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Me acosaron mi suegro y mi cuñado


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Lo que les relato ocurrió poco después de que mi marido partiera de viaje por trabajo, ya que él debía trasladarse a otra ciudad y pasar un par de días allí, como solía hacer mensualmente.

Soy una ama de casa que valora la lealtad, mido 1.67, tengo ojos azules heredados de mi padre, mis medidas son aproximadamente 85-60-80, poseo senos grandes 38D y un trasero prominente que ha sido del agrado de mi esposo desde que nos conocimos.

Mi marido partió a trabajar en una especie de reunión de negocios un viernes por la mañana y tenía planeado regresar el domingo por la mañana, dejándome sola en casa. Como aún no tenemos hijos, la soledad era mi única compañía.

Esa tarde de viernes, escuché el timbre sonar y fui a ver quién llamaba a la puerta, para mi sorpresa, era mi suegro Raúl y mi cuñado Carlos. Raúl es un hombre de 50 años que, a pesar de su edad, se mantiene muy vigoroso, mientras que mi cuñado, de 34 años, es un joven muy atlético que tiene una novia menor de edad, lo cual le ha causado problemas.

Sin dudarlo, los hice entrar y los saludé como de costumbre a ambos con un beso en la mejilla.

-Hola Rosa, ¿cómo has estado? ¿Dónde está Juan que no lo veo?

-Muy bien, gracias a Dios suegro, mi esposo está en una reunión de negocios en Guanacaste y no regresa hasta el domingo por la mañana, al menos eso espero.

-¡Ese trabajo de mi hermano sí que es esclavizante!

-La verdad que sí, cuñado. Ya se lo he mencionado, pero él me dice que esa etapa casi acaba si lo ascienden de puesto, lo cual podría ocurrir en los próximos meses.

Bueno, tomen asiento, ¿les gustaría algo de beber?

-Por supuesto Rosita, si tienes una cerveza de las que me gustan, ¿podrías regalarme una? ¿Y tú, Carlos?

-Cuñada, para mí también una cerveza igual que mi padre. Gracias.

-Claro, voy a la cocina y se las traigo...

Fui a la cocina para llevarles sus cervezas. Cada vez que venían, y estando mi esposo fuera, dejaban la nevera sin cervezas, aunque sabían que no debían beber mucho debido a que se emborrachaban rápidamente.

Les serví sus cervezas, una tras otra, mientras conversábamos sobre diferentes temas. Yo también tomé una cerveza, aunque no tan seguido como ellos, ya que no soy de beber mucho.

-Y cuéntame Rosita, ¿cómo te entretienes cada vez que mi hijo se va a esas reuniones? ¿No te sientes sola aquí?

-Bueno suegro, lo que suelo hacer es lo habitual: ocuparme de las tareas del hogar y, cuando tengo un momento libre, descansar y contar las horas para la vuelta de mi esposo...

-Ve que ya se han quedado sin cervezas, ¿quieren más suegro? ¿Y tú, Carlos?

-Sí, claro, hoy me saben muy ricas, cuñadita. Además, así pasamos el tiempo y hacemos compañía.

-Desde luego que sí, no le diría que no a otra sabrosa cerveza, cuñadita...

Me dirigí a la cocina cuando vi a través del espejo de la entrada a mi cuñado haciendo movimientos con las manos, como si estuviera golpeando a alguien en las nalgas, y supe que lo estaba haciendo por mí. Mi suegro solo reía, y lo que hacía era un poco vulgar, insinuando algo relacionado con mi vagina o trasero.

Ellos no se percataron de que los había visto. Me quedé traumatizada por lo que presencié, sentía miedo, no sabía si habían hecho algo similar antes, ya que era la primera vez que los veía comportarse así. El temor se debía a que estaba sola y sabía que cuando bebían y se emborrachaban podían volverse molestos. No sabía qué podría ocurrir si mi marido no estaba presente.

Tomé las cervezas y regresé a la sala para entregárselas a cada uno de ellos.

-Aquí...tienen sus bebidas...

-Doy gracias Rosita, eres un ser maravilloso, ¿no es cierto Carlos?

-Sin duda, papá... Rosita siempre tiene un trato excelente con la familia...

En ese momento sonó el teléfono y me dirigí a contestar, sabía que debía ser mi esposo por la hora y porque era el único que llamaba a esa hora...

-Hola cariño, ¿cómo estás? ¿Cómo va todo por ahí? ¿Adivina quiénes están aquí?

-Hola amor, por suerte todo va de maravilla. ¿Quiénes están contigo?

-Tu padre y tu hermano vinieron hace un rato y se quedaron para hacerme compañía...

-Qué alegría, no voy a poder saludarlos ahora porque debo irme, pero envíales mis saludos... Te llamaba para decirte que llegaré el Domingo en la tarde, la primera reunión se alargó un poco...

