En ese verano, como cada año, las vacaciones en familia estaban programadas con algún tiempo de antelación. Desde que éramos pequeños, mis padres tenían contratado un tiempo compartido en la Riviera Maya, para economizar en cada viaje. Tanto mi hermana menor como yo aprendimos a caminar y nadar prácticamente al mismo tiempo.
Los cursos de natación durante la adolescencia nos habían dejado a mí y a mi hermana en buena forma física. Quizás no poseíamos cuerpos perfectos, pero ambos éramos delgados y atléticos. Esto facilitó que, a pesar de no tener una relación seria en ese momento, pudiera conseguir pareja debido a mi apariencia, ya que no tenía intenciones de comprometerme hasta finalizar mis estudios de ingeniería.
Nuestros tradicionales viajes de verano son los recuerdos familiares que más aprecio. Jugar con una pelota en la arena o intentar surfear una ola era una actividad que siempre disfrutábamos mi hermana y yo. Sin embargo, con mis 19 años y los 18 recién cumplidos por parte de ella, construir castillos de arena ya no resultaba tan divertido.
Llevaba un par de años rogándoles a mis padres que me permitieran viajar con amigos para hacer cosas propias de la juventud, como ligar principalmente. Sin embargo, al provenir de un entorno conservador, su respuesta siempre era la misma: "cuando seas independiente económicamente, podrás ir a donde quieras y con quien quieras". Esto se convertía en un obstáculo, ya que, como estudiante de ingeniería, mis gastos superaban a mis ingresos.
Una de las desventajas de vacacionar siempre en el mismo lugar es que con el tiempo se pierde el entusiasmo inicial. Además, está el inconveniente de que los hoteles de este tipo suelen estar dirigidos a familias. A pesar de todo esto, prefería ir de vacaciones a la playa en lugar de quedarme en casa, por lo que aún conservaba algo de emoción.
A casi una semana de comenzar nuestras vacaciones, mis padres nos informaron que no podrían acompañarnos. El motivo era la invitación a una boda de una prima lejana que había tenido que modificar la fecha debido a compromisos laborales de su futuro esposo.
Dado que no querían desperdiciar la reserva del hotel, ya que estas se realizaban con mucha anticipación y no había opción de reembolso, propusieron que mi hermana y yo fuéramos solos a la playa, ya que éramos mayores de edad. No tendríamos que abonar nada adicional, puesto que el alojamiento era con régimen todo incluido, simplemente debíamos presentarnos en el lugar y proporcionar nuestros nombres.
En un principio, no estaba convencido, ya que el lugar era familiar y no me entusiasmaba la idea de viajar con mi hermana menor. No obstante, ante la alternativa de quedarnos en casa o asistir a la boda de una prima desconocida, acabé aceptando.
Al igual que yo, mi hermana también mostró reticencias al principio sobre viajar solos, pero después de un par de días percibí en ella un atisbo de emoción. Pidió dinero a nuestros padres para comprar un traje de baño nuevo y ropa de playa, solicitud que les concedieron. Más adelante comprendería que, al tratarse de su primera vez de vacaciones siendo mayor de edad, estaba ansiosa por visitar algún club nocturno, dado que en nuestra ciudad aún no había tenido esa experiencia.
Siempre he mantenido una relación cercana y afectuosa con mi hermana, quien es una persona alegre. Desde pequeños nos divertía jugar, ver películas juntos, hacer bromas y realizar travesuras que preferíamos mantener en secreto de nuestros padres.
"Siempre cuida de tu hermana y sé amable con ella, de esta forma aprenderá a elegir a un buen compañero", solía repetir mi padre al explicar que las mujeres suelen buscar parejas con características similares a las de los hombres con los que crecieron.
Sin comprender del todo la psicología de las relaciones, cada día aprendía nuevas lecciones sobre la importancia de la familia y de cuidar a quienes más queremos.
detrás de las palabras de mi padre intentaba ser gentil con mi hermana en la medida de lo posible. Si yo obtenía un helado, compraba otro para ella; si iba a jugar al parque, no lo hacía sin ella y ¡que los cielos protegieran a cualquier niño que se atreviera a empujarla mientras jugábamos!
Con el correr del tiempo, cuando ingresé al bachillerato, era menos frecuente que coincidiéramos en casa; también comencé a salir con amigos y alguna que otra chica, por lo que era una suerte si compartíamos alguna actividad familiar los fines de semana.
Cuando ella llegó a la adolescencia, comenzó a darme un beso en los labios al saludarnos o despedirnos. No le di mayor importancia a este gesto, pensé que era solo el despertar de sus hormonas y la necesidad de contacto con un hombre; a lo sumo, respondía con alguna broma aludiendo a un 'posible mal aliento'. A pesar de todo, siempre fui muy cariñoso con ella, al fin y al cabo, era mi única hermana.
—¿Estás lista? Mamá y papá ya están en el carro —urgí a mi hermana el día que partiríamos de viaje.
—Estoy lista, por favor lleva esta maleta al carro, te quiero —dijo ella lanzando un beso al aire al entregarme su equipaje, asumiendo que esa semana yo sería su asistente personal.
Mi hermana poseía una belleza singular, con un rostro pálido y una melena oscura, con una figura esbelta gracias a sus clases de natación. Tal vez su cuerpo no presentaba curvas pronunciadas, ya que su busto y trasero eran pequeños, pero lo suficientemente redondos y firmes para hacer que te volvieras a mirarla una segunda vez.
No era de extrañar que varios de mis amigos me pidieran que les organizara una cita con ella; sin embargo, siendo consciente de sus intenciones, siempre me negué, más por desempeñar mi papel de hermano protector que por algún sentimiento de celos, o al menos eso quería creer.
El vuelo transcurrió sin contratiempos y llegamos a la Riviera Maya pasadas las doce del mediodía. Tan pronto como bajamos del avión, pudimos sentir el calor y la humedad de la costa, por lo que mi hermana pidió permiso para ir al baño a cambiarse de ropa; dado que el hotel se encontraba a una hora de distancia del aeropuerto, deseaba vestir algo más cómodo.
Al salir del baño de damas, me llevé la primera sorpresa del día. ¡Estaba deslumbrante!
Se había puesto una blusa blanca con un único botón que se abrochaba justo en medio de sus senos, creando un escote pronunciado que me permitía ver que no llevaba sujetador, al mismo tiempo que dejaba al descubierto su abdomen perfectamente plano. Una pequeña falda de color azul luchaba por cubrir sus hermosos y tonificados muslos, llegando solo hasta la mitad de estos. Sus largas piernas, delgadas y elegantes, parecían aún más largas al calzar unas zapatillas de plataforma en tono beige.
Además, unas enormes gafas oscuras le conferían un aire de misterio que complementaba su sedosa melena negra. ¡Me quedé atónito!
—¿Qué sucede, cariño? —preguntó ella al verme con la boca abierta.
—Nada, simplemente te ves espectacular —respondí, sin poder ocultar mi sorpresa por su apariencia.
—Gracias, querido —dijo ella lanzando otro beso al aire con una actitud condescendiente.
El trayecto en taxi resultó ser algo insólito. A pesar de que vivíamos juntos, no lograba reconocer a mi dulce y tierna hermana en la atractiva y seductora chica a mi lado. Por primera vez en toda mi vida, la estaba viendo con otros ojos.
