No podía resistirme a contemplar su hermoso trasero, me encantaba admirarla, llevaba unos pantalones negros tipo cargo, bajo los cuales asomaba un encaje tipo red que cubría su vientre hasta su ombligo, complementando su look con un top rojo que realzaba sus pechos y se anudaba en la espalda. Rosana bailaba de espaldas a mí, quedando frente a mí. Se apartó momentáneamente para saludar a un amigo que había visto en el lugar. De vez en cuando rozaba su amplío trasero con el mío. Su belleza radicaba en su ausencia de panza y su diminuta cintura, lo cual hacía que su trasero se viera grotescamente bello en ese cuerpo delicado, seductor y lleno de vitalidad.
Bailábamos y nos tocábamos, disfrutábamos el contacto mutuo, ninguno de los dos buscaba separarse, lo que me llevaba a creer que a ella también le estaba gustando tanto como a mí. Nos acercábamos más para no perder el contacto, notaba que ella me buscaba, así que cuando sentía que se alejaba, daba un paso atrás para rozar su trasero con el mío nuevamente, siguiendo frotándonos la espalda al compás de la música. Seguí bailando con el grupo de trabajo.
En un instante noté que se alejaba suavemente de mí y se marchaba, comprendí que la noche llegaba a su fin y deduje que se iría con su amigo, con él o con quien quisiera, ya que tenía opciones para elegir. Muchos ojos la miraron durante toda la noche con deseo y lujuria. Ella sabía cómo seducir y bailar. En un momento se unió al círculo y me preguntó con quién me marchaba. Le dije que tenía mi automóvil y que me iba sola. Me pidió si podía llevarla a su casa. Contesté afirmativamente, ya que estaba de paso. Fuimos en el automóvil sin pronunciar palabra alguna.
Se percibía una cierta carga de índole sexual entre nosotras, lo cual me excitaba, pero no me atrevía a decir ninguna palabra. Ella era una seductora por naturaleza y quizás caí en su trampa, preferí evitar cualquier comentario, nunca me había sentido atraída por otra mujer, y menos por una colega de trabajo. Nos despedimos con un beso y un abrazo muy amigable y afectuoso. Se bajó del auto y me guiñó un ojo, agradeciéndome con un "gracias bombona!!".
……. ……. …..
La flor resplandece, aguarda paciente, abre cada uno de sus poros, permanece inmóvil, anhelante de recibir la dulzura del rocío. Se estremece al sentir una gota, cada partícula, de esa gota que penetra en su suave piel.
Como la flor, espero por ti, Ezequiel,
Como la flor, aguardo por ti, Ezequiel!!!
Suspiro mientras observo el documental.
En la pantalla se muestra en primer plano una rosa roja de color vibrante, enorme, carnosa. A lo lejos se acerca un joven de piel morena y cabello oscuro con una regadera en la mano. Es alto, atlético, viste unos jeans azul claro y una camisa escocesa abierta, dejando al descubierto su torso brillante y bien definido. Lleva un sombrero de paja colgando en su espalda, lo que le otorga un toque aún más atractivo, además de tener unos ojos negros azabache, intensos como ningún otro, que te hipnotizan al mirar directamente a la cámara.
-Ezequiel, el jardinero. - Sigue el locutor con su voz seria e imponente.
-Él se ocupa diariamente de controlar la humedad de la planta.- En la pantalla se muestra a Ezequiel hundiendo dos dedos en la tierra del rosal, el índice y el anular, la cámara enfoca su mano en la tierra. El jardinero retira suavemente los dedos, los observa y los acerca a su nariz, olfatea, palpando la textura de la tierra que se deshace grano a grano entre sus dedos, mira a la cámara y sonríe.
-Si está lo suficientemente húmeda, los nutrientes han penetrado en su suelo - prosigue el narrador. Yo continúo viendo el documental extasiada, y casi sin darme cuenta dejo que dos de mis dedos se deslicen desde mi escote hacia el ombligo, descendiendo.
Suavemente, con cada vez más intensidad. La película sigue mostrando a Ezequiel en primer plano, sosteniendo una manguera grande y larga con ambas manos mientras riega las plantas. La luz del sol es intensa, él está sudando. La cámara lo enfoca de cuerpo entero en primer plano, se nota que la presión del agua en la manguera es alta. Ezequiel se inclina ligeramente hacia atrás y sonríe con alegría al hacer un gesto juguetón con la manguera.
Respiro entrecortado al observarlo. Ezequiel está empapado, ¿te gustaría... deslizar tus dedos aquí?
Como una rosa en plena floración, deseando a Ezequiel...
El baile me ha dejado emocionada, ya son las 4 am, será mejor que apague la televisión y me vaya a dormir. No me gustaría quedarme dormida durante mi jornada laboral. Se avecina un día largo y lleno de trabajo, espero que Rosana, la joven asistente con la que bailé sensualmente, no llegue tarde. Al menos sé que se fue a dormir a su casa, sola.
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