0%

Experimenté excitación al probar lencería


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

Les contaré acerca de una pequeña obsesión y rutina que tengo. Soy una mujer a quien le encanta probarse prendas íntimas y lencería, y verse con ellas puestas frente al espejo. Tengo un armario repleto de sujetadores, bragas, tangas, entre otras cosas.

Hace unas semanas adquirí un body de encaje junto con unas ligas, ambos de color blanco. Estaba impaciente por probármelos. Llegó la noche y, después de un día agitado, por fin pude estrenar la lencería: me desvestí y me coloqué las prendas. Al mirarme en el espejo, me sentí fantástica. Tomé algunas fotografías y adopté poses eróticas, lo cual me empezó a excitar poco a poco. Observaba cómo mis pechos se destacaban ligeramente, mis pezones asomaban a través de la tela, el encaje moldeaba mi cintura, las ligas ajustaban mis muslos y mis labios se insinuaban a través de la abertura de la braga. Toda esa imagen reflejada en el espejo de mi habitación, con una tenue luz nocturna, me excitó lo suficiente como para comenzar a acariciarme lentamente la entrepierna, dejando que mis dedos se humedecieran con mis fluidos vaginales para después llevármelos a la boca.

Después de un rato de suave estimulación, decidí llevarlo al siguiente nivel. Tomé un consolador de goma del cajón de la mesita de noche y lo coloqué en el suelo frente al espejo. Unté mis piernas, escote y vagina con aceite, me senté frente al consolador y comencé a masturbarme con él como si fuera un pene real, mientras me observaba en el espejo. Con todo mi cuerpo brillante y aceitoso, manipulando un consolador rosa claro de 18 cm con aceite para bebés.

Luego, me senté sobre el consolador e inicié la introducción en mi vagina, disfrutando de cada movimiento hasta tenerlo completamente dentro. Comencé a cabalgar sobre él más rápidamente, soltando gemidos mientras escuchaba el choque de mis nalgas contra el suelo y el sonido de mis labios deslizándose por el consolador. Jadeaba y gemía sin pausa, apretaba mis senos y pellizcaba los pezones, dejando la parte del sujetador de encaje debajo de mis pechos, azotando mi trasero hasta enrojecerlo, observando mis senos saltar al compás de mi montura. Experimenté dos orgasmos durante este proceso, dejando el suelo empapado con algunos squirts, observándome en el espejo con el rostro sonrojado, parte del maquillaje corrido y el cuerpo cubierto de aceite y sudor.

Cambié de posición, me recosté con las piernas abiertas frente al espejo, tomé el consolador y comencé a simular sexo oral, mientras me acariciaba el clítoris suavemente, emitiendo algunos gemidos. Después de una larga sesión de sexo oral artificial, introduje nuevamente el consolador en mi vagina. Aumenté el ritmo, ya que mi vagina estaba muy lubricada, facilitando la entrada y salida repetitiva. Entre gemidos y temblores, alcancé mi tercer orgasmo acompañado de un squirt que mojó no solo el suelo, sino también una parte del espejo. Fue tan intenso que tuve que soltar el consolador, el cual salió de mi vagina impulsado por el chorro del squirt.

Aún con deseos de más, me puse en cuatro patas y pegué el consolador a la puerta del armario que estaba detrás de mí. Me fui empujando hacia atrás, permitiendo que el consolador me penetrara repetidamente mientras me observaba en el espejo una vez más. Alcanzando mi cuarto orgasmo entre un gemido agudo y un squirt que terminó empapando mis piernas.

Tras mi último orgasmo, me dejé caer al suelo para descansar. Me tumbé en un suelo completamente mojado, pero en ese momento la satisfacción sexual superaba cualquier preocupación por la limpieza. Después de un tiempo tumbada, miré el reloj y habían pasado 2 horas que parecieron minutos. Me puse de pie y contemplé mi reflejo en el espejo: cabello alborotado, rostro sonrojado y sudoroso, senos enrojecidos por los pellizcos, encaje empapado de sudor y aceite, labios asomándose tímidamente por la braga, rodillas marcadas por la fricción con el suelo y trasero enrojecido por los azotes.

Después de todo esto, me desvestí nuevamente, puse la lencería en la lavadora, limpié el suelo y el espejo de mi habitación, lavé el consolador con cuidado y finalmente me duché. Exhausta, me acosté en la cama y me dormí al instante. Espero que hayan disfrutado de esta experiencia y espero poder compartir más en el futuro. Besos.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com