0%

Confesiones 3: La compañera de habitación


Escuchar este audio relato erótico
0
(0)

La novia que tengo alquila un piso amueblado con su amiga. de vez en cuando voy a visitarla y la tensión aumenta en su habitación, pero nunca me permite que lleguemos al acto por miedo a que la casera lo averigüe y las eche. Debido a que está cerca de la facultad y el precio es muy bueno, es lo único con lo que no ha querido arriesgarse nunca.

Yo vivo en la otra punta de la ciudad porque trabajo en las afueras, y ella solo accede a quedarse cuando no tiene clases al día siguiente. En más de una ocasión hemos tenido que recurrir a algún motel porque no podemos contener las ganas y no podemos quedarnos en mi apartamento. Me encanta su ternura, siempre se pone nerviosa al pensar que nos puedan ver entrar o salir, pero curiosamente le cuenta todo a su compañera de habitación.

Se conocieron viviendo juntas, y terminaron siendo grandes amigas. A veces ella se une a nosotros en nuestras noches de fiesta y en general es relajada, aunque a menudo parece estar en su mundo. No es extraño verla distraída en un rincón o bailando de forma peculiar, para luego cohibirse al notar que la están observando. Mi novia es baja y un poco rellenita, morena y con el pelo corto, usa gafas y a veces lentillas. Su amiga es muy delgada y un poco más alta, pero tampoco es extremadamente delgada, tiene la piel clara y el cabello teñido de rojo que le llega por debajo de los hombros, viste principalmente de negro o de verde militar. En fin, no es fea, pero realmente nunca me habría fijado en ella.

Un día, después de dejar a mi chica en su clase, me llama pidiéndome que le lleve una carpeta con fotos que se había olvidado en su cuarto. Eran para un examen y debía entregárselas antes de que terminara la clase, así que regresé para que me diera la llave y salí corriendo. Aunque estaba cerca, eran unos 15 minutos a pie, otros 15 de vuelta y apenas tendríamos 5 minutos antes de que terminara la clase.

Llegué jadeando, entré y fui directo a su habitación; al abrir la puerta me dirigí a la mesita junto a la cama y tomé la carpeta. Cuando por fin pude respirar tranquilo, me di cuenta de la situación. Su compañera de habitación estaba tumbada en la cama, con una mano en sus partes íntimas y la otra sujetando la tanga de mi novia frente a su rostro. Me di la vuelta, pidiendo disculpas sin cesar, mientras cerraba la puerta y salía escaleras abajo a recuperar el aliento. ¿Qué había sucedido? Recibí un mensaje preguntando si ya lo había encontrado, le respondí afirmativamente y regresé corriendo a la facultad.

Casi se me sale el corazón del pecho, pero lo logré. Me dejé caer al suelo afuera de su aula, mientras mi mente no paraba de plantearse todo tipo de preguntas. Al revisar mi móvil, vi llamadas perdidas y varios mensajes, eran de la compañera de habitación. No leí todos, pero intuía su contenido. Le aseguré que no comentaría nada a nadie, ella debió notar mi mensaje porque dejó de escribirme más.

Fue solo un instante, pero no podía quitarme de la cabeza la idea de que esa chica estaba en la habitación de mi novia, tocándose con la tanga de ella en su cara. Jamás pensé que fuera lesbiana, pero pronto empecé a sospechar al darme cuenta de que nunca le había conocido alguna pareja. Cuando nos vimos de nuevo, intenté comportarme con normalidad, pero ella me evitaba tanto que mi novia nos preguntó abiertamente qué ocurría. Inventé que la había visto tropezarse en la calle y por eso andaba distante, ella siguió mi juego y mi novia se rió de la mentira.

