Como contable, me ocupo de las finanzas de varios comercios, sin embargo, nunca olvidaré el supermercado líder, donde conocí al encantador cajero Iván, quien resultó ser una persona muy especial para mí.
Ese día, el director del supermercado me llamó por teléfono, y de manera muy amable me pidió que me acercara al negocio para hablar con el responsable y que me mostrara la nueva mercancía que habían recibido. Quería que realizara un inventario de los productos recién llegados para posteriormente poder realizar un seguimiento de las ventas.
Cuando llegué al supermercado, solo había una caja donde se encontraba un joven delgado, con cabello marrón que tiraba a rojo, ojos algo rasgados y facciones muy hermosas, realmente atractivo.
Me acerqué a la caja y le dije: -Hola, soy Victoria Bonet, la contadora encargada de las finanzas de este supermercado.
-Hola, soy Iván. ¿En qué puedo ayudarte? -su voz era encantadora y su mirada tenía un brillo especial; desde el primer momento supe que ese chico era distinto a los demás, en el mejor sentido de la palabra, y eso me agradó mucho.
-Necesito hablar con el responsable.
-En este momento el responsable no se encuentra aquí.
-Bueno, necesito que me acompañes al almacén para poder contabilizar la mercancía recién llegada.
-Será un placer, sígame -me respondió, tomando mi mano entre las suyas, para mi sorpresa.
Al llegar al almacén, vi varias cajas de cartón. Me acerqué para observarlas mejor y él me dijo: -Aquí se encuentran los adornos para jardín que el jefe ha adquirido para la venta. Hay diez cajas de estos. Las cajas de la izquierda contienen cincuenta unidades de leche, mientras que las de la derecha contienen diversas bebidas alcohólicas.
-¿Es toda la mercancía que ha llegado esta semana para la venta?
-Sí.
-Por favor, indícame el precio unitario de cada producto -respondí, sacando mi libreta y tomando nota de los datos necesarios.
Él me proporcionó toda la información requerida y juntos realizamos el inventario de toda la mercancía contenida en las cajas.
-Hemos terminado -informé.
Me acerqué nuevamente a él para despedirme y me di cuenta de que ese chico parecía tener un aire intelectual pero también de modelo.
Le di un beso en la mejilla.
-Debo marcharme -dije, sin darme cuenta puse mis brazos alrededor de su cintura y le di un abrazo; posteriormente, él me correspondió con otro abrazo. En un instante me di cuenta de que aquel abrazo se había vuelto algo más íntimo por la manera en que nos mirábamos.
-Tu trabajo debe ser bastante agotador -comentó apretándome más contra su cuerpo.
-Me apasiona trabajar con números -respondí.
-Eres tan apasionada en lo que haces y tan hermosa -fue su respuesta. Se inclinó, debido a su altura, y me besó en los labios.
Enredé mis brazos en su cuello para acariciarle el cabello.
Llevó sus manos hacia abajo, llegando a mis caderas y las acarició mientras seguía besándome en ese almacén lleno de cajas.
Su lengua acariciaba suavemente mis labios a la vez que se entrelazaba lentamente con la mía. Después de que nuestro beso terminara, mis mejillas estaban sonrosadas, y a pesar de ello, volví a besarlo; no quería separarme de su boca.
Continuamos con nuestros besos hasta que acabamos tumbados en el suelo. Iván quedó encima de mí y comenzó a besarme el cuello, hasta que desabrochó los botones de mi camisa. Me quité el sujetador y él tomó uno de mis pechos en su boca para lamerlo.
Lo vi pasar su lengua por ambos senos mientras los acariciaba con sus manos. Al hacer esto, un mechón de pelo le caía sobre los ojos y sentí una ternura infinita por ese hombre que había
Personaje recién conocido y que estaba brindándome un placer erótico digno de mis mejores fantasías mojadas.
Descendió sus manos hasta mi zona abdominal y procedió a quitarme mis pantalones de mezclilla azules.
Retiró lentamente mis prendas íntimas y jugueteó con mi intimidad hasta penetrarme con uno de sus dedos, que se deslizaba con total facilidad en mi cavidad vaginal; al percatarse de ello, introdujo dos dedos más simultáneamente, lo que provocó que soltara un gemido que resonó fuertemente en el depósito. Iván me obsequió un beso en la zona vaginal y con sus dedos encontró mi clítoris, dedicándole mucha atención a la vez que abría mis pliegues y volvía a introducir sus dedos en mi interior.
Retiró sus dedos húmedos y cubiertos de mis fluidos vaginales, para luego girarme bruscamente, dándome una nalgada mientras comenzaba a introducir un dedo en mi parte trasera.
No pude concentrarme en el placer que su dedo me proporcionaba en mi ano, pero la pasión se intensificó cuando, tras unos instantes, también sentí su cálida lengua penetrando mi cavidad trasera con rapidez y dejando saliva en su trayecto.
Comencé a mover mi cadera sobre su rostro y pude observar de reojo lo adorable que lucía con la cara enterrada en mi retaguardia mientras me movía; una vez más, se mezclaban la dulzura con el placer sexual.
Al concluir la estimulación en mi trasero, Iván extrajo su miembro, lo que me llevó a ponerme a cuatro patas para recibirlo. Su pene era tan hermoso como él, incluso adornado con un poco de vello del mismo tono que su cabellera.
No pude apreciar mucho la belleza de su miembro, ya que con una única embestida me penetró analmente y comenzó a moverse en mi interior mientras me daba nalgadas al mismo tiempo.
Cada envestida de Iván hacía que todo mi cuerpo temblara y mis senos se movieran al ritmo de su penetración, disfrutando intensamente en ese momento.
Después de diez minutos, cambiamos de posición y comenzó a penetrar mi vagina; minutos antes había estado explorando con sus dedos y ahora tenía su exquisita erección dentro de mí.
Con ambas piernas sobre sus hombros, acariciaba mis muslos cada vez que se movía hacia adelante para penetrarme.
Inclinándose hacia mí, comenzamos a besarnos apasionadamente, sin detener sus movimientos, que incrementaban en intensidad al igual que nuestros besos.
Finalizamos los besos en el momento en que sentí su cálido líquido en mi interior; Iván sacó su miembro mientras eyaculaba, liberando el resto de su semen en mi abdomen y un poco en mis senos.
Tras el acto sexual, entablamos una charla para conocernos mejor, descubriendo que Iván compartía muchas similitudes conmigo. Era una persona distinta a las que había conocido en mi vida, por lo que me propuse hacer todo lo posible para no perderlo.
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