Había llegado a mi paradero después de trabajar todo el día maldito día y no quería saber nada, esperando otro autobús que me lleve a mi casa me tocan la espalda y escucho "mira a quien acabo de encontrarme" me doy vuelta y veo a la esposa de mi tío Carlos, quien me hace un gesto para que espere mientras habla con mi tío. Pasados 2 minutos, me dice que mi tío quería hablar conmigo.
-¿Qué pasa tío?
-Escucha sobrino, me he ido a la playa con tus primos y tu tía no ha querido acompañarnos, se siente sola. Sé amable y hazle compañía por unas horas, te recompensaré, sabes que soy agradecido.
-Bueno tío, está bien.
"¿Qué te dijo?" me preguntó Silvana apenas colgué el teléfono.
-Quiere que le averigüe precios de un coche que desea comprar.
-¿Tienes planes para esta noche?
-En realidad no, pensaba llegar a casa y ver el partido, hoy juega Racing.
-Siempre fútbol, fútbol y más fútbol. Sería mejor que vengas a mi casa y tomemos un café. Justo me llegó uno increíble, te encantará.
(Me apasiona el café)
-De acuerdo, vamos entonces.
-Tomemos un taxi, si esperamos el autobús no llegaremos a tiempo.
Durante el trayecto de 30 minutos noté algo diferente en Silvana. Nunca me había tratado mal, pero siempre la percibí distante y centrada solo en su familia. Sin embargo, durante el viaje, la sentí más relajada, más comunicativa. Hablamos sobre diversos temas, desde la complicada economía (yo trabajo como pizzero y ella administra un remis) hasta la delincuencia y otros asuntos. Me gustó esa nueva faceta de ella.
Cuando llegamos a su departamento, me dijo que me sintiera como en casa, mientras preparaba un delicioso café.
Encendí la televisión y puse la previa del partido de Racing (soy hincha acérrimo, al igual que Francella), cuando Silvana apareció vestida de manera más informal y con una taza de café que olía de maravilla.
-Qué aroma tan increíble.
-Te lo dije. Cuéntame, sobrino, ¿qué hay de nuevo? ¿Alguna novia o interés romántico?
-Por ahora nada. Es complicado con los tiempos y además quiero retomar mis estudios, me faltan dos años, creo.
Fue entonces cuando Silvana empezó a llorar.
-¿Qué sucede? Perdóname, ¿dije algo mal?
-Perdóname, de verdad. Es que la semana pasada descubrí que tu tío me está engañando.
Me quedé helado. Mi tío Carlos siempre había sido impecable, siempre lo veía feliz hablando de la familia. No podía creerlo.
-Y lo peor de todo es que lo presentía. La odio, odio a esa mujer.
-¿Sabes quién es?
-¡La despreciable socia de tu tío! ¡La detesto!
-Ya está, tía. Estoy casi seguro de que eres mucho más hermosa que ella, seguramente es así.
Me miró con los ojos llorosos y, acercándose lentamente, me besó. Sorprendido, me separé y me levanté del sofá asustado. Ella se puso de pie y me dijo: "Escúchame, tu tío me está engañando y quiero equilibrar las cosas, así que vas a cumplir todas mis fantasías y lo vas a hacer bien".
Atónito, le respondí:
-Mira, Silvana, esto no puede ser.
-¿Qué pasa? ¿Tienes un problema de tamaño? ¿Eres tan cobarde que no puedes satisfacer a una mujer como yo? Seguro que no das la talla y por eso estás solo, ¡debería haber elegido a otro, cobarde!
Esas palabras me hirieron profundamente. Lo que me dijo me dolió en el alma. Al principio no quise ceder por ser la esposa de mi tío, pero no iba a permitir que me insultara de esa forma. Se dio la vuelta y estaba a punto de irse, así que la agarré del cabello y la jale violentamente hacia mí, diciéndole:
-Escúchame bien, respétame. Te mostraré de lo que soy capaz.
-Solopalabra, seguro la tienes de 11 centímetros como tu tío, que tanto alardeas, a ver, muéstrame esa cosita.
La arrodillé y tomé su mano para que acariciara mi miembro.
-Jajaja solo siento un bultito
-Maldita, te la voy a introducir por completo y no me importa que te duela, te voy a hacer daño con mi pene
Me saqué el pene y lo puse frente a su rostro, le dije ¿acaso son 11 centímetros?, son 22 centímetros de pura carne, carne que te vas a tragar, zorra, carne que te vas a tragar, ella miraba mi pene algo sorprendida y me dice, no sabía que la tenías así, definitivamente es más grande que la de tu tío, mientras me dijo eso le di una cachetada y le dije.
-Cállate maldita, me vas a practicar sexo oral hasta que te sientas mal, maldita.
-Maldito estúpido, ¿quién te crees que eres para?
Le di otra cachetada y le introduje mi órgano en su boca, solo le cabía la mitad, al parecer estaba muy acostumbrada al de mi tío.
-Mira, metiéndote la mitad de mi pene, traga, traga.
Silvana intentaba liberarse pero tenía mi mano izquierda detrás de su nuca y con la derecha le daba cachetadas en la cara.
-¿Te gusta mi pene, te gusta?, si tus hijos te vieran así, con mi pene en la boca, tendrían que saber lo zorra que es su madre
Mis primos eran un poco más jóvenes que yo pero eran unos inútiles, lo tuvieron todo en la vida y aun así eran unos inútiles, mi tío y su madre les daban todo y nunca lo aprovecharon, en parte me sentía bien de acostarme con su madre.
