Me volví muy popular en la universidad desde que aquel individuo me hizo salir a pasear en público con mis pies cubiertos de semen, lo cual desencadenó una avalancha de propuestas. Claramente, el individuo difundió la noticia y muchos hombres se acercaban a solicitarme lo mismo o me contactaban a través de mis redes sociales. Al principio, me sentí desconcertada porque la mayoría eran hombres repugnantes o simplemente no me parecían atractivos, o me ofrecían una cantidad de dinero insuficiente.
Sin embargo, me obsesioné con la sensación del semen en mis pies y consideré que sería beneficioso sacar provecho de ello. Inicialmente, contesté a aquellos que me contactaban por redes sociales y les comuniqué que podía hacerlo, pero que no aceptaba menos de $1000. De esta manera, empecé a realizar sesiones con varios chicos de manera gradual.
Cada vez que me reunía con alguien, pedía a una amiga que me acompañara y esperara afuera para evitar cualquier situación desagradable, y les advertía a los chicos al respecto, aunque nunca intentaron lastimarme. Así, progresivamente comencé a obtener ganancias masturbando a hombres con mis pies. Algunos empezaron a solicitar grabaciones mientras los complacía o fotos de mis pies cubiertos de su semen al momento de la eyaculación. Posteriormente, subieron mis imágenes y vídeos a un sitio web dedicado al fetiche de pies.
Un día, un chico me propuso participar en un encuentro con 5 hombres al mismo tiempo. En ese instante recordé mi primer encuentro en la zapatería y acepté. No podía evitar rememorar el día en que varios hombres llenaron mis pies con su semen, y la perspectiva de revivir esa experiencia me emocionó profundamente.
Llegó el día, nos dirigimos a un hotel y entré al cuarto primero con el chico que me había contactado. Tras una breve charla, tocaron la puerta y llegaron sus amigos. En lugar de ser 5, resultaron ser 7 sujetos, además del que me había invitado. En total éramos 8, pero acordaron pagarme la cantidad correspondiente a cada uno. Para mí no representó un problema, de hecho, la idea de más semen en mis pies me excitó aún más.
Comenzamos la sesión: se situaron alrededor de la cama y yo me recosté. Vestía una blusa blanca, shorts de mezclilla y sandalias blancas. Me despojé de la blusa y los shorts, quedando desnuda, únicamente con las sandalias. Indiqué que primero mostraría mis pies y que ellos podían masturbarse mientras observaban. Los acariciaba, los friccionaba con mis manos, jugueteaba con mis sandalias y luego me las quitaba. Les mostraba y ocultaba los dedos delante de sus rostros, pero no permitía que se acercaran a tocarme. Posteriormente, uno a uno iba atendiendo a los presentes.
Al primero le solicité que escupiera en mis dedos y con su saliva en mi pie comencé a masturbarlo. Luego, invitaba a otro a acercarse y también lo complacía de la misma manera. Repentinamente, uno eyaculó en la alfombra de la habitación, sin embargo, para no desperdiciarlo, bajé de la cama y empecé a pisar el semen, embadurnando mis plantas con él.
Fui objeto de lamidas, escupitajos, lengüetazos entre los dedos, acariciaba sus genitales, sus testículos, algunos solicitaban que los masturbara con mis sandalias, entre otras cosas. Uno a uno fueron eyaculando, todos sobre mis pies. Estaba completamente excitada, disfrutando de esos miembros viriles eyaculando sobre mis pies. Me sentía increíblemente excitada, pero mis dedos ya no eran suficientes para satisfacerme. Inesperadamente, pedí al más atractivo que mantuviera relaciones conmigo, pues ya me encontraba sumamente ardiente.
Le indiqué que se recostara en la cama, me posicioné sobre él dándole la espalda, sujeté su miembro con mis pies y poco a poco lo introduje. Fue una experiencia inolvidable sentir cómo penetraba mientras sujetaba su miembro con mis pies. Sin previo aviso, eyaculó dentro de mí, pero estaba tan fogosa que no me importó. Retiré su miembro y permití que el líquido se deslizara desde mi vagina hasta caer sobre mis pies. Fue algo maravilloso.
Mi negocio estaba en auge y, sin darme cuenta, poco a poco me convertí en una escort, la más deseada de la universidad por sus habilidades con los pies.
Otros relatos que te gustará leer