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Una experiencia placentera con mi cuñada en su habitación


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Hola, me llamo Adam y en la actualidad tengo 30 años. Lo que voy a relatar ocurrió cuando contaba con 25 años, pero parece que fue ayer. Mi pareja y yo llevábamos 3 años de relación y vivíamos juntos en un departamento que compartía ella con su hermana menor, una joven de 19 años, de piernas largas, piel blanca y cabello castaño. Tenía un trasero firme y atractivo para su edad, sin embargo, al tratarse de mi cuñada, intentaba evitar cualquier situación comprometedora.

Los fines de semana solía quedarme en el departamento de mi novia. Aunque dormíamos en habitaciones separadas, se podía escuchar claramente cualquier ruido, especialmente durante la madrugada si era lo suficientemente fuerte. Mi cuñada siempre me pareció atractiva sexualmente, pero solo era una fantasía en mi mente.

En algunas noches, cuando estaba con mi pareja, se me ocurría aumentar los gemidos con la intención de que mi cuñada pudiera escucharnos. De manera deliberada, intentaba hacer que los momentos de intimidad fueran más intensos, para luego encontrarnos los tres al día siguiente y disfrutar de esa situación de forma morbosa.

Una madrugada, mientras me encontraba en casa de mi novia, no podía conciliar el sueño. Intenté persuadirla para tener relaciones sexuales, pero ella estaba demasiado cansada ese día. Me sugirió posponerlo para la mañana siguiente antes de ir al trabajo, y volvió a dormirse. Yo, algo excitado, decidí mirar contenido para adultos en mi celular y luego fui a la cocina en busca de agua. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi cuñada estaba en el sofá, vistiendo un pijama corto de color verde, viendo la televisión.

Al ver esas atractivas piernas, me senté en el sofá contiguo. Conversamos un rato sobre su día y su próxima salida temprana al día siguiente. Cuando se levantó para ir a dormir, se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla, rozando levemente mis labios. Desde mi posición, pude apreciar claramente sus senos frente a mí, lo que provocó en mí una erección instantánea.

Permanecí sorprendido y excitado por ese gesto, mientras ella simplemente sonreía y se retiraba a su habitación. En ese momento, mi mente ansiaba su cuerpo, el de mi cuñada. Aunque no comprendía por qué lo había hecho, me gustó la sensación de adrenalina que experimenté. Me levanté del sofá, observé a mi novia, quien dormía plácidamente en la cama, y decidí acercarme sigilosamente a la puerta de la habitación de mi cuñada.

Al llegar frente a su puerta entreabierta, pude ver que solo llevaba puesta ropa interior. Contemplé sus senos al descubierto, su increíble trasero firme y apetecible. Noté que tomaba un juguete sexual de su mueble y comenzaba a acariciar su cuerpo, llevándolo a su boca para lubricarlo antes de utilizarlo en su intimidad.

Mientras disfrutaba de aquella escena, mis manos se dirigieron hacia mi miembro y empecé a estimularme. Mi respiración se aceleraba mientras observaba y escuchaba sus gemidos de placer al usar su juguete.

De repente, por alguna razón, ella miró hacia la puerta y al percatarse de que no estaba completamente cerrada, se dio cuenta de mi presencia. Se levantó de golpe, impidiéndome salir sin ser notado debido al ruido que harían mis pasos. Abrió la puerta y me vio allí parado, con una erección evidente y un rostro sonrojado.

Me observó por unos instantes, un tanto inquieta, pero rápidamente esbozó una sonrisa. Le pedí disculpas por la situación, explicando que no pude resistir la tentación de mirarla tras lo ocurrido en la sala. Con una mano cubriéndose el pecho,

disfrutar toda su escultura de pie y en un atractivo tangas morado de mallas.

Ella se me aproxima nuevamente, sus labios rocen esta vez mi oído derecho, y me pregunta susurrando si su hermana, o sea mi pareja, está dormida, a lo que respondo afirmativamente, indicándole que por esa razón me había levantado de la cama. Ella me dirige una mirada hacia mi miembro viril, se muerde los labios y comienza a estimularme con una mano de manera deliciosa, al mismo tiempo que con la otra mano acaricia un pecho, dejándolos al descubierto.

El placer de tener a mi cuñada de pie estimulándome provocó que mis manos se dirigieran hacia sus sensuales pezones, de tono marrón, y empezamos a besarnos apasionadamente. Debo admitir que besaba realmente bien, su lengua tenía un movimimento excepcional.

Ella me lleva a su habitación, confesándome lo excitante que resulta escucharme mientras tengo relaciones sexuales con su hermana, algo que la lleva al orgasmo cuando nos escucha, lo cual era una de mis fantasías más anheladas. Rápidamente me recuesto en su cama y me quito la camiseta de dormir, quedando solo en calzoncillos negros, ella comienza a acariciar mi miembro con sus manos, recorriéndolo de arriba abajo con suaves caricias para luego mirarme, acercarse con su boca hacia la punta de mi pene y empezar a practicarme sexo oral de manera exquisita.

Su lengua me hace estremecer de placer, sentir cómo lo humedece y lo vuelve a introducir en su boca, para después hacer un leve gesto de arcada y sacarlo, hace que mi corazón lata a mil por hora, mientras ella deja caer sus senos, los humedece y empieza a masturbarme con ellos, sonriendo mientras expreso mi anhelo de que estén en contacto con mi pene.

