Hace un tiempo considerable desde mi última actualización en este lugar, pero considero que esta ocasión lo justifica. He pasado un periodo alejado de relaciones amorosas y encuentros pasajeros, enfocándome en mi crecimiento personal, descubriendo nuevos entornos y personas. Sin buscarlo, apareció alguien especial en mi vida. Fue en el trabajo, cuando se contrató a una empresa para realizar ciertas instalaciones, y me correspondió supervisar dicha labor, momento en el cual lo conocí.
Su nombre era Javier, el ingeniero a cargo. Nuestras miradas se cruzaron en varias ocasiones y surgió una chispa instantánea. Debo reconocer que físicamente me atrajo de inmediato, era alto, delgado y con la piel bronceada, lo que me llevó a suponer que pasaba mucho tiempo bajo el sol debido a su trabajo. Sin embargo, lo que más me cautivó fue su sonrisa y su carácter, que a pesar de ser generalmente serio, mostraba respeto y responsabilidad con los trabajadores. La labor se completó rápidamente y para mi suerte, me tocó llevarlo de regreso a su empresa en mi vehículo.
En el trayecto conversamos y intercambiamos números. A partir de ese día, comenzamos a comunicarnos diariamente. Era un hombre sumamente respetuoso y encontrábamos afinidades en casi todos los aspectos. En una tarde de viernes, decidimos ir al cine a ver una película de terror y la pasamos increíble. Descubrí aspectos de su vida, como el hecho de que al igual que yo, llevaba varios años sin mantener ninguna relación. Poco a poco, todo comenzó a encajar.
Esa noche, después de la película, nos dirigimos a un café y mantuvimos una conversación profunda sobre la vida. Descubrimos que habíamos pasado por situaciones muy similares, y al despedirse en la puerta de mi casa, me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Se notaba que ninguno de los dos quería apresurar las cosas, lo cual me encantó. Los días pasaron y cada vez nos abríamos más el uno al otro.
Casi a las dos semanas de habernos conocido, ocurrió nuestro primer beso. Fue en un bar, mientras disfrutábamos de un pequeño espectáculo de artistas locales y unas cuantas cervezas. Aquella noche fue increíble. Con el paso de los días, solíamos pasar las tardes juntos en mi departamento. Aunque nuestros besos iban tornándose más apasionados, tanto él como yo evitábamos apresurar las cosas y terminar en la cama, disfrutando de la tensión. Aunque como sabrán, eso no suele durar mucho.
Después de un mes y algo más desde que comenzamos a salir, un día las cosas tomaron un rumbo diferente. Tras un día complicado en el trabajo, su compañía logró hacer que olvidara mis preocupaciones. Comenzamos a besarnos tiernamente como de costumbre, pero en mi mente sabía que valía completamente la pena dar un paso más con él. Así que, cuando las caricias y los besos se intensificaron, en lugar de detenernos, decidí que era el momento adecuado.
Comencé por subirme la camiseta y lo invité a explorar con sus manos y su boca. Hacía tiempo que no sentía el contacto de unas manos en mi piel, y fue una sensación indescriptible que me provocaba un agradable cosquilleo. Puse su rostro sobre mis senos y empecé a acariciar sus orejas y su cabello con besos. Lentamente, se dirigió hacia mis pezones, y la sensación fue maravillosa. Sus manos descendieron desde mi espalda hasta mis nalgas, apretándolas con firmeza. No pudimos resistirnos más de cinco minutos y decidí llevarlo a mi cama. En el trayecto, me preguntó si estaba segura, a lo que respondí afirmativamente.
Una vez en mi habitación, nos desvestimos con ansias y urgencia. Pronto estábamos desnudos y me recosté en la cama. Comenzó a besarme desde el cuello hacia abajo, deteniéndose en mis pechos por un buen rato. Los lamió, besó e incluso succionó mis pezones con intensidad, hasta que...
Podía percibir la humedad que tenía y sinceramente no pude aguantar más, susurré al oído que deseaba tenerlo dentro de mí, y para dejar en claro mi deseo, tomé su miembro y lo humedecí con un poco de saliva para colocarlo sobre mi vagina, instándolo a penetrarme completamente, y así sucedió.
Él inició con calma y gradualmente fue aumentando el ritmo, yo contraía fuertemente por dentro para sentir con mayor intensidad sus embestidas, pero no tardaron mucho, me preguntó cómo lograba apretar tanto, ya que para él era algo desconocido que lo llevaba rápidamente al clímax, le dije que no importaba, que terminara, por lo que él acabó fuera de mí, con un gran deseo insatisfecho.
Él se dirigió al baño y regresó en unos minutos, sin tapujos le cuestioné cuánto tiempo necesitaría para recuperarse, sonriendo me respondió que 10 minutos, a lo cual accedí y, esta vez, lo arrojé sobre la cama y me monté encima de él, comenzando a besarlo apasionadamente, en su cuello y sus orejas, descubriendo su alta sensibilidad en esas zonas, aprovechándome al máximo, logrando excitarlo rápidamente y reanudar el acto sexual.
Me levanté de la cama y me dirigí a un rincón de mi habitación donde guardaba mis cosméticos, poniéndome de espaldas a él, inclinándome y sujetándome a una silla que había allí, al verlo, le indiqué que continuara cuando estuviera listo, inmediatamente se levantó y sin dudarlo comenzó a penetrarme vigorosamente, sin piedad, con embestidas intensas que resonaban en la habitación, haciéndome gritar de placer.
Llegó un punto en el que deseaba que se detuviera, ya que mi cuerpo no resistía más y mis piernas temblaban, pero él no cesaba, provocándome un intenso orgasmo que me hizo retorcer del placer, continuando con sus embestidas finales hasta culminar sobre mi espalda, una experiencia extremadamente placentera pero que me dejó exhausta.
Tras unos minutos, noté que todo mi cuerpo dolía, dándome cuenta de que no podría repetir esa noche ni en varias más, lo que convirtió esa velada en memorable de forma espectacular.
Finalmente, nos recostamos en la cama y charlamos un rato, hasta que él se quedó dormido y yo me sumergí en pensamientos sobre lo maravilloso que había sido todo, a pesar de acabar con molestias por días, si me pidieran revivir esa noche, lo haría sin dudarlo.
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