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Mi posición en la familia: A los pies de mi cama


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Ha pasado cierto tiempo desde mis anteriores escritos. Ya sea los que narran las peripecias de la cazadora de monstruos albina o mis confesiones sobre lo sucedido en la aldea. He atravesado situaciones complicadas debido a varios asuntos, lo que me ha mantenido ocupada, desanimada o involucrada en otras actividades. Sin embargo, uno de esos asuntos impactó profundamente a mi familia y ha cambiado mi rutina de forma permanente, aunque esta vez ha sido para bien.

Para aquellos que no me conocen, permitidme presentarme de nuevo. Mi nombre es Daniela, soy una joven española de 24 años de edad, natural de la región de La Mancha, que cumplirá años en enero. Mi situación respecto a tener pareja es algo peculiar, como podréis intuir al ver la sección en la que he publicado este relato. Ahora mismo no busco nada en ese aspecto... porque simplemente no lo necesito, como pronto descubriréis.

Entiendo que quizás queráis tener una idea de mi apariencia física para poder imaginarla. Me describo como una mujer de tez clara, cabello corto y negro (sin teñir, un misterio, jajaja), lo que resalta aún más mis pecas. Mido 1.55 metros, peso 50 kilos, tengo un trasero generoso pero no voluminoso, una buena cintura, un busto pequeño pero bien formado, ojos azules, manos pequeñas, voz dulce y labios suaves. Además, llevo varios tatuajes de mis videojuegos y sagas literarias favoritas, y suelo vestir con un estilo algo punk. A menudo me echan menos años de los que tengo y tengo un toque masculino en mi forma de ser, jajaja, aunque eso no influye en mis gustos en absoluto.

En cuanto a relaciones y sexualidad, tras terminar con mi anterior pareja, decidí tomar las riendas de mi vida sexual. Y hasta hace unos meses, así lo hice. He vivido aventuras apasionadas en Castilla y León, escapadas y travesuras... Sin embargo, algo ha cambiado en mí, aunque eso no impide que siga disfrutando de ciertos placeres, siempre dándole prioridad a sus deseos. Como dice él mismo, "donde manda capitán, no manda marinero".

Por supuesto, no voy a detallar toda la relación en sí, sino más bien el momento en el que nuestra conexión se hizo más profunda. Pero antes de entrar en detalles, quiero contextualizar un poco mi situación.

Este año, mi madre falleció en un trágico accidente mientras paseaba por el pueblo. Podría haberle ocurrido a cualquiera, un conductor que iba demasiado rápido y distraído. Se nos dijo que su muerte fue instantánea, aunque eso no logró consolarnos demasiado. Durante el funeral, en el que solo estuvimos mi abuelo, mis tíos paternos (con los que mi padre mantenía una relación regular, a diferencia de con nosotros, aunque estas navidades han logrado reconciliarse en parte gracias a mi intervención, jajaja, pero eso es otra historia), y varios amigos y conocidos, fue mi padre quien más sufrió por la pérdida.

Fue un período muy difícil, en el que no solo atravesamos un profundo dolor emocional, sino que también tuvimos problemas a nivel profesional. Toda la familia dependía económicamente del negocio de mi padre, por lo que mi hermano y yo nos vimos obligados a sacar adelante la empresa mientras mi padre, que amaba profundamente a mi madre, se quedaba solo en casa, sin ganas de salir ni hacer nada.

Desafortunadamente, tanto los amigos de mi padre como los de mi madre fallaron en momentos clave. Los de mi madre ponían nervioso a mi padre al mencionar lo buena que era, mientras que los de mi padre brillaban por su ausencia cuando más los necesitábamos. Esto sumió a mi padre en una depresión profunda, encerrado en casa, y a mis hermanos y a mí, en pisos separados pero compartiendo la carga de sacar adelante la empresa, que estaba sufriendo debido a la falta de atención, al punto de que tuvimos que vender un piso a finales del verano y mudarnos a la casa de mi padre, lo que facilitó que cayera en su influencia. Pero debo admitir que esos meses tan difíciles...

tiempo. Aunque ahora me divierte la forma en la que actuaba, ya que luego pactamos rascarnos las cosquillas. Pero eso es historia aparte.

Desde hace tres semanas he asumido mi rol en la familia, como la compañera de mi padre. No solo en el aspecto íntimo, sino también en el sentido romántico. Él ha aceptado que su princesa también tiene un lado salvaje, como han notado los invitados que pasaron por nuestra casa en Navidad. Ahora me he convertido en el confidente de otros familiares.

Por supuesto, el camino para llegar a esta conclusión fue largo. Recibí consejos de muchos que me tachaban de loca, me atormentaba pensando que todo era culpa mía, lidiaba con la ansiedad por posibles embarazos, pero al mismo tiempo me sentía más liberada que nunca con otra persona (además de conmigo misma) y disfrutaba de una vida sexual apasionada.

Terminé cuidando a mi padre junto a mi hermano, es decir, preparándole la comida en mi turno, ayudándolo a levantarse de la cama, manteniendo la casa limpia, conversando para distraerlo, viendo películas de su agrado o jugando juegos de mesa y tratando de motivarlo para que volviera al trabajo, aunque al principio con resultados limitados.

