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Engaño de mi novia con su compañero de estudios


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Esta es la primera historia que voy a compartir y es completamente verídica, cuando mi novia me fue infiel con su amigo de la universidad, ocurrió hace aproximadamente 10 meses. Espero no resultar tedioso.

Me llamo Andrés, tengo 22 años, y en ese momento mi novia, llamada María, contaba con 19 años. Llevábamos un año de relación, es de estatura baja, de tez blanca, con pechos pequeños pero bien formados, y un trasero que llama la atención de cualquiera que la vea.

Todo empezó un día en que mi novia me propuso ir a una fiesta a la que la habían invitado desde la universidad, donde también estarían amigos suyos. Era el típico evento organizado. Llegó el fin de semana y por la noche nos recogió una amiga. Mi novia llevaba puesta una blusa que dejaba su ombligo al descubierto y una falda corta ajustada que resaltaba su buen trasero, lucía muy sensual pero, en definitiva, estaba conmigo. Llegamos a la fiesta, estuvimos bailando con sus amigos, nos divertíamos y la estábamos pasando bien, hasta que la mayoría empezaba a sentir los efectos de las bebidas alcohólicas.

Un amigo la invitó a bailar y yo acepté, ya que lo conocía un poco al estudiar con ella. Me quedé bailando con su amiga. Mientras bailábamos de forma normal, noté que mi novia comenzaba a acercarse a su amigo, colocándose de espaldas a él, pude ver cómo la abrazaba por la cintura y en ciertos momentos rozaba su pene en su trasero. Sentí cierta mezcla de celos y morbo, por lo que accedí a hacer lo mismo con la chica con la que bailaba. Era la primera vez que algo así sucedía y creo que las bebidas poco a poco comenzaban a surtir efecto.

Mi novia y su amigo continuaban con su interacción, él la abrazaba por la cintura, con su miembro rozando las nalgas de mi novia. Mientras tanto, su amiga y yo hacíamos lo mismo, sintiéndome algo excitado. Cuando me informaron que regresarían para tomar más bebidas, yo seguía bailando, pude notar que el chico estaba pegado atrás de ella, realizando movimientos con su miembro y mi novia seguía sus movimientos con las nalgas, no era solo baile, estaban coqueteando mientras esperaban las bebidas.

Al regresar, no dije nada, pero cuando nos quedamos a solas, discutimos debido a mi molestia y al encontrarse ella ya un tanto ebria. Ya era tarde, y también me sentía mareado, así que me quedé un momento sentado. Mi novia continuaba bailando con sus amigas, de repente desapareció y una amiga me informó que estaba borracha y se dirigía al baño. La seguí, pero me percaté de que subía las escaleras hacia el segundo piso, donde se encontraban las habitaciones. Revisé y vi en una de ellas al amigo con el que había bailado, besándose con mi novia y agarrándole las nalgas.

Permanecí en un lugar donde no pudieran verme, pero desde donde podía observar y escuchar. La situación me excitaba y sabía que algo más podía ocurrir, dado su estado de embriaguez. Mi novia permitió que le subiera la falda y él comenzó a tocarla, diciendo cuánto le gustaban sus nalgas. Luego, ella empezó a acariciarle el pene por encima del pantalón, continuaron de esa manera hasta que mi novia sugirió que podía practicar sexo oral con él, pero rápido, ya que su novio, es decir, yo, estaba abajo esperando y no quería levantar sospechas de que le estaba siendo infiel con un amigo de la universidad.

De por sí, mi novia ya me había sido infiel al besarse con su amigo y dejarse tocar las nalgas, pero lo que siguió fue aún más grave. Se arrodilló frente a él, le bajó los pantalones y empezó a practicarle sexo oral, introduciendo todo su miembro en su boca y alternando con caricias manuales. Estuvieron así alrededor de cinco minutos, ya no quería presenciar cómo mi novia le practicaba sexo oral a su amigo, así que me fui. Ella tardó otros 10 o 15 minutos y salió, eran alrededor de las 3 de la madrugada y nos dirigimos a casa.

En todo el camino no sabía qué decir, pensando en lo que pudo haber ocurrido, incluso la euforia causada por las bebidas se me había pasado. Llegamos a casa, hablando.

Le cuestioné acerca de lo sucedido y se negaba a admitirlo, argumentando que solamente había ido al cuarto de baño para vomitar debido a que se sentía mal. Me vi en la obligación de mencionarle lo que presencié y finalmente confesó haberle practicado sexo oral a su amigo. No obstante, en ese momento me quedé sin palabras y solo le pedí que me contara los hechos.

Comenzó explicando que mientras bailaban, se excitó al sentir el miembro erecto de su amigo entre sus glúteos. Este último le expresó que le parecía atractiva y que le gustaban sus nalgas, por lo que la instó a subir a un lugar apartado para hacer algo. Mi pareja accedió, se dejó besar y tocar, perdiendo el control por completo al ver el pene de su amigo, el cual comenzó a estimular oralmente. Según ella, el efecto del alcohol contribuyó a que perdiera aún más la compostura. Lo curioso es que, mientras me relataba la situación, comencé a excitarme y mi miembro se puso erecto, experimentando una sensación nueva y desconcertante.

Posteriormente, narró que su amigo no pudo contenerse y expresó su deseo de tener relaciones sexuales con ella sin demora ni protección. La colocó contra la pared, le bajó la ropa interior y, separando sus glúteos, la penetró vaginalmente. La acción continuó con un movimiento rítmico de entrada y salida, mientras ella gemía extasiada hasta culminar con la eyaculación de su acompañante.

Salieron apresuradamente para encontrarme afuera, momento en el cual el amigo le envió un mensaje elogiándola y mencionando lo bien que la habían pasado juntos esa noche. Ella confesó que disfrutó la experiencia y que le gustó cómo se desarrolló, algo que también despertó mi interés al escucharlo, aunque no logro imaginar cómo me habría sentido si hubiera presenciado con mis propios ojos cómo su amigo se entregaba a mi pareja.

Hay más relatos acerca de una fantasía que se hizo realidad, espero que este les haya gustado.

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