A mi compañera sentimental y a mí nos agrada tener relaciones en lugares distintos al lecho, con el propósito de romper con la rutina. La noche pasada decidimos disfrutar en el sofá de la sala de estar. Allí aguardé sin ropa en el sofá, mientras se dirigía a la habitación para vestirse de forma provocativa.
Mientras la esperaba, estimulaba mi miembro viril para excitarme, en poco tiempo regresó luciendo un camisón negro corto y semi-transparente, dejando entrever sus hermosos senos, algo caídos pero con el pezón firme, y un tanga de color rojo.
Wow, me levanté y me aproximé a ella.
Nos abrazamos, deslizando un poco su camisón para dejar uno de sus senos al descubierto. Empecé a succionar el pezón con pasión, mientras con la otra mano acariciaba su otro seno. Ella tomó mi miembro y lo acariciaba suavemente para evitar que eyaculara.
Besé su cuello y lo lami mientras mis manos aferraban sus glúteos con firmeza. Le quité el camisón y el tanga, dejándola completamente desnuda, la senté en el sofá y abrí sus piernas. Allí estaba, frente a mis ojos, su entrepierna completamente depilada. Separé sus labios para observar detenidamente su vulva y su vagina.
Asombroso.
Comencé a practicarle sexo oral, desde el ano hasta el clítoris, introduciendo un poco mi lengua en su vagina. Así estuve un rato hasta que su vagina se humedeció por completo.
Con mi rostro cubierto por esos fluidos, empecé a besarla en la boca para que ella también probara sus fluidos vaginales. Nos besamos apasionadamente, con nuestras bocas abiertas y nuestras lenguas entrelazándose y explorando la cavidad bucal del otro.
Con una mano acariciaba su clítoris y Lucila gemía desenfrenadamente. Yo estaba muy excitado, no podía contenerme, le propuse hacer un 69 y nos colocamos en la posición, yo encima y ella debajo.
Elevó bien las piernas y posicionó su ano y su vulva frente a mi cara, introduje la punta de mi pene en su boca y realicé movimientos como si estuviera penetrándola. Al mismo tiempo, con mi lengua estimulaba su clítoris y su vulva. Pronto eyaculé en su boca, pero seguí estimulando su vagina con mi lengua.
Una vez satisfecho, saqué los juguetes sexuales para ella, un succionador de clítoris y un consolador, mientras ella se masturbaba con los dedos.
Se puso a cuatro patas, colocó el succionador en su clítoris y yo introduje el consolador en su vagina por detrás. Se movía y gemía como una mujer en éxtasis. Pronto llegó al primer orgasmo, pero continuó masturbándose en busca de otro, mientras yo seguía penetrándola con el consolador.
Al poco tiempo, soltó un grito de placer y movió las caderas con fuerza en busca de una penetración profunda con el consolador.
Continuó gimiendo durante unos segundos más, mientras sus movimientos se hacían más suaves y rítmicos. Saqué el consolador de su vagina y se lo acerqué a la boca para que lo chupara.
Así concluyó nuestro encuentro de anoche.
¿Habrá alguien más interesado para otra ocasión?
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