12 de septiembre
Tengo relaciones con Fade
Hace un par de dÃas descubrà que mi pareja Carlos está involucrado con Berta, una colega de su trabajo. Lo que más me molesta es que lo esconda y lo niegue cuando se lo cuestiono. Eso es algo que no puedo soportar.
Mientras camino por la calle, se me ocurre compensar y vengarme de su falta de inteligencia teniendo relaciones con un desconocido, cualquiera que sea, y eso me excita al instante. Pienso que hoy algún hombre se llevará una sorpresa. Hay por ahà un hombre que aún no sospecha que hoy estaré con él. Me doy cuenta de que al caminar por la calle, todos los hombres me resultan atractivos. Encuentro algo seductor en cada uno. Comienzo a sentirme nerviosa y excitada.
Para calmarme un poco, entro en el bar de Toni, como de costumbre. Pido un chupito de Limoncello y Toni se sorprende, pero no dice nada. Observo a Toni, sabiendo que siempre dirá que está ocupado con otras labores. Un poco después entra Fade, el chico de Gambia que coquetea conmigo, aunque debo admitir que es cortés y amable, jamás me ha dicho algo vulgar. Fade me saluda y se sienta en otra mesa con un colega de trabajo. Creo que trabajan en la construcción. Observo a Fade y de pronto me doy cuenta de sus músculos. Sin pensarlo, me fijo en sus pantalones. Por el bulto que tiene, Fade debe estar bien dotado. Él percibe que lo estoy mirando, me saluda y me sonrÃe. Yo también le devuelvo la sonrisa. Lo que Fade aún no sabe es que ya estoy planeando tener relaciones con él.
Voy al baño, cierro la puerta con fuerza y me desvisto casi por completo. Me tomo tres fotos donde se vean mis pechos y mi pubis. En la tercera, se me ve el rostro. Quizás esté un poco rellenita, pero creo que puede funcionar. Si lo hubiera sabido antes, me habrÃa depilado.
Regreso a la mesa y busco en mis contactos de Whatsapp el número de Fade, que me dio cuando tuvo problemas con la documentación y le pasé la información de un abogado de confianza. Le envÃo la primera foto y espero. Fade tarda unos segundos en darse cuenta de que ha recibido algo en su móvil. Lo ve. Lo mira tres veces, parpadea. Entonces le envÃo la segunda. Observo cómo Fade se queda perplejo y la amplÃa. Luego le envÃo la tercera. Me reconoce de inmediato. Me busca con la mirada y nos miramos. Entonces me levanto, pago en la barra y me dirijo a mi casa. El idiota de Carlos hoy se queda a dormir en la casa de sus padres como todos los martes. Tendré todo el piso para mÃ. Y para Fade. Escucho sus pasos a pocos metros detrás de mÃ.
Llego a mi portal, abro la puerta y la dejo entreabierta. Mientras espero el ascensor, siento cómo las manos de Fade me rodean por detrás. Una de ellas rodea mi cintura y la otra me agarra del cuello, mientras su lengua grande lame mi cuello. En ese momento, ya me siento deseada, o casi, o al menos entregada. En el ascensor me arrodillo para besarle el paquete sobre los pantalones, pero Fade es rápido y saca su pene casi completamente erecto. A medio camino, me doy cuenta de lo que me espera, pero eso me excita aún más.
Una vez en la cama, Fade comprende de inmediato que no se trata de amor ni de romanticismo, sino de sexo intenso. Lo entiende y hace lo que se espera de él, se desinhibe y muestra su lado salvaje. Por eso mismo sabe que grabo la escena, con el móvil apoyado en la lámpara de la mesita de noche. No pregunta para qué quiero ese vÃdeo.
Descubro que Fade tiene una resistencia espectacular. Pero cuando intuyo que está a punto de eyacular, tras casi dos horas de intensidad (solo paramos cinco minutos para tomar una cerveza y fumar un cigarrillo juntos), me doy cuenta de que no se animará, asà que se lo pongo fácil: Échate en mi cara, le digo. Fade no tarda ni un minuto en cumplir mi deseo. Su eyaculación es larga, caliente y repetida. Grita mientras se libera.
Mientras me ducho, ya estoy pensando en quién me acompañará mañana.
Otros relatos que te gustará leer