Cada palabra, cada roce e incluso cada vez que posaba los ojos en ella era cuidadosamente pensado antes de hacerlo. En un momento dado, llegué a sentir envidia del conductor del taxi que, sin ningún pudor, a través del espejo retrovisor, no dejaba de mirar repetidamente las hermosas piernas de mi hermana durante todo el viaje, sin que a ella pareciera importarle en absoluto.
Ya en el hotel, al momento de registrarnos en la recepción, experimenté la segunda sorpresa del día. Agradable.
asombro.
—¿Edades de ustedes? —preguntó con cortesía la recepcionista.
—Ella tiene 18 años y yo 19.
—¡Vaya! Ambos son mayores de edad. Entonces les asignaré una habitación en la sección para adultos.
En todos los años que habíamos pasado vacacionando con nuestros padres en ese lugar, nunca me había dado cuenta de que existía una sección completa del hotel dedicada exclusivamente a los huéspedes mayores de edad. Al reflexionar, tiene sentido, ya que el objetivo es retener a los clientes durante muchos años.
La sección para adultos se encontraba en un edificio en la zona más apartada de la propiedad. Tenía una piscina privada y un club nocturno, entre otras comodidades.
La recepcionista solicitó a uno de los camareros que nos llevara a ese edificio. Al llegar allí, otra recepcionista nos asignó una habitación. Al no saber que éramos hermanos, nos asignó una habitación especial para una pareja.
—Veo que tenían reserva para 4 personas, como solo son dos, los voy a mejorar de categoría. Así disfrutarán de una habitación más lujosa —dijo la chica con una sonrisa amable.
Dado que mi hermana y yo nunca habíamos viajado solos, no sabíamos que esto implicaba una única cama; ¡en una habitación destinada a parejas que celebran su noche de bodas!
—Gracias —respondimos ambos, seducidos por la idea de hospedarnos en la habitación más lujosa disponible.
Al subir en el ascensor, noté que el camarero no apartaba la mirada de mi hermana, por lo que, como lo haría con una de mis novias o amigas, la rodeé con un brazo y la atraje suavemente hacia mí, quedando frente a frente.
—¿Sucede algo? —preguntó ella en voz baja, sorprendida por mi actitud celosa y protectora.
Ella era consciente de que me había puesto celoso debido a la atención que recibía; sin embargo, parecía decidida a disfrutar de esa semana sacando a relucir su lado seductor, algo que había estado latente durante 18 años, y si eso significaba tomar ciertas libertades a mi costa, mejor aún.
—Nada, pequeña —respondí también en voz baja, jugando a su juego de manera cariñosa.
—Perfecto —dijo ella antes de darme un rápido beso en los labios, jugando frente al camarero con la idea de que éramos una pareja.
En otras circunstancias, habría reaccionado de manera muy distinta a ese beso; apartándola bruscamente o sugiriéndole que se tranquilizara, pero en ese momento solo pude cerrar los ojos y aceptar que pasaría una semana lidiando con posibles pretendientes de mi hermana, traviesa y hermosa.
Al ingresar a la íntima habitación, quedamos impresionados por lo opulento del lugar. Una botella de champagne reposaba en una cubitera de cristal con dos elegantes copas listas para ser llenadas con la burbujeante bebida.
La suite nupcial, la categoría de habitación asignada, disponía de un vestíbulo que conducía a un balcón donde se encontraba una bañera de hidromasaje exterior, con vistas al mar sin ser observados por nadie; prácticamente podríamos andar desnudos en el balcón. El provocativo dormitorio presentaba una enorme cama adornada con rosas naturales, creando un ambiente romántico, listo para la pareja que consumaría su amor esa noche sobre ella.
—¿Les sirvo una copa? —preguntó el camarero, ofreciéndose a descorchar la botella de champagne.
—Sí, por favor —respondió mi hermana, ansiosa por disfrutar de todas las amenidades ofrecidas por el hotel.
El camarero abrió la botella, cuyo corcho salió disparado, llenó las dos copas y nos las entregó.
—¡Que disfruten de su estancia! —dijo el chico antes de retirarse, con la impresión de que éramos una pareja recién casada.
Mi hermana y yo nos miramos y soltamos una risa fuerte antes.de brindar juntos alzando nuestras copas para beber juntos; divirtiéndonos con la situación.
"Por fin a solas, mi amor" —respondió ella con ironía, recreando la escena de estar casados que solíamos representar en nuestros juegos de infancia.
—Por eso celebro, cariño —expresé comprendiendo la broma.
Después de saborear el champagne, decidimos que era momento de sumergirnos en la piscina, así que mi hermana cogió su bolso y se retiró al baño para cambiarse, mientras yo hacía lo mismo en la entrada; la cual debía ser mi habitación durante esa semana.
"Qué ridículo, debo ser el primer chico que se aloja en la suite nupcial y lo destinan a dormir en el sofá", reflexioné mientras colocaba mis pertenencias en el armario.
Al ver que mi hermana se demoraba en el baño, asumí que debía estar "en el baño", por lo que encendí el televisor y me dispuse a esperar. Pasaba de un canal a otro en busca de alguna película que captara mi interés.
—Vaya, hay muchas películas para adultos —comenté algo desilusionado al darme cuenta de que no podría ver ninguna con mi hermana presente.
Tan absorto estaba en las opciones de entretenimiento para adultos que ofrecía el hotel, que casi sufro un infarto cuando mi hermana salió de la habitación y me sorprendió.
—¿Qué estás viendo, hermanito?
—Nada —respondí apagando el televisor, sintiendo cómo el rubor invadía mis mejillas.
Al dirigir mi mirada hacia ella, mi rostro pasó de un intenso rojo a un tono pálido. ¡Estaba asombrado!
No podía creer lo que veían mis ojos. Allí estaba mi hermana, la dulce y pequeña hermanita, luciendo un diminuto traje de baño blanco de dos piezas que dejaba poco a la imaginación; con dos diminutos triángulos de tela cubriendo apenas sus senos y un triángulo igualmente diminuto ocultando su entrepierna, sostenido por unos hilos en sus caderas.
¡Nunca antes la había visto usar una vestimenta tan provocativa! Quedé boquiabierto y baboso.
—¿Qué te parece? ¿Te gusta?
—Sí, claro, me encanta, te ves preciosa —balbuceé—. ¿Desde cuándo usas esa ropa?
—Es la primera vez. Como papá y mamá nunca me dejan vestir así, cuando supe que no vendrían dije, "al diablo, es mi oportunidad de vestir como quiero", quién sabe, tal vez pueda ligar con un moreno musculoso —comentó ella con picardía en su voz.
A diferencia de mí, que había alcanzado la mayoría de edad hacía un año, nuestros padres eran muy estrictos con mi hermana, por lo que en años anteriores de vacaciones en ese hotel la obligaban a usar trajes de baño de una sola pieza, algo que ella detestaba por considerarlo una prenda desactualizada y infantil. Era comprensible que, al sentirse por primera vez como una mujer libre, quisiera vestir algo más femenino.
—Eres una atrevida —comenté en tono de broma, sonriendo complicemente al escuchar sus palabras.
En nuestros enfrentamientos como hermanos, nos habíamos lanzado insultos hirientes solo para molestar. Era la primera vez que pensaba que mi hermana realmente actuaba como una "atrevida".
Acto seguido, agarró un cojín del sofá y se abalanzó sobre mí, liberando toda su frustración, mientras yo intentaba cubrirme entre risas.
Una vez pasado su mal humor, nos dirigimos a la piscina a nadar. Mi hermana se envolvió en una bata azul turquesa que le llegaba hasta la mitad de los muslos. Se veía muy elegante, como una estrella de cine.
