Lo positivo de este entorno en el que ya me he acostumbrado a estar y en el que me desenvuelvo con facilidad es que una vez que empiezas a formar parte de él todo se vuelve más sencillo y fluye de forma natural. Parece como si tuviéramos algo en común que hace que todos los que estamos en la misma sintonía nos reconozcamos sin dudar. Estamos en el final de enero, hacía un par de semanas que había vuelto de Barcelona y tras tener mis primeras experiencias en compañía de Luis y Ana, estaba impaciente, no sabía cómo hacerlo sin llamar la atención en mi entorno, pero necesitaba intimidad lo antes posible.
La ciudad en la que resido forma parte del Camino de Santiago, vivo a poco más de cien metros del albergue de peregrinos en un edificio antiguo de tres pisos y el mío es el único hogar ocupado todos los días del año; los demás han sido transformados en apartamentos turísticos y, aunque al principio me molestaba y luché para evitarlo, se ha convertido en mi mejor aliado para tener una vida sin intromisiones de los vecinos. Con una vida sexual muy activa, casi sin darme cuenta me volví adicta a ver películas para adultos y me masturbo con frecuencia. Bueno, realmente todos los días al menos dos o tres veces.
En fin, a finales de ese mes de enero, volvía a casa con las bolsas del supermercado cuando un hombre extranjero me detuvo para preguntarme por la ubicación del supermercado. Fue complicado explicarle, mi casa estaba al lado y después de dejar las bolsas en casa, lo acompañé un par de manzanas para darle mejores indicaciones. Finalmente decidí acompañarlo hasta la puerta del supermercado y de regreso entramos en un bar para tomar una cerveza. Era un alemán un poco más joven que yo, de 53 años, y me resultó atractivo, no sé explicar lo que me pasó, pero por un instante pasó por mi mente la idea de que si se insinuaba no iba a rechazarlo.
No fue necesario, probablemente y sin ser consciente, alargué la conversación hasta después de las diez y media; el albergue municipal cierra sus puertas a las diez y no se puede entrar... Le propuse ir a casa. Aunque mi invitado se mostraba extremadamente educado, ambos sabíamos lo que iba a ocurrir, la incógnita radicaba en quién daría el primer paso. Lo invitó a ducharse, dejé toallas en el baño y le indiqué la dirección... El azar se encargó de resolverlo todo para ambos. No me había percatado de que en el baño había dos excelentes juguetes de látex que había limpiado después de jugar con ellos durante un buen rato; los vi al entrar con él en el baño para mostrarle dónde estaban las cosas... Me sonrojé sinceramente, pero él, amable, restó importancia al asunto haciendo un comentario que inicialmente no entendí del todo.
Supongo que a partir de ese momento él tuvo más claro lo que iba a acontecer, de hecho, lo esperado en su situación sería salir del baño con la ropa puesta y él salió con un albornoz que le presté y que en su momento había sido de mi ex. Me disculpé nuevamente por la presencia de los juguetes de látex y él restó importancia una vez más. De hecho, mencionó que él también practicaba juegos en solitario y ahí fue cuando realmente me excitó al máximo. Entre risas, le comenté que suponía que se estimulaba como la mayoría de los hombres, pero... Y señalé a los juguetes que acababa de sacar del baño, y él, con la mayor naturalidad del mundo, asintió. Expresó que era bisexual, que lo habitual en él era tener relaciones con mujeres pero que si un hombre se le insinuaba y le atraía no tenía reparos en tener relaciones sexuales con él, y que si alguna vez se masturbaba solo en su casa viendo material adulto también usaba juguetes como los que yo tenía... Sus explicaciones fueron tan naturales que casi de inmediato empecé a excitarme, nos miramos a los ojos y nos sonreímos.
y puse la mano debajo de la bata sintiendo un pene que ya estaba muy erecto.
Yo estaba encima de él en una posición 69 en la que no solo estaba lamiendo mi entrepierna y succionando mi clítoris, sino también todo mi trasero. Hizo que girara mi cuerpo y me sentara sobre él mientras su pene rozaba mi vulva, envolviéndome en sensaciones que recorrían mi espalda. Pensaba que su pene era demasiado grande y casi sin darme cuenta sentí cómo se deslizaba dentro de mí hasta que mi pelvis rozaba su abdomen. Estaba completamente penetrada y sosteniéndome con sus manos por las caderas, comenzó a guiar mis movimientos en un ritmo constante... Me estaba volviendo loca de placer, me tumbó de lado y colocando una de mis piernas sobre su hombro, continuó penetrándome en otra posición para luego ponerme en posición de cuatro patas y tener relaciones sexuales por detrás, haciendo que sus caderas chocaran contra mis glúteos... Perdí la cuenta de cuántas veces había alcanzado el orgasmo.
