Soy Mauricio, tengo 27 años. En esta historia, la protagonista es mi madre Carmen, que tiene 56 años. A pesar de su edad, conserva una buena figura y parece más joven de lo que es. Hace unos 3 meses, mi madre quedó viuda y perdió su trabajo. En ese momento, contacté a un amigo llamado Carlos, de 35 años, que vive en Chicago (Estados Unidos), para pedirle ayuda. Después de hablar con él, me comentó que trabajaba en una empresa de limpieza de casas y que podría conseguirle trabajo a mi madre. Nos ofreció el dinero para viajar y nos dijo que podríamos pagarle cuando comenzáramos a trabajar. A las dos semanas, llegamos y encontramos un lugar donde vivir. Pronto comenzamos a trabajar: mi madre limpiaba casas y yo trabajaba en el depósito de un supermercado.
Después de unas semanas trabajando, mi madre empezó a cambiar su rutina, maquillándose más y diciéndome que debía hacer horas extra tres veces a la semana. Un día, al regresar temprano a casa, vi unos zapatos en la entrada. Al acercarme sigilosamente a la habitación de mi madre, que estaba entreabierta, me sorprendí al verla desnuda y a cuatro patas en la cama, con Carlos, mi amigo, detrás de ella. Carlos estaba teniendo relaciones íntimas con mi madre mientras se detenía al verme entrar, sorprendido tanto como yo al presenciar la escena. A pesar de todo, continuaron. "No te vayas, continúa", le dijo mi madre a Carlos, sin percatarse de mi presencia.
Al ver que Carlos se detenía, mi madre finalmente notó mi presencia. Sorprendido y decepcionado, salí a tomar aire y fui a un bar cercano a almorzar, sin poder quitarme de la mente lo que acababa de presenciar. Estaba furioso y me sentía traicionado por ambos. Si bien siempre consideré a mi madre como una mujer ejemplar, verla en esa situación me impactó profundamente. Por otro lado, aunque sabía que mi amigo podía ser algo travieso, nunca imaginé que llegaría tan lejos como para tener intimidad con la madre de un amigo.
Un fin de semana, aprovechando que mi madre estaba en la ducha, tomé su teléfono y revisé las conversaciones con Carlos. A simple vista, todo parecía normal, hasta que revisé su galería y encontré unos videos. Descargué dos de ellos a mi celular y, al ver el primero, presencié a mi madre arrodillada en un cuarto, abriendo el pantalón de Carlos y recibiendo su miembro con sorpresa. En el segundo video, Carlos le enseñaba a mi madre a hacerle sexo oral, algo que ella aseguraba nunca haber hecho antes. La escena me hizo sentir indignación al ver cómo Carlos se aprovechaba de mi madre de esa forma.
Mi madre, llena de baba, se esforzaba por complacer a Carlos, quien la incitaba con palabras subidas de tono. Mientras tanto, él la penetraba sin misericordia. Al ver esos videos, no podía creer lo que Carlos le hacía a mi madre. Estaba totalmente consternado por la situación.
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