Nos sentamos en unos camastros junto a la piscina y pedimos algo de beber. Afortunadamente, mi hermana llevaba un par de años bebiendo, ya que nuestros padres nos habían enseñado a hacerlo conscientes de que era mejor que lo hiciéramos con ellos que a escondidas.
Debido al clima veraniego de la región, el agua de la piscina estaba deliciosa y pasamos el resto de la tarde disfrutando de un merecido descanso.
En la playa hacía mucho calor y el alcohol en nuestras bebidas no tuvo efecto, así que pedimos otra ronda de inmediato.
En la zona de la alberca había pocas personas, todas parejas, en su mayoría de mayor edad, similar a la de mis padres; esto me tranquilizó al ver que no habría jóvenes de nuestra edad interesados en mi pareja.
—¿Te gustaría nadar? —le pregunté a mi hermana.
—Prefiero tomar un poco el sol, ¿podrías ponerme crema?
—Por supuesto.
Mi hermana se quitó su elegante bata, mostrando su hermosa anatomía a quienes estaban cerca. Aunque no estaba seguro de que fuera la mujer más bella en el lugar, sí era la más joven.
Disfruté aplicando bloqueador solar en su cuerpo. Me senté a su lado, tomé el aplicador y empecé a extender el líquido blanco sobre su piel. Fui trazando líneas en su espalda y en sus piernas, desde los muslos hasta los tobillos.
Empecé por su cuello, distribuyendo suavemente el bloqueador por cada centímetro de su piel. Bajé por su espalda, desatando el nudo de su traje de baño para aplicar mejor el bloqueador en su piel, llegando a los costados de su torso y rozando la parte exterior de sus senos. Se sentían tan suaves.
—¿Está bien así? —pregunté para asegurarme de su consentimiento.
—Sí, así está bien —respondió ella, aceptando mis caricias.
La parte inferior de su traje de baño no fue un obstáculo, ya que era muy pequeño, revelando sus redondos glúteos. Masajeé sus glúteos y sus piernas descaradamente, aplicando bloqueador como pretexto, incluso me atreví a darle una palmada en una nalga al pasar a sus piernas.
—¡Ay! —exclamó al sentir la sacudida en su glúteo.
Pasé mis manos por sus largas y bien formadas piernas, teniendo que aplicar más bloqueador al no calcular bien su extensión. ¡Estaba en el paraíso!
De repente, una extraña sensación me invadió, mi entrepierna reaccionó ante la belleza de mi hermana, causando una dolorosa y placentera presión contra mi traje de baño. Mi miembro, con quien había explorado mi despertar sexual, reaccionaba por primera vez ante ella.
Traté de contener mi erección apretando las piernas y decidí terminar pronto para zambullirme en el agua y calmar mi excitación.
—También por enfrente —me pidió ella, girándose y sujetando la parte superior de su traje de baño.
No recordaba haber tocado a mi hermana de esa forma en el pasado. Me sorprendió que no solo no me detuviera, sino que me pidiera continuar.
—Como prefieras, chiquita —dije con actitud consentidora, sacándole una sonrisa.
Al ver que llevaba sus lentes de sol, decidí no ser tan obvio al aplicarle el bloqueador. Por alguna razón, no quería que notara que lo estaba disfrutando; temía que si se daba cuenta, nuestra relación se viera afectada al pensar mal de mí.
Cogí de nuevo el aplicador y dibujé una línea que dividía su torso en dos, desde el cuello hasta el abdomen; ambos sonreímos, imaginando cosas pícaras sobre el líquido que no era bloqueador solar, sino otro mucho más íntimo.
—Recuérdame si te incomoda —expresé para aclarar que solo lo hacía por petición de ella.
Mi hermana asintió en silencio, entonces comencé de nuevo a masajear su cuello, esta vez por la parte delantera, aplicando un poco de crema en sus hombros antes de pasar a su pecho.
¡Asombroso! No podía creer lo que estaba a punto de realizar. Masajear los senos de mi hermana, ¡en un lugar público!
Tragué saliva y con la mayor suavidad inicié a realizar círculos con las puntas de mis dedos alrededor de sus senos. Si previamente me habían parecido un poco blandos, ahora, por el frente, se percibían perfectos, firmes y sólidos. Era evidente que mi hermanita ya se había convertido en toda una mujer.
No pude evitar sonrojarme mientras acariciaba sus senos con precaución de no desplazar esas diminutas piezas de tela; afortunadamente, podía atribuirlo al calor circundante y no a los pensamientos impuros que me abrumaban.
Por su parte, mi hermana me observaba desde detrás de esas gafas oscuras, con un rostro inexpresivo que no dejaba entrever lo que pasaba por su mente; aunque apostaría a que estaba disfrutando con la situación incómoda en la que me encontraba, ya que me resultaba cada vez más complicado ocultar la prominencia en mi entrepierna.
Una vez finalizado con sus senos, fue el turno de su abdomen, plano y marcado; aquí me desquité un poco, pues cada roce de mis manos le provocaba una risueña sensación de cosquillas que la hacía doblarse por la mitad, rompiendo así con su pose de mujer distante que había adoptado.
—Espera un momento —exclamó ella entre risas mientras levantaba su torso sujetando la parte superior de su traje de baño.
—¿Qué sucede? —pregunté antes de continuar acariciando de manera traviesa su abdomen, provocando que se curvara nuevamente hacia el frente.
Finalmente, me dediqué a masajear sus piernas por delante sin preocuparme de que ella pudiera notar mi deleite al acariciar su cuerpo de esa forma.
—Listo, iré a nadar —anuncié levantándome con cuidado para no mostrar la erección bajo mi traje de baño, ansioso por sumergirme en el agua y bajar así mi temperatura corporal, que se había elevado a causa de los rayos solares y por haber acariciado el exquisito cuerpo de mi hermana.
El contraste entre mi temperatura corporal y la del agua fue excelente, haciendo que mi miembro se ablandara casi al instante.
Dado que todas las personas en el lugar estaban en parejas, después de nadar unas vueltas comencé a aburrirme. Por lo tanto, desde la orilla de la piscina llamé a mi hermana para que me acompañara.
—Ya voy —respondió ella ajustando la parte superior de su traje de baño, poniéndose de pie y acercándose a mí. ¡Quedé deslumbrado!
Desde mi posición, pude apreciar cómo su perfecto cuerpo femenino brillaba al reflejar el sol gracias al bloqueador que cubría su piel. Se veía magnífica.
—Ven, preciosa —dije extendiendo los brazos como si fuera a atraparla en el aire, olvidando por primera vez que se trataba de mi propia hermana.
Ella sonrió y, sin dudarlo, se lanzó hacia mí. La sostuve por la cintura y la mantuve sobre la superficie del agua por un par de segundos, antes de dejar caer mi cuerpo hacia atrás de forma juguetona, hundiéndonos a ambos hasta el fondo.
—Eres travieso —comentó ella una vez que emergimos, rodeando mi cuello con sus brazos.
—No fue mi intención, fue el alcohol —excusé bromeando y riendo—. Pero te prometo que no volverá a ocurrir.
Con una demostración de fuerza física, la levanté sobre la superficie del agua tan alto que su entrepierna quedó justo a la altura de mi rostro; lo suficientemente cerca como para que pudiera rozar su entrepierna con mi nariz por un instante antes de dejarnos caer de nuevo hacia atrás.
