Juanita se hallaba recostada en su habitación, sintiéndose afligida porque había finalizado su relación amorosa. La razón de su tristeza residía en que Juan la había sorprendido compartiendo un café y una charla con un amigo, quien desde hacía algún tiempo venía coqueteándole. A pesar de que ella se había resistido debido a la buena relación que mantenía con Juan, en esta ocasión, tras una disputa con él, decidió aceptar la invitación del amigo.
Una vez Juan los enfrentó, el amigo intentó defenderla y se produjo una pelea en la que resultó derrotado, retirándose y dejándola a solas con Juan, quien la recriminó con dureza por engañarlo con otro hombre. Ante esto, ella decidió que era mejor dar por finalizada la relación y se retiró a su hogar.
Al enterarse de lo sucedido, su hermana la animó diciendo:
– Manda a paseo a esos dos, salgamos a divertirnos. Anda, vístete y vámonos a un local nocturno.
Así pues, Juanita se arregló y, una vez lista, acompañó a su hermana a un local, donde bailaron y tomaron copas hasta altas horas de la noche. En cierto momento, la hermana, tras bailar reiteradas veces con un joven, le mencionó a Juanita que se iría con él, preguntándole si ella se marchaba o se quedaba.
Decidiendo permanecer, Juanita se sentó en su mesa, pidió otra copa y, al quedarse sola, un hombre atractivo pero no tan joven se acercó para invitarla a bailar, propuesta a la que ella accedió. Tras bailar varias canciones juntos, él la convidó con otra copa, entablando una charla en la que mencionó que eran tres amigos enviados por su empresa a realizar trabajos en la localidad, y que estaban a punto de retornar a su lugar de origen. Además, le invitaron a continuar la fiesta en el hotel donde se hospedaban.
Dado que Juanita no se sentía con ánimos de quedarse sola, aceptó la invitación y se dirigió al hotel en compañía de los tres amigos, llevando consigo más bebidas, aperitivos y refrescos. Una vez allí, pusieron música y comenzaron a bailar con Juanita, quien se sintió excitada con las caricias de los tres hombres mientras danzaban. Fue entonces cuando sugirieron jugar a la botella, proponiendo que quien resultara castigado debía quitarse una prenda.
Ante el consentimiento de todos, incluida una emocionada Juanita, poco a poco fueron quedándose en ropa interior, hasta que ella, ya muy excitada y completamente desnuda, al ser nuevamente castigada, decidió involucrarse sin reservas. Uno de los hombres, también desnudo, la tranquilizó al decirle:
– No te preocupes, te guiaré.
De inmediato, la abrazó y comenzó a besarla, dedicando especial atención a su pecho y pezones. Impulsada por la excitación, no solo no opuso resistencia, sino que cuando otro de los hombres se acercó con evidente excitación, ella acarició su miembro suavemente. Mientras tanto, el primero continuaba besándola y penetrándola, el segundo se sumó acercándose con erecto miembro, y ella, sin dudarlo, lo estimuló oralmente. Así transcurrieron los acontecimientos hasta que el primer hombre llegó al clímax, momento en el que el segundo tomó el relevo y la penetró intensamente. Finalmente, tras un tercer encuentro íntimo, el tercero –quien previamente recibió sexo oral por parte de Juanita–, se acercó a ella, retomando la actividad sexual. Juanita, entregada al momento, alcanzó un nuevo orgasmo antes de permitirle al tercer hombre unirse a la pasión hasta llegar al clímax.
Agotados, descansaron brevemente, momento en el que el primero comenzó a estimularla manualmente, logrando que ella, excitada, abriera las piernas y se entregara al deseo, expresando:
– Sí.
Voy a tomarte, ahora mismo porque aún deseo más.
Así que él, levantando una de sus piernas, se posicionó detrás de ella y la penetró, poseyéndola sin encontrar resistencia por su parte. Cuando el tercero los avistó, se acercó y, tirando de ella, logró que su compañero se separara, introduciendo él su miembro erecto teniéndola sobre sí, aprovechando el otro para penetrarla analmente.
Juanita, al sentir la penetración por detrás, gimió de dolor, pero gradualmente lo fue soportando, disfrutándolo tanto que llegó al clímax por la excitación de tener a dos hombres dentro de ella al mismo tiempo.
Una vez finalizados, el primero deseó poseerla de la manera convencional, y ella no tuvo objeción en ser tomada de esta manera para calmar la sensación de ardor en su trasero. Aún excitada, alcanzó otro orgasmo.
Tras dormirse, al despertar se encontraba sola en la habitación, pero le habían dejado una nota agradeciéndole por el placer brindado, junto a una tarjeta por si deseaba volver a verlos algún día.
Al regresar a su hogar, su hermana ya estaba allí y le preguntó dónde había pasado la noche y con quién. Juanita le respondió:
–Hermanita, no te imaginas lo ocurrido –y procedió a relatarle en detalle todo lo sucedido.
A lo que su hermana exclamó:
–¡Vaya! ¿Y no sentiste temor de que te hicieran daño?
–Bueno –respondió Juanita–, como estaba un poco ebria, ni siquiera lo consideré.
–¿Y Juan qué? ¿Ni siquiera pensaste en él, cierto?
La verdad es que no, y ahora no quiero ni recordarlo. Ahora mismo estoy extasiada y solo quiero disfrutar de lo vivido. Si se presentara nuevamente la oportunidad, sin duda la aprovecharía, porque no sé cuántas veces acabé, pero fueron muchas y fue maravilloso.
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