Pasaron los meses y poco a poco aquella chica volvió a tratarme como antes, en secreto me hacía señas cuando veía a una chica atractiva, como si fuera uno más del grupo. Ella solo se sonrojaba y eso me divertía. Llegué a preguntarle por mensaje muchas cosas, al principio decía que no era lesbiana, luego mencionó que tal vez era bisexual y finalmente admitió que a veces le gustaban más las mujeres.

que los tipos. Le consulté si le agradaba mi chica e incluso la molesté con que enviaría imágenes subidas de tono de ella, pero más tarde ella me envió una foto de ambas en ropa interior, supuse que en su cama. Estaban cubiertas de arriba, pero la compañera de cuarto le estaba tocando los pechos a mi pareja. Eso me excitó.

Ya con confianza, ella me expresaba que sí le atraía mi novia, pero que era algo más "platónico", tonterías. Jamás le mandé las imágenes subidas de tono de mi pareja, pero una vez le envié un mensaje de voz de una ocasión en que nos grabé teniendo relaciones íntimas. Dejó de responder por un momento, así que supongo que se autoestimuló al escucharlo. Aparte de eso, la traté como una amistad... o bueno, como un amigo, porque nunca antes me había llevado así con una mujer. En una de las múltiples ocasiones en las que la molesté con chicas que pasaban cuando estábamos los tres, la obligué a revelarle a mi chica que también le gustaban las mujeres. Ella lo tomó bien delante de ella, pero cuando estábamos besándonos camino a mi apartamento, me dijo que ya lo sospechaba y a pesar de que intenté que me diera detalles, ella no me reveló el motivo.

Transcurrieron unas semanas, todo normal. Seguí haciéndole bromas a la compañera de cuarto y ahora podía molestarla delante de mi novia, lo cual era un plus. Bueno, un buen día, estábamos solos los dos, comenzó a sacar el tema de los besos de tres y situaciones similares, luego sobre tríos y orgías... según decía, eso no era algo que comprendiera y afirmaba que era "demasiado" para ella. Pero a mí me resultaba un poco extraño todo eso, porque no me lo soltó una o dos veces, nada más. Por otro lado, mis conversaciones privadas con la compañera de cuarto se reducían a intercambiar memes o reels, algún que otro subido de tono, pero nada más.

Se acercaba el cumpleaños de mi novia, la compañera de cuarto y yo le organizamos una fiesta pequeña en un bar, aunque pronto llegaron sus compañeros de clase y rápidamente la situación se descontroló. Había mucho alcohol en su grupo y llegado un punto, decidimos marcharnos del lugar. Estábamos algo ebrios, pero todavía lúcidos y como ninguna quería entrar en otro bar o ir a un antro, detuve un taxi para que la otra se fuera a casa y luego pediría otro para que nos fuéramos los dos a mi departamento. Pero mi novia la detuvo y dijo que era muy temprano, que quería festejar en otro lugar.

Un poco molestos, la acompañamos a otro sitio, luego a otro... así hasta que dieron las 4 y nos negaron la entrada al último lugar al que íbamos. Ni siquiera nos quedábamos más de media hora, a la cumpleañera no le gustaba ningún lugar. Sin embargo, se la pasó anunciando que era la homenajeada y se tomaba todas las bebidas de cumpleaños que le ofrecían y yo, por la pena de irnos sin pedir algo más, les dejaba propinas a los meseros antes de salir, habría sido mejor comprar una botella y emborracharnos en mi casa, pensé.

Su meta era embriagarse y lo consiguió. Era muy tarde y me pareció peligroso que la compañera de cuarto fuera sola a casa, así que los tres fuimos a mi lugar. Para entonces, ya estábamos más serenos y me tocó cargar a mi novia en la espalda mientras subíamos las escaleras. No tuve corazón para mandar a la otra al sofá a dormir, así que le dije que dormiría junto a ella en la cama.

—Eso sí. Nada de toqueteos, ¿ok? —le dije en broma.

Al día siguiente, la bella durmiente despertó con resaca y fuimos a cuidarla mientras la compañera de cuarto aún dormía. Una vez recuperada, me confesó que se asustó al verla junto a ella y yo le comenté lo que le había dicho antes de dejar la puerta del dormitorio abierta (por si acaso) y nos reímos. Regresamos con tacos para la susodicha y después de una charla amena, se fueron juntas a casa temprano.

