Eran las 7 de la mañana, y al levantarme me di cuenta de que mi cuerpo respondía con una erección matutina. En ese momento, mi nivel de testosterona estaba en su punto más alto, después de varios días sin liberar mis instintos, me sentía como un ser salvaje con un deseo desenfrenado de conquistar y disfrutar... copular.
Decidí adentrarme en mis fantasías más oscuras, comencé a acariciarme y mover mi mano de arriba abajo, notando lo duro que estaba. Sin embargo, unos golpecitos en la puerta interrumpieron este momento íntimo. Aunque al principio esperaba que fuera solo producto de mi imaginación, los insistente golpes confirmaron que eran reales. Vivía con otras personas en esa casa, pero no las conocía a todas, por lo que no solía entablar conversaciones.
Rápidamente tuve que esconder mi miembro bajo una sudadera y tratar de disimularlo para contestar a la puerta, ya que, al parecer, era la mujer que alquilaba la habitación y no quería que notara mi tardanza en responder. al abrir la puerta, me sorprendí al ver a una nueva inquilina.
Observé que se había mudado recientemente, tendría unos 20 años, cabello negro por debajo de los hombros, rasgos delicados y llevaba una ajustada pijama que delineaba su figura. Era delgada, con una cintura pequeña pero unas curvas pronunciadas, senos pequeños pero firmes, y piernas estilizadas que parecían muy suaves. A pesar de ser bastante menuda, con aproximadamente 1,50 de altura (mido 1,90), su short parecía pequeño, dejando entrever una tanga roja en un lateral.
Imaginé fugazmente que se le debían de ver parte de sus glúteos, algo que me excitaba. Traté de observarlo todo de forma disimulada, simulando que aún estaba medio dormido.
Con voz suave, me dijo: - Hola, ¿cómo estás? Resulta que no conozco a nadie en la casa y parece que todos se han ido. Necesito comprar algunas cosas para el desayuno, pero solo aceptan efectivo y tengo todo el dinero en la tarjeta. ¿Podrías prestarme un poco y te lo devuelvo enseguida?
A pesar de que me pareció una petición algo sospechosa, al ser una suma insignificante y al vivir allí, accedí a prestarle el dinero. Total, no era como si no fuera a volver a verla. - Sí, claro, déjame buscarlo.
Mientras tanto, fui a sacar un fondo que tenía escondido encima del armario, pero al subir los brazos, mi camiseta se levantó. Me di cuenta de que ella alcanzó a ver mi miembro, ya que se ruborizó y desvió la mirada de inmediato.
Obviamente, me sentí avergonzado, pero ambos hicimos como si no hubiera pasado nada, a pesar de que claramente sí había ocurrido. Le entregué el dinero, me dio las gracias y se marchó rápidamente. Me sentía apenado, pero no pude evitar mirarla al alejarse; sus redondas y firmes nalgas se asomaban ligeramente por el short.
Excitado por lo sucedido, retomé lo que había interrumpido, encontré un buen video, mis auriculares y lubricante para satisfacerme, mientras me tocaba era inevitable no pensar en la nueva inquilina. Cerré los ojos e imaginé cómo sería tener un encuentro con ella, pero de repente, sentí una corriente de aire que golpeaba mis testículos. Al abrir los ojos molesto, me di cuenta de que ella estaba allí, y su expresión ya no era tierna, sino lujuriosa.
Había abierto la puerta para espiarme, me quedé en silencio con mi pene en una mano y la otra en mis testículos, tratando de no moverme, en un acto idiota por instinto propio.
Finalmente, cerró la puerta y se fue.
directo hacia mí como si fuese presa de un depredador, giró mi ordenador y se percató de que estaba viendo contenido para adultos, se quitó mis auriculares y susurró delicadamente en mi oído:
- Te he estado observando durante semanas, viendo cómo llegas sin camisa mientras subes las escaleras y entras, oh y además, por si no lo sabías, puedo escuchar cuando reproduces material para adultos sin auriculares, las paredes son muy finas, parece que te gustan las mujeres de baja estatura y delgadas, y por la forma en que me observaste furtivamente cuando me retiré de aquí mientras contemplabas mis glúteos y cómo palpita tu miembro al verme, ¿acaso estabas pensando en mí? ¿En cómo me tendrías con ese miembro tuyo?
Me reí y respondí de manera traviesa:
- Quizás... Quizás vi tus encantadoras curvas, quizás vi tus glúteos al marcharte y me imaginé cómo sería acariciarlos, abrirlos y sumergir mi rostro, quizás estaba estimulándome mientras fantaseaba con todo lo que deseaba hacerte y cómo ansiaría verte a cuatro patas, ofreciéndome ese trasero tuyo y suplicando que te penetre o sosteniéndote mientras te introduzco completamente y no puedes dejar de gemir. Pero dime, ¿quizá tú también lanzaste una mirada sigilosa y viste cómo mi miembro se asomaba por mis pantalones? ¿Quizá la idea de que te posea te consume y por eso abriste la puerta de mi habitación y estás aquí observando mi miembro, deseando sujetarlo con tus manos?
Continué besando su cuello mientras acercaba su mano a mi miembro, asegurándole que no debía temer, que no muerdo, y sentí su mano firme al tomarlo por la base.
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