0%

La mujer que encontré en el autobús (100% verídico)


Escuchar este audio relato erótico
3
(1)

Me encanta relatar cada pormenor de la vivencia para revivir esa situación, pero si desean ir directamente a los momentos más apasionantes de mi relato les comparto los "capítulos" de mi confesión:

1. La forma en que la conocí

2. Nuestro primer encuentro

3. Llegada al motel

4. Sus destrezas orales

5. Correspondo el gesto

6. Penetro por primera vez

7. Comienza a cabalgar mi miembro

8. Nueva postura para recibir sexo oral

9. Nos sumergimos en el jacuzzi y ella experimenta un orgasmo

10. Eyaculo en su boca

1.

Eran las 7:30 de la mañana, esperaba el autobús para dirigirme a mi empleo; al llegar noté que no había asientos disponibles, así que opté por quedarme cerca de la puerta. Después de unos minutos, empecé a sentirme observado, alcé la mirada y a metro y medio de distancia vi a una dama, tendría cerca de 40 años, poseía cabello oscuro, recogido en una trenza que alcanzaba casi su cintura, ojos profundos, labios gruesos; por su atuendo deduje que trabajaba en una oficina, quizás como secretaria, lucía una blusa azul, una falda corta negra, medias de nylon y tacones, calculé que medía 1.65 metros.

Ella me contemplaba a lo lejos, percibía que algo en mí le interesaba, soy un varón de 33 años, de rostro agraciado, o al menos así me han dicho, ojos claros, cabello rubio, ondulado y corto, con una complexión atlética. Permanecí observándola por un instante y ella apartó la mirada, dejé de mirarla aunque aún sentía su escrutinio, suelo ser algo tímido y me costaba mantener la mirada cuando me sentía observado, en un momento dado sostuve la mirada y nos quedamos contemplando mutuamente unos segundos, experimenté una tensión sexual en la situación, algo que nunca antes había sentido, durante todo el trayecto consideré acercarme pero no logré reunir el valor. Tras 15 o 20 minutos, el autobús llegó a una parada y ella se bajó; me encontraba a dos estaciones de mi trabajo, no obstante decidí descender en la misma parada que ella para entablar conversación, en unos instantes urdí una excusa para abordarla:

- Disculpa, ¿nos conocemos de alguna parte? ¿te resulto familiar? - Inquirí un tanto nervioso, a lo que ella reaccionó sorprendida.

- Creo que sí, te vi en el autobús, sin embargo no logro recordar dónde te había visto antes - contestó, aunque intuí que mentía, indicándome que también deseaba conversar.

- Soy Diego, un placer conocerte, ¿cómo te llamas? - Pregunté

- Me llamo Diana - Contestó un tanto cohibida.

Continuamos charlando mientras abandonábamos la estación, me reveló que trabajaba a poca distancia de allí y que comenzaba en media hora; así que aproveché la oportunidad para invitarla a tomar un café, accedió bajo la condición de no demorarnos. Entramos en una cafetería y nos distendimos, empezamos a dialogar más distendidamente, me comentó que tenía cónyuge e hijo, mencionando que llevaba relativamente poco tiempo trabajando en ese lugar y que se aburría, pero no encontraba otra opción, le compartí que mantenía una relación de varios años con mi novia y vivíamos juntos, la conversación se tornó más íntima, le pregunté acerca de su vida con su marido.

- Convivimos desde hace 10 años, me hace feliz, aunque en ocasiones percibo que las cosas ya no son como al principio, con el tiempo todo pareciera volverse monótono - Aproveché aquel momento de sinceridad para explicarle por qué me acerqué a ella.

- La verdad es que no te conocía previamente, simplemente te vi y deseaba entablar conversación contigo. - Le mencioné con cierto nerviosismo, temiendo incomodarla o molestarla, no obstante, ella esbozó una sonrisa pícara, refiriéndome como un "inocente" pero con una amplia sonrisa, como si le hubiera agradado.