Para no alargar la historia, repetí esa travesura más de una vez. A vecescolocaba su entrepierna en mi rostro, otras veces sus glúteos, la mayoría de las veces sus pechos. Me excitaba nuevamente al tener contacto con un cuerpo de mujer tan atractivo como el que tenía en mis manos; y mi bulto bajo el bañador volvía a aparecer, sin importarme, ya que estaba oculto a todos menos a mi compañera de juegos, quien con cada roce de su anatomía sobre esa sensible parte de mí me excitaba aún más.
En un momento dado cargué a mi hermana horizontalmente de manera que su vientre quedó debajo de mi boca, y sabiendo lo risueña que era ella, pegué mis labios justo en su ombligo y comencé a succionar con mi boca; haciéndola doblarse por la mitad al sufrir un ataque de cosquillas mientras nos sumergíamos.
—¡Eres un tonto! —exclamó molesta por mis juegos.
Por supuesto que mi hermana también me gastaba algunas bromas; apoyándose con ambas manos en mi nuca para sumergirme en el agua o soltando uno que otro golpe a mi entrepierna, ‘accidentalmente’ según ella.
—Ahora si te pasaste —recriminé llevando mis manos a mi entrepierna; intentando calmar el dolor que me invadía después de una de las revanchas de mi hermana.
—Te lo merecías —dijo ella sin dejar de reír con actitud burlona.
Por supuesto que tomé revancha, desatando “accidentalmente” la parte inferior del traje de baño de mi hermana, provocando que se ruborizara al sentirse desnuda en un lugar público, soltando yo una enorme carcajada. Definitivamente ambos estábamos disfrutando de ese momento.
Era tanto el alboroto que estábamos generando mi hermana y yo que capturamos la atención de todas las parejas a nuestro alrededor; quienes seguramente estaban confundidos al vernos jugar tan animadamente.
—Hola amigos —dijo un chico de unos 22 años nadando hacia nosotros en compañía de lo que suponía era su novia.
—Hola, ¿cómo están? —saludé yo a la que sería la pareja más joven después de nosotros alrededor.
Eran Juan y María, una pareja de novios que visitaban el hotel por primera vez. Un familiar de Juan era quien poseía la membresía y como ese año no había planeado utilizarla se la había prestado para que la disfrutara en compañía de su novia.
Ambos tenían buena apariencia, ella sobre todo, con un busto mucho más pronunciado que el de mi hermana, pero sin ser tan delgada. Ellos se quedaron con la impresión de que nosotros éramos pareja por la manera tan cariñosa y atrevida como nos estábamos tratando y nosotros no quisimos aclararlo; pues para nosotros se trataba de un juego.
—¿Qué les ha parecido el hotel? —pregunté.
—Muy bonito, aunque un poco aburrido —dijo él chico siendo franco.
Aunque tenían un carácter alegre ellos estaban desencantados porque la mayoría de las parejas en el lugar eran mucho mayores; era por esta razón que se habían animado a acercarse a nosotros.
Como el hotel estaba en una zona muy alejada de la costa había pocas, por no decir nulas, actividades para hacer que no fueran dentro del mismo hotel, por lo que si no se hospeda en grupo puede llegar a ser un poco monótona la estadía.
—¿Piensan ir al club esta noche? —preguntó María interesada en saber si podíamos ir juntos.
—Sí, es seguro que vayamos —respondió mi hermana, pues ya me había dicho que quería salir a bailar.
El resto de la tarde nos la pasamos jugando en el agua en compañía de Juan y María y otras parejas algo mayores. Saliendo solo para disfrutar de una nueva bebida para calmar nuestra sed. Cuando el sol se puso detrás del hotel nos retiramos para descansar un rato en la habitación antes de salir a bailar.
Estaba tan cansado que si no fuera porque mi hermana tenía muchas ganas de visitar un club hubiese preferido quedarme en la habitación; después de todo ella era la chica más bella que había visto en todo el día.
—¿Estás segura que¿Te gustaría acompañarme? No habrá muchas personas solteras.
—Sí, por supuesto, tengo muchas ganas de bailar —respondió ella moviendo su cuerpo de forma erótica en medio de la habitación—. Además, María mencionó que suelen venir muchos jóvenes de otras secciones del hotel a divertirse.
¡Vaya! No había considerado que jóvenes de nuestra edad que se alojaran en otras secciones del hotel podrían aparecer esa noche en el club; ya que el único requisito era ser mayores de edad.
—Quizás pueda cumplir mi deseo de dormir con un fornido mulato —añadió ella de manera vulgar expresando sus deseos sexuales durante esas vacaciones.
A pesar de la estricta educación de nuestros padres, sabía que mi hermana no era virgen, ya que había tenido algunos novios en su juventud. Aunque no solía hablar con ella de esos temas, era evidente que, por la etapa de la vida en la que se encontraba, estaba ansiosa por conquistar a un chico bien dotado, "un mulato", según sus palabras.
—Por cierto, necesitamos ponernos de acuerdo.
—¿Sobre qué? —pregunté ingenuamente.
—Ya sabes, si yo me voy con un chico y tú con una chica, ¿quién ocupará la cama y quién el sofá? —preguntó dejando claro que si conseguía conquistar a un chico, lo llevaría a la habitación para intimar con él, ¡incluso si yo estaba a pocos metros de distancia!
¡No podía creerlo! Estaba tan impresionado por la belleza de mi hermana y su compañía que ni siquiera consideré la posibilidad de seguirle el juego, conquistando a cualquier chica que pudiera aparecer en el club. En ese momento, solo tenía ojos para ella.
—¿Estarías dispuesto a engañarme en nuestra noche de bodas? —pregunté intentando ser gracioso al recordarle que para los demás éramos una pareja.
—Tonto, no es infidelidad si estás de acuerdo —dijo de manera pícara antes de entrar en la ducha.
Si ese día fue la primera vez que miré a mi hermana con otros ojos, con los ojos de un hombre hacia una mujer, en ese instante fue la primera vez que sentí celos, celos del posible amante de ella. Tenía que idear un plan para evitar que eso sucediera.
Lamentablemente, la forma en que se vistió esa noche no me ayudó en absoluto. Llevaba un top dorado que cubría su torso ajustándose a sus pechos, dejando sus hombros y abdomen al descubierto; combinado con una minifalda negra que, por su corte de tablones, se levantaba con cada movimiento, permitiendo entrever su ropa interior, una diminuta tanga también negra. Completando su atuendo con elegantes zapatos de tacón alto.
—Te ves asombrosa. Asombrosa es poco, estás realmente espectacular —dije sinceramente, sin esperar a ser preguntado.
—Gracias, cariño —dijo ella lanzando un beso al aire mientras se ponía un pequeño saco blanco para el corto trayecto al club.
Juré no volver a rechazar un beso en la boca de mi hermana, por incómodo que pudiera ser.
Salimos de la habitación. No pueden imaginar el orgullo que sentía al caminar por los pasillos del hotel con semejante belleza a mi lado; debió ser bastante evidente por el comentario que ella hizo al descender en la privacidad del ascensor.
—¿Alguna vez has salido con una chica tan guapa como yo? —preguntó con tono altanero en mi oído, mientras nos mirábamos en el espejo del ascensor.
La sonrisa en los labios de mi propio reflejo respondió antes que yo.
—Nunca.
Antes de ir a bailar, la invité a cenar en uno de los restaurantes del hotel con vista al mar.Invitar de manera metafórica, ya que el hotel ofrecía servicios todo incluido, no fue necesario hacer ningún pago. Además, al no haber mucha gente en esa área del hotel, no fue necesario reservar con anticipación; simplemente llegamos y nos asignaron una mesa de inmediato. Es importante mencionar que el camarero quedó impactado al ver la belleza de mi acompañante. Me sentía como un auténtico 'ganador' gracias a su presencia.
