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Increíble academia de hospitalidad (parte 6)


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Al empezar la semana de clases antes de las vacaciones de Navidad, me encuentro en la escuela con el grupo. Cuando Jorge aparece, siento una emoción intensa, mi amiga Carlota me da un codazo de forma muy evidente y levanta las cejas dos veces, recordándome lo sucedido en la fiesta. Me ruborizo y noto que Jorge se sorprende después del gesto ridículo de Carlota, pero continúa su camino. Le lanzo una mirada furiosa a Carlota y me giro para verificar que todo está en orden, sin embargo, mis ojos se encuentran con los de Jorge, que, para mi sorpresa, también se ha girado. Nuevamente mi corazón se detiene y me mareo, intento sostenerme de la mesa cercana, pero finalmente caigo al suelo. Escucho voces a mi alrededor, mucha gente se acerca, me dan agua y me preguntan si me siento bien. Trato de asentir, pero todo se vuelve oscuro.

Recobro la conciencia en una camilla, con un brazalete para controlar la presión en mi brazo. Una mujer está sentada a mi lado en una mesa, le pregunto dónde estoy.

- Estás en la enfermería. ¿Cómo te encuentras? Nos has dado un buen susto; parece ser una bajada de presión y te has desmayado. Prueba a comer esto, te sentirás mejor. - me ofrece una barrita energética, y la acepto, a pesar de no tener hambre.

- Me siento algo aturdida. - empiezo a comer la barrita.

- ¿Desayunaste esta mañana?

- La verdad es que no... nunca desayuno antes de venir, no tengo apetito a esas horas.

- Pues ahí tienes, debes cuidarte más.

- Lo sé... gracias por la barrita, creo que regresaré a clase. No quiero perderme la lección. Gracias por cuidar de mí.

- De nada, pero no deberías ir a clase. Sería mejor que te fueras a casa y descansaras.

- De acuerdo, seguiré tu consejo. Gracias de nuevo.

Salgo de la enfermería, recojo mis cosas y me dirijo a casa.

Mis padres estaban preocupados, los contactaron desde la escuela. Decido tomarme el resto de la semana de descanso y no regresaré hasta después de las fiestas navideñas.

Esa misma tarde, Roel viene a visitarme a casa. Mi madre está trabajando, mi padre durmiendo, mi hermana menor en el colegio y mi hermano mayor en el trabajo.

Roel me abraza con pasión al verme, también estaba preocupado. Me besa y mis lágrimas vuelven a caer.

- ¿Qué sucede? ¿Tú también te asustaste? Lexa, debes comer más, últimamente apenas comes y nos has asustado a todos.

Asiento con la cabeza y resumo el beso que las lágrimas interrumpieron. Le quito la chaqueta, el cinturón, la camisa, y comienzo a desabotonar mi blusa de pijama. Me rodea con sus brazos, me lleva al sofá, me siento frente a él y desabrocho su pantalón, dejando al descubierto su erección. La acaricio, la masajeo y la introduzco en mi boca, realizando movimientos ascendentes y descendentes, luego la introduzco completamente y la acaricio con los dientes mientras subo nuevamente. Roel se estremece y finalmente se libera, sabía delicioso y lo trago con gusto. Él levanta mi rostro, me ofrece su mano para ayudarme a ponerme de pie, me sujeta por la cintura y me recuesta en el sofá. Me quita los pantalones del pijama con facilidad y recorre mi cuerpo con besos. Al llegar a mi zona íntima, su lengua se desliza y succiona, centrando su atención en mi clítoris mientras con la mano derecha introduce cuatro dedos de golpe. Mis piernas tiemblan y siento que caigo en una espiral, todos los músculos de mi cuerpo se tensan y me estremezco.

Cierro los ojos con fuerza y un pensamiento invade mi mente: Jorge. Recobro la compostura de inmediato, Roel se prepara para cambiar de posición, pero lo detengo con la mano y me pongo en cuclillas. Percibo un atisbo de decepción en su gesto, pero toma mis caderas y me penetra de manera enérgica y placentera, gruño y me acerco más a él con cada embestida, cada vez más rápida y firme. A punto de llegar al clímax de nuevo, me pongo de rodillas. Roel agarra mis pechos y, al alcanzar él también el clímax, me muerde el hombro. A pesar del dolor, extrañamente me excita aún más, intensificando el orgasmo. Tras el momento de éxtasis, ambos caemos exhaustos en el sofá. Nos reponemos, nos vestimos rápidamente, le digo que estoy cansada y que me voy a descansar un rato. Lo despido en la puerta y se marcha.

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