-Está bien cariño, no hay problema, de todas formas te espero el Domingo.... ¡Ya los saludaré a ellos!

-Bueno amor, me estoy yendo, te quiero mucho, cuídate...

-Igualmente, cuídate mucho, te quiero... Adiós

Mientras colocaba el teléfono en su lugar, sentí curiosidad por ver si mi suegro y mi cuñado iban a tener algún gesto hacia mí nuevamente, así que me acerqué a ellos...

-Juan envía saludos, no lo dijo personalmente porque tuvo que retirarse...

-Juanito es muy dedicado a su trabajo, parece que eso es lo único que le importa. ¿Y a ti cómo te trata, nuerita?

-Muy bien, siempre es atento y amable conmigo.

Aunque sabía que no era así, ya que él dedicaba más tiempo a su trabajo, casi no tenía tiempo para mí, ni para salir a comer fuera como al principio, y mucho menos para tener intimidad, ya que apenas unas dos veces por semana, era muy distante...

Pero aún tenía en mente lo que habían puesto en mi bebida, ¿qué podría ser? ¿Debería tomarla o no, y lo más importante, para qué? ¿Les seguiría el juego? No creía que fuera veneno, así que no me quedaba más que investigarlo.

Me acerqué y di un sorbo a mi bebida para detectar algún sabor particular, pero no noté nada; no tenía ningún sabor reconocible. Continué bebiéndola sin sentir malestar. Mi suegro y mi cuñado no apartaban la mirada de mí, estaban esperando algo y lo sabía.

Ellos terminaron sus bebidas y les pregunté si querían otra, aunque ya sabía cuál sería la respuesta. Fui a la cocina y lamentablemente no quedaban más cervezas, solo una botella de tequila de mi esposo, así que la llevé por si querían servirse, esperando que dijeran que no.

-Ya no me quedan cervezas, solo tengo un poco de tequila de mi esposo. ¿Les apetece?

-Claro que sí Rosita, así nos quedamos un rato más contigo, ¿verdad hijo?

-Sí, mi papá... uno bien cargado para mí por favor...

Serví los tragos y posteriormente me serví uno para mí, aunque no me gustaba mucho el tequila, de todos modos los acompañaría...

Después de beber el primer trago, empecé a sentir algo extraño, un calor recorría mi cuerpo, mis piernas temblaban y mi visión se nublaba un poco... Miré a mis visitas y vi una sonrisa en sus rostros.

-¿Te sientes mal, nuerita? Te veo pálida, ¿podemos ayudarte?

Trataba de hablar pero me costaba articular palabras, fue entonces cuando recordé lo que habían puesto en mi bebida, seguramente eran los efectos y ellos lo querían así. ¿Pero qué pretendían?

-No sé suegro, me siento mareada, creo que he bebido demasiado... Creo que debo retirarme, ¿podrían llevarme a mi habitación por favor?

-Por supuesto, Rosita, te

Vamos a ayudarte a que te recuestes. Ven, acércate, Carlos, y toma un brazo mientras yo tomo el otro.

Entre los dos me llevaron hasta mi habitación, el efecto de lo que me habían dado se agravó, ya que no podía hablar ni mover las piernas. Abririeron la puerta de mi cuarto y me condujeron directamente a la cama para acostarme.

-Creo que deberíamos asegurarnos de que Rosita esté más cómoda, ¿no crees, Carlos? A ver, quítale los zapatos, yo le ayudaré con la blusa, parece muy incómoda...

Deseaba poder hablar para pedirles que se detuvieran, ya no era necesario que me despojaran de la ropa, pero no podía decir nada y ellos eran conscientes de ello. Aun así, procedieron a desvestirme, quitándome la blusa y el pantalón entre los dos, dejándome solo en tanga y sujetador.

Podía ver la expresión de lujuria en sus rostros, sabía que la situación se estaba tornando peligrosa y extraña para mí, lo que iba a suceder no auguraba nada bueno. Mis ojos se volvían pesados, querían cerrarse, pero no lo permitiría, quizás manteniéndome despierta evitaría que intentaran algo en mi contra.

-Tranquila, nuera, descansa, que nosotros te cuidaremos jjj

-Relájate, que mi hermano no está, pero hoy nosotros te mimaremos jjj...

No tenía dudas de que iban a abusar de mí, lo presentía, pero me sentía impotente al no poder moverme y ellos lo sabían. Aun así, intentaba desesperadamente mover alguna parte de mi cuerpo, pero me resultaba imposible.

-Creo que nuestro huésped sigue incómodo, tal vez deberíamos quitarle lo que le queda de ropa, ¿no crees?