Ella continuó hablándome.

- Pensé que ibas a decirme algo mientras estábamos en el autobús; sin embargo, me sorprendió ver que decidiste bajar

al dirigirse a mí, aunque era evidente que jamás nos habíamos cruzado antes - Afirmó sonriendo ligeramente sin apartar la mirada de mis ojos. - La verdad es que me hizo ilusión que lo hicieras. -

Después de un rato, me informó que debía retirarse a su lugar de trabajo, sentí cierta pena, sin embargo, aproveché la oportunidad para solicitarle su contacto antes de despedirnos.

Transcurrido unos días, comenzamos a intercambiar mensajes de manera constante, ella compartía detalles sobre su jornada, comentaba acerca de su labor, aunque raramente mencionaba a su cónyuge. Por mi parte, le relataba mis vivencias en el ámbito laboral y le enviaba instantáneas desde mi trabajo con la esperanza de que ella hiciera lo mismo, lo cual funcionó y me permitió elogiarla mencionándole lo encantadora que era y expresándole mi deseo de volver a verla, sin embargo, ella manifestaba que resultaba complicado debido a sus múltiples ocupaciones.

2.

Al cabo de casi un mes de charlas virtuales, Diana me comunicó que tendría libre un fin de semana, sugiriendo la posibilidad de encontrarnos presencialmente para conversar un rato; acepté de inmediato.

Nos citamos un sábado por la tarde en un centro comercial, a pesar de haber compartido tiempo en conversaciones, me invadió cierto nerviosismo ante el encuentro. Cuando finalmente apareció, la vi radiante comparada con la ocasión en el autobús, lucía su cabello suelto y lacio, alcanzando casi la cintura, vestía un suéter negro de mangas largas que se ajustaba a su figura con un escote cuadrado, que insinuaba una generosa feminidad, llevaba una minifalda café similar a la de una colegiala, medias de malla con motivos de corazones y botas altas, lucía verdaderamente bella. Por mi parte, vestía una camisa a cuadros abierta y una camiseta ajustada debajo, poseo una complexión atlética pero no tan musculosa, lucía una corta barba candado y pantalones entallados.

La saludé con un beso y nos adentramos en el centro comercial en busca de un lugar donde cenar, conversamos un poco, sin embargo, percibía que aún persistía cierta timidez propia de los primeros encuentros, por lo que le consulté acerca de la razón por la cual disponía de tiempo libre ese fin de semana.

- Mi esposo se encuentra de viaje por motivos laborales, regresa hasta el lunes y mi hijo quedó al cuidado de mis suegros - Aproveché para bromear un poco y reducir la tensión que se instaló desde nuestra reunión inicial.

- Entonces, hoy soy un afortunado, de lo contrario, quién sabe cuándo hubiéramos podido encontrarnos, esperemos que mi suerte continúe - Le expresé observándola a los ojos.

- Veremos cómo se desarrolla el día, para descubrir hasta qué punto te acompaña la suerte - Replicó ella con un aire pícaro.

Tras ese instante, entablamos una charla más distendida, nos divertimos con algunas ocurrencias y comenzamos a tener roces físicos, ella acariciaba mis piernas, me abrazaba y correspondía mis gestos, transcurrieron unas horas y el anochecer se aproximaba, en un momento dado nos quedamos mirándonos fijamente y aproveché para acercarme y besarla, ella colocó su mano detrás de mi cabeza y el roce de su lengua me llevó a besarnos de forma cada vez más intensa, me aproximaba a ella para que percibiera mi deseo que sus besos despertaban en mí.

3.

- Creo que mis estrellas están brillando hoy - Le comenté sonriente, ella asintió con complicidad.

- ¿Qué te parece si nos retiramos a otro lugar para disfrutar de intimidad? - Le inquirí, y ella asintió nuevamente con gesto de aprobación, como una niña tímida dispuesta a dejarse llevar. Solicité un vehículo y la conduje a un motel cercano, mientras nos besábamos durante el trayecto. Al llegar, reservé una habitación con jacuzzi, deseaba disfrutar al máximo.

