Cuando llegó la hora de descansar, el íntimo amigo de mi esposo se encontraba en la habitación acostado en la cama, yo salí brevemente al baño y me coloqué una sudadera y un diminuto tanga sin nada debajo. La sudadera apenas cubría mis glúteos, dejando al descubierto el tanga que llevaba. Al regresar a la habitación de esta forma, al voltearme, desde su cama percibió claramente el tanga que se perdía entre mis nalgas. Sin decir palabra, permití que disfrutara de la vista por un instante, pues me excita que me miren.
Luego me recosté a su lado, deslicé mi mano por sus muslos hasta llegar a su miembro erecto. Él permanecía en silencio, sin dudarlo me acosté sobre él y coloqué sus manos en mi trasero. Él me presionó hacia él para que sintiera su erección en mi zona íntima. Comencé a moverme sobre él con un gemido, a pesar de que él me decía "no deberíamos hacer esto", esas palabras solo aumentaban mi excitación y continué moviéndome, preguntándole de manera sugerente "¿estás seguro?". Al escucharme, apretó con más fuerza su miembro contra mi cuerpo y con sus manos me ayudaba en el movimiento.
Después de apartarme, sacó su miembro de sus pantalones y me arrodillé para llevarlo a mi boca y empezar a realizarle sexo oral, mientras lo miraba con un gesto atrevido. Él solo expresaba lo talentosa que era con sus palabras. Su excitación estaba en su punto máximo, luego me puso a cuatro patas en la cama, utilizó su cinturón para atar mis manos y guiar mi cabeza hacia la cama.
Después de retirar mi tanga lentamente, comenzó a acariciar toda mi intimidad, notando lo humedecida que estaba. Introdujo sus dedos y me masturbó hasta posicionarse detrás de mí. Sentí su miembro adentrarse en mi cuerpo con fuerza, gemí como nunca, sin parar de ser penetrada. Solo podía expresar "si continuas así no lo resistiré" y en ese instante llegué al clímax, apretando su miembro con fuerza.
Liberó mis manos y lo tumbé en la cama, me coloqué encima suyo para tomar el control. Comencé a moverme suavemente en círculos con su miembro dentro de mí, luego de arriba abajo sin descanso, sintiendo cómo mi cuerpo rebotaba. Él gemía de placer, comentándome lo bien que me movía.
Cambiamos de posición, él me colocó frente a un espejo que estaba al lado de la cama, se posicionó detrás y reinició la penetración. Yo también movía mis caderas mientras le expresaba mirándome en el espejo que quería que terminara en mi boca, apretando mis pechos y disfrutando del momento. Él estaba fascinado, mencionándome lo excitante que era mi expresión, y yo, entre risas, le pedía más intensidad.
Luego me puso de rodillas mientras continuaba realizándole sexo oral. Me hallaba como una mujer liberada, con el miembro del mejor amigo de mi esposo en mi boca, experimentando un placer indescriptible. Le dije "grábame mientras te complazco, quiero recordarlo y excitarme cuando no estés aquí".
Sin resistirse, comenzó a grabarme mientras me acariciaba, me deleitaba y me grababa complaciéndolo con una destreza envidiable. Sentí cómo liberaba su esencia en mi boca, saboreando cada gota, limpiando mi rostro con mis dedos y no desperdiciando ni una pizca de su néctar. Él me miró asombrado, mencionando que nunca había estado con una mujer tan ardiente como yo, guardando el vídeo. Mientras tanto, su tío escuchaba mis gemidos y lamentos desde la sala, sin duda disfrutando del espectáculo.
Yo, por mi parte, aún me estimulo en privado pensando en aquella noche y viendo el vídeo. Pero ahí no termina todo, pues el amigo de mi esposo y yo continuamos con conversaciones sensuales por mensajes e incluso videollamadas, mientras mi esposo sigue ignorante, pensando que solo nos llevamos bien, sin sospechar lo ocurrido aquella noche.
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