-Claro que sí, le ayudaremos como buenos Samaritanos: yo me encargaré de la tanga y tú del sujetador.

El suegro me quitó la tanga y observé cómo sus ojos se abrían completamente al ver mi vagina expuesta. Sin perder tiempo, introdujo uno de sus dedos en ella; a pesar de que no podía moverme, pude sentir su dedo penetrándome, una sensación de excitación se apoderó de mí a pesar de estar consciente del abuso.

Por otro lado, mi cuñado me había despojado del sujetador y pellizcaba suavemente mis pezones, para luego acercar su rostro y comenzar a succionarlos, alternando con suaves mordidas. Aunque mi cuerpo no respondía, podía sentir cada sensación.

Intentaba moverme, pero era en vano; al no lograrlo, mis ojos se llenaron de lágrimas, las cuales ambos observaron sin detenerse en sus acciones.

El suegro se puso de pie y comenzó a desabrochar su pantalón, dejando al descubierto su pene, grande y que intuía causaría daño si me penetraba. A su vez, mi cuñado imitó la acción, sacando un miembro más largo y grueso que el de su padre.

-¿Quién empieza, Carlos, tú o yo?

-Padre, los honores son suyos, yo introduciré mi miembro en su boca, siempre quise hacerlo y hoy es el momento oportuno.

El suegro acercó su pene a la entrada de mi vagina, moviéndolo de un lado a otro antes de penetrarme de una vez. Experimenté calor, dolor y cierto placer a la vez. ¿Estaba disfrutando el tener relaciones forzadas con el padre de mi esposo? Me sentía como una... mujer de la calle.

Por otro lado, mi cuñado introdujo su pene en mi boca, empujándolo hasta el fondo, sintiendo que podía ahogarme sin poder evitarlo.

-Papá, esta mujer tiene la boca suave, deberías probarla tú también jjj

-Ya llegará mi turno, llenaré su boca de lo que le gusta a estas mujeres de hoy en día: leche.

Comencé a percibir que podía mover ligeramente mis manos y pies, sin que ellos se percataran por estar absortos en sus acciones. Sin embargo, mi suegro me giró boca abajo, comenzando a morder mis nalgas e introduciendo un dedo en mi ano. Sin duda, quería...

Penetración anal, a mí no me agradaba realizarlo por ahí con mi esposo y este detestable estaba a punto de llevarlo a cabo.

De repente vi que Carlos se aproximó a su padre y le expresó:

-No papá, ese trasero será mío primero ya tú exploraste su vulva ahora me toca a mí disfrutar.

-Está bien, me parece razonable... No le causes daño, piensa que Juan se daría cuenta jaja

-Tranquilo papá, aunque creo que será complicado, mira; ese trasero se ve bien cerrado...

El hermano de mi esposo tomó saliva en sus manos lo pude escuchar y untó en su miembro, después de esto comenzó el calvario para mí, él introducía parte de su enorme glande dentro de mi reducida retaguardia. Sentía como un metal candente que penetraba, me causaba mucho daño pero nuevamente estaba experimentando placer.

De mis labios se escapaban ciertos gemidos de dolor y de placer y esto los estaba excitando aún más, yo no podía contenerlo.

De nuevo me situaron boca arriba, mi suegro se tendió en la cama, su miembro estaba rígido como un tronco. Entre ambos me pusieron encima de mi suegro y este acomodó su falo en mi entrepierna, sentía que me iba a partir en dos, pero lo peor de todo es que mi cuñado se colocó detrás de mí, él me iba a penetrar por mi trasero, me iban a dar una doble penetración y no lo consentiría.

Intenté apartar a Carlos de encima y en ese momento se dieron cuenta de que el efecto de la droga que me habían suministrado ya había perdido eficacia.

-Mira Carlos, parece que a Rosita ya le había pasado el efecto y no había hecho nada para detenernos.

-jajaja parece que la esposa de mi hermano es toda una zorra...

-No digan eso, déjenme en paz, no podía moverme pero ahora sí puedo hacerlo, basta ya no sigan más mi hermano se enterará de esto cuando llegue, me están haciendo daño...

Para mi desdicha ellos eran más fuertes que yo y no podía apartar a Carlos así que prosiguieron con su plan; Carlos colocó su pene en mi trasero y de un solo movimiento lo introdujo... yo solté un grito que se escuchó en toda la casa. Él martilleaba mi esfínter y su padre me estaba propinando una cogida despiadada. Ambos tenían unos miembros muy grandes, más grandes que el de mi esposo.

No podía creerlo, lo estaba disfrutando, gemía y no podía dejar de hacerlo, y sin decir más vino mi primer orgasmo el cual me hizo temblar todo mi cuerpo. Una cantidad enorme de fluidos salían de mi vagina los cuales bañaron a mi suegro.

