Nuestra vivencia, o más bien, la vivencia compartida, se inicia con nuestro despertar sexual, ese momento trascendental en el que se deja atrás la adolescencia para ingresar en la adultez, nuestras transformaciones físicas, la constante erotización de la sociedad en la que nos desenvolvemos.
En nuestra familia, con un trasfondo cultural fuertemente católico, nos vemos constantemente reprimidas, especialmente en el tema del que hoy me atrevo a hablar, o mejor dicho, nos atrevemos a relatar, ya que como hermanas gemelas, compartimos gran parte de nuestras experiencias.
A pesar de ser mellizas y de tener una apariencia idéntica, existen ciertas diferencias entre nosotras. Yo soy un poco más abierta a explorar la lectura o ver películas relacionadas con el sexo, así como a poner en práctica ciertas actividades sexuales, aunque hasta el momento no hemos llegado a mantener relaciones íntimas.
En cierto momento, ambas adquirimos algunos productos en una tienda erótica para satisfacernos a nosotras mismas, lo hacíamos en secreto, sin que la otra lo supiera. ¿Miedo? ¿Vergüenza? ¿Pudor? Quién sabe, pero fue un acuerdo tácito entre ambas. Ninguna de las dos sabía cuándo la otra se entregaba a esos placeres, ni dónde, cómo o cuándo, aunque era de suponer que cada una lo hacía en su habitación.
Todo surgió a raíz de que ambas teníamos problemas de peso, no llegando a la obesidad extrema, pero sintiendo el peso de los estereotipos impuestos por esta sociedad, donde los jóvenes de nuestra edad nos pasaban por el lado como si no existiéramos, como si solo tuvieran ojos para aquellas que pesaban diez kilos menos que nosotras (qué tanto se pierden).
Aprovechando algunas reparaciones en las habitaciones, nuestros padres decidieron emprender un viaje de "segunda luna de miel", dejándonos solas en un monoambiente que solía ser el despacho de mamá (quien es abogada). Acondicionamos provisionalmente el lugar con algunas pertenencias para habitarlo hasta que finalizara la obra en casa.
En cierta noche, tras haberme bañado, decidí colocarme un juguete anal con la intención de autocomplacerme una vez que mi hermana estuviera dormida. Debo aclarar que una de mis fantasías involucra el sexo anal.
Después de un tiempo, al percibir la respiración de mi hermana, más tranquila y pausada, interpreté que ya había caído en el sueño, así que comencé con mi ritual. Acariciaba mis senos y estimulaba suavemente mis pezones, excitándome gradualmente. Mi mano derecha descendió hacia mi vagina, ya húmeda; mi dedo medio y anular se deslizaban desde el juguete hasta mi clítoris, provocándome una sensación eléctrica que recorría todo mi cuerpo. Entre suspiros y gemidos, me adentré en la profundidad de mi ser con esos dos dedos inquietos, mientras con la base de la misma mano continuaba estimulando mi clítoris, lo cual desencadenó un intenso orgasmo y un grito de placer que tuve que contener debido a la proximidad de mi hermana.
Jadeando y agitada, noté unas manos recorriendo mis senos y abdomen, para luego, con destreza y rapidez, explorar mi sexo ardiente. Sorprendida, pero complacida, permití que continuara, extendí mi mano hacia su sexo empapado en jugos y nos acercamos para fundirnos en un beso apasionado, una experiencia completamente nueva que me estremeció de pies a cabeza.
Ella intentó acariciar mi esfínter anal, topándose con el juguete, lo retiró con sumo cuidado y simplemente dijo...
- Deshazte de esto, y probemos algo diferente, es algo que he estado pensando desde hace tiempo.
Su voz se apagó al entrar en contacto con mis labios vaginales palpitantes, dejando que su lengua fuera la que hablara por ella.
La guié con mis manos hasta adoptar la clásica postura del "sesenta y nueve", experimentando por primera vez los jugos vaginales de otra persona que no fueran los míos. Debo decir que su sabor agridulce me encantó y me llevó a un nivel de excitación tan alto que terminé por alcanzar un formidable orgasmo, mis gritos resonaban en todo el...
En un espacio íntimo, la llevaron al clímax, pudiendo también disfrutar del intenso placer de su orgasmo.
Al levantarse de la cama, fue hacia su bolso para sacar un arnés, en el cual colgaba un pene, de tamaño moderado, se lo colocó rápidamente y sin vacilar, imitando lo visto en las películas, adopté la posición de cuclillas, apoyando mi cabeza en la almohada y arqueando la espalda para exponer mi generoso trasero a lo más cercano a lo que sería mi primera vez. Ella se arrodilló detrás de mí, apuntó el consolador a la entrada de mi vagina y con suavidad, lo introdujo poco a poco en mi interior, miles de sensaciones cruzaron mi mente, experimentando emociones indescriptibles, distinto a cuando utilizaba un consolador por mi cuenta, no tardó mucho con sus movimientos, que con un grito liberé todo el contenido de mi orgasmo.
Conociendo mi fantasía, mi hermana lo retiró y apuntó hacia mi esfínter anal, sin dudar ejerció una presión constante introduciéndolo de una vez, sí, grité, pero no por el dolor que fue mínimo, sino por la felicidad de todo lo que estábamos viviendo juntas.
Mientras penetraba mi trasero con frenesí, masajeaba mi clítoris, y cuando sintió que estaba a punto de llegar al clímax nuevamente, introdujo uno, dos, o tres dedos, no sabría decir cuántos, en mi vagina, provocándome un nuevo orgasmo intenso que me hizo temblar y caer de bruces sobre las sábanas blancas.
Lentamente retiró el consolador de mi ano, me abrazó, me besó, y con la voz más dulce que nunca había escuchado, dijo:
- Te amo, ahora es mi turno de disfrutar.
- Y lo harás, me encanta esto, espero que a ti también te guste.
A pesar de mi inexperiencia en el lesbianismo, tomé referencias de las películas que había visto, subió sobre mi cuerpo y colocó su vulva en mi pelvis, comenzamos a movernos al ritmo frotando nuestros clítoris contra mi pelvis totalmente depilada, alcanzando un frenético clímax, luego me puso el arnés diciéndome:
- Yo también quiero participar...
Reproduciendo la escena, pero con diferentes actrices, el artefacto entró en acción.
Si me preguntan ¿Cómo te sentiste con la experiencia? Respondo:
- Me sentí bien, muy bien, sin inhibiciones, sin remordimientos, descubrí a fondo mi cuerpo y mi faceta más traviesa en la cama, sorprendida al descubrir una faceta de mi hermana que desconocía.
Cabe mencionar que actualmente ambas tenemos novio, pero seguimos teniendo nuestros encuentros "fraternales", aprendiendo cada día algo nuevo.
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