Esta es la primera vez que relato, tengo 43 años y esto me sucedió a fines de septiembre del año anterior.
Participando en un partido de fútbol, al finalizar y estando en el arco, sufrí la ruptura del tendón de Aquiles, lo cual me llevó directamente al quirófano.
La cirugía se programó unos días después, luego de varios exámenes y tras verificar la disponibilidad en la clínica y del médico.
Fui admitido temprano en ayunas (debía permanecer sin ingerir alimentos durante 8 horas antes de la operación) en la mañana de un viernes de la primera semana de octubre, completé toda la documentación requerida y luego esperé para ser ingresado a la clínica, y finalmente trasladado a mi habitación en silla de ruedas.
Allí me dejaron, informándome que llegaría la enfermera para darme las instrucciones previas a la cirugía programada para las 16 horas, por lo que tuve que esperar un buen rato; aproveché el tiempo viendo televisión y buscando algo que me interesara.
Transcurrió aproximadamente 1 hora y la enfermera llegó con la indumentaria de la clínica, pidiéndome que me cambiara de ropa, pero primero debía tomar un baño, por razones de higiene y normativa del centro médico.
Dado que me encontraba reposando en la cama, me incorporé con dificultad, ya que llevaba una bota ortopédica que inmovilizaba mi pierna, para dirigirme al baño. Sin embargo, la enfermera me indicó que esperara a que otra colega viniera para asistirme en mi aseo personal, lo cual me sorprendió y me generó una gran vergüenza.
Minutos después, llegó una enfermera que se ofreció a acompañarme al baño para que pudiera ducharme, quedando atónito sin saber cómo reaccionar, sintiendo mucha incomodidad. La enfermera, de unos 50 años aproximadamente, notó mi rubor y me dijo que estaba acostumbrada a situaciones similares, instándome a relajarme, pero para mí la tensión y los nervios aumentaban.
Finalmente, sin tener otra opción, me quité la ropa, quedando desnudo frente a la enfermera. Al ser hombre, hay reacciones que no se pueden controlar, y mi erección comenzó a manifestarse, cambiando la vergüenza por una sensación de excitación y morbo al encontrarme en esa situación, desnudo ante la enfermera. Dado que había pasado un tiempo sin pareja, me relajé y me dejé llevar por las manos de la enfermera (literalmente) mientras me enjabonaba y me bañaba.
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