Por respeto a los otros huéspedes que querían descansar por la noche, el club tenía horarios estrictos a los que debíamos cumplir puntualmente.
A pesar de que el club no era muy amplio, el ambiente era muy animado, con un potente sistema de sonido que era manejado por un DJ, luces estroboscópicas y máquinas de humo que creaban un ambiente alegre y relajado. Incluso tenían una máquina de espuma que, de vez en cuando, hacía caer una lluvia de burbujas, junto con juegos de luces, simulando un escenario submarino.
—Por aquí, amigos —llamó Juan, quien con su novia había apartado una mesa con un par de taburetes para que estuviéramos más cómodos.
De inmediato nos organizamos para pedir una cubeta de cervezas y una botella de vodka, que afortunadamente también estaban incluidas, por lo que solo necesitábamos dejar una propina al salir.
Rápidamente, mi hermana y yo nos pusimos a bailar con nuestros nuevos amigos. Por haber bailado con mi hermana en tantas reuniones familiares, logré guiarla en la pista de baile sin esfuerzo, con pausas intermitentes para refrescarnos con bebidas alcohólicas que nos ayudaron a soltarnos rápidamente.
—Te mostraste por completo —le susurré al oído después de que, al dar un giro, su falda se alzara revelando su ropa interior, ambas riendo por su pequeño descuido.
—No importa, al menos llevo puesta ropa interior —respondió ella, moviendo sus caderas al ritmo de la música—, por ahora —añadió con una sonrisa pícara, mostrando que no le importaba exhibirse esa noche para los afortunados que lograran echar un vistazo a lo que ocultaba bajo su falda.
"Esto va muy bien", pensé para mis adentros al suponer que, si mi hermana y yo seguíamos cerca de Juan y María, ella olvidaría la idea de conquistar a alguien esa noche, pues todos pensarían que éramos pareja.
Después de varias copas, tuve que ir al baño, dejando a mi hermana con Juan y María.
Mientras estaba frente al urinario, un chico se colocó a mi lado y entabló conversación.
—Te felicito, tu chica está increíble —dijo el desconocido, alabando la apariencia de mi hermana, aparentemente tan ebrio como yo.
No pude evitar sonreír al escuchar cómo aquel hombre, al igual que todos los demás, pensaba que mi hermana y yo éramos una pareja, mostrando cierta envidia y expresándola en su estado alcohólico.
—Gracias.
—Espero que disfrutes mucho con esa bella mujer. Y si tienes oportunidad, pásatelo bien por mí —dijo de manera cruda antes de terminar de orinar.
Como si fuera una escena de película de ciencia ficción, el tiempo pareció detenerse. En todos los años que compartí con mi hermana y en ese día en particular, en el que empecé a verla como la mujer hermosa que realmente es, nunca se me pasó por la mente la idea de tener relaciones sexuales con ella.
Por supuesto, la había estado protegiendo todo el día, disfrutando de tocar su cuerpo atractivo en la piscina y evitando que se acercara a otros chicos esa noche. Aun así, esa oscura y perversa fantasía nunca había sido
Considerada por mí hasta que ese chico ebrio la colocó sobre la mesa.
De repente, mi miembro se endureció como una barra de hierro, mientras mi morbo y excitación aumentaban al cien por ciento. Solo pude responder de la manera más vulgar posible a un desconocido, de pie frente al mingitorio, sosteniendo mi pene erecto en la mano.
—¡Definitivamente me la voy a tirar a esa mujer sin importar nada! - Exclamé.
Tanto el chico como yo reímos casi al mismo tiempo al compartir la fantasía más sencilla que un hombre puede tener con una mujer, sin importar que esa mujer fuera mi dulce hermana.
Pude volver a guardar lentamente mi duro miembro dentro de mis pantalones antes de regresar con mi hermana, ya con la intención de llevarla a la cama y tener relaciones sexuales con ella toda la noche.
"Ten paciencia, amigo, la noche recién comienza", pensé dándole una palmada a mi rebelde miembro al salir del cuarto de baño.
Al regresar a la mesa, noté cómo mi hermana le sonreía coquetamente a un chico rubio que estaba en la mesa de al lado, lo que me generó un poco de celos y me apresuré a intervenir.
“Resultó ser una mujer muy liberal, no le importa si el chico es negro o rubio, solo quiere alguien con quien acostarse.”, pensé para mí recordando lo que me había comentado antes de salir de la habitación. "Es mejor que sea yo quien lo haga en lugar de cualquier otro chico", pensé firmemente, convencido de que podía darle a mi hermana la mejor noche de su vida.
Al llegar a la mesa, tomé su brazo y la hice ponerse de pie para seguir bailando, aprovechando que la melodía era un poco más lenta, pude acercar mi cuerpo al suyo de forma que nuestras caderas se juntaron.
—¿Qué te sucede? - Preguntó al sentir mi rostro cerca del suyo.
—Nada, solo te extrañaba.
—¿Mientras orinabas? - Bromeó.
—Sí, pensaba mucho en ti mientras sostenía mi gran miembro - Respondí de forma vulgar devolviendo la broma.
—Tonto, no lo tienes tan grande - Dijo dándome un ligero golpe en la entrepierna como venganza, comprobando lo excitado que estaba. "Se ve que pensaste mucho en mí, hermanito", agregó sonriendo pícaramente.
¡Excelente! Ahora mi hermana sabía que me tenía tan excitado que había puesto mi pene duro como una roca; si eso no era un mensaje claro de que quería tener relaciones sexuales con ella, no sabía cómo expresarlo de otra manera. Bailamos juntos unos minutos, tan cerca que podía sentir su aliento en mi oído y viceversa, durante ese tiempo imaginaba tener su cuerpo desnudo en la cama, hasta que noté que el chico rubio le sonreía a mi hermana, lo que avivó mis celos.
De repente, interrumpí nuestro baile y sujetando su rostro con ambas manos le di un gran beso en los labios, asegurándome de que el chico rubio no perdiera detalle de nuestra muestra de amor.
—¡Eres todo un pillo! - Exclamó al darse cuenta de mis intenciones una vez que nos separamos.
—¿Acaso no puedo besar a mi hermanita? - Pregunté de forma retórica con una sonrisa maliciosa que ella conocía bien. La misma sonrisa que solía utilizar cada vez que le jugaba una broma desde que éramos niños.
—Sí, claro que puedes hacerlo y más, pero al menos avísame la próxima vez - Respondió dejando claro que le gustaba ser cariñosa con ella.
Continuamos bailando y bebiendo por casi una hora. En cada ocasión en que el chico rubio estaba cerca, aprovechaba para darle otro beso a mi hermana, sabiendo que estábamos actuando como si fuéramos una pareja frente a Juan y María.
En un instante en que quedamos justo frente al
.joven rubio hice rotar el cuerpo de mi hermana y levantando su pierna izquierda, como si estuviéramos bailando tango, le di un beso largo y extenso que la pilló totalmente por sorpresa. ¡Afirmo que nuestras lenguas casi se tocan!
Para ser sincero, el estar besando y acariciando a la que por mucho tiempo consideré simplemente mi dulce y tierna hermana delante de un chaval, que seguramente desearía estar en mi lugar, añadió aún más morbo que hizo crecer el bulto bajo mi pantalón.