Mi suegro me miraba desde abajo y sonreía, yo cerré mis ojos para que no notara que lo estaba gozando. Sentí que mi suegro tomó mi cabeza para besarme mis labios yo intentaba evitarlo pero las sensaciones en todo mi cuerpo me estaban jugando una mala pasada ya que dejé que él lo hiciera, introducía su lengua y ahora jugaba con la mía, era una sensación excitante y vino de nuevo otro gran orgasmo que hizo temblar de nuevo mi cuerpo.

Ya no oponía resistencia, ahora me movía con ellos, ya no me dolía y no me molestaba que me estuvieran penetrando por mi trasero y por mi vagina, esa doble penetración había sacado todo de mí, no sabía que pudiera con dos hombres al mismo tiempo.

-Bueno Carlitos ahora vamos a cambiar, me toca probar ese trasero, siempre quise saber qué era introducir mi miembro en él y ahora voy a satisfacer mi curiosidad.

Mi cuñado se retiró de detrás mío, yo me levanté y luego lo hizo mi suegro. Ahora mi cuñado se tendió en la cama, yo no sabía qué hacer más que subirme sobre él, acomodé su falo en mi vagina el cual desapareció rápidamente, no costó que entrara debido a la cantidad de líquidos que había dentro de ella.

Estaba colaborando con ellos, y ya no me importaba, ahora solo quería disfrutar de la mejor sesión de sexo de mi vida, además mi esposo tenía cierta responsabilidad por dejarme tanto tiempo sola. Ahora mi cuñado me acercaba a su boca y yo acerqué la mía, nos estábamos dando un beso de película, era romántico y muy sensual, su lengua jugaba con la mía, yo mordía poco a poco su lengua y eso lo excitaba más y más a Carlos ya que sentía como su miembro crecía

En mi interior sentí una sensación intensa que desencadenó otro orgasmo.

Expresaba mi molestia de una manera que nunca antes lo había hecho... Ahora, mi suegro introdujo su pene en mi trasero, experimenté cierto dolor que sabía sería temporal... Movían su miembro dentro y fuera de mí al compás, yo movía mis caderas para acompañar esas penetraciones.

Después de unos quince minutos en esa posición, noté que tanto el padre como el hijo estaban a punto de eyacular. No sabía dónde lo harían, pero presentía que no sería ni en mi trasero ni en mi vagina.

-Levántate Rosita, que te llenaré la boca de semen...

Me levanté y me arrodillé frente a ellos. Ambos se masturbaban vigorosamente, yo acercaba mi boca a sus genitales y les practicaba sexo oral para acelerar el proceso. Tenían sus penes a punto de explotar y el primero en hacerlo fue Carlos, quien agarró mi cabeza y me obligó a recibir su miembro en mi boca, eyaculando y llenándola de semen... Él se estremecía y yo trataba de no desperdiciar ni una gota, lo tragué todo y su sabor era un tanto amargo.

Ahora era el turno de mi suegro, él acercó su pene a mi boca pero no lo introdujo, comenzó a eyacular sobre mi rostro y boca. Intenté recoger la mayor cantidad de semen posible con mi boca, este era un poco dulce, a diferencia del de Carlos, y lo saboreé mientras limpiaba hasta la última gota de su pene, chupándolo varias veces hasta que él me detuvo.

-Nuera, cálmate; ¿quieres provocarme un paro cardiaco? ¡Qué forma de practicar sexo oral, tienes una boca sensacional!

Solo sonreí, ya había olvidado lo ocurrido, no recordaba haber sido tomada a la fuerza, pero no me importaba, lo disfruté y estaba segura de que no sería la única vez.

-Bueno cuñada, nos vamos, ya te hicimos compañía... y tú a nosotros, no olvides seguir invitándonos cuando mi hermano te deje sola.

-Gracias Rosita, por todo... por eso eres mi nuera favorita. Espero vernos muy pronto.

Estaban en la puerta listos para partir, mi cuñado Carlos me dio un beso que me dejó sin aliento y me provocó una sensación de excitación, aunque sabía que ese día ya había sido más que suficiente. Les dije adiós y cerré la puerta.

Mi esposo había regresado, ya era domingo. Jamás le contaría lo sucedido, o tal vez lo haría algún día, pero por ahora lo dejaría así, pues podía beneficiarme a mi gusto cada vez que quisiera, teniendo a mi suegro y a mi cuñado a mi disposición...

Pero eso quedará para el futuro... Por ahora me quedo con mi historia...

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  1. Orlando dice:

    Hola 👋😊 Rosita cómo te dice tú Suegro y tú Cuñado 🥰🥰.... Cómo te encuentras 🌹 tienes correo 💌💌 me encantaría poder charlar contigo xfaaaaa 🙏

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