Fue entonces cuando sucedió lo de mi hermano y empecé a darme cuenta de que mis familiares no eran solo eso... también eran hombres. Esto me hizo reflexionar mucho. Noté signos de un comportamiento amoroso por parte de mi padre. Abrazos prolongados, piropos donde antes le costaba expresar palabras bonitas, detalles como colocar su mano en mi cintura, entre otros.

Aunque, claro está, ese era pleno verano y no solía vestirme de forma recatada. En muchas ocasiones iba a ver a mi padre con la primera prenda que encontraba, la mayoría de las cuales dejaban poco a la imaginación. Además, estaba atravesando una etapa de mucha lujuria, por lo que a veces me entretenía en su baño, en su habitación o en la casa donde vivía antes, cuando nos turnábamos para descansar en momentos difíciles (gracias al apoyo del psiquiatra y psicóloga, logré estabilizarme un poco).

Durante mucho tiempo, pensé que él no se daba cuenta de mis travesuras, por lo que seguía disfrutando de mi libertad, mientras que mi padre se esforzaba por no sobrepasarse (cosa que él mismo me confesó más adelante).

Así que un día, a mediados de septiembre, en esos días de intenso calor, llegué confiada a la casa familiar con unos shorts anchos que dejaban ver mis braguitas con un gran Pikachu sonriente, un sostén deportivo y una camiseta de Link luchando contra Ganon tapando el resto.

Ese fin de semana solo iba medio día, así que esta vez se preparó un plato él mismo... y yo limpié el desorden que había dejado en la cocina. Como de costumbre, llevaba lo mínimo, una blusa blanca pegada a su cuerpo y sus boxers, con una sonrisa cansada se sentó en una de las sillas de la cocina para charlar mientras yo seguía limpiando.

Desde lo sucedido con mi hermano, empecé a prestar atención a las reacciones de mi padre, tratando de no mirar directamente pero a veces se me escapaba una mirada, especialmente cuando pensaba que él no se daba cuenta, recién levantado de su "siesta". Obviamente, se notaba su interés.

En ocasiones me volteaba para conversar con él, generalmente discutiendo sobre la última película vista o sobre futuros planes de viaje cuando estuviera mejor de salud. Este tema nunca se agotaba, ya que cada vez mencionaba un destino diferente con planes distintos. En aquel momento, yo no estaba tan activa sexualmente, aunque a veces se me escapaba alguna mirada furtiva.

Él creía, en mi inocencia, que solo buscaba su compañía. Así pasamos un rato, disfrutando de la conversación sin percatarnos de las miradas del otro. Hasta que tuve que agacharme a recoger algo del suelo. Con un

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trasero como el mio y con la ropa holgada pero corta, ya que se subió la parte del pantalón y tuvo una vista demasiado buena de mis bragas y sin dirigirse a nadie dijo: - ¿Pikachu? - Era una serie que veía junto a mi en la infancia, por lo que conocía el nombre.

Por supuesto, me puse toda roja, me levanté y casi me caigo de cabeza, molesta le dije: - ¡Papá! Vaya, no seas tan infantil - Él se disculpó entre risas - Lo siento Dani, fue solo una broma - mientras su miembro volvía a endurecerse lentamente. Yo volví a lavar los platos sin mirarlo y él se fue al comedor. Mi corazón latía fuerte y la imagen de su miembro apenas cubierto por sus calzoncillos rondaba en mi mente.

Después de preparar todo para la cena, me uní a él. En general, no hubo mucho que destacar, solo algunos toques en la pierna cuando quería que viera momentos de sus viejas películas en Filmin. Su miembro se relajó... y yo también, en cierto momento de la tarde en el baño, leyendo un relato erótico.

A medida que se acercaba la hora de cenar, seguía llevando los mismos calzoncillos sin cambiarse (mi hermano pasaba de todo y no lo obligaba), así que le regañé. Finalmente aceptó ducharse y dejó la ropa afuera, la recogí para llevarla a la lavandería... El aroma... me revolvió un poco.

Regresé alterada al comedor para esperar a que terminara de ducharse y cambiarse. Al pasar por el baño, lo vi parado secándose... o más bien, como él mismo admitió, se estaba masturbando. En fin...

La cena transcurrió sin problemas, aunque se le escaparon algunos comentarios o roces en mi pierna, siempre con disculpas pero una sonrisa pícara. Jugamos a juegos de mesa un rato antes de que quisiera retirarse a dormir, con un par de cervezas de más... tal vez unas cuantas más. Pero estaba de buen humor y eso me alegraba. Sin embargo, el cansancio comenzaba a agobiarme, después de haber hecho senderismo por los alrededores del pueblo por la mañana, me sentía un poco agotada. Así que le dije que también me iría a dormir, un poco mareada.

Él siguió durmiendo en su cama matrimonial (muy cómoda, por experiencia) y yo en mi pequeña habitación, rodeada de mis juguetes de antaño y artículos de merchandising acumulados, tenía tantas cosas en mi piso. Mis muebles se reducían a una estantería repleta, un armario igualmente lleno, un pequeño escritorio y mi cama, que no era muy grande, porque yo también soy pequeña.