—Te excediste esta vez —se quejó ella por lo prolongado del último beso que le di.
—¿Qué querías que hiciera? Es tu culpa por estar tan ‘atractiva’ y vestir así —respondí echándole la culpa a la provocativa vestimenta de ella por mis acciones, lo que la hizo soltar una gran carcajada.
—Ahora te das cuenta de lo ‘atractiva’ que soy, pero la otra vez me dejaste plantada para salir con la ‘zorra’ de tu novia —comentó ella en parte en broma, en parte en serio, recordando una ocasión en que le cancelé una salida al cine.
—Perdóname pequeña —dije yo aparentemente arrepentido de no haberle dado su lugar—. Si hubiese sabido lo guapa que estabas nunca lo habría hecho. “Para qué buscar leche fuera si tengo una vaca en casa” —concluí bromeando al citar un viejo y conocido refrán, sacándole una sonrisa que la hizo sonrojarse un poco.
—¿Así que ahora soy una vaca para ti?
—En realidad, esta noche quiero que me des pecho —dije directamente en su oído, expresando mi deseo de succionar sus pechos con mi boca.
—Parece que estás muy entusiasmado —dijo ella después de sentir el bulto en mi pantalón con mi rodilla.
—La verdad es que sí, mucho, eres la chica más hermosa del lugar —dije ya sin poder ocultar la preocupación que me causaba no poder controlar la importante erección en mi entrepierna.
—Gracias cariño —dijo ella antes de corresponder con un largo beso en la boca colgándose de mi cuello; sin importarle que esto redujera sus posibilidades de conquistar a algún chico.
Este último beso debió ser el más delicioso de todos los que nos dimos durante esa semana. Al parecer me estaba divirtiendo interpretando al hermano celoso y a ella le gustaba ser objeto de celos. Quizás se debía a que aún no tenía una relación formal en aquel entonces, no lo sé, lo que sí sabía era que ambos estábamos disfrutando de salir de vacaciones solo nosotros dos, comportándonos como si fuéramos realmente una pareja.
Cuando Juan y María se sentaron en la mesa para descansar un momento, decidí hacer lo mismo. Dado que no había suficientes sillas, hice sentar a mi hermana sobre mis piernas; poniendo sus redondos y firmes glúteos justo sobre mi duro e inamovible miembro, deslizando mi mano por su muslo izquierdo hasta esconderla bajo su falda.
¡Se sintió tan placentero que por un instante pensé que iba a eyacular en ese momento! Habría valido la pena.
Pedimos otra ronda de bebidas mientras conversábamos. Dado que estábamos igual de embriagados e inhibidos, los temas de conversación subieron de tono rápidamente, surgiendo intimidades, realidades y fantasías de ambas parejas.
—A nosotros nos gusta tener algunos juegos de rol para romper la rutina —comentó María al soltarse la lengua visiblemente ebria—. Disfrazarme de enfermera o policía antes de tener intimidad. ¿A ti te gusta eso, amor? —preguntó a su novio.
—No me gusta, me encanta —afirmó el chico besándola en el cuello, haciéndola cosquillas.
—¿Y a ustedes les gustan los juegos de rol? —preguntó ahora la chica.
Esa era una buena pregunta, a la cual no supe cómo responder, así que preferí refugiarme tras la copa en mi mano mientras mi otra mano recorría todo el muslo de mi pareja; por suerte ella sabía exactamente qué decir.
—Nos gusta fingir que somosotras personas —respondió mi hermana, deslizando mi rígido miembro entre sus glúteos al sentarse sobre mis piernas; sus palabras me pusieron nervioso al darme cuenta de que habíamos estado actuando de esa forma todo el día—. Por ejemplo, hoy nos hicimos pasar por dos hermanos que salen de vacaciones.
En ese instante, mi corazón dio un vuelco al imaginar que mi hermana estaba a punto de revelar la verdad a esos dos chicos, quienes no sabían que en realidad éramos hermanos. ¿Se atrevería a hacerlo?
—¿De verdad? —preguntó María interesada en nuestro "falso" juego de incesto.
—Sí, es muy emocionante simular que somos hermanos y ver las reacciones de las personas que conocemos cuando nos ven demostrar afecto —respondió mi hermana, girando su rostro hacia mí para besarme—. ¿No es cierto, hermanito?
—Así es, querida hermanita, como el chófer del taxi o el mozo del hotel —respondí, deslizando mi mano hacia su entrepierna y apretándola firme.
Un escalofrío recorrió a mi hermana al sentir mi mano acariciando su sexo, incluso sobre su ropa interior, provocando que se lanzara sobre mi regazo, sobre mi miembro, que seguía firme y excitado. Mientras Juan y María nos observaban, sorprendidos por la escena que estábamos representando y atrapados por la excitación del momento.
—¡No puedo creerlo! —exclamó Juan, mordiéndose los labios—. Seguro que los dejamos impactados con nuestra calentura.
—Ahora piensa en cuando nos vean hacer el amor, seguramente les dará un infarto, ¿verdad, hermanita? —dije antes de besar a mi hermana con intensidad, jugando con nuestras lenguas.
Los cuatro estallamos en carcajadas que, a pesar del ruido del lugar, captaron la atención de todos a nuestro alrededor al plantear la posibilidad de tener relaciones sexuales frente a otras personas.
—¿Y ustedes han tenido relaciones en público? —preguntó María, interesada en el tema que yo había sugerido.
—Hasta ahora no —respondió mi hermana, haciendo énfasis en el "hasta ahora"—. ¿Y ustedes?
—Tampoco, pero creo que sería divertido, siempre y cuando los espectadores se limiten a observar —respondió la chica entre risas.
De repente, la idea de practicar el voyerismo se convirtió en el centro de la conversación, proponiendo formas seguras de llevarlo a cabo en el hotel.
—A unos kilómetros de la costa hay una playa solitaria muy conocida; podríamos hacerlo ahí y perder nuestra "inocencia" —dijo la chica, mirando a su novio al sugerir tener relaciones en un lugar público.
—Me encantaría, solo debemos asegurarnos de no ser arrestados —dijo el chico.
—Me parece complicado, yo sugiero pedir servicio a la habitación, dejar la puerta abierta y actuar como conejos —propuse, imaginando la sorpresa del camarero al encontrarnos en pleno acto sexual en la habitación.
—Gran idea, así podemos comer y disfrutar al mismo tiempo —dijo mi hermana, provocando otra serie de carcajadas.
Dado que el club cerraba puntualmente y dejaba de servir alcohol a los trasnochadores media hora antes, nos despedimos y nos retiramos a descansar.
Con el alcohol en nuestras venas, el camino a la habitación se volvió lento y torpe, debiendo sostener a mi hermana por la cintura para evitar que tropezara.
Habiendo evitado que mi hermana se acercara a otro chico y lo llevara a nuestra habitación para tener sexo con él, ahora era mi turno de intentar algo con ella.
—¿Vas a dormir conmigo? —me preguntó cuando entramos ala habitación.
—Por supuesto, considera que bebiste demasiado y no quiero que tengas problemas al vomitar —le dije, preocupado por su bienestar.
Como hermano mayor, era mi responsabilidad cuidar de mi hermana y, ante el riesgo latente de una broncoaspiración, le propuse que durmiera a mi lado para velar por ella. Aceptó la idea, incluso en su estado ebrio.
—Está bien, amor —respondió, manteniendo la broma de que éramos pareja.
