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Finalmente tengo relaciones con mi tía Rebeca


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Hoy les relataré cómo tuve intimidad con mi tía Rebeca.

Todo comenzó un domingo por la mañana, me dirigía a entrenar en bicicleta con unos amigos, quienes solían recorrer rutas extensas. En esta ocasión, en la mitad del camino se encontraba la residencia de mi tía Rebeca, de estatura 1.50, con cabello rizado, ojos cafés claros, piel blanca, senos grandes, cintura delgada y un trasero redondo. Siempre había deseado hacer el amor con ella, penetrarla con mi miembro viril y escucharla gemir de placer.

Ese día, tras pincharse mi bicicleta a mitad de camino, tuve que pasar cerca de su casa. Aproveché la ocasión para visitarla. Toqué a su puerta y al abrirla me recibió Rebeca, vestida con un pijama que constaba de una blusa delgada y muy escotada, junto con unos shorts que resaltaban sus jugosas piernas. En ese momento decidí que ese día debía poseerla de alguna manera.

Yo: Buen día, tía. ¿Cómo amanece?

Tía: ¡Hola, querido! ¿A qué se debe este milagro de acordarte de tu tía? Me tenías totalmente olvidada, sigue adelante y te preparo algo de comer.

Yo: Gracias, tía. Siempre tan cariñosa conmigo (Ella siempre me ha tratado con afecto y coqueteo, en algunas ocasiones se me ha insinuado, pero no he podido corresponder debido a que lo hace frente a mi abuela y me avergüenza ser descubierto).

¿Y mis primas, tía? ¿Cómo han estado, cómo les va en sus estudios, dónde andan?

Tía: María anda con el novio y ya ni siquiera viene por aquí. Yo me la paso sola en esta casa, ya que ni María ni Camila están en casa, ni nada por el estilo.

Yo: Oh, tía. ¿Acaso no tiene usted un galán que la saque a dar vueltas o a bailar? Usted es una mujer muy atractiva que aún tiene mucho que ofrecer...

Tía: Jajaja, ¿tú crees que aún tengo mucho que ofrecer? Ya estoy vieja y no tengo el cuerpo de antes.

Yo: ¡Nada de eso, tía! Usted sigue estando estupenda, como el buen vino: entre más años, más exquisita. Además, a muchos nos atraen las personas mayores...

Tía: ¿En serio? ¿Te gustan las personas mayores? ¿Para que te enseñen, es eso? (Y observó mi entrepierna, que por cierto ya estaba medio erecta).

Yo: ¡Claro, tía! La experiencia de estar con una mujer madura debe ser muy placentera. Yo solo he estado con mujeres de mi edad, pero tengo un problema y a muchas no les agrada, jajaja.

Tía: ¿Y eso? ¿Algo serio o un asunto con tu ya sabes? (Y señaló mi área genital, que ya estaba medio erecta).

Yo: ¡No! Nada de eso. Funciona demasiado bien, diría yo. Mi problema es que tardo mucho en llegar al clímax, siempre me demoro entre 30 y 40 minutos, y algunas mujeres se cansan rápidamente o llegan antes que yo, o simplemente no les agrada extenderse mucho tiempo...

Tía: ¡En serio! Daría lo que fuera por unos minutos de placer, pero a mi edad, ¿quién me miraría a mí? Bueno, querido, me retiro a ducharme y regreso, siéntete como en tu casa, puedes ir a mi habitación a ver televisión o poner lo que desees.

Fui a su habitación a encender la televisión, y al percatarme de que había dejado su ropa sobre la cama, incluyendo sus tangas y sostén, no pude resistir la tentación de tomarlos y excitar mis sentidos con ellos. Era un conjunto negro que despedía un aroma delicioso. Mis pensamientos se centraron en poseerla, en introducir mi miembro en ella. Tan absorto estaba en mis pensamientos que no me percaté de su entrada y me sorprendió masturbándome con sus prendas.

Tía: ¿Qué haces...? ¿Qué tienes ahí? ¡Ese es mi sostén!

Yo: Oh, tía, lo siento. Perdóname, no pude resistirme... La verdad es que siempre he deseado tener intimidad contigo. Eres una mujer muy atractiva y cada vez que te veo me pones tan excitado, mira...

Me quité el sostén y le mostré mi erección, me acerqué a ella, tomé su mano y la coloqué sobre mi miembro para que sintiera lo duro que estaba.

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Tía: Ay, Eduardo. Qué duro está... Uf, qué.ganas de...

Yo: ¿De qué se trata tía? Tranquilícese, esto será nuestro pequeño secreto... Aprovechemos, tía, ahora que finalmente estamos a solas. Podemos disfrutar juntos toda la tarde y hacerlo durante el tiempo que desee...

Tía: Estoy ansiosa por consentirte, cariño. Es tan placentero tenerte entre mis manos (acababa de salir del baño, dejó caer la toalla y se inclinó para realizar la felación).

Por supuesto, Eduardo, esto quedará entre nosotros dos, nadie más debe saberlo...

Yo: Relájate, tía, disfrutemos (abrió la boca y comenzó a estimular mi miembro).

Comenzó con una de las mejores felaciones que he experimentado (se notaba que deseaba tener un pene en su boca y lo succionaba con intensidad). Tomé su cabello para observar mientras lo hacía lentamente, lamiendo y succionando mis testículos con deleite, lo cual me excitaba sobremanera... La detuve por un momento y empecé a besarla y acariciar todo su cuerpo, desde el cuello, hombros, pecho, senos, hasta su cintura pegada a mi pene para que lo sintiera por completo, sus nalgas redondeadas que encajaban perfectamente en mis grandes manos.

La coloqué en la cama y empecé a penetrarla por detrás mientras gemía de forma deliciosa y solo pedía más y más, la mantuve así por un tiempo y luego la puse encima de mí, donde ella comenzó a cabalgar como toda una experta, deseando mi eyaculación a toda costa.

Realizamos diversas posturas durante 1 hora completa, luego eyaculé en sus senos y rostro, le permití descansar un momento mientras respirábamos y luego volvimos a la acción. Perdí la cuenta de cuántas veces tuvimos relaciones ese día... Y desde entonces nos encontramos ocasionalmente para tener intimidad.

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