0%

Valeria, un relato de renacimiento (parte 1 a)


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

Mi existencia, mi relato. Hoy cuento con 36 años y desde hace casi 12 resido en la bulliciosa Buenos Aires. Decidí trasladarme hasta aquí siguiendo mi gran pasión: la gastronomía. Dejé atrás mi localidad, a 600 km de distancia, con el sueño de convertirme en chef.

Todo esto tiene inicio en el año 2008.

Durante mis primeros días en la ciudad, en una noche en un bar en compañía de mi hermana y sus amigas, tuve el placer de conocer a mi actual pareja. Todo empezó en aquel momento en que acababa de llegar, con esa ilusión por la cocina y la búsqueda de un cambio en mi vida.

No obstante, mi llegada a Buenos Aires coincidió con un período complicado. Un año y medio antes, perdí a mi padre, quien era el pilar más importante en mi vida. Él era mi cómplice, mi apoyo incondicional. Su partida desequilibró a nuestra familia, perdimos la dirección que un hombre, un líder, un padre, suele proporcionar naturalmente. Quedamos mi madre sola, con tres hijas. Mi mamá trabajaba como empleada de limpieza en el hospital de nuestra localidad.

Siempre fuimos una familia que enfrentaba adversidades y a mí, debido a mi reserva, me costaba entablar amistades. La escuela tampoco era lo mío; repetí un año (pero esto, ¡entre nosotras!). Y para sumar más desafíos, me diagnosticaron diabetes tipo 2, lo que suponía inyectarme insulina varias veces al día para controlarla.

Hago un alto aquí para describirme y que así puedan entenderme mejor: de tez muy clara, mido 1.58 m, con una contextura robusta, peso 80 kg, con un buen busto, algo de vientre y un pliegue sobre la zona genital, un trasero grande y firme por haber practicado hockey en mi infancia, piernas anchas, fuertes y musculosas, cabello castaño claro natural hasta la cintura.

Regresando al año 2008... El bar... Yo bailando (no soy demasiado hábil, pero con unas copas el cuerpo se mueve con ritmo). Veo que se acerca un grupo de jóvenes, más o menos de mi edad, en torno a los 21 casi 22 años... Y el que se me acerca me sorprende... Alto (1.95 m), corpulento, amigable. Se aproxima a mí y me dice: "Hola, hermosa". Me sentía emocionada y llena de ilusión, tan nerviosa que no sabía cómo responder. Me costó tanto reaccionar que parecía que hablaba para mi interior, hasta que él se acercó y me dejé llevar. Le respondí con nerviosismo, riendo tontamente.

Desde ese momento de vergüenza hasta entablar una conversación, entregarme a sus caricias, besos, besar con pasión, sentir su miembro erecto contra mí... De estar en plena pista de baile del bar a quedar en un rincón, yo contra la pared... Y él sobre mí, ese hombre corpulento que me tenía acorralada. Todo lo que decía me ponía nerviosa, riendo como una tonta.

Nunca me sentí tan deseada, tan viva luego de tanto tiempo que él me estaba dominando por completo. Me tenía besando mi cuello. Me sacó un pecho del escote y lo chupaba mientras yo ansiaba que me llevara a un hotel. Pero NO... me dijo que debía irse y yo. ¿Cómo? Pero. Me dijo que si me marchaba me dejaba su número... Lo anoté en mi viejo celular, un Nokia 1100. Al mirarlo a los ojos después de apuntar su número de teléfono, me besó y se fue... Y allí me quedé contra la pared, con un pecho medio fuera, confundida y lo peor... Parecía que me había mojado, tan empapada, pegajosa y excitada estaba que sentía incluso la humedad en la entrepierna, en los muslos... casi diría que en el bar se percibía el olor a excitación femenina.

No sabía cómo reaccionar, y, mientras tanto, el resto de los chicos que estaban en el bar cerca de donde besaba a mi futuro compañero aprovecharon que el príncipe azul dejó a su pareja rellenita.

Antes de poder acomodar mi ropa, uno de los chicos del grupo de amigos de él, dejó de hablar con las amigas de mi hermana y al decirme lo linda que era, me besó en los labios y, sin poder decir No... quedé besándome con él como si fuera un.

