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Experimentando mi niñez por primera vez


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Soy llamado Roberto, poseo un peculiar sentido del humor y una mente muy abierta; en el pasado, comencé a utilizar vestimenta de niña durante las noches, lo cual despertó mi interés y excitación al imaginar cómo sería estar ataviado con lencería en la cama de algún caballero.

Recientemente, mientras disfrutaba de unas vacaciones en Canadá, descargué una aplicación para buscar compañía ocasional, la cual arrojó resultados favorables al recibir diversas solicitudes de contacto. Entre mis nuevas amistades, destacaban dos personas que captaron mi atención: un joven dominicano moreno y atractivo, y un hombre de aproximadamente 40 años, con un físico envidiable. Decidí salir con ambos para determinar con quién me sentía más a gusto, considerando que estaba de vacaciones y podía experimentar diversas situaciones.

Al atardecer, salí a dar un paseo y disfrutar de un café con el caballero, y debo admitir que la velada resultó bastante agradable. Al finalizar la cita, nos besamos y dimos rienda suelta a la pasión; mientras estábamos en su automóvil, nos dirigimos al asiento trasero, él bajó un poco su pantalón y sus calzoncillos, y yo, arrodillado, comencé a acariciar sus testículos con suavidad. Posteriormente, pasé a lamer su miembro de forma pausada, deteniéndome ocasionalmente para deliciar sus testículos. En cierto momento, me pidió que realizara una felación profunda, y poco después, se corrió abundantemente en mi boca, para luego proceder a limpiar su pene con mi lengua...

Más tarde, durante la noche, aún me encontraba sumamente excitado por la experiencia vivida: el recordar cómo mi rostro quedó cubierto de su esencia y cómo me encargué de limpiarlo solo alimentaba mi deseo para el próximo encuentro.

Más tarde, quedé en encontrarme con "Carlos", el joven dominicano. Preparé una hermosa lencería, incluyendo medias, las guardé en una maleta y salí a su encuentro. Fuimos a jugar billar y allí, comencé a sugerir la idea de dirigirnos a un hotel con jacuzzi, donde podría lucir sensual lencería para su disfrute. Accedió rápidamente, pues sabía que nunca antes había sido penetrado y que aquella sería mi primera vez.

Llegamos al hotel y lo primero que hice fue cambiarme para él. Al salir, lo encontré recostado en la cama, tan solo con unos boxers que apenas ocultaban su evidente erección. Al verme vestido de forma provocativa, me indicó que me acostara a su lado. Comenzó a besarme apasionadamente y a acariciar mis nalgas con pequeños golpes; en ese momento, mi excitación estaba en su punto máximo y me solicitó que iniciara lamiéndole el trasero… ¡fue exquisito!

Comencé a lamer suavemente su ano, alternando con sus testículos y parte de su pene, que por cierto, se encontraba bastante erecto. Jamás imaginé que disfrutaría tanto lamiendo el trasero de un hombre moreno, pero resultó sumamente placentero...

Luego, se giró y comenzó a introducir su miembro en mi boca, mientras yo permanecía estático permitiendo que lo guiara a su antojo. Tras indicarme que estaba por llegar al clímax, me pidió que no retirara mi boca de su pene. Así lo hice, degustando toda su esencia, pero él continuó moviéndose y su erección no disminuyó, sino que al contrario, se intensificó, lo que lo excitó aún más. Me puso en posición y me penetró suavemente, sin detenerse hasta llegar a lo más profundo, permaneciendo allí durante unos 30 segundos antes de aumentar el ritmo.

Recuerdo claramente cómo me embestía: cada vez que me penetraba, sentía un placer indescriptible al introducirse por completo... ¡Era una sensación tan intensa! Algo que disfruté enormemente fue cuando, en pleno acto, retiraba su pene de mi...

y me incitaba a practicarle sexo oral y luego volvía a penetrar mi trasero y una vez más retiraba su miembro y me ponía a succionarlo nuevamente.

Me colocaba en diversas posturas y la última fue de pie, abriéndome por mi cuenta las nalgas para que pudiera alcanzar la profundidad. No deseaba que dejara de poseerme nunca, pero después de un tiempo me preguntó si deseaba más semen en mi boca, a lo cual respondí afirmativamente, indicándole que me avisara cuando estuviera listo.

Entonces me giró y me arrodilló para lamerle los testículos, mientras él se masturbaba y restregaba su miembro por todo mi rostro. De repente, comenzó a eyacular nuevamente esa sustancia cremosa, dejando caer generosas gotas en mi lengua, las cuales degusté con avidez hasta exprimir la última gota de esperma. Acto seguido, me pidió que limpiara también sus testículos, a lo cual accedí. Se sentó en el sofá, separó un poco las piernas y procedí a lamer y limpiar las manchas de semen que tenía en sus testículos, dejándolos impecables solo con mi lengua...

Luego me propuso dormir juntos esa noche, lo cual acepté. A la mañana siguiente, antes de despedirnos, me solicitó nuevamente sexo oral y que acariciara su trasero. Me introduje bajo las sábanas, impregnadas con el embriagador aroma a semen de la noche anterior, y él se colocó boca abajo. Nuevamente lamí su trasero, para luego cambiar a posición boca arriba, y en cuestión de segundos tenía su deliciosa leche en mi boca, esta vez en abundancia. No pude contenerla toda, así que ingerí lo que pude y el resto lo limpié con mi lengua.

Luego nos fuimos a bañar y desde entonces solo hemos mantenido comunicación, pero nunca nos volvimos a encontrar.

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