Sus senos son sumamente suaves, siento cómo sus pezones rozan la punta de mi miembro y cómo ella comienza a gemir de excitación. Luego, mi cuñada se aproxima a mi rostro, se coloca sobre mí y entrelazamos nuestras lenguas apasionadamente, compartiendo los fluidos que mi miembro ha expulsado mientras me practicaba sexo oral, mientras yo acaricio sus nalgas, las aprieto y ella suspira cerca de mi rostro, cerrando los ojos y sonrojando sus mejillas. Ver su rostro caliente me excita enormemente, aunque soy consciente de que no disponemos de mucho tiempo para tener relaciones sexuales.

Le pido que acerque sus senos a mi rostro, siendo una auténtica delicia lamerlos, mientras mi lengua rodea sus endurecidos y marrón pezones, ella me pide que los muerda, gime de placer y presiona mi rostro contra ellos.

Mi cuñada susurra en mi oído su deseo de sentirme dentro de ella, así que le pido que se coloque en la cama a cuatro patas, como me gusta tener relaciones, ella confirma su conocimiento al respecto, confesándome en ese momento que nos ha observado a mí y a su hermana practicando sexo en esta posición, y que eso la ha llevado a masturbarse, lo cual despierta un gran morbo en mí.

Se queda con su atractivo trasero en alto, me acerco deseoso a fundirme en esas tentadoras nalgas, sentir sus glúteos en mi rostro me vuelve loco y besarlos me hace exhalar fuertes suspiros de placer.

Separo sus nalgas y masajeo toda la zona de su ano con mi lengua, probando su delicioso sabor, pasando mi lengua e intentando introducirla, al tiempo que percibo su embriagador aroma, mientras mis manos acarician y aprietan sus nalgas.

En ese momento, mi cuñada elogia mi destreza con la lengua y me cuestiona si así suelo estimular el ano de su hermana, a lo que asiento, mencionando que le excita mucho que le proporcione el mismo placer, y continúo descendiendo con mi boca para besar su húmeda y jugosa vagina, rebosante de fluidos, un sabor único y exquisito que va emanando a medida que se excita, sintiendo cómo su clítoris palpita en mi boca mientras me masturbo con la otra mano.

Rápidamente la tomo por la cintura, me ubico detrás de ella y mi miembro penetra por completo en su vagina, estar dentro de mi cuñada me genera una intensa excitación, ella se inclina hacia atrás y comenzamos a escuchar el choque de sus nalgas contra mis caderas, me solicita que continúe.

Incrementé el volumen para mejorar el sonido, sujetándola del cabello mientras estimulaba su clítoris con mis manos. Ella se volvió hacia mí y me pidió que le introdujera un dedo en el ano, así que escupí en mis dedos y comencé a penetrarla suavemente.

En medio de sus movimientos salvajes, mencionó lo excitante que sería si su hermana nos escuchara, aunque también era consciente del riesgo que eso implicaba. A pesar de todo, la pasión nos ganó y sus gemidos se volvieron cada vez más intensos, el sonido de nuestras caderas chocando resonaba con fuerza.

Con una idea atrevida en mente, propuse ponernos de pie para una penetración en la pared, justo al lado del cuarto de mi pareja. Ella se colocó de espaldas contra la pared y, mientras nos fusionábamos, le pedí que separara sus glúteos con las manos. Lentamente la penetré por detrás, notando una mezcla de dolor y placer en su rostro, mientras sus gemidos aumentaban en intensidad.

La tentación de verificar si mi novia dormía me invadió, así que sugeri una pausa a mi cuñada y me dirigí a su habitación, ella me siguió. En medio de la oscuridad, pude comprobar que seguía descansando plácidamente.

En ese momento, mi cuñada me sorprendió agarrándome la entrepierna y susurrándome al oído su deseo de practicar sexo oral frente a su hermana. El morbo de la situación me excitó y la vista de mi pareja dormida mientras mi cuñada se arrodillaba para complacerme resultaba embriagadora.

Entre susurros, mi cuñada expresó su deseo de recibir mi eyaculación en su boca. Comencé a moverme vigorosamente, pidiéndole que estimulara mi ano con un dedo, lo cual incrementaba mi placer. Sin poder contenerme, alcancé el clímax cuando ella retiró su dedo de mi canal anal y lo llevó a su boca, masturbándome intensamente y solicitando mi semen.

Sentí una explosión de placer al experimentar cada sensación, observando cómo mi leche caía sobre su rostro y cabello, y ella lo disfrutaba en su boca con deleite.

Después de experimentar ambos el clímax, nos besamos sigilosamente, saboreando el momento. Mi cuñada me confesó que la experiencia fue inolvidable y que tenía más fantasías por cumplir. Tras despedirnos, ella se retiró al baño y yo regresé al cuarto para descansar.

Mientras me acostaba junto a mi novia, quien parecía despertarse, me recomendó descansar. Aún extasiado por el placer experimentado con mi cuñada, recordé el encuentro con fervor.

A la mañana siguiente, compartimos un desayuno aparentemente normal, sin que mi pareja notara nada. Con mi cuñada actuamos con naturalidad, preparándonos para ir al trabajo. Antes de salir, en un encuentro casual en el baño, me entregó su tanga violeta de la noche anterior con una sugerencia provocativa para mantenerme excitado durante el día. Esta simple acción generó en mí una sensación placentera y dio inicio a futuros encuentros.

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