Acompañé a mi hermana hasta la habitación y, prescindiendo de encender la luz, empezamos a quitarnos la ropa. Aunque teníamos trajes de dormir en nuestro equipaje, estábamos tan exhaustos que optamos por dormir en ropa interior. Después de todo, nuestra vestimenta de dormir no era más reveladora que los trajes de baño que habíamos usado ese día.
—¿Me ayudas, por favor? —me pidió, sentándose en la cama y levantando los pies para que le quitara los zapatos.
—Eres un poco mimada, pero no importa, lo hago con gusto para demostrarte cuánto te aprecio —le reproché, tomándole el rostro entre mis manos antes de darle un beso en la frente, el primero de ese día.
—Gracias, hermanito —dijo ella, dejándose caer en la cama mientras yo, arrodillado a sus pies, desabrochaba sus zapatos y le daba un breve masaje en los pies, que tanto lo necesitaban.
Aproveché la oportunidad para animarla. Me incliné para besar cada uno de sus dedos con ternura, como si fueran las teclas de un piano en manos de un pianista experto, saltando de un pie al otro.
De repente, me vi frotando sus pies contra mi rostro, sin importarme el olor fuerte que desprendían después de un día agotador; para mí, olían a rosas.
—Me haces cosquillas —se quejó, dándome unas suaves patadas que más parecían caricias en mis mejillas.
Poco a poco, mis labios y manos subieron por sus tobillos dejando una estela de besos tiernos que llegaron hasta sus rodillas. Después de desabrochar su falda, la deslicé suavemente hacia abajo hasta que cayó a sus pies, dejando solo su tanga para cubrir la parte inferior de su cuerpo.
—Espera un momento —dijo antes de levantarse para quitarse el top y dejar al descubierto sus senos.
Ahí estaba mi dulce y tierna hermana, sentada frente a mí en la cama, solo con una diminuta prenda que apenas tapaba su entrepierna.
Me tocaba a mí desvestirme. Me levanté para desabrochar mi camisa y lanzarla a un rincón, continuando con los pantalones. Mis zapatos habían desaparecido desde hacía rato, así que terminé semidesnudo frente a mi hermana, solo con mis calzoncillos negros.
—Te ves bien —comentó, a pesar de que nuestros cuerpos solo estaban iluminados por la luz que se colaba por la ventana.
Ciertamente, no tenía un cuerpo escultural, pero me cuidaba lo suficiente como para no sentir vergüenza de estar desnudo frente a una mujer, aunque fuera mi hermana menor.
—Ven, acuéstate aquí a mi lado —dijo, deslizándose bajo las sábanas.
La obedecí y me tendí a su lado, de manera que quedamos frente a frente. En silencio, pasé mis manos por su espalda y la atraje hacia mí, sintiendo sus pezones presionando mi pecho.
—Abrázame fuerte, no me sueltes —pidió ella, a punto de quedarse dormida.
¡Caramba!
No lo podía creer, ansiaba tanto poseerla y ella no se encontraba consciente. Mentiría si dijera que en un momento no sentí la tentación de tener relaciones con ella estando inconsciente, pero esa no era una opción justa para mi hermana. Además, no deseaba intimar con ella sin su conocimiento. Quería que fuera una decisión mutua, considerando que esto podría ser más que un simple capricho pasajero. En todo caso, acostarme junto a ella como si fuera mi pareja era un buen comienzo.
Ciertamente, había tenido parejas con las que había mantenido relaciones sexuales, pero nunca antes había compartido una noche entera con ellas, por lo que esta era una experiencia novedosa para mí, y supongo que también para mi hermana, durmiendo con alguien del sexo opuesto (sin contar las veces que habíamos dormido juntos como hermanos).
Pasando por alto la prominencia en mi entrepierna, traté de conciliar el sueño, lo que logré gracias al efecto del alcohol en mi organismo. El calor que emanaba de su suave cuerpo era tan reconfortante que gradualmente me fui relajando hasta sumergirme en el mundo de los sueños, olvidando momentáneamente mi inquietud.
—Tengo que ir al baño —escuché una voz suave expresar en la madrugada. Era mi hermana, ¿quién si no? Solicitaba que la soltara para poder satisfacer sus necesidades fisiológicas.
Aun medio dormido, dejé de abrazarla y me aparté para permitirle que fuera al servicio. Desconozco cuánto tiempo estuvo ausente, tal vez unos minutos o quizás una hora, pero fue lo suficiente como para que me sumiera nuevamente en un profundo sueño.
—Ya volví, hermanito —nuevamente resonó la dulce voz de mi hermana en mis sueños, pidiendo ser abrazada de nuevo.
Sin despertar por completo, me giré hacia la izquierda para rodearla de manera protectora, esta vez utilizando mi pierna derecha para abrazarla de forma cariñosa. Algo había cambiado.
Deslicé mi mano por su espalda hasta donde supuse encontraría su ropa interior. Sin embargo, en lugar de eso, mis dedos se hundieron en la junta de sus glúteos. Inmediatamente, como si fuera un resorte, mi miembro se endureció.
Me volteé quedando boca arriba, temeroso de que mi hermana percibiera la reacción de mi anatomía en su presencia. No obstante, ella se colocó casi encima de mí, pasando su pierna desnuda sobre mi entrepierna, aumentando mi excitación.
Era inevitable que notara la protuberancia que causaban mis calzoncillos. Sujeté su muslo para desplazarlo ligeramente hacia arriba, alejando así mi miembro hacia mi estómago y ocultándolo debajo de su pierna. Respiré aliviado.
A pesar de todo, el deseo de que mi hermana se convirtiera en mi amante era tan abrumador que mi mente divagaba.
“¿Y si fue ella quien se desnudó primero?”, me preguntaba deseando que ella ansiara lo mismo que yo. Mi miembro seguía encorvándose al no poder liberarse de la prisión de algodón que lo contenía. La excitación me tentaba a deslizar su muslo nuevamente sobre mi vientre para rozarlo contra mi entrepierna.
“Solo un poco, para calmar este deseo”, pensé al percatarme de la ausencia de reacción de mi hermana, asumiendo que seguía dormida.
Con cuidado, desplacé su muslo un milímetro hacia abajo, observando de cerca el rostro de mi hermana en busca de alguna señal de que estaba despierta, aunque no parecía ser así.
“Un poco más”, pensé al empujar su pierna hasta que tocara la zona escondida de mi miembro. Era un deleite.
Si tan solo no llevara puestos mis calzoncillos, podría sentir la suavidad de su piel.
El contacto directo entre mi sensible pene y el muslo de mi hermana me proporcionó un placer sin igual. ¿Cómo llegar a esa situación?
Con la certeza de que mi hermana seguía dormida, utilicé mi mano para bajar mi calzoncillo sujetándolo por la cintura.
—¡Rayos! —exclamé en silencio al liberar mi pene, que de inmediato se puso en posición vertical.
Entonces, solo tuve que desplazar ligeramente el muslo de mi hermana hacia abajo hasta que entrara en contacto con mi miembro, sintiendo la suave piel que durante años había ignorado. Una intensa sensación de electricidad recorrió mi cuerpo al rozar mi glande con el muslo de mi hermana. Fue sublime.
Embriagado de placer, me atreví a mover la pierna de mi hermana para que vibrara mi miembro como un diapasón, provocando una serie de espasmos placenteros que me hicieron arquear el cuerpo. ¡Dios santo! No podía creer lo increíble que era frotar mi miembro contra el muslo de mi hermana.
