En la anterior entrega de "Fragmentos de mi Vida" mencioné cómo durante un tiempo prolongado me dediqué a buscar personas transexuales en la misma avenida de siempre, llevándolas a lugares conocidos donde solÃan practicar sexo oral a cambio de un precio reducido. Con el tiempo, comencé a asumir un rol pasivo y buscaba su compañÃa para ser penetrado, experimentando asà momentos desagradables y llenos de temor.
En una ocasión, después de estar con una de estas amables chicas trans, mientras la acompañaba de regreso a su esquina, fui abordado por unos agentes policiales que exigieron ver mi documentación y, obviamente, intentaron extorsionarme. Tuve que pagar para evitar complicaciones. En las siguientes ocasiones, fui más cauteloso, aunque sufrà un par de episodios similares, pero sin mayores problemas, salvo uno que relataré más adelante.
Otro incidente incómodo ocurrió cuando mi vehÃculo quedó averiado en medio de la avenida y la chica con la que estaba tuvo que marcharse a pie. Cada automovilista que pasaba por allà me insultaba y se burlaba de mÃ, sin mencionar las risas irónicas del gruero que finalmente me rescató a altas horas de la madrugada.
Nunca olvidaré la vez en que abrà la puerta a una chica trans y subieron dos más al carro, quienes terminaron robándome la cartera, el reloj y todos mis objetos de valor, sin siquiera ofrecerme sexo oral...
A pesar de todo, seguà con mi rutina de forma ocasional, pero con mayor precaución, siempre con el anhelo de ser penetrado por una mujer trans. Sin embargo, un dÃa algo sucedió y cambió mi perspectiva sobre la situación y el peligro que implicaba en general.
Llevé a una rubia pálida que recogà en una esquina de la avenida Libertador. Buscamos un lugar apartado para estar a solas, pero debido al alto tráfico decidà entrar a un estacionamiento bajo las torres más altas de Caracas. Tomé un ticket, busqué un lugar oscuro en el sótano más alejado y empezamos a tener relaciones. En medio de la situación, nos golpearon en el vidrio.
¡Eran los vigilantes!
No puedo describir la mezcla de pánico, miedo, humillación y angustia que experimenté en ese momento. Estaba manteniendo relaciones con una mujer trans en mi automóvil, expuesto a miradas ajenas.
Nos vestimos rápidamente, me senté al frente dejando a la joven detrás, encendà el carro y busqué la salida del estacionamiento. Afortunadamente, en ese entonces se pagaba en efectivo a la salida y no hubo mayores problemas, pero el susto de ese dÃa quedó grabado en mi memoria.
Después de ese incidente, pasé meses sin tener más encuentros. De vez en cuando, daba una vuelta por la avenida, pero evitaba recoger a alguien, pues estaba algo paranoico. Fue entonces cuando comencé a explorar por internet, donde las páginas de escorts ofrecÃan servicios de mujeres trans. Después de buscar durante varios dÃas, encontré una que me atrajo, la contacté y pactamos reunirnos en un hotel. Su nombre era Michelle y acordamos encontrarnos cuando estuviera alojado.
En el próximo relato les narraré mi primera experiencia completa con Michelle, una mujer trans, que muchos de mi generación con similares pasiones recordarán.
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