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¿Qué harías tú conmigo? (parte 1)


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Únicamente me planteó la pregunta "Qué harías conmigo".

Soy nuevo aquí, me llamo Miguel y quiero compartir mi primera historia. Tengo 53 años, conservo bien mi físico, mido 1.70m, peso 85 kg, cabello corto y castaño, ojos marrones. Como podrían describirme, soy una persona común y corriente. Decidí animarme a escribir porque siempre leo y disfruto de sus experiencias.

Trabajo como encargado en un comercio, y tengo una colega llamada Silvia que es 10 años más joven que yo. Llevamos 8 años laborando juntos, tiempo suficiente para conocernos en profundidad y compartir secretos e intimidades.

A lo largo de nuestra colaboración, nuestras charlas a veces adquirían un tono sugerente, pero nunca traspasamos esa línea. Ambos estamos casados, quizás por eso nos deteníamos siempre en el límite. En más de una ocasión, nos fuimos a casa con un fuego interior encendido.

Un día, debido a una manifestación, todos los comercios de la zona tuvimos que cerrar por seguridad durante todo el día. Aunque planeábamos irnos temprano a casa, escuchamos gritos y alboroto en la calle. Decidimos esperar a que la situación se calmara. Le sugerí a Silvia que llamara a su esposo para que no se preocupara, y me ofrecí a acompañarla a su casa una vez que pudiéramos salir.

El tiempo pasaba y nos quedábamos sin temas de conversación. Le pregunté si quería que le preparara algo en la cocina, a lo que ella respondió: "¿Y tú qué harías conmigo?"

Ese silencio me indicó que había llegado el momento que estaba esperando. Le propuse a Silvia: "Ven conmigo y te lo mostraré". Ella rió, pero pude notar un destello travieso en su mirada.

Mientras esperaba a que Silvia viniera a la cocina, se me ocurrieron muchas ideas, pero también me invadió la duda de si todo era solo producto de mi imaginación y si estaba a punto de meter la pata.

Los cinco minutos que transcurrieron hasta que Silvia llegó se me hicieron eternos. Mis nervios estaban a flor de piel, como si fuera la primera vez.

Finalmente, escuché su voz: "Aquí estoy, ¿qué sigue?"

Al oír eso, decidí que no había vuelta atrás. La miré fijamente a los ojos, recorrí con la mirada todo su cuerpo y noté que se había desabrochado dos botones de su camisa, dejando entrever su escote. Me acerqué y le besé los labios para ver su reacción. Correspondió el beso con más pasión de la que esperaba; sus labios estaban cálidos, al igual que nuestra mutua atracción.

Después de un beso apasionado, me separé, la miré a los ojos y le pregunté: "¿Estás segura?"

Ella me respondió con otro beso aún más intenso. En ese momento, mi excitación estaba en su punto máximo. Comencé a acariciar su espalda, presionándola hacia mí para que sintiera mi deseo, y ella me correspondió empujándome, demostrando que me quería cerca. Ambos estábamos ardiendo. Le quité la camisa para acariciar su piel suave y perfumada, lo cual me excitó aún más.

Empezamos a desabrocharnos las camisas torpemente y con rapidez, revelando un sostén de encaje blanco que realzaba su hermoso busto. Me deshice de él para contemplar sus pechos blancos con pequeñas aureolas oscuras y pezones erectos. Los apretaba con mis manos mientras ella se movía disfrutando de mis caricias.

Sesiones de masaje.

Incliné mi cuerpo para saborearlos, mostraban una suavidad incomparable, ya percibía su respiración entrecortada y observaba cómo se mordía el labio para sofocar sus gemidos y evitar que nos escucharan, aunque estábamos solos. Mientras disfrutaba de sus senos con una mano, desabroché su pantalón y lo dejé caer al suelo, el aroma a sexo que emanaban sus fluidos ya era perceptible. Su tanga se veía húmeda al tocarla sobre la tela, dio un respingo, estaba muy excitada. Bajé su tanga mientras me inclinaba.

Coloqué mis labios sobre su pubis y descendí lentamente, abriendo un poco sus piernas para saborear su deliciosa entrepierna totalmente depilada. El roce de mi lengua provocó un gemido que no pudo contener, en ese momento experimentó su primer orgasmo, agarró fuertemente mi cabeza y me empujó con firmeza para adentrar mi lengua en lo más profundo de su interior. Sus fluidos brotaban cada vez más, y yo los saboreaba con placer, escuchando sus gemidos sucesivos.

"¡Ahhh, sí, sí, quiero más, no pares!" -me rogaba, sin que tampoco yo tuviera la intención de detenerme.

A pesar de mi propia excitación, mi erección era incontenible, a punto de estallar incluso con los pantalones puestos.

Cuando se recuperó un poco, me hizo levantar y me colocó frente a ella. Nos besamos para mezclar nuestros fluidos, disfrutándolos mutuamente.

Mis manos continuaban acariciando su cuerpo, se separó de mí y me dijo que ahora me tocaba a mí disfrutar. Comenzó a mover su cuerpo frotándolo contra el mío, desabrochó mi pantalón en el acto, lo cual me produjo un alivio momentáneo. Me miró y comentó que mi amigo también parecía no aguantar más, bajó de un tirón mi pantalón y mis bóxers, y sentí un alivio genuino al ser acariciado por sus manos. Me sentía en la gloria con Silvia, la había deseado durante mucho tiempo y al parecer, ella a mí también.

Me dio otro beso y me dijo que volvía, comenzó a besarme el cuello, descendiendo lentamente por todo mi cuerpo hasta llegar a mi pene erecto y duro como una roca en ese momento. Lo besó en la punta mientras me miraba, lucía una expresión traviesa. El placer que me provocaba era indescriptible, sentía cómo expertamente jugaba con su lengua, saboreándolo y, poco a poco, lo introducía en su boca mientras apretaba mis testículos con fuerza y los acariciaba.

¡Uff, una sensación realmente indescriptible!

En un instante, se tragó por completo mi pene durante unos segundos, me miró y me guiñó un ojo, hasta que escuché un arcada. Lo retiró y un hilo de saliva unía su lengua con mi miembro, lo escupió y lo volvió a introducir de un solo movimiento una vez más. Repitió esta acción varias veces, era una sensación maravillosa contemplarla desde mi posición.

Estaba tan ardiente que la agarré por la nuca con ambas manos y aceleré el movimiento, ella no se resistía. Estaba a punto de eyacular, se lo informé, pero ella no sacó mi pene de su boca, lo cual me excitó más y no pude contenerme. Nunca imaginé que pudiera liberar tanta cantidad de semen con una sola felación, pero lo disfruté. Ella se lo tragó todo con una expresión de placer, se incorporó frente a mí y nos besamos con intensa lujuria una vez más.

Ambos estábamos agotados y excitados a la vez, con ganas de continuar, y así lo hicimos.

Pero eso se los reservo para la próxima vez, no deseo extender demasiado este relato. Además, al contarlo revivo cada momento vivido.

Si les ha gustado, pueden decírmelo y les narraré cómo continuó.

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