Acaba de ocurrirme algo. Esta tarde me despidieron del trabajo, así que decidí regresar a casa para encerrarme y llorar, sin querer tener contacto con nadie. En ese momento, un sujeto de 26 años con el que había tenido encuentros placenteros algunos años atrás, me envió un mensaje diciendo que quería tener relaciones sexuales. Al principio me resistí, no tenía ánimos, pero llevaba tanto tiempo sin tener intimidad que finalmente acepté... con la condición de que primero me llevara a la oficina a recoger mis cosas restantes.
Después de recoger mis pertenencias en su vehículo, tomamos unas cervezas y nos dirigimos a un motel conocido en las afueras de la ciudad donde vivo. Durante el trayecto, ya estaba excitada y al llegar al hotel no podía esperar más, necesitaba sentirlo dentro de mí. Soy una mujer de 1.62m, con curvas, buen trasero y pechos pequeños, de tez morena y cabello rizado.
Al llegar, puso música, conversamos un poco, tomamos más cervezas y de repente se bajó los pantalones ¡Qué sorpresa! Tenía un pene grueso y delicioso completamente erecto, ansioso por ser disfrutado. Me acosté en la cama, él se colocó encima de mí, abrí mi boca deseando probar ese miembro tan apetecible, ¡Sabe delicioso! Estuve unos 5 minutos complaciéndolo oralmente, sus gemidos me excitaban enormemente, mientras lo hacía, lo sujetaba con mi mano izquierda y con la derecha estimulaba mis pezones. Sus dedos entraban con facilidad en mi vagina, que estaba muy húmeda, acariciaba mi clítoris y a medida que sentía más placer, más intensamente lo estimulaba. Repentinamente, experimenté mi primer orgasmo con su pene aún en mi boca, llené su mano con mis jugos y me los hizo probar, sabían exquisitos.
Él estaba completamente desnudo, mientras yo aún tenía puesta una camiseta, leggings, ropa interior empapada y sostén, me desnudé y le pedí que me penetrara. Me tumbé boca arriba, acariciando mis pezones erectos, abrí mis piernas y le dije "Ven, ponte el preservativo y hazlo". Sin dudarlo, me abrió completamente y introdujo su soberbio y grueso pene en mí. Elevó mis caderas, me estimulaba el ano con un dedo, con la mano libre apretaba mi pecho mientras mordía el otro, yo gemía de placer, estaba llegando a un estado de éxtasis. Sentir sus dedos, dientes y pene simultáneamente me hizo alcanzar el clímax en varias ocasiones, pero no quería que terminara, así que le dejé continuar. Su pene golpeaba mi vagina en cada embestida, cada gemido suyo, cada mordida en mis senos, su pulgar masajeando mi ano y clítoris, experimenté varios orgasmos más hasta que le pedí cambiar de posición.
Acordamos variar la postura. Me puso boca abajo con las piernas entreabiertas, se situó encima de mí y me penetró. Mordí la almohada y sofocaba mis gemidos, me penetró así por un tiempo mientras acariciaba uno de mis pechos y gemía en mi oído, el sudor de su rostro y cuello caía sobre mi espalda y hombros, ¡Qué sensación! "Inclínate, quiero tomarte en cuatro, amor, quiero ver tus nalgas rebotando mientras te penetro", sin pensarlo, adopté la posición, dejando mi trasero en alto, me situé frente al espejo de cuerpo entero para que pudiera observar cómo lo hacíamos y le dije "Hazme tuya suavemente". Sentía su pene abriéndose paso poco a poco en mi vagina empapada, cada embestida me hacía gemir mientras él exclamaba "¡Qué delicia de trasero, nena!" "¡Sí, más profundo, mi amor!" Seguía penetrándome con más firmeza y, con cada embestida, aumentaba mi excitación.
Finalmente, cuando me penetró por completo mientras me veía en el espejo, mis gestos de placer eran evidentes, solo podía aferrarme a la almohada y gemir y gritar por el placer que experimentaba. "¿Quieres llegar, mi amor?" me preguntó. "Sí, mi amor, hazme llegar de nuevo", así que intensificó sus movimientos y con
Con un dedo acariciando mi clítoris, perdí el control, gemía de placer, estaba extasiada. De repente, sentí la urgencia de orinar y, asustada, le grité "Amor, me haré pipí, espera, amor". En lugar de detenerse, él intensificó sus caricias, sus dedos se sumergían en mi vagina y me penetraba con más fuerza, así que grité y experimenté un chorro tan intenso que mojé las sábanas. Sin detenerse, me dijo "Qué delicioso orgasmo tuviste, mi amor, pero ahora me toca a mí" y continuó embistiéndome con fuerza mientras nos mirábamos en el espejo, hasta que sentí que su cuerpo temblaba.
Nos recostamos y me acurruqué en su regazo. Sé que en un encuentro casual no es lo usual, pero realmente necesitaba cariño, así que nos quedamos abrazados un rato. Busqué sus labios y nos besamos hasta que me volví a excitar ¿Te gustaría que te acaricie? Le pregunté, a lo que él respondió afirmativamente, abrí mis piernas y coloqué su mano en mi pubis, acarició mis labios y penetró mi vagina estimulando mi clítoris y mi ano. Luego bajó su cabeza y comenzó suavemente a besar mis senos, lamiendo y mordiendo mis pezones mientras los acariciaba con la mano libre, cerré los ojos y me dejé llevar. ¡Qué delicia tan placentera! Mientras me besaba apasionadamente, seguía brindándome placer hasta que sentí una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo. ¡Otro orgasmo! Retiró sus dedos de mí mientras observaba mi disfrute.
Después de ducharse, me vestí y me acompañó a casa, sé que no lo volveré a ver porque recordé que necesito buscar empleo
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