¡Saludos a todos!
Antes de proseguir con este relato, deseo expresar mi gratitud a quienes apreciaron mi primera historia y especialmente a quienes dejaron comentarios. En esta segunda parte, compartiré cómo nuestra relación prohibida con mi madre evoluciona poco a poco. Espero que la disfrutes tanto como yo al vivirla y recordarla en cada palabra aquí plasmada.
**********************
La convivencia en casa, con papá viviendo junto a nosotros, transcurría en paz, pero en cada mirada que intercambiábamos, madre y yo dejábamos entrever el amor que ansiábamos expresar. Parecía como si nos comunicáramos muchas cosas con solo cruzar nuestras miradas, como si nos transportáramos de nuevo a aquella noche de baile en la que confesamos nuestros deseos más profundos.
La única situación especial ocurría por las mañanas al despedirnos, dado que yo aún no tenía vehículo propio y papá me llevaba en su automóvil a la universidad. Siempre tardaba unos 5 minutos extra, momento en el que él ya aguardaba dentro del auto. Durante esos minutos, cogía mi mochila universitaria, me aproximaba a la cocina donde ella solía estar por las mañanas, la rodeaba con un brazo por la cintura y compartíamos un breve beso. Nos mirábamos a los ojos y antes de decir adiós, ambos nos declarábamos un "Te amo" sincero.
Llegado el jueves por la noche, papá nos consultó si iríamos al club a bailar, a lo que respondimos entusiasmados que sí, que no nos lo perderíamos por nada. Entonces, papá anunció:
- Perfecto, me ausentaré unos días y regresaré el próximo martes.
- Mi madre simplemente respondió:
Gracias, ¡espero que te vaya muy bien y maneja con precaución! Aquí estaremos esperándote.
Agradecí en mi mente a la divina providencia por brindarme la oportunidad de pasar un fin de semana con la persona a la que amo profundamente: mi madre. Recordé las palabras que ella mencionó la última vez: "Me gustaría que tomáramos las cosas con calma, pues me siento enamorada como una niña". A partir de entonces, decidí conquistarla como si fuéramos adolescentes o novios primerizos. Por ende, pensé en invitarla al cine el viernes por la tarde.
El viernes por la mañana, sin clases y con papá ya de viaje desde temprano, durante el desayuno tomados de la mano sin pronunciar palabra, me armé de valor y le propuse:
- Paula, amor, he estado reflexionando desde hace días y desearía llevarte a una salida. ¿Qué opinas de ir juntos al cine esta tarde? ¿Crees que obtendrás permiso en casa para salir? (Bromeé levemente).
- Thomas, mi vida, ¡claro que deseo acompañarte al cine! No te preocupes por el permiso, contigo siempre lo tendré.
- Perfecto, amor, pasaré por ti a las 2.
- Por supuesto, mi vida, estaré ansiosa esperándote.
Me puse de pie, la abracé y le brindé otro beso en los labios, un gesto prolongado que, sin ser apasionado, dejó nuestra respiración agitada. Me despedí de ella y, en la universidad, no podía dejar de maquinar posibles planes para la tarde. ¿Sabes? Es una de esas situaciones en las que surgen mil ideas pero ninguna parece perfecta. Desconocía incluso qué películas se proyectaban en ese momento, así que consulté la cartelera en mi celular. Finalmente, encontré la opción ideal: se trataba de una película.que un amigo me había recomendado hace mucho tiempo, ya se había estrenado hace unos años, pero por alguna razón la estaban reestrenando, se trata de la película “Interestelar”.
Mi jornada en la universidad transcurrió sin nada relevante que destacar, a excepción del trabajo de fin de curso, que resultó más complicado de lo esperado. Sin embargo, confiaba en que, si me esforzaba lo suficiente, podría conseguir una calificación perfecta. Al llegar a casa, anuncié mi llegada a viva voz, mientras Paula, mi madre, se encontraba en la ducha y me informaba que se estaba arreglando. Dejé mi mochila sobre un sillón, subí a mi habitación para ducharme y arreglarme también.
Me afeité, algo que solemos hacer la mayoría de los hombres de mi edad (aunque algunos afirmen que no vamos a tener relaciones sexuales), nos afeitamos el área íntima. Opté por un atuendo casual, con un pantalón de vestir color beige y una camisa verde musgo. No demasiado elegante, ya que sabía que mi madre, a pesar de soler vestirse con elegancia, elegiría un estilo elegante y casual para nuestra salida al cine.
Descendí a la sala para esperarla, me senté en el sillón y revisé mi celular. Al verla bajar, resultaba inevitable no quedar embobado al observarla detenidamente. Vestía unos pantalones negros de una tela que, para serte sincero, desconozco el nombre, pero que aparentaba ser de cuero. Combinados con una blusa con un escote pronunciado, dejando su espalda al descubierto y de color blanco, así como unos tacones no muy altos que realzaban sus piernas y caderas.
- Al bajar, solo pude exclamar:
- ¡Wow! Paula, estás hermosa. Gracias por aceptar salir conmigo.
- Thom, tú también luces espectacular. Creo que hoy todas envidiarán verme a tu lado.
- Lo mismo pienso, Pau. Todos desearán robarme a esta espectacular mujer. ¿Nos vamos, amor?
