Hace unos meses empecé a entablar conversaciones con uno de mis seguidores mexicanos, él se llama Brian y tiene 27 años, soy de Argentina como muchos ya conocen y mi nombre es Ana.
No creía que tendría la oportunidad de viajar a México hasta que recibí una inesperada propuesta de mi universidad. Me ofrecieron la posibilidad de estudiar en el extranjero durante unos meses, con todos los gastos pagados. Sin dudarlo, acepté y elegí ir al país de Brian.
Hoy, preparé mis pertenencias y me dirigí al aeropuerto de Buenos Aires para tomar un vuelo lo más pronto posible y reunirme con él.
El avión aterrizó en el aeropuerto de México unas horas después, ya era de noche cuando llegué, pero él estaba allí esperándome. Resultó ser aún más atractivo que en las fotos, con una espesa cabellera negra y rasgos faciales exquisitos. Vestía unos pantalones rojos y una camiseta negra bajo una chaqueta de cuero.
Una gran sonrisa se dibujó en su rostro al verme.
Corrí hacia él y me lancé a sus brazos, Brian me rodeó la cintura y me hizo girar mientras me daba múltiples besos.
"Querida escritora, no puedo creer que estés aquí", me dijo mientras tomaba mi rostro entre sus cálidas manos.
"Pero aquí estoy, contigo, y en este momento soy feliz", le respondí. Él no pudo resistirse y sus labios encontraron los míos en un beso apasionado. Sus manos acariciaban abiertamente mis caderas, sin importar quién nos observara, solo existíamos nosotros dos.
Tras separarnos, nos dimos otro beso rápido.
"Ven, vámonos a mi casa", dijo tomando mi mano.
En cuestión de minutos ya estábamos en su hogar. Me quité el abrigo y volvimos a besarnos.
"Debería mostrarte la casa, pero no puedo dejar de besarte", dijo Brian.
Nos dimos un último beso antes de recorrer su encantadora morada, hasta llegar a su habitación, la cual era impresionante. Las paredes estaban pintadas de rojo y destacaba un gran televisor frente a la cama. En un rincón, se encontraba un escritorio con carpetas y un mueble repleto de libros.
Me fijé en la cama con sábanas azules, una cama amplia de dos plazas.
"Tu habitación es preciosa", le dije.
"No tan hermosa como tú", respondió él, rodeando mi cintura y luego acariciando mis caderas, lo que desencadenó otro apasionado beso.
Brian recorrió todo mi cuerpo con sus caricias, retirando una prenda de ropa cada vez. Me hizo sentir la mujer más seductora del mundo con la intensidad de su mirada y desvistiéndome lentamente, hasta que ambos quedamos desnudos.
Entonces, Brian se tendió en el suelo de la habitación y me pidió: "Siéntate sobre mi rostro con las piernas abiertas, quiero complacerte con sexo oral". Seguí sus indicaciones, posicionando mi entrepierna sobre su boca, comencé a moverme y él exploró mi intimidad con su lengua, causándome un gemido profundo al sentir cada lambida.
Su lengua me llevaba a un placer intenso con cada movimiento circular en mi vulva, apreté mis piernas alrededor de él mientras colocaba sus manos en mis caderas.
Sentía el placer al frotar mi entrepierna contra su rostro, una sensación tan exquisita que me hizo llegar al clímax en cuestión de minutos.
Después de disfrutar del sexo oral que me brindó, era mi turno de corresponderle de igual manera.
Me coloqué sobre él y comencé a darle besos apasionados en el cuello, descendiendo lentamente hacia su pecho.
Deposité varios besos y acaricié con ternura su hermoso vello masculino usando mis dedos. Poco a poco fui descendiendo hasta llegar a la región de su pelvis, fue en ese punto donde comencé a lamer hasta alcanzar la cabeza de su robusto miembro, introduciéndomelo por completo en mi boca para acariciarlo con mis manos.
Recorrí toda su erección con las caricias seductoras de mi lengua, primero de forma pausada y manteniendo contacto visual, luego intensificando la intensidad hasta que él tomó mi cabeza y con su pelvis comenzó a moverse en mi boca para seguir mi ritmo del sexo oral.
Cuando estuvo a punto de llegar al clímax, no le permití que lo hiciera. Me senté sobre Brian y me introduje su miembro en mi vagina para empezar a cabalgar.
Él me agarró de las caderas y así empezamos a fusionarnos.
Esa hermosa habitación se transformó rápidamente en un paraíso exclusivo para nosotros, donde solo resonaban nuestros gemidos, los besos húmedos que yo le daba mientras él me penetraba; solo predominaban las sensaciones eróticas y la unión de nuestros cuerpos que encajaban a la perfección, su pene alojado en mi estrecha vagina se sentía exquisito.
Tras unos minutos, decidimos cambiar de postura.
Brian me levantó del suelo con gran delicadeza y me apoyó contra la pared.
Colocó una de sus manos detrás de mi nuca, enrollé mis piernas en su cintura y, con suavidad, inició la penetración. Observé fijamente la otra pared donde había un espejo.
-Quiero ver tu expresión de placer cuando eyacule dentro de ti- me susurró al oído para luego continuar con embestidas rápidas.
Permanecimos unos minutos en esta posición, no tardó en llegar al clímax debido a lo estimulante de la situación; la penetración contra la pared se sentía increíblemente profunda. Finalmente, Brian tuvo oportunidad de contemplar mi rostro mientras sentía su cálido semen en mi interior.
Nos recostamos en la cama, Brian me abrazó y experimenté una paz absoluta en sus brazos.
-No te vayas a tu hotel mañana.
-Es el que me asignaron en la facultad- le respondí mirándolo a los ojos.
-Quédate en mi hogar durante los cuatro meses de tus estudios, quiero compartir muchos momentos especiales contigo.
-Está bien, mañana realizaré una llamada para organizarlo. Creemos hermosos recuerdos juntos- le expresé tomándole la mano.
Correo electrónico: [email protected].
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