Mi pareja me estaba diciendo cosas que me excitaban aún más.

Lo más inesperado fue cuando decidí seguir la propuesta del amigo de mi novio (cuyo nombre es Nacho) de ir a comer una hamburguesa a una plaza y charlar. Acepté porque ya estaba cansada del ambiente del bar, el humo, el alcohol y el calor que se sentía. Subí a su vehículo, que resultó ser el auto de su padre, un Peugeot 505 azul que utilizaba como remís ilegal. Dimos algunas vueltas por el centro, pasamos por varias plazas y me propuso que pagara yo, a lo que respondí que no podía porque había salido solo con el dinero necesario. Entonces me comentó que iríamos a su casa a buscar su billetera, regresar al centro, comer una hamburguesa y luego me llevaría a casa.

Aquí paso a relatar lo ocurrido y a reírme de la situación:

¿Crees que fuimos directamente a la casa de Nacho para que tomara su billetera y luego fuéramos a cenar antes de llevarme a casa?... NO

¿Crees que le sugerí que sería mejor regresar a mi casa en lugar de comprar hamburguesas?... NO

Te cuento cómo terminó todo... En la habitación de Nacho, que se trataba de una casa muy sencilla con paredes de madera. Estaba situada entre la habitación de su padre a la derecha y la de su abuelo a la izquierda. Y yo... ¡Ja! En una cama de una plaza sin sábanas, mordiendo una almohada para no dejar escapar mis gemidos, mientras Nacho me penetraba con fuerza de manera directa por la vagina.

¿Te imaginas cómo acabé? Te lo diré: al llegar a su casa, Nacho me pidió que saliera del auto debido a que el vecindario era peligroso, oscuro y bastante inseguro. Estaba ubicado lejos del centro de la ciudad, casi a 40 cuadras del bar donde nos encontrábamos, y aún más lejos del departamento que compartía con mi hermana.

Cuando entré a la casa, la situación no era sencilla: no había vereda y el terreno estaba embarrado a causa de la lluvia que había caído al mediodía. Además, se trataba de una vivienda pequeña de madera. Al entrar, Nacho me indicó: 'No hagas ruido, no digas nada y vamos a mi habitación a buscar la billetera'. A pesar de mi duda, le dije que no, a lo que él respondió: 'Vamos, es lo mejor, no quiero que ni mi padre ni mi abuela te vean aquí en la sala si van al baño'.

Acepté entrar en la habitación y en cuanto cerró la puerta, se rió y me dijo 'vamos'... Y este 'vamos' fue porque se desnudó y me mencionó que no habría hamburguesas, pero sí algo más explícito. Me sorprendió mucho. Siempre he sido complaciente, así que me puse de rodillas, él se sentó en el borde de la cama y Nacho fue muy claro en sus acciones... 'Vamos, cariño, hazme sexo oral', me dijo al acomodarse de un modo desagradable, con un aroma desagradable y la zona genital sin limpiar. A pesar de esto, comencé a realizar la acción: me agarró la zona de la mejilla y frotó su genital en mi rostro, luego me pidió que realizara ciertas acciones con su miembro. Nacho se aferraba a las sábanas, suspiraba y me llamaba de cierta manera mientras realizaba el acto.

En un momento, me pidió que estimulara sus genitales lentamente y con cuidado. Continué con esa dedicación, introduciendo ambos testículos en mi boca y humedeciéndolos, con la desagradable sensación de sus vellos en mi lengua. Nacho detuvo la acción, se levantó, me cuestionó si disfrutaba realizando sexo oral y me propuso otra práctica, colocándose en una posición particular. Como soy una persona dispuesta, me animé a hacerlo, aunque debo decir que la zona estaba salada y velluda. Lo que resaltaría de mí en este momento es que soy servicial y realizo las cosas con dedicación, así que procedí a realizar la acción solicitada con entusiasmo.

trasero y ahí el no, no, no vale, ¡detente! Vamos que te agarro, me dice, y yo bueno dale.

