Estábamos en el apartamento de una tía mía con mi pareja, ya era noche y todos se habían retirado a descansar, habíamos tenido una disputa porque sentía que él ya no sentía atracción por mí o me amaba.
Llegamos a un punto en el que ya no quería verlo, salía del apartamento cuando me agarró del cabello y me acercó a él, me besó de una manera tan exquisita que me excitó al instante, me tomó del cuello en un instante y preguntó "¿quién es mi Diosa?" "¿Quién es mi reina?"
Pensé que me estaba molestando pero me dio una bofetada y comprendí que realmente me estaba exigiendo una respuesta, le respondí tímidamente que yo lo era.
Me besó de nuevo y me dijo "tú eres mi diosa", me dio la vuelta y colocó su pene erecto entre mis glúteos mientras me susurraba al oído que me deseaba, que me pertenecía y siempre sería suya, comenzó a acariciar mis pechos, tan sensibles que prácticamente sentía estremecimientos cada vez que rozaba mis pezones.
Levantó el vestido que llevaba puesto, me puso encima del sofá apoyada con mi trasero y mi intimidad a su disposición, me agarró del cabello y empezó a jugar, introducía sus dedos en mi intimidad y en mi ano, me lubricó por completo, me estaba preparando para su pene.
Se dirigió entonces a mis labios, me besó y colocó su pene en mi boca, empecé a besarlo y succionar su miembro, su rostro me encantaba, y con más ahínco chupaba su pene, era una sensación exquisita tenerlo en mi boca, me agarró del cabello, me levantó y me dijo que no quería que eyaculara, que su esperma deseaba que fuera depositado en otro lugar.
Volvió su atención a mi trasero y me lamió por completo, luego introdujo su pene en mi ano, me dijo que era su compañera y su divinidad mientras penetraba más profundamente, hasta llegar al punto de tenerlo todo dentro de mí, mientras me penetraba, yo acariciaba mi clítoris, él se dio cuenta y apartó mi mano, introduciendo un juguete con el que siempre salíamos.
Qué placentero era sentir esa doble penetración mientras me afirmaba que sería dueño de cada parte de mi ser, me penetraba con fuerza, y empecé a acariciar mi clítoris, experimentaba tantas sensaciones que no sabía exactamente cómo sentir, llegué al clímax, no sé en qué momento, pero estaba experimentando un orgasmo, estaba liberando mis fluidos, lo dejé completamente mojado y él seguía penetrándome, le pedía que parara y él respondía que era suya, que era su compañera y debía aguantar.
Sacó su pene y descendió para estimularme oralmente, mientras se masturbaba, sin avisar me penetró y eyaculó en mi intimidad, qué delicioso era sentir su exquisita semilla en mi vagina.
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