“Tonto, ¿por qué no lo habías hecho antes?”, me recriminé por no haber aprovechado antes la oportunidad de experimentar placer con mi atractiva y sensual hermana. Recordé todas las veces que habíamos terminado durmiendo juntos tras ver películas frente al televisor, mientras mi miembro pulsaba pidiendo más.
—¿Te estás divirtiendo?
Casi sufrí un infarto al escuchar la voz de mi hermana directamente en mi oído. Solté su pierna de inmediato, lo que provocó que golpeara mi pene y desencadenara un torrente de placer que no pude disfrutar como hubiera deseado.
—Perdón, no sabía que estabas despierta —respondí, sintiendo cómo mi corazón latía a toda velocidad y totalmente avergonzado.
—No te preocupes, te dije que podías hacer lo que quisieras, hermanito —dijo ella, recordando lo que me había dicho unas horas antes en el club nocturno—. ¿Por qué no te desvistes completamente para estar más cómodos?
No podía creer lo que mi hermana acababa de sugerir. No solo no se molestaba por haberme masturbado con su pierna, sino que me daba luz verde para continuar. Sin duda, era mi día de suerte.
—¿En serio lo dices?
—Claro, hermanito.
De inmediato me deshice de mis calzoncillos y me giré hacia ella, fundiendo nuevamente nuestros labios en un beso, como parte de aquel exótico y lujurioso día.
—¿Has fantaseado conmigo? —preguntó ella después de separar nuestros labios.
—¡Claro que sí! Hasta hoy, siempre fuiste mi hermanita menor, pero este viaje me ha permitido descubrir a la mujer en la que te has convertido. He pasado todo el día imaginando cómo sería hacerte mía. ¡Estás espectacular! —respondí, elevando el tono de nuestra conversación mientras ella sonreía.
—Me alegra que pienses así de mí —dijo con voz dulce—. Siempre he intentado llamar tu atención, usando faldas cortas y ropa provocativa en casa, besándote en la boca o dejando la puerta de mi habitación abierta para que me vieras desnuda.
Al parecer, mi hermana llevaba años insinuándose hacia mí, buscando despertar mi interés al transformarse en mujer. Besándome y acariciándome con cualquier excusa para captar mi atención.
—Incluso llegué a considerar enviarte una foto desnuda por error a tu teléfono —confesó.
—¡Eso habría funcionado muy bien! —comenté entre risas.
—Estoy segura de que sí, pero me daba vergüenza hacerlo.
—Fui un tonto por no darme cuenta de lo hermosa que eres y por no corresponderte. Prometo que de ahora en adelante, no solo seré tu hermano, sino también tu novio, y tú serás mi mujer. Si es lo que deseas.
—¡Claro que sí, hermanito! Llevo años soñando con ser tuya y que me trates como
Insultabas a las prostitutas que eran tus parejas —comentó antes de rodearme el cuello y sumergirnos en un enorme beso; jugueteando con nuestras lenguas para sellar el acuerdo.
Sin separar nuestros labios, giré mi cuerpo hasta colocarme encima de ella y luego descender con mis besos por su cuello hasta llegar a sus pechos. Donde dos pezones erectos esperaban por mis labios.
¡Rayos!, no podía creer lo delicioso que eran sus pechos. Firmes y redondos, esponjosos y llenos. Una verdadera delicia.
—¿Entonces soy una vaca? —preguntó ella entre risas al recordar la broma que había hecho.
—Sí, una vaca —mencioné en un susurro sin dejar de hacer lo que hacía—, mi vaquita preciosa —añadí antes de seguir succionando sus pezones.
Con mi pene duro como una piedra, levanté mi torso de modo que mis rodillas quedaran debajo de los muslos de mi hermana, atrayéndola hacia mí puse la punta de mi pene justo en la entrada de su sexo.
¡Este era el momento de la verdad! ¡La fantasía que había estado rondando mi cabeza durante todo el día estaba a punto de hacerse realidad, la de tener relaciones íntimas con mi amada y hermosa hermana!
En la oscuridad de la madrugada, nuestros rostros intercambiaron no solo una sonrisa de deseo, sino también una sonrisa de complicidad por llevar a cabo una acción socialmente prohibida, de aventura, por ir a donde pocos se atreven, y sobre todo fraternal por llevar el amor entre hermanos más allá de los límites morales. Sonreímos.
Con toda la delicadeza que pude en ese momento, fui introduciendo lentamente mi pene en su vagina, teniendo cuidado de no lastimarla. Sin estar seguro de si a ella le gustaba el acto suave o intenso, eso lo descubriría luego, esta era la primera vez que la penetraba por lo que pensaba hacerlo con mucha suavidad.
—¿Disfrutas chiquita? —pregunté al introducir completamente la cabeza de mi miembro.
—Sí hermanito sigue así, sigue penetrándome, se siente muy placentero —respondió ella cerrando los ojos y apretando los labios al ser invadida por una oleada de placer.
Con el permiso de mi hermana, empecé a mover mis caderas lentamente pero con firmeza, logrando con cada uno de mis movimientos introducir un poco más mi miembro en su interior. Se sintió tan cálido y húmedo en cada ocasión que mi miembro penetró esa hermosa cavidad femenina hasta ese día desconocida para mí.
Sus bellos pechos subían y bajaban rebotando al compás de su agitada respiración mientras una serie de espasmos recorrían su cuerpo, como ondas sísmicas que tenían como epicentro su vientre; el cual se contraía dentro de sus costillas al sentirme en su interior.
Una vez que logré introducir la totalidad de mi pene en su vagina, aumenté progresivamente la frecuencia e intensidad de mis movimientos de cadera, explorando con mi firme miembro cada rincón de su interior, centrándome especialmente en su clítoris para asegurarme de proporcionarle el mayor placer posible; confiando en que sus amantes anteriores debieron carecer de la experiencia que yo tenía.
¡No podía creer lo que estaba haciendo! ¡Estaba teniendo relaciones íntimas con mi propia hermana y lo estaba disfrutando al máximo! Mi hermana, la única mujer a quien amaría hasta el día de mi muerte. Si algo me atormentaba era haber tardado tanto en darme cuenta de cuánto la amaba. Tenía que recuperar ese tiempo perdido de alguna manera.
Estuvimos así durante varios minutos, con nuestros cuerpos fusionados en uno solo, hasta que nos resultó imposible contenernos alcanzando el clímax casi al mismo tiempo, dejándome caer exhausto a su lado con mi miembro ahora flácido cubierto de sus fluidos y los míos. Nuestra fantasía compartida se había hecho realidad.
Ambos quedamos dormidos desnudos en la cama hasta el mediodía. El resto de las vacaciones las pasamos haciendo el amor como si fuéramos conejos, casi sin salir.
Desde el cuarto, nos tomamos el tiempo de explorar las preferencias y particularidades de cada uno en la intimidad. Durante nuestra estancia, nos hicimos pasar por una pareja recién casada ante cualquier persona que conocimos.
Al volver a casa, acordamos con nuestros padres que, al final de cada semestre, nos enviaran de vacaciones solos a destinos distintos, como recompensa por nuestro desempeño académico admirable. Nuestros padres aceptaron la propuesta, quizás deseando también disfrutar de unas vacaciones en pareja, sin pensar en las travesuras que haríamos estando fuera de casa.
Mientras esperábamos ansiosos nuestro próximo viaje, nos conformábamos con revivir aquellas inolvidables vacaciones de verano escondiéndonos en casa, o simplemente fortaleciendo nuestro lazo fraternal.
Otros relatos que te gustará leer