Yo había planeado un fin de semana para disfrutar a gusto y se lo hice saber por mensaje. Ella dijo que también se había quedado con ganas y le mencioné que pasaría por ella en la noche, pero me pidió que esperara hasta el martes, estaba en época de exámenes y aún tenía que recuperarse de la resaca.

El día llegó y le avisé que me esperara afuera de su casa, pero ella me respondió que se

Se me hizo tarde y decidimos encontrarnos en un motel cercano, lo cual me pareció extraño. Llegué a la hora acordada, me dieron el número de habitación, entré y estacioné el auto, todo era muy peculiar. Al abrir la puerta, la vi en lencería negra, rodeada de espejos en las paredes y techo. La habitación se llenó de música proveniente de sus bocinas, conectadas a su celular, se recostó en la cama y extendió los brazos hacia mí.

Fue una sorpresa, nunca habíamos experimentado algo así antes. Mientras la besaba en el cuello, me susurró que esa noche sería su regalo de cumpleaños. Bajé hacia su abdomen y encontré una tela transparente con una abertura que revelaba su intimidad. Coloqué sus piernas sobre mis hombros y la complací como de costumbre. De repente, unas manos se posaron en mis hombros, asustándome momentáneamente.

Vi una piel pálida, piernas delgadas, lencería roja a juego con su larga cabellera... y su rostro sonrojado. No podía creerlo, con gentileza me apartó y rápidamente ocupó mi lugar entre las piernas de mi pareja. Esta se mordía el labio, lanzándome una mirada traviesa mientras me indicaba sentarme a su lado. Desnudó mi miembro, ya erecto, y comenzó a realizar movimientos de arriba abajo, mientras explicaba que esa chica ya le había complacido de esa manera varias veces, pero en su cumpleaños quería compartirlo conmigo. La otra persona no sabía nada, solo había expresado su deseo de tener un trío con nosotros.

Inicialmente pensé que trabajaríamos juntos para satisfacer a mi pareja, pero pronto comprendí la situación. Mi novia dio las indicaciones y la otra persona pasó de atenderla a ella, a complacerme a mí. Se colocó detrás de su amiga, moviendo la mano en su nuca para que me la chupara profundamente y repetidamente.

—Hemos practicado con juguetes sexuales, le enseñé cómo te gusta que te hagan sexo oral.

Efectivamente, pronto sentí los movimientos de la lengua que mi novia acostumbraba hacer. Aunque se notaba su inexperiencia, me confesó que solo había tenido relaciones sexuales con un chico en la secundaria y que nunca más había estado con otro hombre, sin embargo lo estaba haciendo muy bien. Los sonidos que emitía al ahogarse solo incrementaban mi excitación.

Mi pareja se acercó para lamer los labios de su amiga, uniéndose en un beso a tres bandas, luego ambas enfocaron su atención en mi miembro. Estaba viviendo algo que parece sacado de una película para adultos, pero nunca había contemplado la idea de llevarlo a la práctica. Finalmente, eyaculé en el rostro de ambas, la de lencería negra se limpió con la de rojo y mi novia me observaba con complicidad. La de rojo recibió un azote juguetón, despertándola de su ensimismamiento. Extendí la mano y, viendo la aprobación de mi pareja, se acercó a mí.

Jamás hubiera imaginado que debajo de su ropa negra y holgada se escondían esos senos tan generosos. Temblaban dentro de su sostén con cada paso que daba, lo cual me excitó aún más. Mi pareja tenía unos senos deliciosos, pero aquellos eran inmensos y deseaba saborearlos. Mientras me deleitaba con los senos de mi novia, la otra persona comenzó a desvestirme con impaciencia, mientras mi rostro quedaba enterrado en el pecho de su compañera. La dejé desnuda sin quitarle el sujetador, la visión de sus senos dentro de esa prenda me excitaba. Después me enfoqué en los de mi pareja, más pequeños pero igual de apetecibles. Una despojó a la otra de su ropa y, gracias a los espejos, no perdí detalle de sus interacciones.

