No me importa Estela, lo importante es disfrutar juntos y pasarla bien, ser felices. Para mí, no eres anciana en absoluto, todo lo contrario
-Gracias Bebe, eres un amor- Me dio otro beso aún más apasionado que el anterior
Estela llevaba una hermosa falda amplia y una blusa estampada con flores que hacían juego con la falda. Me fue besando y llevando hasta que me hizo sentar en su cama mientras seguíamos besándonos. Jugaba con sus manos sobre mi entrepierna, en ese momento yo ya estaba muy excitado y duro.
-¿Necesitas ayuda Estela?
-No amor, no hace falta, todavía recuerdo cómo se hace jajajá
Desabroché mi cinturón y me bajé los pantalones, se arrodilló frente a mis pies y, mirándome a los ojos fijamente, bajó mi ropa interior, dejando mi pene erecto a unos centímetros de su boca. Le dio algunos besos apasionados hasta que colocó su boca en la punta de mi pene y lo introdujo todo, de una vez, casi hasta la base, sacándolo de su boca pero sin dejar de darle besos en la cabeza y el tronco de mi pene, como si fuera un helado.
-Me encanta tu pene, Bebe, me vuelve loca
-Y a mí me encanta cómo lo haces, me excita mucho ver la expresión de placer en tu rostro al hacerlo
Continuó dándome sexo oral como si fuera un dulce por un largo rato más, ella sabía que eso me volvía loco y a ella le encantaba enloquecerme de placer. Pensé dentro de mí que debía hacer algo para corresponderle tanto amor.
-Mi vida, me vuelves loco, pero si continúas, voy a terminar eyaculando en tu boca
-No, cariño, hoy no en mi boca, quiero sentirte acabar dentro de mí
-Ahora quiero complacerte yo a ti, hermosa, quiero corresponder tanto amor que me estás dando. Déjame por favor
-No, no ahora, Bebe, más tarde sí, después de la fiesta. Ahora quiero montarte y cabalgarte como un potro y dejarte exhausto, necesito sentir tu eyaculación dentro de mí
Subió su falda hasta la cintura y apartó su tanga a un lado. Se montó sobre mí, agarró mi pene, lo posicionó en la entrada de su vagina y con movimientos suaves pero firmes de su cadera lo introdujo lentamente. Cuando notó que la cabeza de mi pene estaba dentro de su vagina, dejó caer su peso sobre mí y la penetración fue profunda, hasta el fondo, soltando un hermoso gemido en ese instante. Luego comenzó a subir y bajar lentamente sobre mi pene, cabalgando, elevando sus caderas y la cabeza de mi pene casi saliendo de su vagina para luego volver a introducirlo completamente, sus gemidos y los míos se intensificaban, temía que su hermana y su marido pudieran escucharnos.
-Amor, Ingrid y Alfonso nos pueden escuchar
-No importa, Bebe, Alfredo es un poco sordo y mi hermana lo sabe todo, es más atrevida que yo
Con esas palabras, ya nada me importó.
Tomé sus caderas firmemente y seguí su ritmo, cada vez más intenso.
-Así, Bebe, continúa, no pares, tu pene me enloquece, me vuelve loca
-Sí, amor, me encanta tu vagina, aprieta mi pene y me enloquece
-No te atrevas a eyacular aún, quiero que acabemos juntos
Le abrí la blusa, desabroché su sostén, liberando sus deliciosos pechos, fui besando uno a uno sus pechos y mordiendo sus pezones suavemente hasta que se pusieron duros. Estela se movía cada vez más rápido y con ritmo, puso sus manos en mi pecho y me dijo
-¿Estás listo, amor? Quiero que acabemos juntos
-Sí, amor- le dije- soy todo tuyo, mi eyaculación es tuya
-Eso me encanta Bebe, me encanta, dámelo todo, Bebe, dámelo ahora, estoy lista, ¡dámelo ahora!
La agarré fuertemente de las caderas y la penetré lo más profundamente que pude. Ella apretó los músculos de sus.
Me envolvió con sus piernas y me atrapó en su abrazo. Terminamos juntos entre gemidos de satisfacción y besos apasionados.
-No te retires aún, deseo sentir cómo tu miembro se va apagando dentro de mí
Ella encima de mí con la ropa desordenada y yo en la cama con los pantalones bajados, nos besábamos apasionadamente, era hermoso, memorable. Después de un rato que disfruté enormemente, ella se levantó y se dirigió al baño, oí cómo abría la ducha para tomar un baño.
-Ya vuelvo, Dany, voy a darme un baño rápido y luego me ayudas con el disfraz para la fiesta
Mientras ella se bañaba, yo también fui al baño para asearme y arreglarme un poco, mi disfraz estaba en la mochila que había dejado en la sala de estar de la casa.
-Estela, voy a buscar mi mochila, que ahí está el disfraz, regreso enseguida
-Está bien, amor, te espero, no tardes, besos
Abrí la puerta de la habitación y empecé a bajar las escaleras para buscar mi mochila, justo cuando iba a cogerla, apareció Ingrid con una sonrisa cómplice y me dijo
-¿Te lo pasaste bien, cariño?
Creo que enrojecí hasta límites insospechados, sentía que mi cara ardía, intenté articular alguna respuesta, pero las palabras no salían.
-Tranquilo, Daniel, Estela me cuenta todo, entre nosotros no hay secretos, solo quiero su felicidad y veo que la estás cuidando muy bien
Me guiñó un ojo, me besó en la mejilla y se dirigió al patio, donde su esposo Alfonso estaba preparando la parrillada y la fiesta.
Subí de nuevo y al entrar en la habitación vi a Estela comenzando a vestirse. Solo llevaba puesta una diminuta tanga de encaje negro que se perdía entre las curvas de su trasero, me miró y sonrió.
-¿Te gusta, cariño? Estoy estrenándola hoy para ti
-Gracias, Estela, te queda preciosa
-Y tú, ¿de qué te disfrazarás?
-Pienso disfrazarme de motociclista pandillero
-¡Qué buena idea! ¡Genial! Yo me disfrazaré de Secretaria Ejecutiva, mi hermana me prestó parte de su vestuario.
Continuará.
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