-Usa bien esa lengua, ahhh, qué bien se siente, ¿qué pasa, no puedes tragártelo todo?, yo sé que puedes, hazlo, más, méteselo todo zorra, trágatelo todo.
En ese momento, mientras intentaba introducir completamente mi miembro, la muy desgraciada me pellizcó los testículos.
-Maldito, ¿quién te crees para hacerme eso?, casi me desmayo, hijo de...
-Aquí los únicos malditos son tus hijos, zorra, ni siquiera imaginan lo zorra que puede ser su madre.
-Vete de mi casa o llamo a la policía, nadie me había humillado de esta manera
Me acerqué a ella y le rompí la ropa, agarre su blusa y la partí en dos, luego también rompí su falda.
-Déjame, idiota, déjame - gritaba ella
La miré y le dije.
-Me has ofendido y a mí nadie me ofende así, pídele disculpas.
La puse en cuatro y en la primera penetración se la metí entera en su vagina.
-ahhh, ahhh, maldito, déjame
-¿No querías esto, zorra?, una buena verga en tu vagina, toma, por zorra.
-ahhh, ahh, ahh - decía ella, después de unos minutos pude notar que su enojo iba cambiando y que empezaba a disfrutar la acción.
-Ya me cansé, creo que voy a parar
-Si te detienes, te mato, esto sí que es una verga, no como la del tonto de tu tío, sigue, maldito
-Ya te dije que los únicos malditos aquí son tus hijos, cómo me gustaría que te vieran ahora con toda mi verga, maldita zorra
-ahhh, ahh, ahh, sigue, no pares, no pares
-Háblame de tu marido, dime que te hace el amor mejor que yo a ese idiota
-Definitivamente tú, ahh, ahh, ahh, sigue, no pares, ese idiota solo sabe hacer dinero pero nunca me ha satisfecho, siempre finjo con él, golpéame y písame la cara.
-Repítelo
-Azótame y písame la cara
-Pídemelo que lo haga
-Te lo ruego, azótame, ¡azótame!
Hice lo que me pidió, resistía mis embestidas, no dejaba de recibir en cuatro, entonces decidí aumentar la intensidad y es entonces donde ella empezó a gemir más de placer.
-Sigue, sigue, no pares, no pares, no pares, ahhh
-Estoy por eyacular, ya no aguanto, zorra
Salió y se puso frente a mí arrodillada.
-Dame toda tu semilla, dámelo por favor, dámelo, lo necesito, dámelo, dámelo
-Abre bien la
boquita sucia.
Expulsé una cantidad de líquido impresionante, ni siquiera imaginaba que pudiera liberar tal cantidad, cubrí su rostro por completo y gran parte de sus pechos, al terminar de expulsar el último chorro, comenzó a limpiar mi pene con su lengua, desde los testículos hasta el glande.
-Escúchame bien, Silvana, de ahora en adelante serás mi compañera íntima, entraré en ti cuando lo desee y a partir de ahora, cuando estemos a solas, te comportarás como mi sumisa, ¿entendido?
Me miró con una mezcla de enojo y placer, limpió el semen de sus pechos con sus dedos y se lo tragó, mientras saboreaba mi fluido me dijo:
-Como quieras, me disgusta pero me excita que me trates así, ¡ups! veo que estás recuperando la erección, bendita juventud. Quiero que me penetres de nuevo, pero esta vez más intensamente, deseo que me humilles, que me escupas, que me halles del cabello y más. Tú sabes cómo dar placer a una mujer.
-Otra cosa, si me entero de que tuviste relaciones sexuales con mi tío, se acabó todo.
-Pero él es mi esposo, debo cumplirle.
-Te ayudaré a dejarlo, tonta. Veremos cuánto tiempo puede estar sin sexo. Luego lo atraparemos en el acto, te quedarás con la mitad de todo y tal vez un poco más.
Me miró entusiasmada y encantada con la idea.
-No sé cuál cabeza es mejor, esta o esta - acariciando suavemente mi glande.
-Eres una mujer promiscua.
-No soy una mujer promiscua, soy tu mujer promiscua.
Volvimos a tener relaciones y fue mejor que la primera vez. Luego nos bañamos juntos y me despedí de ella llevándome su ropa interior como trofeo de guerra. Antes de irme, le dije:
-Quiero que me envíes fotos y videos tuyos masturbándote.
-Lo que tú ordenes, mi amor.
-No soy tu amor, a partir de ahora soy tu amo.
-Como digas, mi amo.
Horas después, en mi habitación viendo el resumen deportivo, me llamó mi tío.
-Sobrino, ¿cómo te fue?
-Todo perfecto, tío, café delicioso - en mi mente pensaba: "Si supiera que me acosté con su esposa, no estaría tan alegre"
-Te envié una propina por el favor de hoy, revisa tu cuenta.
-No era necesario, tío. Pero muchas gracias por el detalle.
-Descansa, sobrino, nos vemos pronto - casi me parto de la risa al escuchar lo de "descanso", obviamente necesito descansar de la intensa relación que tuve con su esposa.
A los 15 minutos, Silvana me envió unas fotos de ella en lencería con un mensaje que decía: "Sigo excitada, amo, cuando vuelvas a darme órdenes a esta mujer".
Yo respondí:
-Déjame organizar el encuentro y prepárate, esta vez castigaré tu trasero.
-Qué delicia, te espero, amo.
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