-¿Pero por qué en el mensaje de Minerva mencionaba que Rodri estaba durmiendo? ¿Podría haber algo más si voy? ¿Y si solo desea su bolso? - Matthew se debatía entre sus pensamientos mientras sudaba nerviosamente, la situación le resultaba abrumadora. Se dirigía a las 3 de la madrugada para entregar el bolso a Minerva, la pareja de su mejor amigo. Aunque en cierto modo le atraía la idea, esa sensación de estar al límite de lo prohibido y no poder resistirse a la tentación.
- ¿Qué ocurrirá entre Minerva y yo? ¿Cómo afectará a Rodri? ¿Realmente seré capaz de lastimar a mi amigo de esta manera? - Reflexionaba Matthew en su mente. Nunca antes se le había pasado por la cabeza traicionar a un amigo, solo pensar en ello le generaba incomodidad. Sin embargo, algo en su interior lo impulsaba a seguir adelante.
Solo el imaginar a Minerva le provocaba una ráfaga de sensaciones sexuales intensas. El poder sentir su piel suave entre sus manos y descubrir cada parte de su cuerpo lo excitaba de sobremanera. Hacía mucho tiempo que no sentía a una mujer perturbar su racionalidad de ese modo.
El camino en auto parecía no tener fin, una sucesión de pensamientos que se entrelazaban en la mente de Matthew: miedos, incertidumbres y deseos se agitaban en su interior. Sentía un sofoco al experimentar eso y Matthew tenía un nudo en la garganta que solo podría deshacer al ver a Minerva.
En ese instante parecía que el universo conspiraba en ese momento pivotal. La tensión que se percibía en el vehículo era densa y palpable.
Estaba frente a la puerta de la casa, Matthew había llegado, pero Minerva no aparecía. Nervioso, sacó su celular y le envió un mensaje:
- Estoy afuera. - Conciso y directo.
- Salgo. - Respondió Minerva de inmediato, como si hubiera estado aguardando ese mensaje por toda la vida.
Los segundos que transcurrían mientras esperaba que saliera Minerva se le antojaban interminables a Matthew, por lo general estas situaciones no le causaban incomodidad, al contrario, las manejaba con claridad y seguridad. Sin embargo, la naturaleza vedada de esta situación lo tenía confundido. Se sentía incómodo por sus actos, pero parecía carecer de control sobre la situación. Se percibía como si fuera arrastrado por una fuerza irresistible hacia un terreno desconocido y peligroso.
- Hola. - Una voz dulce surgió tímidamente desde la oscuridad.
- Hola Minerva. - Dijo Matthew. Se encontraba algo desconcertado, sin saber si bromear, insinuar la entrega del bolso e inclusive retirarse. Temía el silencio incómodo, por lo que añadió: - Ha tenido suerte, señorita. Estaba por cerrar mi negocio de transporte de bolsos de hoy, pero no pude resistir a su solicitud.
Se sintió satisfecho con su respuesta, orgulloso de haber sido ingenioso y de manejar la conversación. Minerva, por su parte, apreció la malicia en sus palabras. Lo miró con ojos provocativos y una sonrisa traviesa. Era su turno, y estaba decidida a proseguir con el juego que habían iniciado. No le importaba extenderlo; de hecho, le encantaba. La tensión y complicidad flotaban en el aire, creando un ambiente cargado de emoción.
- ¿Está usted seguro de tener dicho producto? - interrogó ella y al instante sonrió, alzando su mano derecha en alto con el bolso en cuestión, Matthew se dio cuenta de que ni siquiera había verificado si Minerva realmente lo había olvidado. Se sintió avergonzado, pero no le importó en lo más mínimo, simplemente deseaba verla una vez más. Entonces, sonrió.
Era evidente que la historia del bolso había sido una artimaña de Minerva para evaluar el interés de Matthew. Si él lo hubiera buscado y no lo hubiera hallado, se lo habría comunicado. Pero el solo hecho de presentarse.
Allí, sin pronunciar palabra alguna, sin siquiera apreciar si era real, ya representaba una respuesta concluyente. Era una afirmación silenciosa de su anhelo y determinación de estar con ella.
En ese instante ella tomó el control de la conversación con firmeza, sabedora de que tenía el dominio.
- ¿Me acompañarías? - inquirió Minerva, clavando su mirada en el automóvil de Matthew. Fue una declaración de intenciones clara y directa.