4.

Una vez dentro de la estancia, ella me solicitó un instante para ir al baño, pacientemente aguardé sentado al borde de la cama; al retornar, advertí que se hallaba preparada para iniciar aquello que ambos ansiábamos. Se aproximó a mí, se inclinó para besarme, tomó una almohada del lecho y la posicionó en el suelo, me instó con su mano a recostarme, y se arrodilló ante mí; comenzó a desabrocharme el pantalón con una mirada cargada de deseo, retiró mis zapatillas...y después el pantalón vaquero, quedando solamente con los bóxers frente a ella, mi miembro ya estaba muy firme y sobresalía por encima de la goma de los calzoncillos, lo que le dio una idea del tamaño que estaba a punto de experimentar (debo mencionar que mi miembro no es gigantesco, pero sí tiene un tamaño considerable).

- Estoy ansiosa por disfrutar de eso - me susurró mientras se mordía los labios.

- Esta noche te pertenece - le respondí con la respiración agitada por la excitación.

- ¿Tan solo esta noche? - preguntó con un dejo de decepción.

- Bueno, veamos cómo se desarrolla la velada - le contesté.

Ella continuó bajando mis bóxers hasta dejarme desnudo de cintura para abajo. Tomó mi miembro con ambas manos y comenzó a moverlas en círculos alrededor de él, sentí un hormigueo en todo el cuerpo, la excitación me embriagaba, verla a punto de brindarme placer me encendía demasiado. Estuvo un par de minutos acariciándome hasta que acercó su rostro lentamente y finalmente lo introdujo en su boca, la sensación fue indescriptible, el calor de su saliva me provocó un estremecimiento en todo el cuerpo, colocó su mano izquierda en mi abdomen y con la derecha siguió acariciándome al ritmo de su boca, ascendente y descendente, pude observar cómo humedecía mi miembro cada vez que sus labios ascendían y cómo su mano se deslizaba con más facilidad gracias a la lubricación, aumentó la velocidad de succión en su boca. Escuchaba sus gemidos mientras me complacía oralmente, me encantaba, me hacía sentir cada vez más excitado. Aumentó la succión de sus labios y aceleró el ritmo, moviendo su cabeza de un lado a otro sin sacar mi miembro de su boca, lo cual resultaba sumamente placentero, su cabello caía sobre mi abdomen, por lo que tuve que sujetarlo con mis manos para poder seguir observando sus acciones. Pasaron varios minutos hasta que tuve que apartarla ante la inminente sensación de eyacular, la tomé del cabello con una mano y con la otra la aparté suavemente de mi miembro.

- ¿Te hice daño? - preguntó, un tanto sorprendida y preocupada.

- Para nada, lo estás haciendo de maravilla, pero si prosigues de esa forma, creo que me voy a correr, lo estás haciendo increíble - le dije para tranquilizarla. Su mirada de sorpresa cambió a una mirada traviesa, tal como al inicio.

- Permíteme, es que tu miembro está delicioso, no puedo resistirme, voy a probar algo diferente - sus palabras me excitaban aún más, la sensación de eyaculación disminuyó, ya estaba listo para descubrir qué novedad me tenía preparada.

Colocó sus manos en mis muslos para apoyarse y volvió a introducir mi miembro en su boca, esta vez deteniéndose casi a la mitad, manteniendo contacto visual conmigo; yo tironeaba su cabello impacientemente, deseando saber qué iba a hacer a continuación.