Después de un rato, volví a la acción y, aunque inicialmente me fui directo a mi pareja, esta acomodó a su amiga en posición supina y se sentó sobre su rostro, guiando mi miembro hacia la intimidad de quien la estaba complaciendo. Al principio estaba ajustada y apenas podía entrar, pero era más profunda que la de mi pareja y después de un tiempo…

pude ingresar y salir sin dificultades. Me coloqué sus pendientes y besé a la persona que estaba frente a mí.

La mujer pelirroja alcanzó el clímax y la morena se acercó para estimular su clítoris mientras me pedía seguir, lo que generó un segundo orgasmo y fue mi indicación para retirarme y ofrecérselo a la boca que estaba cerca. Alternaba entre una y otra, disfrutando como si fuera un manjar y en ese momento quise probar. En realidad, el sabor era conocido pero diferente, más refinado que lo habitual.

Llegó el turno de la otra mujer, cuya vagina estaba muy lubricada y me recibió sin resistencia, envolviéndome con sus piernas mientras la otra recuperaba el conocimiento. Al acercarse y besarse, obedecieron y fue ella quien se sentó sobre el rostro de mi pareja. Se estaba deshaciendo de placer, su rostro volvía a enrojecer y esos labios me tentaron a sellarlos. Lo que le faltaba en habilidades orales lo compensaba con su destreza para besar, aquella lengua tenía vida propia.

Estaba a punto de llegar al clímax cuando mi pareja pidió que aguantara y le indicó a su compañera que se arrodillara nuevamente frente a mí y me pidió que le eyaculara en la cara. Fue ella misma quien estimuló mi miembro hasta que los fluidos blancos y espesos surcaron su rostro pálido. Era una fantasía que le cumplimos, ya que la pelirroja tenía los ojos y boca cerrados, esperando pacientemente a que la morena llegara a limpiarle el rostro. Esta última tenía una sonrisa de oreja a oreja, era apenas el comienzo de la noche.

Repetimos la acción dos veces más, eyaculando dentro de mi novia en ambas ocasiones. Nuestra acompañante mostraba una especial predilección por ella, aunque también estaba receptiva a mis caricias y emitió unos gemidos memorables la última vez que llegó al clímax, de nuevo con mi miembro adentro. Terminamos exhaustos, por un momento pensé que nos quedaríamos toda la noche, pero olvidaba que era entre semana. Las llevé a sus respectivos hogares y, al despedirnos, las besé a ambas, lo consideré algo habitual.

A partir de entonces, tanto mi pareja como la otra mujer comenzaron a enviarme fotos y videos de lo que hacían cuando estaban solas. Llegamos a tener intimidad en mi departamento y solo una vez nos aventuramos a hacerlo en el cuarto de mi pareja, algo que no se repitió. Ahora, las salidas con ambas ya no se sienten incómodas, creo que nunca lo fueron, pero es gratificante poder disfrutar del cuerpo de la amiga de mi pareja de vez en cuando. Y sí, ha mejorado considerablemente en lo que se refiere a sexo oral.

Actualmente, mi pareja y yo estamos comprometidos y estamos ahorrando para la boda, y sobre todo, para la luna de miel. Ya lo hemos hablado y estamos seguros de que en la cama matrimonial cabemos los tres.

¿Te ha gustado este relato erótico?

¡Haz clic en las estrellas para puntuarlo!

Puntuación promedio 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Ya que que te ha gustado este relato...

Puedes compartirlo en redes sociales!

¡Siento que este relato no te haya gustado!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Otros relatos que te gustará leer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir
Contacto | A cerca de Nosotros | Seguinos en Ivoox y en x.com