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Un final de año muy caluroso en el gélido Budapest


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Pasaron unos minutos hasta que su respiración se calmó. Él se había marchado, pero su fragancia aún impregnaba el ambiente, dejándola aturdida por la intensa sensación de placer vivida. Su amiga dormía profundamente, se veía tranquila, el sueño le sentaba bien.

Con el transcurso del tiempo, el calor del momento dio paso al frío. Su cabello empapado carecía de secador, y al ser tan sensible al frío, sabía que si no se secaba el pelo, su cuerpo no se calentaría. Intentó conciliar el sueño, en vano. El frío aumentaba, comenzaba a tiritar; al consultar el reloj, eran las dos y cuarto. Cerró los ojos, esperando vencer al sueño, pero este se resistía. Cada vez que los cerraba, las imágenes del baño seguían invadiendo su mente...

La espuma en su pecho... la firmeza de sus manos aferrando su cintura... Trató de apartar esos pensamientos de su mente durante un rato, lo logró, pero regresaba la sensación de frío... Empezó a tiritar, las mantas no le proporcionaban calor, se sentía extremadamente incómoda. Sin pensarlo dos veces, salió de la cama, de la habitación, y se dirigió hacia la de él. La puerta estaba entreabierta y él se encontraba solo. Esa noche, todos estaban de fiesta y el lugar parecía desolado; en toda la planta, solo estaban ellos tres. El lugar resultaba inquietante, semejaba un manicomio abandonado o una casa de terror, con telarañas colgando del techo en el baño y ventanas rotas por las que penetraba el frío; resultaba increíble que allí habitara gente normalmente. Además del intenso frío, sentía miedo; su instinto predominó sobre su voluntad.

Afortunadamente, la puerta estaba abierta y él se hallaba solo en la habitación. Sus ojos necesitaron ajustarse a la escasa luz del cuarto, que apenas dejaba ver la cama donde alguien reposaba. Él estaba de espaldas, ella con cuidado levantó la manta y se deslizó en silencio a la cama. La cama resultaba pequeña, destinada a una sola persona, inevitablemente sus cuerpos se rozaron, ella llevaba un fino pijama de algodón. Él estaba en ropa interior, y al sentir el contacto de ella, comenzó a despertar y se giró.

Al girarse y abrir los ojos, aunque no podía verla, reconoció enseguida su aroma; entreabrió los párpados y pronunció el nombre con el que él la llamaba: ¿Eres tú? ¿Qué haces aquí? Ella explicó que no podía dormir por el frío y el miedo, y que si no entraba en calor se pondría enferma.

Él rodeó su cuerpo con los brazos y notó que su cabello estaba mojado, empapando la parte superior del pijama. Le indicó que debía quitarse la ropa húmeda para entrar en calor, y acto seguido la ayudó a despojarse de ella. Le dijo que se acercara y la abrazó contra su pecho. Ella temblaba, ya no sabía si era por el frío o por el contacto de su piel; él la tranquilizó, asegurándole que pronto entraría en calor. Permanecieron en silencio un rato y efectivamente, ella empezó a sentir calor; él acercó su rostro al suyo y preguntó: ¿Te sientes mejor? Ella asintió con la cabeza.

Si bien empezó a entrar en calor, sus pechos seguían sintiendo frío... Al estar tan cerca de él, su cuerpo reaccionaba de forma inevitable; intentaba no moverse para no rozar su cuerpo, pero estaban muy próximos. Él se acomodó ligeramente y sus cuerpos se fusionaron, percibiendo la firmeza y el calor de su entrepierna. Al notarlo, ella experimentó una oleada de calor y excitación que recorrió todo su cuerpo, deseando intensamente estar unida a él.

Él percibió la respuesta de su cuerpo y esto lo excitó aún más; no sabía cómo reprimir las enormes ansias de prolongar ese momento...

qué deseo tenía de tocarla. Deslizó su mano por debajo de su nuca para comprobar si su cabello seguía húmedo, y al hacerlo acercó su rostro al suyo tanto que podía sentir su cálido aliento justo en su boca, sin pensarlo, la besó y ella correspondió al beso con un suave gemido. Se movieron y sus cuerpos comenzaron a rozarse más, ella lo atrajo hacia sí y lo besó con pasión, sus manos, sus cuerpos se unieron, sus bocas se fundieron sin esfuerzo, la mano de él buscó el área íntima de ella bajo su pantalón y apartó de un lado sus prendas íntimas para acariciar su húmeda y cálida zona erógena que estaba totalmente empapada.

Ella bajó su ropa interior y la retiró con destreza, él se acercó a ella y a través del mismo hueco de sus prendas íntimas acercó su miembro que encontró rápidamente el punto adecuado. La punta entró sin resistencia y ambos se quedaron quietos por un momento, luego él empujó un poco más y con dos embestidas adicionales llegó hasta el fondo donde ambos enloquecieron de placer, él tomó su cabeza hacia él para seguir besándola mientras continuaba con sus embates con frenesí, ella estaba en otro mundo, extasiada por el placer, no tardaron mucho en alcanzar el clímax ya que la excitación era máxima y pronto ambos explotaron juntos de placer tratando de ahogar sus gemidos con besos apasionados.

Después de recuperar un poco el aliento, él le tomó la cara y le dio un beso dulce y apasionado al que ella respondió con la misma ternura, y le preguntó, ¿ya se te quitó el frío? Ella no pudo articular palabra y simplemente asintió con la cabeza, entonces él dijo, menos mal, si no tendríamos que repetir de nuevo, ella levantó la cabeza para mirarlo y ambos rieron. Ella recostó su cabeza en su hombro y él acarició su cabello por unos momentos antes de que ambos se quedaran dormidos.

Al amanecer, la luz del día se filtraba a través de la ventana, ella se despertó, se sentía muy cálida entre sus brazos y su aroma la envolvía, por un momento se quedó allí observándolo mientras dormía, luego, lentamente se escapó de entre las sábanas, se vistió y salió de la habitación, no sin antes dedicarle una última mirada y ruborizarse al ver lo hermoso que lucía mientras dormía.

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