En esta ocasión, ella no movió su cabeza de arriba abajo, pero noté que ejecutaba alguna técnica dentro de su boca, percibía cómo rodeaba la punta de mi miembro con círculos de su lengua, jamás una mujer me había brindado tal placer, su destreza para masajear mi miembro con su lengua era excepcional, seguía observándome fijamente mientras lo hacía, podía percibir los sutiles movimientos de su lengua en su cavidad bucal. Comenzó a separar sus labios para deslizar su lengua por debajo de mi miembro, para luego volver a rodearlo con ese masaje, no supe cuánto tiempo pasó, pero calculo que fueron unos 10 o 15 minutos de puro éxtasis, en un momento dado sentí que estaba a punto de eyacular, por lo que tuve que apartarla nuevamente para sacar mi miembro de su boca, en esa ocasión unas pocas gotas alcanzaron a salir, pero logré controlarme y contenerme.

Ella sonrió, sabiendo la razón por la que la aparté; con una sonrisa, limpió esas gotas de semen que habían escapado.

5.

Me erguí frente a ella y comencé a quitarme la camisa y la remera, quedando completamente desnudo, ella aprovechó para brindarme un último deleite oral, pero la detuve rápidamente y empecé a besarla, agradeciendo lo que había realizado. Sabía que era mi turno de satisfacerla, así que la hice sentar en la cama, le quité elbuso, debajo llevaba un sujetador negro de encaje que cubría parte de sus senos con una transparencia que dejaba entrever sus pezones. Inmediatamente le quité el sujetador y finalmente tuve sus pechos frente a mí, eran grandes, con pezones prominentes que apuntaban hacia mí indicándome su excitación. La empujé suavemente sobre la cama, tal como ella había hecho conmigo, y comencé a quitarle las botas y la falda, dejándola solo con su tanga negra también de encaje y sus medias de ligas, lucía hermosa, era una mujer esbelta que denotaba cuidado en su figura.

Me incorporé para sellar con un beso sus labios mientras permanecía recostada, luego comencé a descender lentamente por su cuello, sus gemidos acompañaban mis besos, continué bajando hasta llegar a sus senos, los acaricié con delicadeza, recorrí con mis dedos alrededor de sus pezones, besando cada rincón de sus pechos hasta succionar sus pezones, alternando entre succiones suaves y más intensas, lo que provocaba movimientos involuntarios en ella. Descendí por su abdomen, deleitándome con cada recorrido de mi lengua por su piel, hasta llegar a su cadera, momento en el que decidí retirarle la ropa interior para dejarla únicamente con los ligeros.

No me dirigí directamente a su entrepierna, preferí aumentar su excitación, así que empecé a besar sus muslos con ternura, acercándome poco a poco, su respiración agitada indicaba que estaba llegando al límite, percibía el aroma de su intimidad, me aproximé cada vez más hasta besar los labios de su vagina, deslizando mi lengua de arriba abajo con suavidad, y luego comencé a realizar sexo oral, acaricié con mi lengua su sexo y empecé a moverla delicadamente para explorarlo con la punta de mi lengua, ascendiendo y descendiendo con sutileza mientras la observaba atentamente, ella observaba cada movimiento que realizaba, recorrí su clítoris con mi lengua, inicialmente con movimientos circulares y luego alterando entre vertical y horizontal, ejerciendo presión intensa, lo que la hacía gemir con mayor intensidad.

"¡Oh, por Dios! ¡Por Dios! qué habilidad tienes con la lengua, por favor no pares", me suplicaba entre gemidos.

Atendí su petición y continué sin detenerme, pese al cansancio que comenzaba a sentir en mi boca, no quería interrumpir el placer que experimentaba, en un momento, ella me apartó de su sexo de la misma forma en que yo lo había hecho, me miró y esbozó una sonrisa sin emitir palabra. Introduje un par de dedos en mi boca para humedecerlos y luego los introduje en ella con suavidad. Proseguí con el sexo oral, pero esta vez, combinando mis movimientos con la inserción y extracción de mis dedos para intensificar el ritmo guiado por sus gemidos, nuevamente ella me apartó y aproveché para llevar mis dedos, impregnados de sus fluidos, a mi boca.

"Tienes un sabor delicioso", le comenté después de limpiar mis dedos con mi boca.