Me desvestí, estaba sudada del calor que hacía y la tanga empapada de toda la noche... Me recosté, me abrí de piernas, le pedí unos besos que me dio y le dije que me siguiera besando y me chupara la vagina. Su respuesta fue "en un rato", pero antes le dije ¡detente! ¡Detente! ¿Tienes condón? Y me dijo que sí, mostrándomelo entre la poca luz. Confié en él y le dije "adelante". Me puse en cuatro en la cama y empezó a penetrarme, a darme nalgadas y a que la verga se resbalara por lo mojada que estaba mi vagina. Me decía que era muy caliente y que tenía la vagina muy húmeda y caliente, entre embestidas, pidiéndome que no hiciera tanto ruido gimiendo y obligándome a morder la almohada. Nacho me agarró del pelo, me volvió a dar nalgadas y yo le pedía que no me golpeara tan fuerte en el trasero porque dolía. Nacho soltó mi pelo, me agarró con fuerza de las caderas y recibí una sorpresa: sentí 2 eyaculaciones fuertes dentro de mi vagina. Moví mi cadera hacia adelante para sacarle la verga a Nacho y al salir se corrió en mi espalda, sobre mi trasero y mi pelo... Conclusion: en menos de 5 minutos terminé con el trasero dolorido y rojo como esos monos macacos, mi vagina llena de semen, mi espalda, trasero y pelo llenos de semen.

La noche no terminó tan bien. Después de terminar, Nacho cambió su actitud conmigo. Estaba serio y me pidió que me vistiera. Lo hice, sintiéndome sucia (sudada, con olor a semen, semen en el pelo, en la espalda, en las nalgas y dentro de la vagina) y vacía (anímicamente por cómo me cortó y me estaba echando de la casa). Lo que más me sorprendió fue que antes de salir de su habitación, me dijo que estaba cansado y que no me iba a llevar a ningún lado.

Le dije: "¿Cómo puedes hacerme esto? ¿Y ahora cómo regreso? Ni siquiera sé dónde estoy". Él me dijo que caminara 8 cuadras desde allí y que en la esquina pasaba un autobús cada media hora que iba hacia el centro, cerca del bar y de mi departamento que compartía con mi hermana. Le pedí algo para comer porque me sentía mal, ya que mis niveles de azúcar en sangre habían bajado por la diabetes y no tenía mis plumas de insulina para inyectarme. Su respuesta fue: "Si tienes hambre, toma". Me dio un paquete abierto de galletas Oreo y le pregunté si no tenía otra cosa porque mis niveles de azúcar estaban bajando, así que me dio un trozo de pan que estaba en la mesa de la cocina. Devoré esas pocas galletas y el pan mientras caminaba a las 5.30 a.m., esas 8 cuadras con frío y niebla para tomar el autobús que me llevaría al centro.

Para mayor humillación al subir al autobús y sentarme en el fondo, con todas las ventanas cerradas por el frío, mi presencia se hizo notar: el olor a vagina mojada, sexo y mi boca con sabor agrio y salado por el trasero de Nacho y el pelo pegajoso de semen. Sentir cómo la leche bajaba de mi vagina, la camiseta pegada a mi espalda por el semen, fueron 25 minutos humillantes.

Al bajar del autobús, caminé otras 15 cuadras para llegar al departamento donde vivía con mi hermana mayor, afortunadamente ella no estaba porque se había quedado a dormir con sus amigas.

Entré al departamento, me senté en la cocina, comí algo, me hice controles y me inyecté insulina para nivelar los valores, y fui a ducharme.

Al acostarme, conecté el celular para cargar la batería y recordé a mi príncipe: cómo me dejó sola en el bar, cómo me dominó mentalmente para hacer lo que me pedía, su altura y tamaño. Me tenía loca. No quise enviar un mensaje a las 8 a. m. del domingo para no parecer una persona tóxica, así que me contuve. Finalmente, mi príncipe me escribió el miércoles por la tarde-noche.

Espero que los comentarios sean constructivos, para mejorar y continuar contando mi historia. Si les interesa que continúe, por favor, escríbanlo para subir también una foto mía a mi perfil.

Muchas gracias y espero poder subir la parte 1B.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com