Salió de mí y me tumbó boca arriba, me estimuló el clítoris hasta hacerme llegar al clímax de nuevo y frotó su cuerpo contra el mío, se sentó sobre mi pecho y empezó a jugar con su pene pasándolo por mi rostro y mis labios... Yo lo rodeé con ellos y comencé a estimularlo oralmente con ansias, luego él empezó a masturbarse y anunció que se iba a correr en mi cara... Nuevamente lo tomé con mis labios y lo estimulé con deseo, él comenzó a eyacular y dijo que iba a eyacular en mi cara... Volví a rodear su pene con mis labios y lo estimulé con urgencia... La primera eyaculación cayó en mi boca, luego salpicó otras tres o cuatro veces llenando mi rostro de semen, es difícil describir lo excitante que resultó.
A pesar de tomarse su tiempo para recuperarse, seguía explorando, acariciando y besando cada parte de mi cuerpo, manteniéndome en un estado continuo de excitación. No solo eran sus caricias, también sus palabras me excitaban tanto como sus caricias y su lengua. Me hacía proposiciones tentadoras, como unirse a él en su regreso a Alemania donde podría estar el tiempo que deseara con total libertad para relacionarse con quien quisiera, lo cual me sugería infinitas ideas emocionantes en mi mente. Me excitaba la idea de penetrarlo con un dildo mientras le hacía sexo oral y observaba cómo reaccionaba, me sugirió que al penetrarme nuevamente, dejara el dildo adentro de él, ya que retrasaría su orgasmo y eso sería beneficioso para mí…
En poco más de media hora, su pene estaba nuevamente erecto como al principio, no dejaba de hablar, dudé unos instantes antes de aceptar su propuesta de tener sexo sin protección y permitirle eyacular dentro de mí... ¡Dios mío! Le llevó una eternidad alcanzar su segundo orgasmo; continuó con un ritmo constante y vigoroso durante casi una hora hasta hacerme perder el control de los orgasmos que había experimentado; a tientas encontró el segundo dildo que antes había estado en el lavabo y lo introdujo en mi trasero... ¡Dios! Ambos teníamos ocupados nuestros traseros y al mismo tiempo, su pene entraba y salía de mi vagina en una escena digna de una película porno... Sentí cómo su cuerpo se tensaba mientras empujaba con más fuerza dentro de mí, pidiéndome que sacara el dildo de su interior...
Entonces sentí cómo eyaculaba dentro de mí con un gemido ahogado, agarrándome con firmeza las nalgas, lo apreté contra mí como si intentara retenerlo dentro, alcancé el orgasmo, disfruté de un placer que no experimentaba desde hacía mucho tiempo y creí que todo había terminado... Pasaron unos minutos lamiendo mi cuello, mi rostro, mis pechos, mi vientre... Luego, su lengua se deslizó por cada pliegue de mi entrepierna mientras intentaba estimular mi clítoris y limpiaba a conciencia cada gota de mis fluidos y su semen... Volví a llegar al clímax, sin saber cuántas veces.
Rainer había programado el despertador muy temprano, planeaba salir antes de las siete de la mañana y me desperté con él. Fuimos juntos a la cocina a prepararle un café y unas tostadas, él me dejó anotada su dirección y número de teléfono en un papel.
Me hizo inclinarme con las manos sobre la encimera y volvió a penetrarme. ¡Dios mío! Esta vez me estaba penetrando con fuerza, a veces agarrando mis caderas y otras mis senos, entraba y salía de mí con potencia, haciendo resonar nuestros cuerpos al chocar. Utilizó mermelada de fresa, la aplicó en mi trasero y con un dedo la fue introduciendo poco a poco, luego se inclinó y lamió mi trasero introduciendo su lengua lo más profundamente posible, pensé que eso era todo pero... Volvió a aplicar mermelada y se acercó a su pene... Con gran lentitud lo introdujo completamente y comenzó a moverse dentro y fuera de mí mucho más despacio, permaneció dentro de mi ano al menos diez minutos, luego salió y volvió a penetrar mi vagina con fuerza... Siete u ocho minutos después sentí cómo eyaculaba dentro de mí, permaneció dentro estimulándome con sus dedos hasta que su pene flácido salió lentamente, rodeé mis piernas como intentando detener sus dedos porque no podía soportar tanto placer... Me besó en el cuello, en la nuca, recogió sus cosas y continuó su trayecto.
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