"No digas eso, me llevarás al clímax", respondió excitada.

Continué realizando sexo oral durante varios minutos, deseaba brindarle el mismo placer que ella me había dado, estimaba que habían transcurrido aproximadamente 30 o 40 minutos y sentía que era el momento de unirme a ella.

6.

Me puse de pie frente a la cama, coloqué un preservativo que reposaba en una mesita mientras ella permanecía tumbada boca arriba, la atraje por las piernas para situarla en el borde de la cama cerca de mi miembro y empecé a introducirlo lentamente, observando cómo su rostro se llenaba de placer. Comencé a mover mis caderas suavemente para que mi pene penetrara una y otra vez, su lubricación facilitaba el deslizamiento, coloqué sus piernas sobre mi pecho para profundizar la penetración, se aferraba al borde de la cama para mantenerse cerca de mí ante los embistes de mi penetración. Continuamos en esa postura durante varios minutos hasta que ella me separó, giró su cuerpo dándome la espalda y dejó caer sus piernas de la cama, manteniendo su torso apoyado en el colchón, su trasero estaba dispuesto a recibir azotes, desconocía cuánto podía resistir su firmeza pero deseaba descubrirlo, empecé a penetrarla y a azotarla enal mismo tiempo, soltaba gemidos con cada golpe y aumentaba gradualmente la intensidad de mis palmadas, incrementando la fuerza con la que las propinaba para notar cómo se excitaba aún más.

- Por favor, dame con más fuerza, me encanta - decía con su rostro apoyado en el colchón.

Le azotaba con mayor firmeza hasta que pude apreciar las marcas de mis manos, no deseaba comprometerla con su esposo, aunque esa idea avivaba mi excitación.

7.

Nos dirigimos a la cama, me recosté boca arriba y ella se montó sobre mi miembro, contemplando sus prominentes senos mientras cabalgaba vigorosamente, manteniendo mi erección en su interior; tomé sus senos con mi mano y los acaricié mientras ella se movía en círculos sobre mi cadera, incrementando la sensibilidad de mi pene con cada movimiento. Sentía cómo mi orgasmo estaba próximo, pero decidí contenerme; alcé mi torso sin sacar mi miembro y quedé frente a ella, continuó con movimientos cada vez más rápidos, intercambiando los círculos por brincos que hacían entrar y salir mi miembro de su sexo, mientras besaba sus pechos. Tomé su cadera y la giré en la cama, esta vez me encontraba encima de ella en la clásica posición del misionero, besándola brevemente antes de empezar a mover mis caderas de arriba abajo para penetrarla. Comencé a realizar movimientos circulares sin separarme de su pelvis para estimular su clítoris con cada embestida, observando cómo disfrutaba de ello, prolongando la experiencia por un buen rato.

8.

Habían trascurrido más de una hora desde que habíamos iniciado y noté que mi erección disminuía ligeramente, por lo que decidí aprovechar las habilidades orales de Diana para recuperarla. Me puse de pie al lado de la cama, la tumbé boca arriba con la cabeza al filo, próxima a mi pene; ella parecía estar al tanto de lo que iba a acontecer y lo recibió gustosa. Introduje mi pene en su boca y empecé a penetrarla suavemente, como si se tratara de su vagina; alzó sus manos para acariciar mi pene, pero las aparté y las ubiqué a la altura de sus caderas.

Me fascina el sexo oral y esta postura es una de mis preferidas, así que quise aprovechar al máximo el tiempo que ella permitía que penetrara su boca. Ejecutaba movimientos suaves que incrementaba gradualmente, adentrándolo más en su boca y sintiéndolo completamente, aprovechando para acariciar su clítoris y desencadenar gemidos que se entrecortaban al tener mi pene dentro de ella. Lo introducía y ella, tras unos minutos, lo retiraba para respirar, volviendo a recibirlo en su boca para que prosiguiera la penetración, imaginando las sensaciones de eyacular en ese instante, aunque logré resistir la tentación. Mi erección se había restablecido y tornaba más complicado seguir con ese acto sin provocar arcadas en ella.