Como hacía calor a pesar de ser septiembre, me desnudé por completo, salvo por mis bragas, y me cubrí con una sábana muy fina, más por si refrescaba durante la madrugada que por el frío que hacía. Habíamos apagado la calefacción recientemente. Apagué la luz e intenté conciliar el sueño. Normalmente me quedo dormida enseguida, podría caer una bomba a mi lado y ni enterarme, lo cual agradecía. Pero esa noche estaba algo nerviosa y el alcohol me afectaba un poco, así que me mantuve despierta.

Agarré el móvil y me distraje un rato, intenté volver a dormir... pero nada. También leí un poco y probé otros métodos, pero después de una hora mirando al techo de la habitación, comencé a pensar en lo sucedido en la cocina y me imaginé que en lugar de mi padre, era otro hombre... empecé a acariciar mis labios inferiores suavemente, reflexionando sobre la situación en mi mente, aunque de vez en cuando mi subconsciente me hacía ver a mi padre, lo que ralentizaba mis movimientos al "enfriarme", en realidad tratando de convencerme de que eso no estaba bien. Los movimientos se intensificaron y un dedo entró en mí.

En ese momento escuché pasos en el pasillo, mi padre se había levantadotomar agua. Me tapé los ojos con la intención de conciliar el sueño y detuve el acto de estimulación sintiéndome insegura. Cuando escuché que mi padre se detuvo frente a mi habitación. Pasó un tiempo, angustiada pensando si habría escuchado mis jadeos, fingí que estaba dormida. Entonces, la puerta se abrió, observé quién entraba de reojo.

Solo podía distinguir su silueta, pero era evidentemente mi padre. Se aproximó sigilosamente, posiblemente pensando en gastarme una broma, me preparé para sorprenderlo... Hasta que suavemente comenzó a retirar la sábana que me cubría y me quedé petrificada... Tal vez debería haber reaccionado en ese momento, supongo, pero mi respuesta fue de desamparo.

Pronto percibí que todo mi cuerpo estaba descubierto. Podía oír su respiración ligeramente acelerada y el leve aroma de su sudor. Y poco después escuché el sonido inconfundible de que se estaba masturbando... mirándome. No quise decir nada debido a una mezcla de miedo, sorpresa, el temor a que se avergonzara y... que la situación en ese instante me resultaba algo excitante.

Entonces, una de sus manos, sin dejar de tocarse, comenzó a acariciar mis muslos. Dado que suelo practicar ejercicio, los tengo siempre tonificados, y sentir su contacto recorriéndolos, me produjo una extraña sensación, especialmente a medida que se aproximaba más y más a la zona de mi pubis, mi corazón latía rápidamente, mientras a veces me sorprendía teniendo que contener la respiración.

Su mano empezó a tocarme en mi zona íntima de manera agresiva, pero como estaba muy sensible, empecé a jadear, lo que hizo que se retirara momentáneamente, antes de regresar cuando me "relajé". Si antes fue sobre la ropa, ahora retiró las prendas íntimas y pude sentir el frío en mi entrepierna, que pronto fue cubierto por su mano. Por un instante se detuvo y se retiró, supongo que al darse cuenta de que estaba ya húmeda.

Pero se animó de nuevo, comenzó a acariciarme con dos dedos separando mis labios y tocando mi zona íntima, era demasiado y me moví como si estuviera dormida y me volteé, ocultando mi intimidad. Pareció desistir de intentar más allí.

No pasó mucho para sentir su aliento en mis senos y cómo su lengua me dio un par de lametones muy suaves en los pezones, antes de rozarlos con la mano libre. Por sus suspiros, parecía estar alcanzando el orgasmo. Pensé que se iría al baño a aliviarse.

Pero fue una esperanza vana y noté cómo se acostaba en la cama. Junto a mi rostro, y el evidente olor a pene ¡Ahí estaba el miembro de mi padre junto a mi boca! Pronto mis labios rozaron algo que imaginé qué era. Oí cómo suspiraba, mientras tenía la boca ligeramente abierta toqué con la punta de la lengua su miembro, y luego lo introdujo un poco. Sentir su sabor y rodearlo con mis labios... me excitó bastante.

Fue solo un momento, pero se me hizo eterno, porque satisfecho se apartó de mí. Sus pasos se alejaron e intentó cerrar la puerta sin hacer ruido, sin lograrlo del todo. Tan excitada como estaba, estuve a punto de decirle que se quedara. Pero mi mente racional prevaleció e intenté tranquilizarme diciendo que el alcohol le había afectado más por la medicación... Lo mejor fue que a la mañana siguiente estaba de buen humor y no hizo nada extraño.

Y esa fue mi primera experiencia con quien ahora me espera en la cama. Puesto que estoy escribiendo esto de madrugada. Por lo demás estoy muy ilusionada y feliz. Reconocerlo me ayuda a aliviar un poco la culpa que aún siento. Espero que me comprendan. Si desean comentar, siempre responderé. Gracias por leerme.

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