Matthew entendió la insinuación al observar el coche, y un sudor nervioso recorrió su cuerpo. Esto era serio. Sabía que si aceptaba esta petición, no habría vuelta atrás. El nombre de su amigo Rodri resonaba en su mente. Contempló a Minerva; ella parecía estar completamente segura de su elección. Qué seductora era.
La situación llenaba a Matthew de una emoción intensa. Solo pensar en lo que podrían hacer esa noche le generaba un deseo imponente. El silencio había durado suficiente tiempo y era momento de tomar una decisión:
- Te llevaré, pero con una condición. - Expresó Matthew seriamente. Quería recuperar el control de la conversación.
Minerva no tardó en responder.
- ¿Cuál es la condición? - Preguntó con interés. El tema de condiciones, de ser dominada, la excitaba.
- Véndate los ojos. - Determinó Matthew, estableciendo sus términos.
A Minerva le encantó la idea y obedeció de inmediato. Utilizó un pañuelo rojo que solía usar para recoger su cabello y se cubrió los ojos. En ese instante, sin visibilidad, él se acercó lentamente hacia ella.
Con delicadeza, Matthew se aproximó, buscándola con su brazo hasta encontrar su cintura. La atrajo hacia sí con un gesto sensual. Minerva se entregó al momento, totalmente excitada por la situación. Centrada en sus otros sentidos, sintió cómo Matthew la acariciaba lentamente y se aproximaba a su oído al susurrarle:
"Voy a hacer que recuerdes esta noche para siempre." - Las palabras de Matthew resonaron con un tono provocador e intenso.
Minerva no pudo contenerse más y exclamó:
- Quiero que me poseas, que me hagas tuya. - Estaba completamente entregada en la pasión del momento.
- Lo haré con ganas, pero debes tener un poco de paciencia. - Sonrió Matthew mordiéndose el labio.
Ambos subieron al auto, con la asistencia de Matthew, Minerva logró hacerlo. Él conocía un lugar donde tendrían total intimidad.
El viaje transcurrió en un silencio tenso pero cargado de intensidad. Para Minerva, la incertidumbre de no saber qué le esperaba, qué planes tenía él para ella y de entregarse completamente a Matthew, encendía su alma. Cada segundo que pasaba aumentaba aún más su deseo. Ansiaba sentirlo dentro de ella, besarlo, entregarse por completo a un hombre como él.
Por su parte, Matthew se entregaba a la tentación sin remordimientos. Había dado el paso y estaba determinado a llevar las cosas hasta el final. Ahora él tenía el poder de controlar la situación. Era consciente de que Minerva estaba a su merced y lista para hacer todo lo que él deseara.
Mientras se dirigían hacia su destino, Matthew deslizó su mano lentamente hacia las piernas de Minerva. Las acarició con sensualidad, iniciando desde abajo y ascendiendo gradualmente, acercándose a su centro cálido. Con cada avance, la sensibilidad de ella se intensificaba. Minerva respiraba agitadamente y, casi por instinto, abría más sus piernas, ansiosa por sentirlo aún más cerca.
Él jugaba con ella, postergando el momento de entrar en ella. Solo deseaba aumentar su excitación. Esto le otorgaba más poder y lo disfrutaba.
Justo cuando Matthew estaba más cerca y podía casi sentir la humedad de ella, se detuvo repentinamente.
- Hemos llegado. - Anunció él, saliendo del auto para luego abrir la puerta y ayudar a Minerva a bajar.
Ella lo siguió, sus manos entrelazadas, mientras escuchaba el sonido de unas llaves provenientes de la otra mano de Matthew. Estaba abriendo una puerta. Una luz suave y cálida iluminó el espacio. Avanzaron un poco más hasta detenerse. Minerva no sabía dónde se encontraba, pero en ese momento, eso era lo de menos. Anhelaba sentir el calor de Matthew dentro de ella más que cualquier otra cosa.
En un instante, Matthew salió de la habitación, dejando a Minerva a solas. Fueron unos segundos insoportables para ella. Parecía que estaba buscando algún objeto. Después de un rato, escuchó cómo Matthew regresaba y le susurraba:
- ¿Estás segura de que quieres entregarte por completo a mí? - preguntó con voz serena.
Sin dudarlo, Minerva respondió:
- Absolutamente.
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