- Afortunadamente para ti, solo te tengo a ti y nadie me quitará a mi hombre.
A continuación, la rodeé por la cintura y nos besamos, esta vez de manera más apasionada, con lengua. Mi excitación crecía notoriamente dentro de mis pantalones, siendo perceptible a través de la tela. Ella, al notarlo, me abrazó con más fuerza e incluso dejó escapar un pequeño gemido. Descendió sus manos por mi cintura y las acercó ligeramente a mi cinturón, mientras que yo descendía las mías hasta rozar sus nalgas.
Nuevamente, ella tomó la iniciativa y se separó, expresando:
- Perdóname, Tom, a veces pierdo el control contigo. Me siento toda una mujer a tu lado y me dan ganas de acelerar las cosas, pero es mejor tomarnos nuestro tiempo para no arruinar nada.
- No tienes por qué disculparte, Pau. Yo tampoco puedo controlarme. ¿Estás lista para irnos?
- Sí, amor. Vamos, que nos espera un largo día y no te preocupes, no nos perderemos la noche en el club, ¿verdad?
- Por supuesto que no me la perdería, ¿quién querría perderse una noche de baile con una mujer tan hermosa?
Así, tomé su mano y nos dirigimos al garaje, donde abrí la puerta del auto para que subiera. Fue un deleite observarla subir de manera tan sensual, momento en el que aproveché para contemplar todos sus encantos: su espalda al descubierto, su prominente y redondo trasero, así como sus tonificadas piernas y pies solo cubiertos por las cintas de los tacones.
Elegí un cine ubicado en las afueras de la ciudad, con el fin de evitar ser vistos por conocidos y arruinar nuestro momento. Mientras íbamos en el auto, le comenté a Paula acerca de mi decisión, a lo que ella agradeció mi consideración. El centro comercial se encontraba cerca del club de baile, por lo que planeábamos visitar ambos lugares aprovechando la proximidad. De camino al cine, íbamos tomados de la mano, y no pasó desapercibido que todos los hombres se giraban para mirar a mi madre. A sus 38 años, puedo jurarte que es un auténtico bombón, una completa milf.
Una vez en el cine y dentro de la sala, notamos que no había muchas personas presentes.y nosotros nos encontrábamos en la parte superior de la sala, puedo decir que la sala era espaciosa y solo había alrededor de 8 parejas más además de nosotros. Al dar inicio a la función, ella se recostó en mi hombro y yo la abracé. De vez en cuando nos dábamos un beso rápido, llegó un momento en el que ella me besó apasionadamente con lengua incluida, luego se levantó y se sentó sobre mis piernas de espaldas a mí, colocando su trasero sobre mi miembro, que desde hacía tiempo ya estaba muy erecto.
Ella comenzó a moverse de adelante hacia atrás, yo la agarraba por la cintura y con la otra mano deslizaba mi mano desde su nuca hasta la parte baja de su espalda antes de acabar en su cadera. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no eyacular en ese preciso momento, ella de alguna forma se dio cuenta de que la película estaba por finalizar, giró su cabeza y dijo:
- Thom, cariño, estoy muy excitada, creo que debemos apurar las cosas, contigo no puedo controlarme. Esta noche será tuya, solo deseo que terminemos la tarde que hemos planeado para aumentar nuestra pasión.
- Pau, gracias por poder controlarte al menos un poco, no sabes las ganas que tengo de desnudarte y explorar todo tu cuerpo. Mira cómo me pones (tomé su mano y la coloqué sobre mi miembro).
- Amor, no hagas eso, aumentas mi excitación y mi deseo por ti se incrementa, te prometo que en el futuro incluso haremos el amor en el cine. Siente cómo estoy yo por ti. (Tomó mi mano y la puso sobre su zona íntima)
- Amor, estoy ardiendo, siento tu pantalón muy húmedo, ¿es por mí? ¿En serio serás mi mujer?
- Seré completamente tuya amor, de nadie más. Estoy así de húmeda por ti, por favor, tranquilicémonos por ahora, tendremos toda la noche y hasta que tu padre regrese para expresar nuestro amor.
- Claro Paula, creo que será lo mejor, te amo.
- Yo también te amo, cariño.
Aunque duró alrededor de 10 minutos, te puedo asegurar que se sintió como una eternidad, cuando estás realmente excitado y casi al borde de perder el control, es cuando el tiempo parece detenerse por completo.
Al finalizar la película nos dimos un último beso, esta vez breve, ya que las luces estaban encendidas y no queríamos llamar la atención. Al concluir la película eran aproximadamente las 6 de la tarde, por lo que aún teníamos tiempo para ir a cenar y luego a bailar, tal como lo había planeado desde la universidad, excepto que esa noche seguramente haríamos el amor, algo que no estaba dentro de mis planes, pero sí en mis deseos.
*********************
Muchas gracias de nuevo por leer esta segunda parte. Créeme que aún hay mucho más por contar, puesto que mi madre y yo seguimos juntos hasta el día de hoy. No todo ha sido sencillo, pero más adelante iré narrando cómo se fue desarrollando todo hasta llegar al punto de construir una relación muy sólida, como se espera que sean todas al llamarse marido y mujer.
Otros relatos que te gustará leer