9.

- Vayamos al jacuzzi - me dijo entusiasmada, descendió de la cama y me condujo tomándome de la mano, se quitó las medias de liguero mientras avanzábamos.

Fui el primero en entrar y luego se ubicó de espaldas sobre mí, rodeándola con mis brazos y apretando sus senos; ella cerraba los ojos y ofrecía su cuello para ser besado, para luego acomodarse en mi pene y comenzar a cabalgar enérgicamente.

- Esto es una delicia, posees un miembro impresionante -

- Tienes unos senos y un cuerpo espectacular - le respondí mientras la acariciaba y ella se movía.

El agua facilitaba la penetración y ella incrementaba la intensidad de sus brincos, sus gemidos se intensificaban, percibía que estaba al borde del orgasmo, acariciaba su clítoris con mi mano simultáneamente a la penetración, se aferró a los bordes del jacuzzi y sus gemidos se tornaron más intensos hasta alcanzar un orgasmo que desencadenó espasmos en ella, los cuales avivaban mi excitación; continué penetrándola pese a su petición de detenerme, hasta que finalmente extrajo mi miembro de su sexo. Se recostó en el borde de la tina como recuperándose del placer, mientras yo mantenía mi erección firme.

10.

- ¿Te importaría que eyaculara en tu boca? - le pregunté.

con la seguridad de haber adquirido ese privilegio.

- Por supuesto, te has ganado ese reconocimiento - Me expresó con una sonrisa y su rostro aún mostraba el placer que experimentó.

Regresamos una vez más a la cama.

- ¿De qué manera prefieres que te lo haga? - Me consultó ella con gran disposición.

Solicité que se acostara boca arriba en el centro de la cama, coloqué una almohada para elevar un poco su cabeza y ubicar mi miembro entre sus pechos; ella los comprimió con sus manos para cubrirlo y comencé a moverme como si los estuviera introduciendo, sus senos lograban ocultarlo por completo lo cual me brindaba gran regocijo. Luego de unos momentos, elevé un poco para colocar mi miembro en su boca y penetrarla. Nuevamente percibía el calor de su saliva y los movimientos de su lengua que me hacían enloquecer, los minutos transcurrían y no deseaba llegar al clímax, disfrutaba enormemente de lo que ella me brindaba, se sometía a mi miembro y eso me fascinaba, lo retiró brevemente de su boca.

- Por favor, lléname con tu semen - Me rogó casi suplicante y no pude reprimirme.

Lo introdujo un poco más en su boca, pero lo retiré y comencé a masturbarme rápidamente, ella sacó su lengua para recibir lo que iba a otorgarle. Percibí que estaba a punto de eyacular, observaba su rostro con su boca abierta y nada podía detenerme. Mi miembro comenzó a contraerse y el semen salió velozmente hacia su boca, el primer disparo ingresó sin dificultad, un segundo alcanzó a rozar su labio, ella cerró sus ojos por un instante, un tercer chorro cayó en su mejilla acompañado de un par más. Cuando sintió que había terminado, volvió a abrir los ojos, saboreó el semen que reposaba en sus labios y limpió mi pene con su boca.

Me recosté a un lado de la cama tal como ella había hecho en el jacuzzi. Eliminó el semen de su rostro con las sábanas y nos abrazamos por un rato.

Pasamos esa noche en el motel, su esposo la contactó un par de veces mientras estábamos juntos, lo hicimos hasta la madrugada y por la mañana del día siguiente nos bañamos juntos, listos para salir.

Lamentablemente, este fue el único encuentro que compartí con ella, intentamos coordinar un par más pero por su situación y la mía nunca lo conseguimos.

Si desean más detalles de esa noche, por favor déjenlos en los comentarios. Gracias por leer mi vivencia.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 3 / 5. Recuento de votos: 1

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com